Miguel Rep: “Con Evita quedé agotado”  

El reconocido dibujante se explaya aquí sobre su nuevo trabajo Evita, nacida para molestar (Planeta), en el que cuenta con textos e investigación de su hermano, Jorge Repiso. Una obra en la que, como bien dice Pedro Saborido, el ilustrador se mete de una manera que solo él puede hacer en nuestro país con algo verdaderamente sagrado como lo es la figura de María Eva Duarte de Perón.

Ya está por comenzar la presentación, pero se demora porque son varias las personas que se acercan a Rep para que les firme su ejemplar de Evita, nacida para molestar (Planeta), su más reciente trabajo. Cada persona se lleva una obra singular, única, personalizada, su propia Evita, un original del autor que se añade a ese libro que tiene entre sus manos. Y aunque lo apuran para arrancar, Miguel no amarretea el tiempo necesario para cada dedicatoria. Es parte del fenómeno que produce este artista llamado Miguel Repiso, que firma como Rep (con la “E” al revés) desde hace muchos años. En esta charla se explaya sobre su nuevo trabajo, en el que cuenta con textos e investigación de su hermano, Jorge Repiso, periodista de enorme trayectoria. Una obra en la que, como bien dice Pedro Saborido, el ilustrador se mete de una manera que solo él puede hacer en nuestro país con algo verdaderamente sagrado como lo es la figura de María Eva Duarte de Perón. Aquí compartimos un extracto de la entrevista pública que mantuvo en Concepción del Uruguay, con quien firma y con Maxi Sanguinetti, humorista gráfico entrerriano.

Para empezar: ¿qué te motivó a hacer este libro de Evita, y en ese registro de documentación que no se propone contar fechas o sucesos, pero que presupone cierto conocimiento de los detalles de su vida?

Yo creo que cada dibujo narra un contexto, tiene una verdad detrás a pesar de la mentira que es el dibujo humorístico. Ahí detrás está el trabajo de Jorge y mucho de lo que investigué yo toda mi vida, primero de una manera vocacional y apasionada, y conmocionado por la figura de Eva siempre. Cada vez que recibía algún material escrito, literario, poético, de nuevas imágenes, lugares, películas, documentales, me conmocionaba. Pero la gente no sabe tanto de su vida, por eso creo que es un buen momento para que nos empecemos a acercar a Evita de otra manera y a reírnos a partir de eso. Es un libro que también pueden leer los contreras. Los contreras han perdido un poco de fuerza en su guerra contra Evita, con todo lo que ha pasado en los últimos 15 años. El odio hacia ella ha sido aminorado por la aceptación universal de Evita, el hecho de que Evita haya sido una ópera mundialmente conocida y que Madonna le haya hecho un film, ciertamente ayudó. Porque la “cipayez” siempre gana.

De algún modo también hubo una recuperación desde el sistema.

Sí, a Evita la metabolizaron para el sistema. Pero ella siempre vuelve rebelde. Cada vez que el país se mete en una política anti-Evita, como en este momento, de eliminación de derechos, entonces ella vuelve de esta manera, vuelve novedosa, vuelve feminista, vuelve con la fuerza no solo de la guerra contra lo conservador sino con la fuerza de la revolución feminista.

“Yo me enamoré primero de Eva y eso me llevó a estudiar al peronismo, a conmoverme por el partido del reparto. Para mí siempre fue Evita”.

¿La necesidad de contar la historia de Evita a tu modo tiene que ver con la reapropiación que se hace de su figura en esta época? Porque Evita vuelve pero es la Evita que las actuales generaciones construyen, y no necesariamente la Evita histórica. ¿Algo de eso es lo que intentás con tu libro, una suerte de compromiso didáctico?

Es un tema eso de la Evita histórica, porque Evita puede ser tomada como una totalidad pero también por fragmentos. A mí también me cautivó por fragmentos: la pasión, un par de elementos fuertes que son los que conmocionan y de a poco vas llegando a la totalidad. Yo creo que la totalidad de Evita me llegó cuando terminé el libro. Por ejemplo, no creo que Evita sea recuperada en su totalidad en términos feministas.

Ni tampoco recuperada por todo el feminismo.

Ni en pedo: en el feminismo hay muchos matices, hay muchas que la cuestionan… Yo voy a las marchas, siempre de costado, y no hay banderas de Evita. Con este libro yo aporto un acercamiento a Evita casi en su encarnadura, te la da muy cerquita a Evita y a su cuerpo. Y a esto lo digo ya hecho el libro porque no es algo que tenía pensado. Trabajé mucho el cuerpo de Evita. Sufrí mucho dibujando el rostro de ella. Estuve meses sufriendo, dibujando el rostro y no me salía. Foto, foto, libro, película y no le pescaba la cara.

¿Cómo es eso?

Porque yo no quería hacer una estampita que se moviera. Hasta que le pesqué una cara que es mía, y ahora la puedo hacer como si fuera un personaje mío. Pero hace unos meses no la podía dibujar. Es inagarrable Evita, pero la culpa es de la panteonización, la Santa Evita, la jodida, la Evita sagrada y la otra, la bataclana, todo lo que nos hicieron con Evita para alejarla, para ponerla solamente en posters. Siempre para ser vista y no para tenerla cerca, para hablar con ella. Y además los dibujantes no la han dibujado. Casi no hay antecedentes. Con Evita estuve absolutamente solo frente a la foto, como nunca en mi vida. Estaba frente a una mujer bellísima, desnuda, que no se dejaba retratar. Hasta que pude acercarme, generé afectos, y por supuesto hizo de mí lo que quiso: con Evita quedé agotado. Me mató, me sigue matando no solo por los dibujos, sino porque esto también es militarla. Y la sigo pensando, y me siguen preguntando, y sigo tratando de encontrar respuestas a las preguntas. Y agradezco que las preguntas lleven a esas respuestas, porque es un misterio, ¿Cómo este país generó a una Evita? Ese misterio no sé si lo voy a saldar porque no soy historiador ni literato, pero tengo una Evita y la quiero distribuir porque es una Evita con la cual podemos sonreír y tenerla más cerca. Tenerla como escudo, como espada grande para luchar con un remolino como hice en un dibujo.

“A mí me gusta llegarle a alguien más, pero no quiero ser querido por todos. Porque hay gente que detesto”.

Se sabe que tomás cada trabajo con una rigurosidad que te lleva a releer e investigar, con el Quijote y después con la Divina Comedia te sumergiste en los textos originales, en ese mundo que ibas a ilustrar. ¿Cómo fue ese proceso con Evita, y cómo decidiste parar? Porque imagino que se te deben seguir ocurriendo cosas hasta hoy.

Para parar hay un método sencillo: tenés que entregar el libro. Tenía que estar para la Feria del Libro, el 7 de mayo, porque el motivo de este libro son los 100 años de Evita. Si no fuera por eso yo nunca lo habría hecho, lo habría pateado para adelante. No hubiera parado nunca, todo el tiempo te cae otra cosa para leer, fotos que no viste, biografías que no conocías. Mi método fue leer todo lo posible, desde Marysa Navarro a Alicia Dujovne Ortiz, y para mí el gran padre de este libro es Rodolfo Walsh con Esa mujer, y la gran madre, Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez. Pero Walsh inaugura una Evita que se terminó imprimiendo en nuestro espíritu, que es la Evita muerta, la Evita cadáver y estampita, la Evita distante. Y lo que yo quería era recuperar su vida. Pero igual todo esto lo digo ahora. En el momento de laburarlo, ya no sé cómo era, era intuitivo pero yo quería estar cerca de ella, porque no podía dibujarla si no la dibujaba rebelde, no quería más de lo mismo. Quería hacer una Evita distinta. Distinta a lo que hice antes. Porque por ejemplo cuando hice Bukowski para principiantes yo no había leído un pomo sobre él. Investigué la vida, pero era un turista, lo dibujé como pude. O Cortázar, que nunca fue mi lectura preferida, lo dibujé, pero era una vida que no conocía. Ésta, yo sí la conocía, la vine amasando décadas a Evita. Entonces me dije a qué renuncio más que a qué apelo. Lo primero que se me ocurrió fue hacer una historieta dark, porque en parte este libro está provocado por mi visión de la Eva Perón de Copi en el Teatro Cervantes, una obra absolutamente contraria a Eva, donde vos veías toda la platea contrera de su momento, de la Revolución Fusiladora, aplaudiendo esos chistes muy jodidos de Copi… Y ojo, que amo a Copi, el dibujante Copi, el teatrista Copi, pero esa obra… es re jodida. Yo salí de ese teatro indignado, pensando que era hora de que alguien haga una Evita humorística de otra manera, de este lado por lo menos, más comprensivo de su totalidad. Y la Evita que yo hice es luminosa, porque su vida para mí es luminosa y también como persona de oscuridad, porque toda vida tiene eso, no hice esa cosa de “Mundo Peronista” chupamedia, ni tampoco esa cosa asquerosa de la derecha. Esa es la Evita que construí y el método fue puntear todo: Los Toldos, Coliqueo, la partera india, los hermanos, la madre, el padre, la muerte, el velatorio y después cuando llega el momento del gobierno, en fin miles de temas. Cuando tuve ese punteo de 400 o 500 temas, veía cuáles se me ocurrían. Dibuje de más y deseché, pero quedaron 180.

¿Son todos dibujos nuevos?

Salvo uno. Todos los demás son dibujos inéditos. Tengo el libro fresco en mis manos todavía, no lo he analizado, me ayudan ustedes con estas charlas a que se salga de mí. En este libro no he hecho grandes malabares de dibujo como lo hice en Bellas Artes, o en en el Quijote de la Mancha y en la Divina Comedia. Ahí era absolutamente libre, no estaba siendo mirado, no tenia una misión didáctica, como vos dijiste. En Eva sí. Este libro no lo hice para los dibujantes, lo hice para la gente, para el pueblo, para nosotros, lo hice para eso. Tanto que tuve quilombos al principio, yo iba a presentarlo en la Feria del Libro, pero cuando supe el precio del libro le dije al director de la editorial: “A este libro no te lo milito si no le bajás el precio”. Lo bajó 30 por ciento. No podía salir mil pesos un libro así. Y lo bajaron al otro día. El de Cristina sale 100 pesos menos. Y me parece que está bien porque es un libro de dibujos, no de textos. Es más complejo, tiene una impresión, tiene un cuidado, me parece que así está bien. Eso para contestar que es un libro para la gente y por eso también no me hice el canchero en el dibujo…

Es un libro de humor, en teoría. Pero algunas de tus ilustraciones –por ejemplo, cuando dibujás a Evita enferma– son desgarradoras, no tienen nada de humorístico. El dibujo de los militares con erecciones frente al cadáver es tremendo. ¿Cómo resolvías la forma de encararlo en el momento de dibujarlo?

No me acuerdo bien el momento del dibujo. Pero hay mucha recreación del dolor de Evita y cinematográficamente hay cosas claves, por ejemplo, Leonardo Favio la hizo de una manera que no podés soslayar a la hora de trabajar. Y luego, Santa Evita, Eva en la hoguera, de Leónidas Lamborghini, todo te ayuda, porque son escenas invitadoras, fáciles de hacer. A mí me costaba mostrar el dolor que tenía Evita… Tenía una cara muy especial, pero desde el año 1951 empezó a consumirse: Evita iba hacia la calavera. Fuimos a San Vicente y está la máscara mortuoria de Evita, y ahí ves la nariz, como era. En un cadáver la piel se acerca a los huesos, entonces se la ve más narigona, ella no era de una belleza clásica pero era bellísima, quienes la conocieron te dicen, “la piel, la piel transparente”. Entonces eso, a la hora de dibujar en este estilo grotesco, estaba eso, el dolor, cómo se consumía esa piel hermosa y cómo la calavera y el dolor iban ganando.

Otra cosa que es clave, es detenerte no solo en planos íntimos de la vida cotidiana de Eva que seguramente recreaste en tu imaginación, sino también en el sexo, una Eva teniendo sexo explícitamente, algo que hasta ahora la ficción no había abordado.

Sí, no hay mucha escena… Bueno, Juan y Eva, la película de Paula de Luque de 2011, es importante. Igual que la de Eduardo Mignogna, en la que trabaja Flavia Palmiero muy pendeja en el 84 (Evita, quien quiera oir que oiga), una Evita que no se había mostrado antes: la Evita joven que se va de Junín a Buenos Aires en tren. Y que es un poco ficción. Pero sí, no hay sexo con Evita, lo que hay es un sexo tanático, como en Santa Evita, la perversión sobre el cuerpo, que yo también lo recreé en este libro.

“Hay gente que siempre está: siempre está Oesterheld. Quino siempre está. Oski siempre está”.

En tu trabajo La grandeza y la chiqueza había algo ya sobre Evita recuperando ese erotismo.

Uno, el primero, en el que están en la cama. Ese es el único dibujo editado. Lo incluí ahora como homenaje a aquel que había hecho al principio de los 90, quise mostrar cómo ahora no pasa nada con los dibujos, cuando hace 28 años era un quilombo. Al menos para la ortodoxia peronista. ¡Cómo te vas a meter con Evita, y encima cogiendo! Y sí, todavía estaban los viejos peronistas. Ahora no tuve ningún escándalo. Hasta ahora. Igual, uno es un pésimo curador de sí mismo, ¿no? Carga con toda la subjetividad, todos los prejuicios y los superyoes que uno tiene, en cuanto a dibujantes. Un montón de maestros y maestras ahí que te están vigilando cuando dibujás. Mi amigo Quino no ve, no se lo puedo mostrar, pero si hoy Quino viera, más allá de su gorilismo (risas), qué me diría… Un montón de dibujantes que ya no lo ven, (Eduardo) Maicas, que era re peruca, por ejemplo, y se murió hace un año. Entonces yo siento ¡puta madre! saqué el libro un poco tarde ¿no? Porque es muy importante para mí la mirada de un autor, no solo la mirada de (Horacio) Verbitsky, o la de Rodrigo Cañete (del blog Love Art Not People), hubo varios que ya leyeron y vieron y opinaron, sino también los pares, para nosotros es recontra importante. Y los pares a veces te llevan a incluir el dibujo equivocado.

En uno de los dibujos Perón moldea a Evita y a la vez Evita moldea a Perón. ¿Te sentís más peronista o evaperonista?

Evaperonista, totalmente, sí, yo soy evaperonista. Yo me enamoré primero de Eva y eso me llevó a estudiar al peronismo, a conmoverme por el partido del reparto. Pero para mí siempre fue Evita. Y Perón ¡chapeau!  Pero ese dibujo expresa lo que pienso: uno sin el otro no es nada. Los dos funcionaron como dúo perfecto y seguramente todo habría sido diferente si Eva vivía. Hubiese habido más peronismo, pero también hubiesen habido más quilombos matrimoniales. Porque ella se iba a imponer, o iba a querer imponerse. No había divorcio en ese momento y ella iba hacia la revolución. En algún momento se habría levantado y le habría dicho basta de reforma, ahora a expropiar, a fusilar, todo lo que habría que haber hecho.

Esa intencion didáctica que marcabas en tu trabajo, la intención de que sea muy claro lo que querés transmitir, y el hecho de que al mismo tiempo muchos de los dibujos solo se comprenden si hay conocimiento previo ¿cómo jugás con eso, cómo lo pensaste en relación con la identidad que hoy están construyendo las nuevas generaciones?

Es difícil de contestar. Supongo que quien agarra este libro tiene una curiosidad. Y hay dibujos cuya curiosidad los llevará a la fuente. Y si sigue la curiosidad, esa fuente los llevará a otro linkeo. A mí eso me pasó muy temprano, cuando no sabia nada de las guerras mundiales, y hubo un cuadrito de Corto Maltes, un solo cuadrito que ocurria la primera guerra mundial y que trataba sobre el Baron Rojo, y pasa por arriba de un batallón australiano en campo belga, creo, y hay un fusilero australiano al cual el Corto Maltes emborracha porque sabía que ese fusilero disparaba mejor si bebía. El tipo tira y el Barón Rojo muere. Y en el cuadrito siguiente los fusileros están saqueando las pertenencias al mitológico Barón, y arriba, en el cielo, un colega suyo que en la insginia decía “Hermann Goering”, sonríe. ¿Qué carajo pasó, ahí quién es ese Hermann Goering? Y sí, era el que después sería jerarca nazi y gracias a la muerte del Barón Rojo gana toda la gloria. Eso me llevó a leer sobre la primera guerra mundial, a ver que pasaba a partir de ese cuadrito…

Eso que contaba era verdad…

Era verdad. Y el tipo no nos subestimó, no nos dijo en un cuadrito siguiente quién era Goering. Si querés saber andá a buscarlo vos. Esas cosas del misterio me gustaría que ocurrieran. Yo no doy todo por sentado, algunas cosas si. Cuando Eva dice “Pedrito” y está pensando en si aborta o no, yo no digo “Pedrito Quartucci”. Anda a fijarte, averiguá. Esos misterios son recontra importantes para que la obra no se detenga. Significa no dar todo cerrado. Y eso es herencia no del humor gráfico, que lo da todo cerrado, sino de la historieta, de la literatura y del buen cine.

Hace muchos años hiciste la tira “El Recepcionista de Arriba”, que era muy duro con quienes “llegaban” tras su muerte. Me pregunto ¿qué diría al llegar Evita?

A Perón lo castigó. A Evita la hubiese mandado al paraíso. Porque no le importaba el juicio final, y y lo bien que hizo. Porque si no te importa la opinión del otro y querés que te quieran todos, no sos Evita. Evita es tomar una decisión y saber que por esa decisión te van a amar y te van a odiar. Y eso es vivir con pasión. Eso aprendí yo tempranito con Evita: dibujar con pasión y no pretender que me quieran todos. Porque yo veía que nuestro gremio es una especie de “quiero que me quieran”. Yo nunca quise eso, mi “potrero” fue la revista Humo(r), no es una revista tipo Patoruzu, donde vos buscabas masividad, yo en un momento pensé que no iba a tener masividad, que nunca iba a estar en Clarín o en La Nación.  Y eso es una renuncia importante para alguien que ama este género. A mí me gusta llegarle a alguien más, pero no quiero ser querido por todos. Porque hay gente que detesto.

“Con Evita era ‘hagamos lo imposible’. Y hoy estamos en una especie de hagamos lo posible… ‘Echemos a estos y después vemos qué hacemos’. Estamos en la época del después vemos”.

¿La idea aparece como dibujo, como guión? ¿Cómo es en tu caso?

En la mayoría de los dibujos gobierna la anécdota, gobierna ese punteo de temas que te decía. “Ahora tengo que hacer algo del voto femenino”, y ahí a ver cuál es la imagen, el guión, el dibujo. A veces se da el milagro de que ambas cosas están a la par, pero muchas veces es más importante el guión que el dibujo, y a veces el dibujo excede la idea básica. Hay dibujos que tienen mucha fuerza subterránea pero que son simples. Así que no hay una fórmula, en este libro no la hay. Acá soy un ilustrador muy distinto de los guiones que yo recibo de mí mismo. Pero primero soy guionista y después dibujante. El ilustrador que soy es esclavo del guionista que soy. Y a veces salió un dibujo que me satisface y otras veces hice lo que pude, lo mandé porque me pareció que se entendía, que cumplía el objetivo didáctico si se quiere, porque es un libro que encadena dibujos, no están tirados al azar, está muy precisamente editado, sutilmente editado, hay escenas que las ordené cronológicamente: esto ocurrió en octubre, esto en noviembre. Eso también está.

Hace unos días hubiera cumplido 100 años Héctor Germán Oesterheld. Me gustaría saber si de alguna manera lo enganchás con Evita y con este laburo impresionante que has hecho. Sobre todo porque Oesterheld guionó una Evita…

Sí, con dibujos del Viejo (Alberto Breccia). Hay gente que siempre está: siempre está Oesterheld. Quino siempre está. Oski siempre está. Pero no analicé qué le debo aca a Oesterheld, salvo esta explicación que te di de Hugo Pratt con Corto Maltese, que el Tano debe haber aprendido de Oesterheld, cuando dibujó Ernie Pike o el Sargento Kirk. Todos somos nietos de Oesterheld en ese sentido. Su libro sobre Evita es correcto, didáctico, y Breccia cumple de una manera correcta, es el que mejor la ha dibujado a Evita, pero de manera fotográfica. Y los guiones de Oesterheld, por supuesto hablando bien de Evita, cuando en ese momento no era peronista, aun no había sido preñado por sus hijas, las cuatro hijas de Oesterheld fueron desaparecidas y él terminó siendo un desaparecido.

¿Te ponés a pensar qué reclamaría hoy Evita, a esta gestión, a la próxima gestión…?

Es muy difícil. Porque si hubiera estado viva no hubiese ocurrido nada de lo que pasó. ¿Cómo imaginan que llegamos a este estado? Tendríamos que dar muchas vueltas, hilar una historia que no pasó para responder eso. La vieja Evita ¿qué diría? Y qué sé yo, sería muy vieja y por ahí no diría nada… Con Evita era “hagamos lo imposible”. Y hoy estamos en una especie de hagamos lo posible, no lo imposible. Ahora es “echemos a estos y después vemos qué hacemos”. Estamos en la época del después vemos. No hubieran llegado si ella estuviese viva. No hubiera pasado.

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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