Estévez Boero, a 89 años de su nacimiento

En este texto, desgrabación de un homenaje realizado en 2002, el director de La Vanguardia Digital evocaba lo que la figura de Guillermo Estévez Boero significó para los militantes socialistas en la Argentina desde la recuperación de la democracia.

Estévez Boero, por Villarreal, en una caricatura de 1989 (archivo La Vanguardia).

Compañeras y compañeros:

Realmente resulta difícil expresar en algunas pocas palabras lo que el compañero Guillermo Estévez Boero significa para los militantes del Socialismo en la Argentina actual. Y a veces, cuando muchos compañeros de reciente incorporación a este partido nos preguntan por qué es tan importante Guillermo para nosotros, qué es lo que hizo para que nos resulte tan valioso, tan entrañable, ese recuerdo de Guillermo Estévez Boero, resulta más patente esa dificultad.

Porque para comprender lo que la figura de Guillermo significó para los militantes del socialismo en este país, hay que entender también qué Argentina existía, de qué Argentina veníamos, y fundamentalmente de qué socialismo veníamos en este país en 1972, cuando Guillermo echó a rodar la utopía de un Partido Socialista que por primera vez en la Argentina lograra vincular la cuestión social con la cuestión nacional y la cuestión democrática.

En algún documento viejo, en una charla de Guillermo, él mismo narraba esto y contaba que cuando los compañeros y los amigos de la izquierda del mundo se enteraron de la aparición de una nueva fuerza política en la Argentina, con el nombre de Partido Socialista Popular, se agarraban la cabeza y decían: “Otro partido socialista más en Argentina”. A esa altura, para aquellos años, ya se perdía la cuenta de cuántos partidos socialistas había en este país. Por esto la labor de Guillermo se agiganta. Para quienes tenemos algunos años en el partido, a veces resulta difícil transmitirle a los jóvenes que se van incorporando el porqué del inmenso cariño y admiración hacia la figura de este compañero, que no fue Presidente de la Nación, que no fue Gobernador, que no escribió libros y sin embargo tiene una obra gigantesca, dispersa a través de una labor parlamentaria extraordinaria. Una labor que no tiene parangón en los dieciocho años de democracia que llevamos desde 1983, y que nosotros como militantes y sobre todo los jóvenes del Socialismo, tenemos la obligación de estudiar, de profundizar, de conocer. Ahí están los fundamentos del proyecto del Consejo Económico y Social, que realmente son, o deberían ser, una escuela de formación política para nuestros militantes; un proyecto en el que nuestro partido insiste y vuelve a insistir, y vuelve a presentar en el Congreso de la Nación para que el Parlamento debata una salida, la única salida posible que este partido viene reclamando desde hace años.

En 1972 el viejo Partido Socialista ya no existía, por los años en los que el grupo de militantes encabezado por Guillermo se atrevió a fundar este nuevo Partido Socialista que aparecía en la Argentina. Aquel viejo Partido Socialista se fragmentó, se atomizó, se dispersó en una cantidad de pequeños partidos, transformándose de un viejo partido glorioso que le había dado figuras importantísimas a esta Argentina con una concepción de la justicia social, como Juan B. Justo o Alfredo Palacios; ese partido se convirtió en una dispersión, en una atomización o, en los peores de los casos, en una caricatura de lo que habían sido las aspiraciones del socialismo.

La labor de Guillermo es tan importante para nosotros, porque partió de la comprensión de que no había contradicción entre los dos ejes de un debate histórico de la izquierda mundial, en donde la cuestión social y la cuestión nacional no sólo no debían estar divorciadas, sino que eran solidarias, aquí y ahora en el espacio y en el tiempo, en la Argentina y en América Latina, como le gustaba decir a él.

Articulando esos dos ejes, la cuestión social –que tanto valor tenía para los socialistas– y la cuestión nacional –que durante mucho tiempo el viejo socialismo no había logrado interpretar correctamente– articulándolos además con la cuestión democrática, saliendo de los viejos esquemas dogmáticos y comprendiendo a través de un proceso en el cual Guillermo sintetizó la práctica y el pensamiento colectivo de una organización que se propuso transformar esta Argentina, esos tres ejes, pasaron a ser el bagaje ideológico que Guillermo Estévez Boero le dio a este Partido Socialista, viejo y nuevo a la vez, nuevo por rectificar la práctica del socialismo en la Argentina, y viejo por enraizarse en las mejores tradiciones que formaron parte de aquel socialismo pulverizado. De ahí la reivindicación de algunas figuras del viejo Partido Socialista, nada casual y simbólica en sí misma: Juan B. Justo, la cuestión democrática y el cambio gradual; Alfredo Palacios, la cuestión social; Manuel Ugarte y José Ingenieros, la cuestión nacional y latinoamericana, e incluso Scalabrini Ortiz y FORJA.

Guillermo decía que los socialistas no debíamos ser profetas del odio, ni heraldos anunciadores de la muerte de un tiempo que demora en irse, sino que debemos ser los humildes constructores de un mundo nuevo.

Esta articulación marcó al PSP, junto a la comprensión profunda de que el socialismo no es un hecho inevitable de la historia y que más allá de lo que nosotros hagamos va a llegar. Aquella frase que años atrás se escuchaba tan profusamente, “el mundo marcha hacia el socialismo”, ese mito, aquella idea dogmática, no es así. Y esa comprensión de que el socialismo va a ser producto en todo caso, de una acción militante, colectiva, persistente, permanente y coherente de la que Guillermo nos dio ejemplo y que tenemos que continuar nosotros. Fundamentalmente desde la juventud y desde el Movimiento Nacional Reformista, ese hijo tan querido de Guillermo Estévez Boero, para que siga viva esa obra que no se expresó en un libro, para desgracia de los compañeros que gustamos de encontrar las cosas sintetizadas en un solo lugar, el librito en la biblioteca… No existe todavía esa obra en la que se haya procesado y sintetizado todo ese bagaje ideológico que le legó a este Partido Socialista.

Pero esa obra existe en una militancia extraordinaria, de décadas, que Guillermo eligió, a diferencia de otras convocatorias que han causado mucho dolor en nuestra juventud en décadas pasadas, y coherentemente con lo que plantea aquel poema de Bertolt Brecht de que “quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Guillermo eligió dar su vida día a día, cotidianamente en la construcción, en la reconstrucción del socialismo en la Argentina.

Por eso a veces nosotros decimos que cuando se habla o cuando se mira la historia del socialismo en este país hay dos figuras que inevitablemente descuellan, la figura de Juan B. Justo, el fundador del socialismo en Argentina, y la figura de Guillermo Estévez Boero, que es el refundador del socialismo en la Argentina.

Otro elemento que para Guillermo era fundamental: la necesidad de la vinculación de la teoría con la práctica, la necesidad de la capacitación, y no como una veleidad intelectual. Compañeros que tuvieron la suerte de estar más cerca de Guillermo, durante mucho tiempo, nos cuentan y es bastante conocida la anécdota, que se levantaba a las cinco de la mañana para leer, que siempre andaba con un libro nuevo y por lo general raro bajo el brazo, un libro que encontraba él. Pero esto Guillermo no lo hacía desde la veleidad intelectual o desde la profundización del conocimiento desde un punto de vista individual, siempre lo hacía con la prédica de la necesidad impostergable de democratizar el conocimiento, de compartirlo y de que sirviera para transformar la realidad, para que cada vez hubiera más compañeros capacitados de manera de que pudiéramos hacer realidad esa transformación que anhelamos. Por eso ese mismo Guillermo que se levantaba a las cinco de la mañana para leer, que tenía una cultura vastísima y que por lo general mencionaba autores que muy pocos dirigentes políticos de este país han leído, también era capaz de decirnos a los militantes socialistas que “para nosotros el mejor socialista no es el que más sabe de socialismo, sino que para nosotros el mejor socialista es aquel que más socialistas hace o ayuda a hacer”.

Y ése era Guillermo, con esa capacidad que tenía para explicar lo más profundo y lo más difícil desde la sencillez de una metáfora, por lo general campera, que era el ambiente de donde él había salido. Y de ahí algunas de esas metáforas que nos han quedado grabadas: “la lonja es una sola, si corta más grande de un lado queda más chica del otro”, a través de las cuales él lograba hacer comprensibles las ideas más complejas. Y hacía el máximo esfuerzo posible para eso, para que el discurso del socialismo en Argentina fuera comprendido por todos, no solamente por aquella vanguardia esclarecida que había caracterizado a la izquierda en este país durante tantos años.

Hacía el máximo esfuerzo posible para que el discurso del socialismo en Argentina fuera comprendido por todos.

En más de una ocasión él decía que los socialistas no debíamos ser profetas del odio, que no debemos ser los heraldos anunciadores de la muerte de un tiempo que demora en irse, sino que debemos ser los humildes constructores de un mundo nuevo. Y a ese trabajo gris, a ese trabajo cotidiano era al que nos convocaba él. Nos enseñó que si pretendemos modificar la realidad tenemos que estar insertos en ella. Y de ahí la insistencia constante en la participación de cada militante socialista en sus ámbitos naturales, en el sindicato, en el centro de estudiantes, en la cooperadora, en la vecinal.

Y esta capacidad que tenía Guillermo Estévez Boero de transmitir su conocimiento y su pensamiento también tenía que ver con lo que aspiraba a que sea un militante socialista. Por ejemplo, cuando decía que si luchamos contra la injusticia general y abstracta, debemos tener la capacidad de ser sensibles ante cada injusticia particular y concreta. Porque los socialistas no somos, ni debemos ser decidores, sino hacedores; y porque el socialismo es “una resolución practica y cotidiana de servir al pueblo”, pero no a un pueblo en abstracto, no a un concepto, sino al pueblo real y concreto que existe, al pueblo determinado por años de dependencia, de marginación y de explotación.

Y cuando afirmaba estas ideas tan decididas a plantarse en la realidad, en la tierra, lo hacía, al mismo tiempo, hundiendo sus raíces en el pensamiento de Marx, al punto que lo citaba, sin mencionarlo, cuando definía al socialismo: «Para nosotros el socialismo no es un ‘estado’ que deba implantarse, un esquema ‘ideal’ preexistente al que ha de sujetarse la realidad, sino un movimiento real que supera el estado actual de cosas». Esa frase, que Guillermo incluyó en una de las declaraciones fundamentales del PSP (Democracia y socialismo, de 1986) es una cita textual de Marx en La ideología alemana, de 1846.

Por todo esto, Guillermo fue y es un ejemplo para todos nosotros. Todos sabemos que por su extraordinaria capacidad, por origen familiar y por formación, Guillermo podría haber sido un hombre exitoso, en los cánones del éxito del sistema: podría haberse dedicado a las leyes, o a la producción, o podría haber sido un brillante político tradicional. Sin embargo, eligió la tarea ciclópea de la reconstrucción del socialismo en un país en el que el gran Partido Socialista que existía había desaparecido. Ese ejemplo militante de convocar a los jóvenes a dar su vida en el sentido de la entrega cotidiana del día a día, del hora a hora, de dar el mejor tiempo y la mejor fuerza creadora y realizadora disponibles para construir un partido socialista de la realidad nacional, es creo yo, la herencia que cada uno de nosotros, y sobre todo los jóvenes y el MNR, pueden tomar de Guillermo Estévez Boero, para que alguna vez tengamos una Argentina independiente y solidaria.

Quiero cerrar con algo que los viejos militantes del MNR seguramente recordarán con algo de bronca, los cantitos en la Universidad: “Estévez Boero, socialista y estanciero”. Cuando Guillermo murió, el periodista Armando Vidal escribió una frase que a mí me resultó profundamente conmovedora, donde hacía referencia a ese cantito y decía: “Si todos los socialistas y todos los estancieros hubieran sido como Guillermo Estévez Boero, otra sería la Argentina de estos tiempos”.

Palabras en el Acto de Homenaje a Guillermo Estévez Boero en el marco del 13º Campamento Nacional de Juventud Enero 2002.

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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