Cuando el futuro no importa: Trump, el capitalismo, el cambio climático y la ignorancia

Estados Unidos oficializó su decisión de retirarse del Acuerdo de París sobre el clima y se convierte en el primer país que abandona este pacto, lo que provocó la preocupación de la comunidad internacional.

El presidente estadounidense había anunciado su intención de romper con ese consenso ya el 1 de junio de 2017, cuando no llevaba ni seis meses en la Casa Blanca, y lo ha formalizado justo el primer día que le estaba permitido según las normas del pacto. La salida efectiva, sin embargo, no puede darse hasta noviembre de 2020, es decir, justo después las elecciones presidenciales estadounidenses, lo que deja aún un resquicio de esperanza para la ONU.

«Hoy Estados Unidos inicia el proceso de retirada de los acuerdos de París. Conforme a los términos del acuerdo, Estados Unidos sometió una notificación formal de su retirada a las Naciones Unidas. La retirada será efectiva un año después de la notificación», declaró el secretario de Estado, Mike Pompeo.

La salida de Estados Unidos del acuerdo para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero tiene un doble efecto: sin duda, constituye un mensaje político de la primera potencia económica global, pero, al mismo tiempo, la posición del presidente estadounidense generó un fuerte rechazo del resto del mundo y una rebelión de grandes ciudades de EEUU, además de una reactivación de la militancia ambiental.

Las reacciones internacionales a esta retirada no se hicieron esperar. La Unión Europea (UE) dijo que estaba dispuesta a «reforzar la cooperación» con las otras partes del Acuerdo de París e insistió en que las bases del pacto son «sólidas».

«El Acuerdo de París tiene bases sólidas y está aquí para quedarse. La UE y sus socios están dispuestos a reforzar la cooperación con todas las partes para aplicarlo», tuiteó el comisario europeo de Acción para el Clima, Miguel Arias Cañete.

China, primer emisor mundial de gases de efecto invernadero, aseguró que lamentaba la decisión de Estados Unidos. «Esperábamos que Estados Unidos diera muestras de una mayor responsabilidad y que contribuyera más en el proceso de cooperación multilateral, en lugar de añadir más energía negativa», sostuvo un portavoz de la diplomacia china, Geng Shuang.

No hay nada fácil en este camino, con o sin el apoyo de Estados Unidos: desde 2015, cuando se firmó el pacto de París, las emisiones globales han aumentado.

Cuesta imaginar el éxito de semejante acuerdo multilateral sin la implicación de la mayor economía del mundo.

John Kerry, secretario de Estado cuando se pactó el Acuerdo, señaló en un artículo de opinión en The Washington Post que “el presidente Trump dio el paso que prometió en 2017 para retirar oficialmente a Estados Unidos del Acuerdo que todos los demás países de la Tierra han firmado. Esto no es Estados Unidos primero; una vez más, es Estados Unidos aislados”.

Hasta la fecha 197 países lo han ratificado ya y han presentado planes de recorte de sus emisiones de gases de efecto invernadero, como especifica el pacto. Los planes de cada Gobierno deben cumplir como objetivo que el aumento global de la temperatura no supere a finales de siglo el umbral de los dos grados respecto de los niveles preindustriales.

No hay nada fácil en este camino, con o sin el apoyo de Estados Unidos: desde 2015, cuando se firmó el pacto de París, las emisiones globales han aumentado.

Los países que forman parte de la Convención Marco de la ONU de Cambio Climático —prácticamente todos los Estados del mundo— discuten desde hace 25 años cómo frenar un problema que ya ha hipotecado a las futuras generaciones que habitarán el planeta: el calentamiento global.

A partir de 2020, fecha en la que expira el Protocolo de Kioto. Está previsto que las medidas de recorte de emisiones comprometidas por los Estados firmantes del acuerdo se empiecen a aplicar. Estados Unidos, que ya se desmarcó de Kioto bajo la Administración de George Bush hijo, opta por el mismo camino y con un argumento similar: la economía.

CÓMO APLICAR EL ACUERDO DE PARÍS

Se han celebrado 24 cumbres (normalmente anuales) pero hubo que esperar a la de 2015 para cerrar un pacto que involucrara a todos los países en la lucha contra ese calentamiento: el Acuerdo de París.

Con el pacto de París se creó el marco general (que incluye los objetivos y marca las vías para intentar conseguirlos), pero faltaba el desarrollo técnico, que debe completarse antes de 2020, cuando caduca el Protocolo de Kioto y entra en funcionamiento el Acuerdo de París.

“En París inventamos el fútbol, ahora necesitamos crear las reglas”, suele explicar Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La aplicación completa del Acuerdo de París supondrá una transformación de la economía mundial y dejar de lado los combustibles fósiles, responsables de la inmensa mayoría de gases que calientan el planeta.

Ese reglamento es lo que, en su mayoría, se ha logrado aprobar en la cumbre de Katowice, celebrada en 2018: un complejo documento de casi 120 páginas que contiene las reglas de transparencia, financiación, adaptación y recortes de emisiones de gases de efecto invernadero para que funcione el Acuerdo de París.

Estas reglas fijan, por ejemplo, la forma en la que cada país tiene que notificar sus planes de recorte, qué tipos de gases se deben combatir, los plazos en los que se revisarán los compromisos nacionales contra el calentamiento y cómo se hará o el seguimiento de las promesas de financiación. El Acuerdo de París ya recogía el objetivo de que a partir de 2020 los países más ricos contribuyan a un fondo de 100.000 millones de dólares para ayudar a los Estados con menos recursos a adaptarse a los impactos del cambio climático. Ahora también se incluyen normas para hacer el seguimiento de ese compromiso.

La aplicación completa del Acuerdo de París supondrá una transformación de la economía mundial y dejar de lado los combustibles fósiles, responsables de la inmensa mayoría de gases que calientan el planeta. Por eso, muchos países que dependen de esos combustibles suelen desacreditar las cumbres o como en el caso de Estados Unidos, argumentar el impacto en su economía para salirse y poner por delante sus empresas y sus negocios por sobre el bienestar de toda la humanidad.

En base a Nueva Sociedad / Página 12 / El País

Mario Rovina

Mario Rovina

Guardaparque egresado de la Universidad Nacional de Misiones. Fotografo de aves y especialista en ambiente. Integra la Cooperativa de Comunicadores El Miércoles.

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