¿Avanzan China y los BRICS hacia una “nueva normalidad” de bajo crecimiento?

El crecimiento económico y la desigualdad son dos de los problemas claves de la economía, que han sido puestas en el foco de modo interrelacionado por el economista Thomas Piketty. Detrás de su análisis anida la pregunta sobre el futuro económico mundial, los países emergentes y el devenir de China, el gigante asiático.

El doctor Thomas Piketty ha tomado como referencia el trabajo estadístico de Simón Kuznets y en base a datos disponibles en los archivos de las administraciones públicas de los países centrales como Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, ha formulado una ecuación básica, tendiente a establecer la relación entre la tasa de rendimiento del capital (r) y de crecimiento de la economía (g). En su libro El capital en el siglo XXI, prueba que, sobre todo a partir de la restauración conservadora de fines de los años 70, se empieza a consolidar una tendencia en la cual es mayor la tasa de rendimiento del capital que la de crecimiento de la economía. Ha considerado, en efecto, a la ecuación r ˃ g como la primera ley fundamental del capitalismo.

Tal como lo pronosticó el experto nacido en Francia y radicado durante sus años de investigador en Estados Unidos, en 2019, la economía bajo el régimen de Xi Ximping, tuvo un crecimiento de 6,1% del PBI. El más bajo desde 1990.

No obstante, esta advertencia predictiva de Piketty, sobre una economía mundial ralentizada, que se estanca progresivamente y en la cual, por consiguiente, empiezan a predominar las herencias, ha sido cuestionada por dos frentes, uno de ellos es la trayectoria finisecular y reciente de China, que presenta tasas de crecimiento anual superiores a los diez puntos porcentuales, con una cifra récord en 2007 de 14,2%. Sin embargo, tras la bajante del ritmo de crecimiento, los años en los cuales el Partido Comunista impuso en China la política de hijo único, para contener los nacimientos, han quedado definitivamente en el pasado. En 2015 ese límite se había extendido a dos hijos, lo que produjo un repunte tan rápido, como efímero, de la tasa de natalidad. El año pasado, se dio una caída del 4% del número de nacimientos (14,65 millones) y fue la tercera caída anual consecutiva de este indicador, el más bajo desde 1961.

El otro contexto disidente del patrimonialismo fue el de la emergencia de los BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica—, que desafiaron el letargo de las economías pos-keynesianas, en las cuales el brillo de los treinta dorados ha quedado reducido a un tenue resplandor.

FÓRMULAS Y VARIABLES: DATOS, NO RELATOS

r > g es una igualdad contable, una fórmula para medir la participación del capital en el ingreso nacional. Otra fórmula, α = r x β, permite asociar el acervo de capital con el flujo de los ingresos del capital. De ese modo, β es la relación capital/ingreso, que se vincula con los ingresos de capital (r), para dar como resultado el ingreso nacional (α); α = r x β se puede aplicar a todas las sociedades, permite vincular los tres conceptos del análisis del sistema capitalista: la relación capital/ingreso, la participación del capital en el ingreso y la tasa de rendimiento del capital.

La segunda ley fundamental del capitalismo que presenta Piketty, es β = s/g. Significa que la relación capital/ingreso (β) se vincula de manera simple y transparente con la tasa de ahorro (s) del país considerado y con la tasa de crecimiento (g), en ella se ha de tener en cuenta la tasa global de crecimiento del ingreso nacional por habitante y la tasa de aumento de la población (n). Las variables crecimiento de la economía y crecimiento de la población presentan un comportamiento prácticamente análogo. Incorporar la población, como dato económico, le aporta clasicismo, robustez y elegancia al análisis de Piketty, a la vez que amplía su base, acercándolo al campo de las Ciencias Sociales.

Para Xu Hongcai, especialista en relaciones comerciales internacionales, China ha demostrado una fuerte resiliencia y continúa liderando el grupo de economías con mayor crecimiento en los últimos años.

Tal como lo pronosticó el experto nacido en Francia y radicado durante sus años de investigador en Estados Unidos, en 2019, la economía bajo el régimen de Xi Ximping, tuvo un crecimiento de 6,1% del PBI. El más bajo desde 1990; 0,5% menos que en 2018, pero 0,1-0,2% más que el previsto para los próximos dos años. La importancia de valores marginales, siendo 0,1% del PBI chino el equivalente a USD 180 mil, no es menor.

En el marco de una economía ralentizada, tiene sentido la tapa del libro del reconocido académico angloparlante, pues, en su edición de 5000 ejemplares de la Serie Economía (Ed. Siglo XXI) presenta un huevo de oro gigante y una pequeña pluma, señal de que la gallina que los ponía ya no está.

La idea de un parate del crecimiento no ha prendido entre los analistas del gigante asiático. Para Xu Hongcai, especialista en relaciones comerciales internacionales, China ha demostrado una fuerte resiliencia y continúa liderando el grupo de economías con mayor crecimiento en los últimos años. En 2020 se habrá completado el décimo tercer plan quinquenal y todo indica que el próximo —2020-2025— se resolverá en torno a los dilemas que plantea la estabilidad, lo que no carece de sensatez si se observa que China duplicó su PBI entre 2011 y 2015 y el actual contexto de “nueva normalidad” con crecimiento estable y/o a la baja deriva de un contexto global dominado por caídas sostenidas del crecimiento y por la permanente inestabilidad, asociada a la especulación financiera.

Xu Hongcai plantea el dato del 6,1% y el pronóstico a la baja, dentro de un cuadro de situación caracterizado por “Las grandes turbulencias que sacudieron al mundo en 2019, derivadas de la prolongada guerra comercial entre China y los Estados Unidos, así como de tensiones geopolíticas cada vez más enrevesadas, provocaron el más bajo crecimiento económico mundial desde la crisis financiera de 2008, un creciente proteccionismo comercial y un régimen comercial multilateral bajo renovada presión” (China&US Focus, 17 de enero de 2020). El reciente recrudecimiento de las políticas proteccionistas planteado por Hongcai, ha de confirmar otro momento predictivo del libro de Piketty: el repliegue del nacionalismo, cuya morfología, si bien no está totalmente delimitada, presenta caracteres cada vez más definidos. El Brexit del Reino Unido, sería el clímax del repliegue nacionalista.

Evolución: PIB anual China, en millones de dólares

Año PIB anual Var. PIB (%)
2019 10.656.937 6,1%
2018 11.530.456 6,6%
2017 10.758.347 6,8%
2016 10.065.842 6,7%
2015 9.837.421 6,9%
2014 7.834.157 7,3%
2013 7.262.612 7,8%
2012 6.644.870 7,9%
2011 5.423.968 9,5%
2010 4.593.804 10,6%
2009 3.657.942 9,4%
2008 3.122.624 9,7%
2007 2.592.604 14,2%
2006 2.192.279 12,7%
2005 1.837.270 11,4%
2004 1.571.767 10,1%
2003 1.467.776 10,0%
2002 1.555.196 9,1%
2001 1.495.503 8,3%
2000 1.315.413 8,5%
1999 1.029.403 7,7%

LOS BRICS Y EL DESARROLLO TERRITORIAL

Un diagnóstico de las recientes transformaciones geoeconómicas globales indica que, si bien el liderazgo histórico de Estados Unidos, Europa y Japón, se ha visto disputado por los BRICS, no se han visto alteradas las desigualdades territoriales, antes bien, todo lo contrario, se han recreado cualitativamente.

Junto a Brasil totalmente alineado con Estados Unidos y con Rusia volcada hacia una innovadora carrera armamentista y siempre necesitada de reivindicación, están los países de la nueva era asiática, a los que nos hemos de abocar brevemente.

Estos países asiáticos entrarían en el círculo “Malaya”, es decir, son aquellos que integran el hinterland peninsular malayo y que, en el largo del siglo XX, han ido adquiriendo nombres propios: Taiwán, Vietnam, Corea del Sur, Myanmar, Camboya, Tailandia, Laos, Malasia, Bangladesh y en renglón aparte, India, la supuesta por todos futura superpotencia mundial, si se ha de juzgar su demografía y sobre todo su proyección a 2050.  Ya en mar adentro, Indonesia y Filipinas cierran el cuadro de la periferia del mito del “milagro japonés” de los años 80.

Si bien el liderazgo histórico de Estados Unidos, Europa y Japón, se ha visto disputado por los BRICS, no se han visto alteradas las desigualdades territoriales, antes bien, todo lo contrario, se han recreado cualitativamente.

Estas trayectorias nacionales asiáticas han experimentado un proceso de integración comparativamente superior a las de los países de América Latina, y presentan: 1) cualificación y sofisticación del proceso industrial manufacturero y 2) capacidad de control sobre: a) las fracciones de mayor valor agregado de las mercancías producidas en su territorio y b) del sistema financiero. Estos casos, dejan abiertas preguntas de interés para una geografía económica preocupada por el desarrollo, a saber: ¿Cuáles son las prioridades a la hora de una insubordinación a las “ventajas comparativas” o de un “despegue” de las trayectorias nacionales? ¿Cómo articular dinámicas regionales y nacionales descentralizadamente?

Observando el nivel de desigualdades socio-territoriales que anida en los países protagonistas de la nueva era asiática, una advertencia resulta prioritaria, ya que los interrogantes del párrafo que está arriba dejan abierta la cuestión de las “cadenas de valor globales” y la articulación en “redes” de las economías emergentes. En efecto, trabajos de investigación recientes, entre los cuales se destaca el libro La trilogía del erizo-zorro (Antrophos-UNL, 2017) de Víctor Ramiro Fernández, indican que los organismos internacionales han incorporado la calificación de las cadenas de valor como estrategia, lo que resulta contradictorio, a simple vista, con su histórica función rectora del status quo. ¿No será que acaso, si se trata de prescindir de la escala estatal nacional, todo vale? Es decir, ¿no es la elección, por parte de los organismos internacionales, de las cadenas de valor y su calificación como estrategia, un mecanismo compensatorio para justificar la necesaria inoculación del Estado nacional como instancia de coordinación estratégica para el desarrollo? Pues, solo como ejemplo, habremos de preguntarnos: ¿cómo habrán de incorporarse  las regiones a la dinámica global que propone la teoría de las cadenas de valor con patrocinio de los organismos internacionales, sin la mediación estatal nacional? Es aquí donde el trabajo de Piketty no da respuestas, pero su flema schumpeteriana, y, sobre todo, sus seiscientas páginas de análisis riguroso, basado en datos estadísticos, lo exime de cualquier acusación forzada. No obstante, las consecuencias teóricas, y la propia vacancia de estos y otros elementos fundamentales para el análisis en Ciencias Sociales de la economía, hay que rastrearlas en los enfoques de Variedades del Capitalismo y en el Nuevo Regionalismo. Ambos enfoques, si bien fueron concebidos para mejorar los análisis comparativos y poner en primer plano a las regiones como unidades de análisis, han dejado sin abordar críticamente tanto la modalidad a partir de la cual operan las redes globales, especialmente su capacidad para potenciar o condicionar los cursos de acción de las trayectorias nacionales, como el papel que juegan las regiones en un sistema nacionalmente estructurado.

Mauricio Yennerich

Mauricio Yennerich

Profesor de Geografía (UNL).

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