El BID bajo la lupa de Wallerstein

La fallida elección de Béliz en el BID apuró una serie de conclusiones sobre la realidad latinoamericana y la agenda estadounidense en la región. Recurriendo al lente que nos provee Immanuel Wallerstein, la realidad se muestra mucho más compleja.

Luego de la lectura de la nota acerca del fallecimiento de Immanuel Wallerstein, publicada en septiembre del año pasado, he estado pensando en escribir sobre sus contribuciones al pensamiento socialista, en un registro análogo al que empleó Américo Schvartzman en aquella ocasión. Es decir, rescatando su legado, pero, en esta oportunidad, procurando una profundización de algunas de sus categorías analíticas.

Wallerstein se preguntó si acaso no se estaría convirtiendo la teoría social en algo ligeramente sobrecargado de epiciclos, en vistas de lo cual decidió abandonar la idea de tomar como unidades de análisis a los Estados soberanos y dedicarse por entero al Sistema Mundial.

La disputa por la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) resultó ser una situación propicia para poner en juego algunas nociones fundamentales del autor de El Moderno Sistema Mundial. Se recordará que el 12 de septiembre resultó electo para ejercer el cargo Mauricio Claver-Carone, quien fue miembro del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump. El asunto parece haber actualizado la cuestión de las escalas del sistema financiero y el grado de soberanía monetaria alcanzado por nuestro país. Antes de ocuparnos de estas dos cuestiones, convendrá hacer un repaso de las ideas básicas de Wallerstein para intentar lograr una mejor comprensión del tema.

LA SOCIEDAD COMO TERRITORIO DEFINIDO POR LAS POTENCIAS ADMINISTRADORAS

En sintonía con el interés anticolonialista que esta situación ha generado, vale la pena recordar que el sociólogo fue testigo del proceso de descolonización en África, experiencia a partir de la cual dice haber tomado conciencia del alto grado en el que la sociedad, como abstracción, queda limitada a los sistemas políticos y jurídicos como realidad empírica.

El estudio pormenorizado de esa realidad hubo de revelársele como necesidad fundamental para producir generalizaciones amplias, para la comprensión de la organización social dentro de territorios definidos por las potencias administradoras. Territorios en los cuales, a su vez, el nivel de industrialización, en un sentido amplio -es decir, de modernización virtuosa- determinará el grado de centralidad alcanzado por el colectivo nacional.

En efecto, a partir de una rigurosa base empírica, Wallerstein se pregunta ¿la industrialización es ella misma un punto de partida o es la consecuencia de un giro decisivo de la política? Esta cuestión constituye la piedra basal de los esquemas desarrollistas, centrados en los análisis de proceso de modernización. Esquemas desarrollistas que plantean criterios de comparación y determinación de etapas consecuentes con el contexto mundial.

El hecho de que existan etapas en el proceso de modernización por las cuales pasan las sociedades nacionales, lo cual, de ser cierto, también valdría para el sistema, constituye una lógica en la cual se destacan los estudios de las evoluciones comprendidas dentro de otras evoluciones.

Para romper con la circularidad que esa lógica impone, Wallerstein se preguntó si acaso no se estaría convirtiendo la teoría social en algo ligeramente sobrecargado de epiciclos, en vistas de lo cual decidió abandonar la idea de tomar como unidades de análisis a los Estados soberanos y dedicarse por entero al Sistema Mundial. Es lo que Schvartzman advierte cuando, en su nota homenaje, manifiesta que “en lugar de realizar teorizaciones volátiles y delirantes, se propuso analizar el capitalismo realmente existente”.

Su condición es la totalidad, por eso plantea, en su famosa frase, que tendremos socialismo sólo cuando el trabajo sea libre en todas partes.

EN TORNO A LA REALIDAD SOCIAL COMO TOTALIDAD

El emprendimiento científico al que dio impulso Wallerstein, tuvo que enfrentarse a dos tipos de problemas: uno de ellos fue el de explicar las leyes que gobiernan al Sistema Mundo, es decir, decidir que registros emplear para la comprensión del mundo moderno; y el otro fue el de la objetividad y compromiso del científico social.

Para observar cómo ha resuelto el primer dilema, bastará con leer los cuatro tomos del Moderno Sistema Mundial. En cuanto a la cuestión del compromiso y la objetividad, indicó que la realidad social es, estrictamente, distinta de la realidad histórica. En otras palabras, la realidad social existe en el presente, y el pasado sólo se puede concebir como es, no como era.

En ese sentido ha observado que la objetividad es una función del sistema y por lo tanto es sensible a las asimetrías que existen en él. Y el compromiso también resulta una variable dependiente del sistema, por lo tanto se espera que el científico social comprenda las condiciones bajo las cuales los ideales pueden realizarse. Su condición es la totalidad, por eso plantea, en su famosa frase, que tendremos socialismo sólo cuando el trabajo sea libre en todas partes.

LA JEFATURA DEL BID: ¿ATROPELLO IMPERIALISTA, GROSERO ERROR O MERA CONTINGENCIA?

Retomando la cuestión de la flamante jefatura del BID, cargo al que aspiraba Gustavo Béliz, Secretario de Asuntos Estratégicos de la presidencia de la Nación y recientemente nombrado por el Papa Francisco como miembro de Academia Pontificia de Ciencias Sociales, puesto que finalmente ha sido ocupado por el cubano nacionalizado estadounidense Claver-Carone, se advierte que si el hecho ha de ser analizado como parte de la restitución de la doctrina Monroe o como el retorno de la política del Gran Garrote, podrían estar subestimándose aquellos elementos esenciales de la teoría sociológica de Wallerstein. A saber, que el sistema evoluciona. Y si en el contexto global actual la cuestión financiera no puede ser soslayada, menos aún deben obviarse las problemáticas territoriales asociadas a ella.

La derrota de Béliz, atribuida al hecho de que Washington no sólo logró los apoyos necesarios, sino que evitó la postergación de la elección en un intento de procrastinar, tuvo claras intenciones de encontrar condiciones más favorables en un eventual triunfo de Joe Biden en las elecciones presidenciales. Fue también, sin dudas, un revés diplomático, sobre todo en vistas de las gestiones realizadas por el canciller Felipe Solá y por el propio presidente de la Nación, Alberto Fernández, quienes habían conseguido adhesiones significativas para la causa nacional, tales como las de Andrés López Obrador y Sebastián Piñera, presidentes de México y Chile respectivamente, y de Joseph Borrell, representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores. Hubo quienes, incluso, atribuyeron la derrota a un grosero error del gobierno, producto de falsas expectativas y una pobre lectura de la realidad.

Desde la perspectiva de Wallerstein, recuperada como parte de un programa de desarrollo regional, podría pensarse que en realidad, tras la reestructuración de las escalas del sistema monetario, ocurrida durante los años 90, los principales problemas en materia de finanzas podrían ser domésticos.

La elección de Claver-Marone se revela en parte contingente también dada la naturaleza errática de la actual política exterior norteamericana, cuyo rasgo más evidente es el de otorgar financiamiento para infraestructura a los pequeños países del continente americano, lista en la cual Argentina no entra, y evitar una mayor injerencia de China en la región.

Sin dudas que la presencia en el más alto rango jerárquico del BID de una figura transparente como la del Secretario Béliz hubiese impactado positivamente, no obstante, ante problemas domésticos tales como a) cuidar y aumentar las reservas; b) generar divisas para impulsar el desarrollo; y, sobre todo, c) crear, de una buena vez, condiciones para un beneficio mutuo entre la clase capitalista autóctona, el Estado y los contribuyentes. En esas condiciones, la cuestión de la jefatura del BID resulta, en parte, algo fortuita.

Se recordará que en 1975 un argentino accedió al cargo inmediatamente inferior disputado recientemente. En efecto, Adalbert Krieger Vasena fue vicepresidente ejecutivo de la entidad en los años en los que se inició, a instancias del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el propio BID, y mediante la Reforma Financiera de 1977, un progresivo y persistente desmantelamiento de la institucionalidad financiera en Argentina. Dicho proceso de reestructuración del sistema monetario, al que se ha hecho referencia, tuvo su momento más álgido durante la presidencia de Carlos Menem, en cuyo gobierno se llevaron a cabo las privatizaciones de los bancos públicos provinciales. Más aún, el actual gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, por entonces encargado de la coordinación y supervisión de la privatización del Banco Provincial de Santa Fe, ocupó áreas de asesoría en el BID.

La elección de Claver-Marone se revela en parte contingente también dada la naturaleza errática de la actual política exterior norteamericana, cuyo rasgo más evidente es el de otorgar financiamiento para infraestructura a los pequeños países del continente americano, lista en la cual Argentina no entra, y evitar una mayor injerencia de China en la región.

Para finalizar, podemos ejercer nuestro derecho al escepticismo y en línea con la idea de Wallerstein acerca de la naturaleza siempre contemporánea de la realidad social, afirmar, con David Hume, que nada en el futuro nos puede ser lógicamente garantizado por lo ocurrido en el pasado.

Mauricio Yennerich

Mauricio Yennerich

Profesor de Geografía (UNL).

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