Las huellas del pasado frente a los desafíos del presente

El Partido Socialista de Argentina cumple 125 años de historia. Una historia de logros y desafíos, de avances y retrocesos, de éxitos y fracasos. 125 años de bregar por una sociedad más justa e igualitaria, sin bajar las banderas, sin traicionar sus valores. La historia del socialismo es la historia de hombres, mujeres y diversidades, de sus militantes, de quienes nos mostraron el camino y de quienes seguimos construyéndolo.

El 28 de junio de 1896, el salón del club “Vorwärts” se encontraba engalanado con banderas rojas, estandartes de los diferentes clubes socialistas y de las sociedades de resistencia, y escudos con los nombres de los principales prohombres del socialismo internacional. El Partido Socialista Obrero Argentino realizaba su Congreso Constituyente, del que participaban ochenta y cinco delegados representando a diecinueve centros socialistas, quince sociedades gremiales y una cooperativa. Las deliberaciones ocuparon dos largos días y, más allá del clima festivo, no estuvieron exentas de polémicas; el joven partido estaba lejos de ser una fuerza monolítica estructurada en torno a Justo.

El Partido Socialista (PS) no nacía ya formado de la sien de Juan B. Justo. De hecho, en el Congreso “fundacional” algunas de sus posiciones serían derrotadas. Quisiera detenerme en una de esas posiciones, que remite a problemas aún vigentes, la que refiere a las alianzas con otros partidos. Justo, opuesto a la intransigencia estricta, las defendía considerando que lo importante era mostrarse independiente “de todo interés capitalista o burgués; sin creer por eso que en todas las cuestiones sean opuestos a los nuestros”. Su propuesta fue derrotada y el primer Congreso prohibió todo acuerdo con otras fuerzas. Esta decisión fue revertida dos años más tarde por el II° Congreso que abrió la posibilidad de que el PS realizara alianzas.

Sin embargo, tales alianzas no tuvieron lugar. Ello se relaciona con el hecho de que, enfatizando su novedad en la política argentina, el PS englobaba a todos los partidos que lo precedían -ya fueran autonomistas o nacionalistas, republicanos o radicales- en el conjunto relativamente homogéneo de la “política criolla” caracterizada por el “caudillismo”. La voluntad de afirmación de la propia identidad llevó a que hasta 1930 el socialismo no estableciera alianzas y se esforzara por mantener un perfil propio. Ello lo alejó tanto del yrigoyenismo como de la coalición anti-yrigoyenista, situación que, como planteaba Lisandro de la Torre, disminuyó la relevancia política del PS.

A lo largo de la historia, y también hoy, el PS se enfrentó a un dilema que no tiene respuestas fáciles, ¿cómo combinar articular la afirmación de la propia identidad socialista con la inclusión en un espacio político más amplio?

En 1931, en cambio, el socialismo confluyó con el Partido Demócrata Progresista en la Alianza Demócrata Socialista. Esto fue posible por la modificación del escenario político nacional, en el que la instalación del gobierno de facto encabezado por el General Uriburu y las políticas represivas que éste llevó adelante colocaron la cuestión democrática y las libertades liberales en el centro de la agenda. Este cambio favorecería confluencias que se proponían menos en nombre de reformas sociales que de la defensa de la libertad. Si la Alianza Demócrata Socialista fue posible, no lo fue porque, por fin, el PS hubiera encontrado al aliado moderno y reformista que tanto había reclamado sino porque dejó de buscarlo para unirse con otros con los que, al menos en los papeles, compartía la defensa de la libertad y las instituciones democráticas.

Fue también bajo las banderas de la libertad y la democracia, y no las del socialismo o, siquiera, de la reforma social, que en 1945 el PS marchó hacia su segunda confluencia electoral, la de la “Unión Democrática”. En el enfrenamiento con el gobierno militar y luego con el peronista que lo sucedió, cuyas políticas sociales denunciaba como un intento de sobornar a los sectores populares para que se sometieran a un régimen totalitario, el PS diluiría aún más la perspectiva y la identidad socialista en un discurso cívico modulado en clave liberal.

A lo largo de la historia, y también hoy, el PS se enfrentó a un dilema que no tiene respuestas fáciles, ¿cómo combinar articular la afirmación de la propia identidad socialista con la inclusión en un espacio político más amplio? ¿cómo participar de una política de poder, capaz de intervenir con eficacia en el escenario político e impulsar una agenda reformista, sin perder personalidad propia?

Ricardo Martínez Mazzola

Ricardo Martínez Mazzola

INVESTIGADOR INDEPENDIENTE DEL CONICET CON SEDE EN IDAES-UNSAM Y DOCENTE DE LA UBA. SUS INVESTIGACIONES SE HAN CENTRADO EN LA HISTORIA DEL SOCIALISMO ARGENTINO.

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