Facundo Cruz: «Las coaliciones dependen mucho de los dirigentes y de sus voluntades»

En estos días, las coaliciones están en boca de todos, por su potencial y por sus dificultades. Tema de su interés y preocupación desde hace años, conversamos con Facundo Cruz para «La Vanguardia».

Desde hace algunos años, Facundo Cruz (Doctor en Ciencia Política por la UNSAM, docente en UBA, UTDT y UADE y columnista de Cenital), junto a otras colegas como Paula Clérici y Lara Goyburu, ha puesto en el centro de la discusión politológica y política de nuestro país la cuestión de las coaliciones, su recurrencia, su funcionamiento y sus principales desafíos. Desde la publicación de su libro Socios pero no tanto (Eudeba, 2019), la política argentina parece haber reafirmado la tendencia que hace de estos acuerdos multipartidarios la norma y no la excepción, de izquierda a derecha, mayoritarios o minoritarios, oficialistas y opositores.

La conformación y el triunfo del Frente de Todos (FdT) agregó una variante a esa familia de coaliciones, donde no son los partidos, o no en un sentido tradicional, los que convergen. Esta aparente novedad trajo aparejadas una nueva batería de preguntas sobre este tipo de acuerdos, pero que ratifican la idea de que estamos en el tiempo de las coaliciones. Como se popularizó en redes: «sin tal o cual no se puede, solo con tal o cual no alcanza» (esto en referencia a Cristina Fernández de Kirchner, pero bien vale para otros actores). Finalmente, la zozobra mostrada por el FdT en estos días, pero también los muchos cimbronazos que sufrió el gobierno anterior en manos de Cambiemos, nos obliga a preguntarnos por las coaliciones de gobierno que, hasta el momento, no parecen ser una traducción ni tan sencilla ni tan lineal de las coaliciones electorales.

Las coaliciones ordenan y articulan la oferta política, pero también producen nuevas inestabilidades y desafíos en la coordinación. Sus méritos están a la vista, pero sus dificultades quedan expuestas, como en estos días, de formas imprevistas. Sobre algunas cuestiones de actualidad y otras preocupaciones de más largo aliento, precipitadas por algunos intercambios en Twitter, conversamos con Facundo Cruz para La Vanguardia.

«Ahora, de la misma manera que para nosotros es nuevo, para ellos también lo es. El peronismo tiene que convivir con esta lógica de gestión y ejercicio del poder. Y no es fácil».

Desde el comienzo del gobierno del Frente de Todos insististe que se trataba de un gobierno de coalición, aunque no estuviera claro que hubiera partidos políticos suscribiendo el acuerdo: ¿Cuáles son los elementos para sostener esa definición y qué dificultades analíticas trae aparejado que no sean los partidos los que lo suscriben? ¿Tiene sentido hablar del “peronismo unido” o hay que pensar de otro modo?

Es la primera vez en la historia en que vemos, vivimos y asistimos a un peronismo de coalición en el gobierno. Desde sus bases fundacionales, el peronismo armó coaliciones para competir, pero para gobernar tuvo una dinámica más partidaria, o bien monolítica. Está en sus propias raíces. Y no pasó solo con Perón, pasó con Menem, pasó con Néstor Kirchner, pasó con Cristina Fernández de Kirchner. ¿Por qué ahora es distinto? Porque la coalición electoral se armó con tres patas para la misma mesa (Alberto Fernández y los gobernadores, Cristina Fernández de Kirchner y el kirchnerismo, Sergio Massa y el Frente Renovador), y esas mismas patas se mantuvieron en equilibrio desde diciembre de 2019. La dinámica de la toma de decisiones, los espacios de poder, la lógica de las negociaciones internas, las prioridades, las declaraciones y la imagen pública muestra que así funciona internamente. Sabemos poco sobre cómo funcionan las coaliciones, pero estamos viendo cómo es que ocurre en este momento.

Los conflictos internos también siguen la misma línea. Todas las tensiones, ya sea por la política energética, la financiera y económica, la asistencia social, la política de seguridad o cualquiera que uno piense, tuvo tensiones entre, al menos, dos de las tres patas. No directamente entre sus líderes, sí entre sus referentes y segundas líneas.

Ahora, de la misma manera que para nosotros es nuevo, para ellos también lo es. El peronismo tiene que convivir con esta lógica de gestión y ejercicio del poder. Y no es fácil, como vimos esta semana, o en otros hechos como la tensión entre Guzmán y Basualdo. Los actores no saben convivir desde la cuna, aprenden a hacerlo. Como todo matrimonio. Y ahí, como bien sugeriste ayer Fer, casi pasamos de un gobierno de coalición a una colisión del gobierno en coalición.

En tu libro trabajás las coaliciones en Argentina, que tienen un largo historial y han esplendido en el último tiempo: ¿A qué le atribuís esta tendencia? ¿Es una señal de debilidad de los partidos políticos o, por el contrario, un signo de fortaleza?

El único punto de conexión en el que podemos asociar coaliciones a debilidad partidaria es a partir de la fragmentación. Los partidos existen por una combinación de dos factores. Uno sociológico, que son las fracturas que existen en la sociedad. Otro institucional, que son las reglas que alientan su formación porque es fácil crearlo, como en Argentina. En ese sentido, si los partidos se parten y se arman nuevos, podemos pensar en una debilidad partidaria.

Sin embargo, per se, el proceso de armado de una coalición no es consecuencia de una debilidad partidaria, sino todo lo contrario: la búsqueda de fortaleza. Armar un acuerdo para competir implica el convencimiento de que solo no se puede. Y eso demanda mucha asimilación en la dirigencia política que se quiere comer el mundo sola. No es debilidad, es madurez. Y es búsqueda del poder. Coordinar acciones, establecer mecanismos de resolución de conflictos, repartir espacios de poder y tomar decisiones conjuntamente habla de una política que es más consensual que conflictiva e individualista, y eso hace a una buena política. La fortalece.

Entonces, ¿a qué atribuyo que se formen coaliciones, sobre todo en Argentina? Hay varios factores, pero el escenario de base que consensua la literatura es una fragmentación alta. Hay muchos chicos en el barrio y nadie puede hacerse cargo de la pelota solo. Entonces, se arman coaliciones para competir. Post Alianza, la crisis del 2001 fue un terremoto político enorme que fraccionó todo por todos lados. Cuando todo se acomodó, la dirigencia política se dio que el escenario era coalicional. Con aprendizaje y prueba y error, se volvió una tendencia para la supervivencia, para ganar y para gobernar. En el medio, la ciudadanía replicó con votos. Y las PASO soldaron todo.

«Coordinar acciones, establecer mecanismos de resolución de conflictos, repartir espacios de poder y tomar decisiones conjuntamente habla de una política que es más consensual que conflictiva e individualista, y eso hace a una buena política. La fortalece».

Es un viejo tópico en la literatura sobre estos temas las dificultades que hay, sobre todo en los presidencialismos, para traducir las coaliciones en electorales en coaliciones de gobierno, tanto en la distribución de cargos como en su coordinación: ¿Por qué en la Argentina este problema se ha vuelto recurrente? ¿Qué novedades presenta el Frente de Todos como coalición en apariencia monocolor, pero con liderazgos múltiples?

Ahí creo que la clave pasa por las reglas de convivencia. Suena medio repetitivo pero tengo que decirlo de vuelta: toda coalición es un matrimonio. Vos convivís con alguien, vivís con alguien, porque tenés más similitudes que diferencias. Eso se sostiene en reglas mutuamente acordadas. Cuando esas reglas cambian, se rompen o alguien las traiciona, entonces vuelan platos. Si vas a cambiar las reglas o el funcionamiento interno, entonces tiene que haber consenso, no unilateralidad. Las coaliciones dependen mucho de los dirigentes y de sus voluntades, por eso sabemos poco del tema y es difícil encontrar regularidades en muchos casos. Son todos muy particulares. Medio que con las coaliciones pasa parecido, solo que las esquirlas rebotan en toda la sociedad. Es el problema de los rompimientos y los cambios en la convivencia en el poder. En las coaliciones, pega en la economía.

Yo no estoy tan de acuerdo que el problema sea recurrente. La Alianza no supo resolverlo, es cierto. Habría que considerar al Frente para la Victoria como una especie de acuerdo entre sectores distintos pero más similar a la unicidad de mando que tenía el peronismo tradicional. En todo el proceso de 2003 a 2015 funcionó. En 2015 la entrada de Cambiemos es el siguiente hito, y la coalición sobrevivió los 4 años, en minoría en ambas cámaras. Si eso no es éxito, ¿qué lo es? El Frente de Todos va a pasar las tensiones y acomodarse. Pasa en las mejores coaliciones.

Por otro lado, el Frente de Todos, como decía antes, tiene una dinámica de funcionamiento coalicional por los tres liderazgos, las tres patas de la mesa. Cada una con sus apoyos. Pero además de eso, internamente, militantes, funcionarios, dirigentes y todos los que siguen debajo de la línea de cada uno de los líderes se asumen identitariamente distintos pero con puntos en común. Todos ven al peronismo en una fuerza que amalgama, pero la identidad del kirchnerismo, del peronismo más tradicional y del Frente Renovador existe, tienen sus diferencias de visiones, estrategias y proyecciones. Cada identidad, claro, construida en torno y a partir del liderazgo de cada sector. Bien peronista todo.

Otro tema central en Argentina resulta de su federalismo y su impacto en una dinámica política multinivel y, en el mediano plazo, desnacionalizada: ¿Qué dificultades adicionales trae este problema en la conformación de coaliciones exitosas a nivel nacional? ¿Los gobernadores tienen incentivos para integrarse o, por el contrario, les conviene negociar en cada oportunidad (con los correspondientes costos de transacción)?

El federalismo, sin duda, mete un componente más. A veces es ruido, a veces es refuerzo. El problema viene por la forma en que se replican los acuerdos nacionales en cada distrito. Como los gobernadores tienen margen decisor, entonces eso puede llevar tensiones entre niveles. Si no, ¿cómo se explica que el kirchnerismo haya competido por fuera del Frente Renovador de la Concordia en Misiones? Uno trata de armar y acomodar hasta donde puede, después define el electorado. Ocurre parecido en la gestión de la coalición multinivel: cada distrito tiene su esquema de tensiones internas, pesos y fuerzas que, a veces, es distinta del nivel nacional. Eso hay que gobernarlo.

Me parece que, ahí, los gobernadores entendieron que en esta dinámica coalicional era mejor sumar a las coaliciones nacionales que romper y negociar. Aprendieron eso con Néstor: cuando quisieron cortarse solo, les armaron en sus distritos y muchos perdieron. El salto del kirchnerismo hacia el control del PJ muestra claramente ese proceso de aprendizaje. Otro punto de aprendizaje fue 2015-2019. Siendo mayoría peronistas en un mundo cambiemita, la unidad para 2019 se volvió una necesidad de supervivencia. Ahora, donde sí fallan, es en la coordinación horizontal. Les cuenta combinar estrategias entre ellos para convertirse en factor de poder interno y ganar recursos. Ahí el esquema fiscal, administrativo y político argentino opera como desincentivo para eso.

«Sin un liderazgo nacional ni una Casa Rosada que ordene, definen los votos. Eso amalgama a los socios del acuerdo, y además les da fortaleza. ¿Qué más incentivo que legitimarte en elecciones para aspirar a recuperar el poder? Más democrático que eso, no se puede».

Como contraparte, a pesar de la derrota y la crisis de liderazgo tras 2019, el espacio opositor de Juntos por el Cambio ha logrado varios triunfos en las PASO que, de confirmarse en las generales, lo dejaría muy bien posicionado: ¿Cómo evaluás el uso que hizo este espacio de las primarias? ¿Cómo considerás que se dirimirá el liderazgo de cara a las elecciones de 2023?

Las PASO se volvieron un factor aglutinador de la oposición, sin dudas. 2011 marca ese: todos desunidos derrotaremos. Así se explica el 54%, sumado a soja alta, recuperación económica, fortaleza presidencial, etc. No hay que tenerle miedo a las internas. Ejemplos, abundan. Además, la ciudadanía ha sabido usar la herramienta como renovación interna de liderazgos. Eso se vio en estas PASO 2021, donde se jubilaron ya varios dirigentes de peso provincial, especialmente en el radicalismo. Como pasó en Córdoba o Entre Ríos. Ya había pasado anteriormente a nivel local en la provincia de Buenos Aires, dentro del peronismo.

Además de eso, la herramienta sirve para discutir liderazgos en un marco simultáneo, transparente, democrático y abierto. Sin un liderazgo nacional ni una Casa Rosada que ordene, definen los votos. Eso amalgama a los socios del acuerdo, y además les da fortaleza. ¿Qué más incentivo que legitimarte en elecciones para aspirar a recuperar el poder? Más democrático que eso, no se puede.

Por eso, creo que de cara a 2023 las PASO serán muy usadas por Cambiemos. No aseguro que haya competencia en una primaria presidencial, pero están tiradas todas las cartas. Salvo que las encuestas cambien, que tampoco lo veo posible, el Cambiemos de 2023 va a ser algo parecido al del 2015: usar las PASO para potenciarse, decidir y unificar. Eso sí, no habrá competencias testimoniales como en 2015. Eso sí será diferente.

Para cerrar, la polarización de la política argentina parece haber consolidado un bicoalicionismo estable, rodeado de fuerzas a los extremos tanto por derecha como por izquierda, y haber clausurado la posibilidad de una tercera vía: ¿Qué explicaciones se pueden dar a esta tendencia? ¿Qué futuro le ves a las fuerzas que han apostado por esa tercera opción a nivel nacional o en las provincias (pienso, en particular, el peronismo cordobés y el socialismo santafesino)?

Bueno, como fiel defensor del bicoalicionismo quiero meter un matiz: no es para siempre. Hoy rinde, porque la dirigencia encuentra incentivos para estar adentro de cada coalición y porque la ciudadanía replica ese convencimiento con votos. Nadie quiere sacar los platos, pero hoy. Mañana, si alguna se rompe, entonces podemos volver a un esquema de tres vías o hasta cuatro, lo cual complicaría más la gobernabilidad si la lógica de tensión se mantiene. Eso, además, está potenciado por un nivel alto de polarización, que se venía manifestando hace tiempo pero que encuentra hoy la canalización de dos opciones bien claras, diferencias y opuestas. A contramano de lo que la teoría nos dice, el bicoalicionismo polarizado hizo estable al sistema. No es una disfunción sistémica, sino que es una estabilización.

Ahí, las terceras fuerzas que se quieren meter en el medio o por los costados de cada una tienen poco para crecer. Aunque el electorado está cansado de la grieta, no vota opciones por fuera de las dos coaliciones. Se ve en los datos de fragmentación a nivel presidencial, pero sobre todo a nivel legislativo. Todas las provincias se parecen cada vez más entre sí en comportamiento electoral, lo cual hace de esta tendencia una importante nacionalización. Por eso podemos decir que la ciudadanía vota polos, pero no grieta. Se nota que hay algo de cansancio con la alta polarización. Entonces, corresponde a cada coalición encontrar más acuerdos que desacuerdos. No podes vivir de desacuerdos en política. Algo tenés que consensuar, por mucho que los y las detestes.

En este escenario, las terceras vías provinciales o las terceras vías programáticas tienen poco de donde comer. ¿Eso lleva a que no se presenten? Para nada. Si los distritos donde aparecen es donde más bancas se reparten. Con la relación de fuerzas actual en el congreso, por ahí rinde más ganar pocas bancas, pero que van a ser las más caras para asegurar la gobernabilidad futura porque ninguna de las dos grandes coaliciones tiene mayoría propia. Ser aliado circunstancial más chicos, hoy en Argentina, puede rendir. Si nadie tiene el libro de votaciones legislativas del futuro.

«Con la relación de fuerzas actual en el congreso, por ahí rinde más ganar pocas bancas, pero que van a ser las más caras para asegurar la gobernabilidad futura porque ninguna de las dos grandes coaliciones tiene mayoría propia. Ser aliado circunstancial más chicos, hoy en Argentina, puede rendir».

QUIÉN ES

Facundo Cruz es politólogo por elección, Magíster en Análisis, Derecho y Gestión Electoral, y Doctor en Ciencia Política, ambos por la UNSAM. Se dedica a la consultoría independiente y a la investigación en elecciones, partidos políticos, democracia e instituciones de gobierno, temas sobre los cuales ha publicado artículos académicos en revistas nacionales y extranjeras. Actualmente dicta clases en UBA, UTDT y UADE. Fue Becario Doctoral y Posdoctoral en el CONICET. Escribe el newsletter “La Gente Vota” en Cenital.com y tiene un amor incondicional por Racing Club de Avellaneda.

Fernando Manuel Suárez

Fernando Manuel Suárez

Profesor en Historia (UNMdP) y Magíster en Ciencias Sociales (UNLP). Es docente de la UBA. Coautor de "Socialismo y Democracia" (EUDEM, 2015). Es jefe de redacción de La Vanguardia.

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