Argentina en un planeta con desilusión: coronavirus, crisis del petróleo y cambio climático

La crisis desatada por el COVID-19 hace mella en una situación repleta de alarmas y advertencias. Lejos de disiparse, los problemas argentinos seguirán allí una vez que se disipen las nieblas de la nueva pandemia.

Con casi 200,000 casos confirmados y más de 8,500 muertos a escala global hasta el 19 de marzo de 2020, el coronavirus desplazó del podio de la agenda internacional a la crisis de refugiados en el Mediterráneo y el cambio climático. Un nuevo cataclismo de dimensiones inéditas puso al planeta patas arriba, congelando la economía y bajando el precio del barril del petróleo a valores que no se veían desde hace casi treinta años. Un shock descomunal cuando aún no terminamos de ponernos de acuerdo para regular las emisiones de carbono. ¿Qué implica este nuevo contexto para la globalización en un planeta con desilusión?

LA DESILUSIÓN ORIGINAL: EL FRACASO DE LA COP25 PARA REGULAR LAS EMISIONES DE CARBONO

Antes de la declaración de la pandemia, el mundo seguía analizando los fracasos de la cumbre de cambio climático realizada en Madrid (COP25), principalmente en relación al artículo 6 del Acuerdo de París que se encarga de regular los mercados de carbono para tratar de reducir el incremento de la temperatura del planeta a 1,5°C por sobre los niveles preindustriales.

Para comprender lo sucedido, Enrique Maurtua Konstantinidis, experto en negociaciones de cambio climático, explica porqué Argentina no suscribió a los Principios de San José para una Alta Ambición e Integridad en los Mercados Internacionales de Carbono -una iniciativa a la que se sumaron varios países de la región– y cuáles son las expectativas del sector en torno a la cumbre del G-20 de este año:

“En lo que respecta a la postura de Argentina en las negociaciones desde la época del Protocolo de Kioto a esta parte técnica del Acuerdo de París (artículo 6) Argentina nunca ha sido un país de posiciones muy extremas. Se posiciona dentro de un lugar medio, y en relación a los mercados de carbono varía un poco según el gobierno de turno, pero debemos pensar que el representante argentino ante el el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas en los años 90’s, el embajador Raúl Estrada-Oyuela, fue quien facilitó la creación del Protocolo de Kioto.

Los Principios de San José se dieron en el marco de una transición de gobierno en Argentina, y el país ante una situación así, la Cancillería mantuvo una posición cauta de no suscribir a ningún tipo de grupo en particular en ese determinado momento.

«Las agendas del G20 están pautadas por Arabia Saudita, quien tiene la presidencia por este año, puso tres prioridades: una que tiene que ver con el empoderamiento de las personas, otra que tiene que ver con la salvaguarda de las cuestiones ambientales (energía, cambio climático y ambiente) y transformaciones y cambios tecnológicos» (Enrique Maurtua Konstantinidis)

Argentina pertenece al grupo ABU (Argentina-Brasil-Uruguay), formado hace tres años. Un bloque a partir del cual han realizado presentaciones conjuntas y hasta declaraciones comunes dentro de las declaraciones. Hay un punto en el que no acuerdan, que es justamente el de los bonos de carbono y todo lo que es la negociación del artículo 6, principalmente porque Brasil tiene una posición bastante dura al respecto, mientras que Argentina y Uruguay no.

Las agendas del G20 están pautadas por Arabia Saudita, quien tiene la presidencia por este año, puso tres prioridades: una que tiene que ver con el empoderamiento de las personas, otra que tiene que ver con la salvaguarda de las cuestiones ambientales (energía, cambio climático y ambiente) y transformaciones y cambios tecnológicos. Para lo que es cambio climático sigue estando el grupo de Sustentabilidad Climática, y otro grupo de energía. Cualquier cosa que venga de Arabia Saudita como presidencia es un desafío, obviamente, más que nada por el contexto en el que ellos se encuentran. Sin embargo, en lo personal, ya de por sí es positivo que la agenda de cambio climático se mantenga, y que por lo menos el tema se esté discutiendo.  Por supuesto que habrá que ver cuál es la conclusión o que tipo de mensaje político quieren dar.

Un último detalle, y no menor: las cumbres de este estilo normalmente se ven muy afectadas por la coyuntura de momento, así que no sería raro que muchos de estos temas empiecen a pasar a un segundo plano en relación a todo lo que son los problemas de seguridad sanitaria que están pasando alrededor del mundo ahora. Habrá que ver cómo llega todo eso al mes de noviembre, pero es lo que se espera, y obviamente las expectativas son altas porque los países del G20 tienen en su conjunto casi el 80% de las emisiones mundiales.”

LA DESILUSIÓN COMO POSIBILIDAD: EL CLAVO EN EL ATAÚD PARA LA INDUSTRIA DEL FRACKING

Naveena Sadasivam cita el testimonio de Audun Martinsen, jefe de investigación de servicio de campos petroleros en Rystad Energy, un grupo de consultoría energética con sede en Noruega, quien dijo: «Si esta guerra de precios continúa durante un año o más, realmente puede ser el clavo en el ataúd para muchas compañías». Su proyección es que las compañías de petróleo y gas en todo el mundo reducirán los gastos de capital y operativos en $ 100 mil millones en 2020 y que la industria del esquisto en los EE. UU. tendrá la peor parte de los efectos económicos.

En palabras de Ignacio Conese, Vaca Muerta se trata de “Sismos masivos de hasta 5.0 en la escala de Richter inducidos de forma directa por la actividad humana. Un nuevo hito de la era del antropoceno.” Este experimento energético con altísimos riesgos y costos ambientales ha recibido hasta la fecha 24 mil millones de dólares de fondos públicos, y sin embargo hoy se encuentra más vulnerable que nunca.

Ignacio Peña es economista y director de la consultora Surfing Tsunamis. Consultado respecto al impacto de la crisis del petróleo sobre Vaca Muerta, la posibilidad de un «barril criollo» y el panorama de las renovables en Argentina:

“La crisis internacional del petróleo deja a Vaca Muerta con costos superiores al precio internacional, lo que elimina la posibilidad de una lluvia de inversiones para Vaca Muerta, cuyos recursos aún no demostraron ser económicamente viables, por lo que todavía no se tradujeron en reservas probadas. Esto muestra que el proyecto de Vaca Muerta es un sueño endeble, que se convierte en un problema o una carga pesada en los momentos de crisis.

«El proyecto de Vaca Muerta es un sueño endeble, que se convierte en un problema o una carga pesada en los momentos de crisis» (Ignacio Peña).

Seguramente el sector va a pedir que se reinstale un precio local mayor al internacional, eso beneficia a los productores de petróleo y perjudica al resto del país, lo cual sería una pena no solo por el costo sino porque la caída del precio del petróleo podría ayudar a parar la inflación. Hay señales de que esto puede tornarse una realidad: recientemente el ministro de energía de Neuquén afirmó que están buscando asegurar un precio sostén de USD 50 por barril.

La diferencia la va a tener que cubrir el resto del país, o sea que todos los demás vamos a subsidiar (aún más) a los petroleros… Cabe preguntarse si tiene sentido que los argentinos tengamos que hacer otra transferencia de riqueza para beneficiar a los petroleros, particularmente en un momento de crisis. ¿Por qué tenemos que garantizar que siempre ganen plata?

El entorno actual torna difícil plantear inversiones de largo plazo de cualquier tipo. De todas maneras no se ve un compromiso fuerte con las renovables por parte del nuevo gobierno. Por ahora lo que se ve en renovables es una parada de la inversión, pero con continuidad de generación, lo cuál es distinto de las fósiles, donde caen inversiones y producción. La producción de hidrógeno con energías renovables posibilitaría exportar energía a países como Japón y Corea. Los costos todavía no son competitivos pero están cayendo y se espera una creciente oportunidad en ese espacio en los próximos diez años.

Otros países como Australia y Chile ya desarrollaron estrategias para desarrollar el sector. Argentina tiene condiciones naturales excelentes en lugares como Tierra del Fuego y gobierno anterior comenzó a explorar acciones para tratar aprovecharlas pero hace falta un enfoque más ambicioso para estar a la altura de la oportunidad y la competencia. Vaca Muerta no tiene competitividad internacional y las energías fósiles enfrentan un futuro muy complicado.”

Imagen satelital que presenta una baja significativa en dióxido de nitrógeno (NO2) sobre China. La agencia reporta que la reducción de NO2 fue debido a la expansión del coronavirus. Fuente: NASA con ESA.

LA DESILUSIÓN COMO DUDA: ¿DESPERTAR DURANTE O DESPUÉS DEL TEMBLOR?

Desde hace meses que el sector energético argentino se encuentra en un estado de anomia casi total, pero, parafraseando a Marina Aizen, “el petróleo es como una ideología que te hace sentir cerca del desarrollo, a pesar de todo.”.

El ex Secretario de Energía de la Nación Presidente del Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi”, Jorge Lapeña, explica su visión respecto a Vaca Muerta y la matriz energética nacional:

“En mi opinión, ya antes de todo esto, creo que Vaca Muerta es un proyecto que contó con un apoyo muy decidido de CFK y Macri. Hicieron una gran apuesta a Vaca Muerta como un recurso aprovechable para potenciar y generar la cantidad de exportaciones que la Argentina para iniciar un proceso de desarrollo. Yo creo que esas hipótesis son un tanto riesgosas, y esto se ha demostrado ahora con la caída de los precios internacionales, que tiene dos causales: la baja de la demanda provocada por la pandemia del coronavirus (un cisne negro no previsto) más las diferencias en el cartel del OPEP más Rusia, llevando al precio del barril a USD 30.

El proyecto tienen que ser re-estudiado, sobre todo por los riesgos de poder cumplir con un plan de exportación: si el proyecto es viable con un barril de petróleo a 60 y no a 40, es vulnerable. Respecto al gas, en el mundo se está colocando a 1,8  USD  por millon de BTU, y acá se produce a  6,5 USD por millón de BTU, encima en una cuenca que está lejos del mar y sin la infraestructura de puertos necesaria para transportarlo. Sostengo que hay que ser más transparentes, y re-analizar el escenario de que el petróleo valga USD 60 o menos, y los costos de extracción. Hay que abrir un compás de espera, con estudios con objetivos que sean cumplibles. El resultado podría ser que varios proyectos terminen siendo cerrados. En Argentina, por ejemplo en el caso de la soja, es lo opuesto, se parece más a la situación de Arabia Saudita, donde el costo de extracción del petróleo es muy bajo y pueden seguir vendiendo a pesar de la caída en los precios.

«Argentina no tiene una mirada exploratoria porque le jugó todas sus fichas a Vaca Muerta. Ahora las cosas no salieron como se pensaron y vienen las grandes frustraciones» (Jorge Lapeña).

Más que un blindaje a Vaca Muerta hay que discutir una nueva ley de hidrocarburos y promover la exploración en cuencas convencionales de bajo costo, tanto en el mar como en el continente. Argentina no tiene una mirada exploratoria porque le jugó todas sus fichas a Vaca Muerta. Ahora las cosas no salieron como se pensaron y vienen las grandes frustraciones. Por eso hay despidos, etc. La transición energética mundial implica la descarbonización de la energía: en Argentina el 85% de la energía se produce con petróleo, gas o carbón. La nuclear, la eólica, la solar, los biocombustible, la hidroeléctrica y la biomasa son las energías que no producen CO2.  Hay que meter más de estas energías y reemplazar las energías carbonosas. La planificación energética implica un plan de mediano y largo plazo e ir migrando gradualmente: de un 85% pasar al 80%, y así, para poder evitar el cambio climático.

Esta administración debería encarar una buena Planificación Energética , ya que la anterior no pudo: algunos no quieren la nuclear, otros la hidroeléctrica y los embalses, etc. En la medida que no haya un plan, estamos a la deriva frente al mundo. España tiene una gran penetración de la energía eólica, con un 17%, pero tampoco es realista pensar que se llega fácil al 50%. Esto no se mide en la producción, sino en el consumo: en la contabilidad entra lo que yo emito cuando arranco el auto. Siendo así, se podría diseñar un plan donde se incentive la exploración de nuevas cuencas de petróleo convencionales y a la vez impulsar las energías renovables. No sería incompatible un plan que contemple un mix de este tipo, pero teniendo en cuenta que la proporción de combustibles fósiles debe ser cada vez menor.”

La mítica canción de Soda Stereo dedicada al sismo que afectó a México en 1985 rezaba: “hay una grieta en mi corazón, un planeta con desilusión”. Quizás hoy deberíamos “despertarnos para que pase el temblor” y aprovechar la oportunidad presentada por la crisis pandémica global para dejar atrás de una vez por todas el fracking. Estos tiempos de cuarentena quizás nos permitan reflexionar e impulsar definitivamente la transición hacia energías renovables, un paso vital para reducir el impacto que el cambio climático está teniendo sobre la vida en la tierra.

Julián Reingold

Julián Reingold

Periodista, sociólogo (UBA) y realizó estudios de posgrado en Ambiente y Desarrollo Sustentable (UCL).

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