Pandemia para todos, ¿impuestos para ricos?

La iniciativa de impuesto a la riqueza encendió un viejo y acalorado debate: ¿es justo cobrar altos impuestos a los que más tienen? ¿es posible? La respuesta a las dos preguntas es un “sí, pero depende cómo”.

En estas semana salió a debate un proyecto de Ley impulsado por el oficialismo para crear un “Impuesto a la Riqueza” extraordinario frente a la pandemia COVID-19, con el objetivo de ayudar a financiar los salvatajes que está realizando el Estado en este contexto. Dicho impuesto lo pagarían las personas con patrimonios mayores a 3 millones de dólares, aunque otras versiones también incluyen aquellas que hayan tenido ganancias en 2019 mayores a U$S 750.000. En algunos cálculos se habla que este impuesto alcanzaría al 1% más rico de la población y se recaudarían, según cálculos del Frente de Todos, unos 3.000 millones de dólares.

La propuesta generó un encendido debate en las redes sociales y los medios de comunicación, despertando muchos anhelos y lugares comunes en todo el arco político.

Lo primero que se dispara en este debate es si este impuesto es justo. Es lógico que así sea: una política pública, antes que un resultado concreto, lo primero que establece es una serie de valores a preservar, un horizonte de deseo.

Esta propuesta parece un acto de justicia, traducida al campo económico: que más paguen los que más tienen es uno de los anhelos de todas las tradiciones igualitarias. Como un Robin Hood en forma de ley, estallan las pulsiones plebeyas imaginando a Paolo Rocca, Susana Giménez y Gustavo Grobocopatel dando una vez algo de lo mucho que les sobra.

Frente a la debacle económica de paralizar la economía, ¿Quién podrá defendernos? Pareciera que en parte el Estado, pero exigiendo un esfuerzo a las élites.

Refuerza esta noción el piso desde el que se pagaría el impuesto: con el mínimo de 3 millones de dólares de patrimonio, quedan por fuera toda la clase media y media-alta sobre la que se proyecta el mensaje de los medios masivos de comunicación. “No es a vos, es a los archi-ricos” parece susurrar el borrador que circula por despachos oficiales. 

Por otra parte, es un impuesto extraordinario frente a una situación a todas luces extraordinaria. Se habla de un pago por única vez motivado por la pandemia COVID-19 y con el objetivo de financiar en parte los gastos que aparecieron a causa de ella. Frente a la debacle económica de paralizar la economía, ¿Quién podrá defendernos? Pareciera que en parte el Estado, pero exigiendo un esfuerzo a las élites.

Esto es así, pero solo en parte. Según los cálculos oficialistas, lo recaudado solo serviría para financiar 3 meses y medio del Ingreso de Emergencia que solicitaron 11 (¡once!) millones de argentinos y argentinas.

Otro dato interesante: los impuestos al patrimonio vienen bajando su peso en el total de impuestos desde la crisis del 2001. Bajaron al principio del kirchnerismo y volvieron a caer con el macrismo. Según un trabajo de López Accotto y otros, del total de impuestos, los que se cobran al patrimonio representan la mitad de lo que representaban hace 25 años. La estrella a nivel nacional de esta familia impositiva es Bienes Personales, podado fuertemente por el gobierno de Mauricio Macri, pero la gran caída se explica por el retroceso que tuvo el Impuesto Inmobiliario. Este lo cobran las provincias, que quizás tengan menos poder de imponer sostenibilidad a lo que se recauda por esta vía. A su vez, también nos retrasamos frente a otros países de América Latina y Europa: mientras que en el 2000 se cobraba lo mismo que Bélgica o España, hoy estamos muy por debajo de ellos y de otros países para nada sospechados de comunismo como Colombia (ver gráfico).

Gráfico extraído de López Accotto et al.

Conclusión: si en la calma pagan poco, en las tempestades pueden aportar un plus.

Repasando: ¿parece justo? Sí, parece justo. ¿Alcanza? No, no alcanza. ¿Tiene el efecto deseado? Bueno, eso ya es más complejo, o sea: depende.

Entre otros factores que influyen en el éxito o fracaso, sí me interesa puntualizar en la capacidad estatal de hacer realidad lo que se decide. Un proyecto de estas características deberá sortear varios obstáculos antes de que se transforme en pesos contantes y sonantes fluyendo hacia las arcas del Estado.

En caso de que se logren sortear los cuestionamientos dentro del derecho tributario, llegará otro desafío: cobrarlo efectivamente. Desde hace varias décadas, son varias y muy refinadas las herramientas que usan los grandes patrimonios para eludir el pago de impuestos.

El primero será el control legal que se hará frente a los obvios cuestionamientos que harán los grandes patrimonios, lo que nos recuerda una máxima de la economía política: les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo. En caso de que se logren sortear los cuestionamientos dentro del derecho tributario, llegará otro desafío: cobrarlo efectivamente.

Desde hace varias décadas, son varias y muy refinadas las herramientas que usan los grandes patrimonios para eludir el pago de impuestos. Por eso, de la colosal fortuna que suma este 1% de contribuyentes habrá que restarle lo que se encuentra oculto de varias maneras, lo que ya haya tributado por impuestos similares en otros países, lo que posean a través de terceras personas, y así hasta agotar los recursos legales que el poder económico se construyó para sí mismo: autogestión en tiempo de Panamá Papers. 

Es por ello que en el análisis debiera incluirse lo que efectivamente se podrá recaudar, conociendo las actuales reglas de juego: de eso dependerá la efectividad del impuesto para atender la emergencia.

Yendo al fondo ¿Qué habría que hacer para que esas ansias de tener una economía con más igualdad pueda ser realizada a través de los impuestos? ¿Nos tenemos que sentar a ver cómo no se pasa del consignismo mientras la distribución de la torta es cada vez más desigual? No.

Básicamente la solución hoy está en la esfera internacional, para coordinar una estrategia que permita eliminar huecos y guaridas por las que se filtran los recursos.

Los expertos vienen planteando varias iniciativas para que el panorama escandaloso que episodios como Panamá Papers o Paradise Papers pueda cambiar. Básicamente la solución hoy está en la esfera internacional, para coordinar una estrategia que permita eliminar huecos y guaridas por las que se filtran los recursos. Iniciativas como tratar a las empresas transnacionales como una única empresa y repartir los impuestos entre los países en los que operan es una. Tener una tasa única mundial a las transferencias internacionales es otra.

Los más poderosos deben salir al rescate frente a una catástrofe. Debemos construir una sociedad con más igualdad. Se debe pasar de la consigna a la acción inteligente y situada en la realidad. ¿Será?

Maximiliano Díaz

Maximiliano Díaz

Contador público (UNMdP). Magíster en en Evaluacion de Politicas Publicas por la Universidad Internacional de Andalucía. Coordinador del CEMUPRO Buenos Aires.

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