Turbulencias de un parlamentarismo a la italiana

La peculiar e inestable democracia italiana volvió otra vez a la primera plana. A la renuncia de Giuseppe Conte le sucedió la posibilidad de un nuevo gobierno de coalición con él mismo a la cabeza, pero con otros socios. Mientras tanto, las ambiciones de Matteo Salvini ponen en vilo a Europa. 

 

En un sistema de gobierno de tipo parlamentario como el italiano el voto de confianza permite al Primer Ministro respaldarse frente a un contexto de debilidad en el parlamento o como forma de respaldo a una iniciativa determinada. Por el contrario una moción de censura se traduce casi de forma inequívoca en la dimisión del cargo y un posterior llamado a elecciones.

El sistema político italiano arroja el resultado de haber tenido, contando a Giuseppe Conte, 65 primeros ministros en 74 años. El mítico líder de la democracia cristiana y uno de los padres fundadores de la experiencia integradora europea, Alcide De Gasperi, fue el que más veces ejerció el cargo, 8 en total. Ellos en el marco de la Primera República, caracterizada por un sistema multipartidista con alta polarización con coaliciones de gobierno de más de tres partidos. Con los cambios ocurridos a principios de la década de 1990 se pasa a una lógica de competencia entre coaliciones de manera bipolar. A partir de allí, el que ejerció el cargo más en continuum fue Silvio Berlusconi entre los años 2001-2006. La duración de los gobiernos italianos esta entre las más bajas de Europa.

El sistema político italiano arroja el resultado de haber tenido, contando a Giuseppe Conte, 65 primeros ministros en 74 años.

El 8 de agosto el, por entonces, Vicepresidente del consejo, Ministro del Interior y líder del La Lega de extrema derecha, Matteo Salvini, manifestó como concluida la coalición de gobierno que había inaugurado en 2018 con sus socios “grillinos” del M5S. Pidió la realización de una moción de censura contra el gobierno y exhortó a que se le otorguen plenos poderes, un concepto asociado al fascismo en el imaginario y la representación política italiana.

El M5S y el PD lograron solo cinco días después en el Senado, rechazar el pedido de Salvini de someter al gobierno de Conte a un voto de censura. A pesar de ello, apenas 12 días después del primer pronunciamiento del líder de la Lega, el jurista italiano presentó su renuncia abriendo unas frenéticas negociaciones políticas.

Antes de avanzar en la explicación del desarrollo de este escenario, debemos remarcar que todo ello se suscita en el marco de una perspectiva económica poco auspiciosa para el país. Con un índice de crecimiento menor al proyectado que alcanzaría apenas un 0.2% para el presente año, un déficit de más del 2%, un desempleo juvenil de más del 30% y  una deuda pública sideral de más del 120% del PBI. Es decir, incumpliendo los criterios de Copenhague y el pacto de estabilidad que se erigió a partir de la unificación monetaria europea estipulada en el tratado de Maastricht. De ratificarse los números de crecimiento y déficit, Italia se vería en la “necesidad” de aumentar el IVA al 25%, generando un impacto mayor en las economías familiares.

La avanzada intentada de Salvini para deshacer el gobierno del que formaba parte, se condice con un contexto político que le da una alta popularidad, especialmente, luego de haber obtenido un amplio triunfo con más del 30% de los votos en las elecciones al parlamento europeo realizadas en mayo de este año. A partir de allí, la figura de Salvini traspasó su rol como Ministro del Interior para convertirse en una especie de premier en los hechos.

Su línea de pensamiento -en sintonía con la de otros partidos de extrema derecha europeos- de poner a “los italianos primero” con un discurso duro contra la inmigración, lo puso en primera plana de uno de los temas más relevantes para Italia en el ámbito nacional y europeo. Asimismo, en el marco de su guerra contra las ONGs de rescate en el Mediterráneo. Además de otros temas en los que expresó discrepancia con sus ahora ex socios de gobierno, como el proyecto de tren de línea de alta velocidad Turín-Lyon. Este contexto alentó al político italiano a calcular su posibilidad de hacerse formalmente con el cargo de Primer Ministro.

Sin embargo, ante la renuncia de Conte, el presidente de la República, Sergio Mattarella, inició conversaciones con los partidos para encomendar la formación de un nuevo gobierno. Por la distribución parlamentaria fijada por las elecciones de 2018 (que le otorga mandato al paramento hasta 2022), únicamente dos fuerzas, el PD y el M5S, tienen capacidad para reunir los respaldos necesarios para formar gobierno. Ante esa situación, el objetivo de Salvini radicaba en obtener un llamado a elecciones lo antes posible confiado en obtener un apoyo electoral que le permitiera formar coalición con  el partido Forza Italia, del ex premier Silvio Berlusconi y la ultraconservadora Fratelli d’Italia. Una situación que seguramente habría impactado negativamente en el escenario regional, ya  bastante alterado por el Brexit.

Conte regresaría a la magistratura de gobierno, pero en este caso sustentado en una nueva coalición, tal vez tan inesperada como aquella que lo llevó al cargo de premier la primera ocasión.

Finalmente, lo que comenzó en Conte parecería que finalizará nuevamente con él. Matarella le solicitó formalmente el encargo para la formación de un nuevo gobierno basado en el acuerdo de coalición manifestado entre el PD y los “grillinos”. Ahora deberá formar un gabinete de ministros (actualmente en discusión entre los dos partidos mencionados) y posteriormente conseguir la confianza y aprobación del parlamento.

Si ello se concretara, el mismo Conte regresaría a la magistratura de gobierno pero en este caso sustentado en una nueva coalición, tal vez tan inesperada como aquella que lo llevó al cargo de premier la primera ocasión, entre una centro-izquierda con un liderazgo en disputa y una fuerza antisistema y euroescéptica que por segunda vez rompe su postura de no formar coaliciones.

Bajo la lectura de quien suscribe estas líneas, las negociaciones tuvieron su eje central no solamente en consensuar un programa común sino en apartar a la extrema derecha del gobierno y proporcionar estabilidad al sistema político. Ambas fuerzas, a pesar de las duras críticas intercambiadas en el pasado, lograron –a pesar de que aún existen reticencias internas en sus facciones- encontrar lugares comunes. Casi un pacto anti Salvini que aleja a su partido de extrema derecha, aunque aún no podemos asegurar que de forma definitiva, del centro de poder.

Es precisamente ello, lo que finalmente se encuentra en juego, ni más ni menos que la lucha por el poder. Buena parte de la teoría política moderna se nutrió del pensamiento de grandes pensadores del renacimiento italiano. Pareciera ser allí donde la política italiana encuentra una sólida fundamentación. El fin justifica los medios.

Tomas Bontempo

Tomas Bontempo

Magíster en Integración Latinoamericana por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).

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