Redes y ciencias sociales

La publicación del micrositio «La reacción conservadora en la Argentina» produjo una oleada de críticas y respuestas, algunas constructivas, otras negativas y agresivas. Lara Goyburu y Sergio Morresi se inscriben en el primer grupo y hacen algunas observaciones desde las ciencias sociales tanto sobre la red publicada como sobre las reacciones que despertó la misma.

Algunas semanas atrás se publicaron —en eldiario.ar y en Página/12—  una serie de notas que formaban parte de una investigación periodística más amplia sobre un fenómeno al que los autores denominaron “reacción conservadora”. Lo que llamó la atención no fue el contenido de las crónicas y análisis que se presentaron o el modo equívoco en que se solaparon conceptos (reaccionario, derechista, conservador, libertario, antiderechos, des-democratizador), sino el micrositio de internet que alojaba los resultados de la tarea realizada. Este micrositio, que estuvo activo apenas un día, incluía textos adicionales, un timeline que servía como contexto concentrado en hitos relacionados con la impugnación al feminismo y una red de vínculos interactiva. Es sobre esta red (y no sobre el resto de la producción) que nos interesa hablar ahora que se ha apagado la controversia causada por la publicación y disminuyó la intensidad de las furibundas respuestas que se produjeron a partir de ella.

Desde nuestra perspectiva —que es la de las ciencias sociales y no la del periodismo o el activismo— la publicación de esta red y, sobre todo, la forma en la que se la publicitó fue desacertada.

El colectivo periodístico encargado de la investigación entendió que la publicación de una red que incluía como nodos a personas y organizaciones y como lazos a relaciones de muy distinto tipo, desde la pertenencia institucional hasta la coincidencia casual en una actividad puntual, era útil para darle sentido general a las diferentes piezas del fenómeno heterogéneo que estaban indagando.

Desde nuestra perspectiva —que es la de las ciencias sociales y no la del periodismo o el activismo— la publicación de esta red y, sobre todo, la forma en la que se la publicitó fue desacertada. Aun si compartimos el interés por estudiar las transformaciones en el campo de las derechas y analizar las dinámicas de acción en las redes sociales virtuales, entendemos que no correspondía publicar datos de la manera personalizada en que se lo hizo.

INVESTIGACIÓN Y POLÍTICA

El mapa interactivo de “relaciones identificables entre personas y organizaciones sobre datos públicos disponibles en la web” era, ante todo, una colección de datos y no, como se sostuvo luego, un análisis de redes. El análisis de redes sociales (conocido en la literatura académica por la sigla en inglés, SNA, Social Network Analysis) es una metodología de investigación que facilita el estudio de sistemas sociales complejos y las relaciones entre los actores que los componen. Para realizarlo, se recopilan sistemáticamente datos empíricos, se estudian los vínculos que unen a los diferentes actores sociales, se utilizan modelos matemáticos para analizar las estructuras relevantes y se acude a imágenes para representar las redes que se están investigando.

En los últimos años este tipo de análisis esta ganando terreno en las ciencias sociales, especialmente allí donde la perspectiva institucional encuentra límites para dar cuenta de la realidad. Ya sea que se trate de investigar el modo en que el desarrolla la política en el mundo virtual, o sea para indagar un fenómeno que se despliega en el mundo material.

Al momento de diseñar un estudio de SNA resulta imprescindible una orientación teórica que guíe tanto las preguntas que se quieren hacer como la recolección de datos para establecer con cierta claridad cuáles son los actores a estudiar, los vínculos que se consideran relevantes y los criterios de inclusión y exclusión. Asimismo, es preciso recurrir a herramientas que permitan medir, por ejemplo, la densidad de una red, la intensidad y el sentido de los vínculos o la centralidad de los nodos. La representación gráfica de los datos es relevante porque permite descubrir subgrupos, indagar sobre los nodos que actúan como puentes o intermediarios o comprender el funcionamiento de una dinámica que no resulta evidente.

Pensamos que hay que enfatizar que la respuesta desmesurada, incitando a la violencia y a represalias sobre el colectivo periodístico que llevó a cabo el trabajo y de quienes lo defendieron es a todas luces inaceptable.

Para los investigadores que realizan SNA los nodos pueden tener nombres propios y detalles de todo tipo, pero esos datos no deben ser expuestos a la hora de dar a conocer los resultados. El objetivo siempre es dar cuenta de las relaciones o indagar sobre dinámicas, no identificar a individuos de manera personalizada, especialmente si no ocupan un lugar relevante en la red. Es por eso por lo que en las revistas científicas en las que se publican estudios realizados a partir de este método, lo usual es que los nodos aparezcan apenas como puntos y que solo se identifiquen a algunos de ellos (que suelen ser o bien organizaciones o bien figuras públicas) con el fin de hacer comprensibles los hallazgos encontrados.

Pero el mapa interactivo que se reprodujo en el sitio www.reaccionconservadora.net y que, de acuerdo con el colectivo periodístico, tenía como meta permitir el armado de las piezas de un puzzle no seguía estas pautas. Se trataba más bien de un gráfico que mostraba personas y organizaciones unidas por vínculos dispares (desde la pertenencia institucional a las relaciones de pareja) y se dispuso para cada nodo una ficha desplegable en la que se incluyeron observaciones improcedentes sobre acciones y comportamientos personales muchos de los cuales no tenían relación con la temática sobre la que se buscaba informar. Algunos de los datos expuestos quizás hayan sido útiles para la confección de la investigación, en el sentido de ser un insumo para la elaboración de las notas que se publicaron, pero no presentaban utilidad para el lector interesado en comprender la “articulación conservadora en la Argentina”.

Ahora bien, si esta información no reportaba nuevo conocimiento, ¿por qué incluirla? Sin entrar a discutir problemas éticos (que los hay e importan), nos interesa detenernos en la cuestión de la utilidad. De acuerdo con lo que decía el micrositio, el objeto era “encontrar personas y organizaciones y sus relaciones identificables con la reacción conservadora”. Sin embargo, ¿por qué sería útil encontrar a esas personas y organizaciones o conocer sobre ellas algunos datos puntuales y variopintos? ¿En qué medida sería productivo identificar a jóvenes con unos cuantos miles de seguidores en las redes sociales? ¿Es razonable incluir instituciones con décadas de historia y finalidades heterogéneas, desde partidos políticos a iglesias, como pertenecientes a la red por el hecho de que algunos de sus miembros se opongan a la legalización del aborto? ¿Acaso todos los datos incluidos eran necesarios para mostrar la existencia de una reacción conservadora coordinada?

Con posterioridad a la publicación, cuando el sitio ya estaba caído, se presentaron respuestas parciales a las preguntas que acabamos de plantear. Algunas de las aclaraciones desplegadas nos parecen pertinentes y razonables. Sin embargo, la falta de claridad con la que se presentó el trabajo y la inclusión de datos no pertinentes al estudio nos continúan pareciendo inadecuadas. Porque el foco de este tipo de trabajos son siempre las relaciones y cómo se construyen esas relaciones, no identificar personas o arrojar luz sobre aspectos tangenciales de sus vidas (aun si se trata de aspectos a los que se podía acceder con una simple búsqueda en internet).   

Por otra parte, hubo voces que sostuvieron que la inclusión de la información era adecuada para “denunciar y confrontar” con la “reacción conservadora”. Pero incluso si esa hubiese sido la intención de los autores, la publicación de la red con información personal de sus nodos, incluso de los menos relevantes y periféricos, no parece una contribución que aporte a la discusión. Es difícil argumentar que haya una actividad a denunciar legalmente (porque ser de derecha no es un crimen). Y aun si ese fuera el caso, si hubiese algún acto que denunciar, la red no parece en principio servir para demostrarlo. También es discutible que la red y las fichas con información que no daba cuenta de la participación política de los individuos sean útiles para impulsar ideas contrarias a las que las personas identificadas sostienen o para apuntalar una agenda democratizadora. De hecho, más bien al contrario, el haber compilado y expuesto datos de distintos individuos con posiciones diversas y englobado como parte de la “reacción conservadora” a instituciones que son amplias y plurales probablemente tenga un efecto contrario al que algunos activistas dan por sentado.

Es difícil argumentar que haya una actividad a denunciar legalmente (porque ser de derecha no es un crimen). Y aun si ese fuera el caso, si hubiese algún acto que denunciar, la red no parece en principio servir para demostrarlo.

Otro argumento en defensa de la publicación de la red que nos parece insatisfactorio es aquel que afirma que en el campo de la derecha se elaboran fichas o mapas similares a los que estaban en www.reaccionconservadora.net. En este punto, vale la pena señalar dos cuestiones. En primer lugar, que no es lo mismo publicar información pública de figuras públicas, como es usual en el periodismo político, que reunir y exponer información de personas que no lo son ni desean serlo por fuera de sus identidades virtuales, como entendemos que sucedió en este caso (pues si había figuras públicas, también estaban las que no lo eran). En segundo lugar, que aun si fuera cierto que en algunos espacios derechistas circularan sociogramas o repositorios con este tipo de datos, eso no alcanza de ningún modo a justificar que se haga lo mismo desde la vereda opuesta. No interesa de qué lado de la grieta nos encontramos, acopiar información para hacer una denuncia pública de personas particulares no parece ser una práctica que ayude a desarrollar una sociedad democrática. En todo caso, sí es urgente profundizar la discusión sobre cómo lidiar con (y llegado el caso sancionar a) las personas que usan el territorio virtual para hostigar y amenazar. Es en este punto que mostrar la existencia de coordinación, como buscó hacerlo la investigación presentada, es un fin con el que podemos acordar, aun si criticamos el modo en que se buscó llegar a ese objetivo. Los medios y las formas importan.

Ahora, dicho todo esto, pensamos que hay que enfatizar que la respuesta desmesurada, incitando a la violencia y a represalias sobre el colectivo periodístico que llevó a cabo el trabajo y de quienes lo defendieron es a todas luces inaceptable. Sobre esta cuestión quisiéramos agregar algunas pocas líneas. 

DE LO VIRTUAL A LO MATERIAL

Indagar sobre el modo en que ciertas dinámicas de acción de las redes sociales virtuales impactan en el modo de pensar y hacer política en el mundo de la vida cotidiana es hoy uno de los temas sobre los que se ocupan las ciencias sociales. Se trata de una tarea compleja, con dificultades metodológicas y problemas éticos a los que es preciso considerar. En este sentido, los trabajos del Observatorio de Redes, los congresos de MESO o el libro de Ernesto Calvo y Natalia Aruguete Fake news, trolls y otros encantos son algunos de los insumos imprescindibles, en una agenda de investigación multidisciplinaria en constante crecimiento.

Pero si estudiar con rigurosidad la interacción entre lo virtual y lo material es difícil, observarla como ciudadanos parece más sencillo. Así, luego de la publicación del micrositio www.reaccionconservadora.net, se pudo asistir, por un lado, a críticas y reproches que compartimos, pero también a un hostigamiento desmesurado e injustificable que resulta alarmante. Algunas personas no solo agredieron a los periodistas con insultos, sino que los amenazaron e impulsaron represalias ya no en el territorio virtual sino también en el mundo material.

En las redes, se tiende a hacer oír la propia voz buscando atenuar la de los otros. Así, se gatilla y retroalimenta una radicalización política que puede adoptar formas incompatibles con la convivencia de una sociedad plural.

En las redes virtuales se ha vuelto habitual el mecanismo de ataques coordinados que siembra temor y genera autocensura de opiniones divergentes. Esta dinámica tiene paralelismos con la que el filósofo checo Milan Šimečka estudió a través del concepto de “normalización”. Šimečka llama la atención sobre el modo en el que los cuadros de los regímenes totalitarios acudieron al amedrentamiento para obtener una lealtad pasiva. De modo similar, en las redes, se tiende a hacer oír la propia voz buscando atenuar la de los otros. Así, se gatilla y retroalimenta una radicalización política que puede adoptar formas incompatibles con la convivencia de una sociedad plural.

En un mundo donde la irrupción del territorio virtual, con su velocidad y alcance, desafía constantemente los consensos cívicos, y en donde las instituciones tradicionales pierden importancia como marcos de contención y de interpretación, cuidar el dialogo político discutiendo ideas y no personas se presenta como una responsabilidad ineludible de todos los que tenemos voz en la esfera pública. En especial de quienes —más allá de las preferencias políticas que impulsemos— consideramos que una democracia pluralista es una base imprescindible de construcción de ciudadanía.

Lara Goyburu y Sergio Morresi

Lara Goyburu y Sergio Morresi

Lara Goyburu es politóloga (UBA) y co-directora del grupo de investigación 'Coaliciones Políticas en América Latina' de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Sergio Morresi ES DOCTOR EN CIENCIA POLÍTICA POR LA UNIVERSIDAD DE SAN PABLO, INVESTIGADOR DEL CONICET Y PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL.

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