Pandemia y neoliberalismo

La crisis producida por el coronavirus parece haber puesto en cuestión al neoliberalismo. Sin embargo, ¿están dadas las condiciones para que sea desplazado y nuevas ideas se apliquen al modo de producción capitalista?

Al mismo tiempo que se expandía en el mundo el coronavirus y paralizaba toda la actividad económica mundial, se generó la crisis entre los países petroleros especialmente entre Rusia y Arabia Saudita. El modelo de acumulación capitalista encontró un límite a su posibilidad de continuar el proceso de generación de riqueza. La paralización del coronavirus ha creado un parate en la oferta y demanda de servicios de casi toda la actividad económica. Una vez más, el modelo de acumulación capitalista vigente creaba contradicciones internas que la propia lógica del modelo hace imposible resolver con las mismas recetas. No obstante, en ese contexto tan difícil aparecieron actividades económicas que permiten continuar con las operaciones comerciales de oferta y demanda de servicios. Las operaciones que pueden ser realizadas mediante el uso de internet son las que pueden seguir actuando en este contexto. ¿Cómo sucede eso? Mediante el uso de sistemas informáticos interconectados entre empleadores y empleados que permiten tomar acciones concretas sin la necesidad de estar en persona en el establecimiento laboral.  Veamos algunos ejemplos al respecto.

El teletrabajo, por ejemplo, permite a un empleado seguir con su actividad laboral desde su casa sin necesidad de romper con la cuarentena que hay en varios países. Desde entrevistas de trabajo, clases por Skype, creación y mantenimiento de programas y la realización de ventas por internet son algunas de las acciones que se pueden realizar mediante esta metodología. Las Fintech permiten la actividad financiera ya sea de individuos como de compañías y el surgimiento de las apps permiten multiplicar las posibilidades de generar riqueza sin necesidad de concurrir en persona a un establecimiento físico concreto, como podría ser una fábrica o una oficina. Alcanza con el celular o la computadora.

Esta realidad marca que el avance tecnológico se va a amparar en las ideas del neoliberalismo, para luchar contra cualquier regulación de la sociedad que impida el libre desarrollo de los factores productivos y la maximización de la acumulación de riqueza.

El avance de esta metodología de trabajo permite suponer que en el futuro, el capitalismo va a impulsar estas modalidades como forma de continuar con la acumulación de riquezas aunque ocurran pandemias u otras catástrofes. La videoconferencia es usada por jefes de estados del mundo para hacer sus presentaciones en público mientras azota el coronavirus. Pero este avance tecnológico tiene un muy serio problema a resolver. Para poder mantener un nivel de acumulación capitalista relevante para el sistema, debería informatizarse más etapas del proceso productivo y esa informatización corre con varias desventajas. Una es la ausencia del capital necesario para hacer esa informatización en los cinco continentes (en general hay más informatización en los países del Primer Mundo que en el resto de los países). La segunda cuestión es la oposición de las fuerzas vivas, en especial de la clase trabajadora organizada (aunque cambien las formas de trabajar, el ser humano sigue siendo necesario en otras funciones y ahí donde haya agrupamiento de trabajadores, habrá organización de trabajadores). La tercera razón es que la tecnología hasta el día de hoy es incapaz de reemplazar al ser humano en varias cuestiones claves (como que la toma de decisiones se base en criterios filosóficas que las maquinas jamás podrán tener en cuenta).  Un ejemplo claro de las dificultades de la tecnología para reemplazar al humano se da en la aplicación del sistema de voto electrónico. Su aplicación en varios países ha sido más que polémica para garantizar la transparencia y eficiencia en elecciones. Si uno va a la mayoría de los países más avanzados del mundo, lo que se encuentra es que hay cuestiones que la tecnología es incapaz de lograr y por ende se mantienen las tradiciones más artesanales ya que resultan más efectivas para lograr el objetivo propuesto. Y ese mismo dato sucede con varias actividades laborales.

Esta realidad marca que el avance tecnológico se va a amparar en las ideas del neoliberalismo, para luchar contra cualquier regulación de la sociedad que impida el libre desarrollo de los factores productivos y la maximización de la acumulación de riqueza. Y este es uno de los puntos que el coronavirus desnuda acerca del modelo de acumulación capitalista, hay que romper con el neoliberalismo para contener el virus y crear un orden en la sociedad. ¿Dónde podemos ver esto? En la activa intervención de los estados para contener el virus y sus consecuencias negativas sobre millones de personas en el mundo. Los estados están tomando el protagonismo en la lucha contra el COVID-19, y en varios casos han tomado el control de la salud privada para ponerla al servicio de toda la sociedad, ya que esta pandemia solo se resuelve con el conjunto de la sociedad. En Estados Unidos, por ejemplo, una de las mayores dificultades para enfrentar este fenómeno es que existen millones de personas sin cobertura de salud por carecer de recursos económicos. Para poder dar una lucha sin cuartel contra el virus, el estado deberá intervenir sobre el sistema de salud privado para permitir testeos y tratamientos de millones de personas sin que se les cobre. Incluso hay casos de pacientes que han sido atendidos y se han recuperados para después enterarse que adeudan cifras cercanas al millón de dólares, impagables para los magros ingresos de la mayoría.

El “sálvese quien pueda” que algunos creen ingenuamente que es el camino perpetuo hacia el éxito individual ha demostrado su fracaso al promover el fin de la intervención del estado en varias áreas de la sociedad como la salud y el ambiente. Gracias a esas ideas se hicieron ajustes presupuestarios en la salud pública, esa que hoy es la única con capacidad real de luchar contra la pandemia sobre el territorio. Pero el liberalismo no solo ha hecho desastres en la salud pública si no que gracias a la idea de que “el estado no se meta con el privado”, los privados han emprendido muchas acciones contra el medio ambiente que hoy el mundo lo está pagando caro. ¿Dónde vemos esto con claridad? En el Amazonas del Brasil. Aquel país liderado por el ultraderechista Jair Bolsonaro, ha eliminado barreras legales que impedían a los empresarios ingresar a zonas protegidas. La consecuencia fue la tala de árboles y la quema masiva de enormes porciones de territorio del Amazonas. Al mismo tiempo, el petróleo está generando problemas masivos desde el punto de vista ambiental y económico. La pelea entre Rusia y Arabia Saudita por el aumento o disminución de la producción de barriles de petróleo ha ahondado la crisis del sistema económico. Ante esa dificultad, la respuesta ecológica se va imponiendo a través del impulso de energías renovables como la energía eólica.

Otro dato revelador es que esta pandemia pone en jaque a la deslocalización. Este fenómeno, que implicó el cierre de fábricas en los países de Europa y América del Norte para irse a Asia, le ha dado la delantera a este continente en el desarrollo económico de los últimos años y permitió a China dominar la producción de todo tipo de bienes. La demanda de insumos médicos, entre ellos los barbijos, puso en evidencia los efectos de esta tendencia ante una situación crítica. Una de las compañías europeas que posee fábricas en China anunció que va a volver a producir en Europa para suministrar a ese continente de esos productos, revirtiendo el fenómeno de la deslocalización. La necesidad de contar con productos determinados sin depender de los avatares de Asia y el apoyo estatal para la producción en Europa y América del Norte permite suponer un nuevo proceso de industrialización

Los gobiernos van a intervenir en las economías para mantener a flote el modelo de acumulación capitalista pero con su acción revelan la contradicción insalvable que anida en él. El modo de producción capitalista exige un nuevo modelo de acumulación. En ese modelo seguramente entren la ampliación del teletrabajo, de la internet de las cosas, un aumento de la intervención del estado por varios años en áreas estratégicas, el cambio de la matriz energética y el desarrollo de una nueva industrialización en algunas ramas. El neoliberalismo debería ser reemplazado porque es incapaz de brindar una solución a los problemas actuales. Curiosamente, hace 90 años el liberalismo era descartado también para responder al desafío de la crisis económica de 1930 del cual solo se salió con una decidida intervención del estado.

Al igual que la deslocalización generó millones de desocupados en el mundo y la destrucción del tejido social, la “deslocalización impositiva” que grandes capitalistas han realizado en los últimos años le ha quitado al estado de mucho dinero que hubiera podido asignarse para sostener el sistema de salud.

Otro concepto que habrá que revisar será el de los paraísos fiscales. Desde que varios países lanzaron sus paquetes de ayudas económicas para paliar los efectos de la crisis, comenzaron a hacerse la siguiente pregunta ¿Por qué empresas que poseen mucho dinero en paraísos fiscales deberían recibir el dinero del estado? ¿No es hora de que esas empresas traigan de vuelta al país de origen el dinero que poseen en paraísos fiscales? Francia, Dinamarca y Polonia han plantado cara frente a esas empresas. Han decidido que mientras continúen radicadas en paraísos fiscales no podrán acceder a las ayudas económicas. Al igual que la deslocalización generó millones de desocupados en el mundo y la destrucción del tejido social, la “deslocalización impositiva” que grandes capitalistas han realizado en los últimos años le ha quitado al estado de mucho dinero que hubiera podido asignarse para sostener el sistema de salud, la educación y la seguridad entre otras áreas.

Esta pandemia ha corrido el velo que impedía ver al mundo la necesidad de terminar con los paraísos fiscales. El dinero se necesita y las sociedades no están en condiciones de ajustarse cuando se han perdido millones de empleos en el mundo y cuando existe la posibilidad cierta de que muchos de esos empleos no vuelvan a existir en un futuro. El estado está conminado a recaudar y es por ello que no puede seguir haciendo la vista gorda ante estas situaciones.

Para los trabajadores va a suponer nuevos desafíos el mundo después del COVID-19 con varias preguntas a responder. ¿Va a aumentar la explotación contra el trabajador con el teletrabajo? ¿La Internet de las cosas será la puerta a una pérdida de libertades individuales? ¿El nuevo modelo de producción podrá levantar el Estado de Bienestar en el siglo XXI? ¿Las energías renovables podrán derrotar el cambio climático? ¿Cómo se desarrollará la lucha de clases con las nuevas tecnologías? ¿El capitalismo continuará con la concentración de la riqueza en pocas manos o habrá una mayor democratización de la riqueza? En definitiva: ¿hay alternativa posible al neoliberalismo?

Ariel Bank

Ariel Bank

Licenciado en Relaciones del Trabajo egresado de la Universidad de Buenos Aires.

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