La política, esa variable económica

Los 15 puntos de diferencia entre el gobierno y el Frente de Todos tienen más que ver con el retroceso sin freno de la economía real. La política ganó las elecciones pero el gobierno solo pone parches a la situación económica.  El año electoral cerrará con una inflación por arriba del 50%, una economía más pequeña y múltiples desafíos por delante.

Si hay una ganadora excluyente de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que tuvieron lugar en la Argentina, esa es la política. El microtargeting algorítmico, primo del timbreo y aspirina de cabecera del gobierno que decidió ser un acompañante terapéutico de la crisis, chocó contra la economía real pauperizada, contra el primer metro cuadrado del votante. Chocó, en definitiva, con el despido del vecino, con la incertidumbre del deudor hipotecario UVA, con el aumento de más del 60% anual en alimentos. Luis Garisto decía y Roberto Perfumo repetía: “con jugadores pelotudos no hay táctica que valga”. Podemos decir que con gobiernos que no tienen sensibilidad social no hay timbreo ni comunicación segmentada que valga. No son las herramientas comunicacionales en sí las que están mal, sino el contenido con el cuál son utilizadas. La buena comunicación no suplanta a la mala política.

Pero la política no tuvo una sola victoria esta semana, sino que se abrió paso en varios frentes. El primero, el más obvio: las urnas. Los 15 puntos de diferencia entre el gobierno y el Frente de Todos tienen más que ver con el retroceso sin freno de la economía real y la búsqueda de soluciones políticas por parte de los votantes a este fenómeno.

Los 15 puntos de diferencia entre el gobierno y el Frente de Todos tienen más que ver con el retroceso sin freno de la economía real.

Con una industria manufacturera que se contrajo un 9,4% en el primer semestre del año – tras haber cerrado 5% abajo el 2018 y que ya acumula 14 meses de caídas consecutivas-; con el consumo mostrándose en retroceso desde hace 15 meses de forma ininterrumpida; la desocupación tocando el 10,1%, volviendo a los dos dígitos y solo contenida por la creación de empleo precario de baja calidad (monotributo social, empleo informal); un salario real que perdió 10 p.p. en 2018 y que volverá a perder en el 2019 tras el salto inflacionario que parirá la corrección cambiaria de agosto; con una pobreza estimada en 35% y subiendo. En fín, con caída del producto en 2016, recuperación en 2017 pero sin superar los niveles de 2015, desplome en 2018 y segura caída en 2019, la economía argentina es la torta achicándose de un cumpleaños que ya se terminó y en donde solo comieron tres invitados mientras los demás miraban. Eso explicó en las urnas tamaña diferencia.

LLAMADO DE EMERGENCIA

En segundo orden, la política se impuso en la estabilización del dólar hacia el fin de la semana pasada. El lunes, los mercados sobrereaccionaron al resultado electoral, llevando al dólar a superar los $60. El Presidente contribuyó al barullo con la fallida conferencia de prensa brindada junto a su candidato a vice, Miguel Ángel Pichetto, en la que con una irresponsabilidad impropia para quien tiene que timonear el barco hasta diciembre más allá de lo electoral, emparentó a la oposición con la amenaza de “ser Venezuela” y se mostró enojado con los votantes por su expresión.

Esta actitud no fue bien recibida tanto en los mercados como en la opinión pública y llevaron a recalcular posiciones. En este marco, el llamado telefónico que mantuvieron Macri y Fernández promediando la semana fue más importante en tanto gesto que por su contenido. No son meramente los candidatos lo que tienen que dar señales, sino la Argentina. La tan mentada grieta que ha amoldado cada vínculo y contacto de la política argentina en la última década corre el foco de la cosa pública a los hombres públicos. Son los egos y las figuras las que discuten en la grieta, quedando a un lado los problemas estructurales de la Argentina. La grieta es la espada de los sesgos de confirmación, la brújula de polarización y el ordenador de seguidores, pero no sirve para enmarcar una salida programática que trascienda gobiernos a los desafíos de la restricción externa, la competitividad estructural y el desarrollo de las economías regionales. Hoy, en el cortísimo plazo, Argentina debe dar certidumbre de que gane quien gane, cumplirá sus obligaciones de deuda al tiempo que busque reactivar su dañada economía.

Argentina debe dar certidumbre de que gane quien gane, cumplirá sus obligaciones de deuda al tiempo que busque reactivar su dañada economía.

Por ende, el simple hecho de que el presidente pueda hablar con su principal contendiente es una señal para los que invierten en títulos argentinos y cuyas decisiones impactan en el valor de la moneda. La responsabilidad está en la conversación desde las diferencias, marcando posiciones sin atizar conceptos altisonantes (en este sentido, el rol de Carrió como vocera de la mesa de acción política constituida el fin de semana no contribuye). No obstante, los roles son distintos. La oposición no puede renunciar a criticar una política económica con pies de barro. Y el oficialismo debe hacer frente a los avatares cambiarios y a las deudas con la economía real con las herramientas que crea prudentes. En este sentido, las medidas de emergencia tomadas la semana pasada para descomprimir la tensión en el bolsillo de los votantes y el cambio en el Ministerio de Hacienda también juegan un rol.

EMPARCHAR Y ABROQUELAR 

Las medidas de emergencia tomadas la semana pasada llegan entre 48 horas y 14 meses tarde. No es lo mismo anunciar este paquete de medidas antes de las PASO que hoy, 15 pesos por dólar después. Estos alivios llegan ahora, cuando un nuevo episodio cambiario reconfigura el nivel de inflación (difícilmente baje del 50% este año) y amenaza con resetear la crisis iniciada el año pasado. Soluciones a problemas de la semana pasada que son balas de fogueo para los problemas de hoy.

Por más que es una obviedad decir que esto tiene fines electorales, hay detalles del diseño de política que resultan alevosos. Los plazos de estos parches son elocuentes: septiembre/octubre o fin de año. No están pensados como amortiguadores o parches para una recuperación, sino como herramientas hasta las elecciones.

Más allá de los problemas de vocación y timing que puedan mostrar las medidas, hay elementos que pueden criticarse desde el diseño. La baja del IVA a productos esenciales no es una medida que garantice efectos sobre los precios. Por definición, los impuestos en la formación de precios forman parte de rentabilidad no percibida por los productores. La baja de un impuesto es recuperación de dicha rentabilidad, lo cual en el contexto de rigidez de la cadena de pagos ante problemas de capital de trabajo en PyMEs es maná en el desierto. Por supuesto, este efecto no es igual para un supermercado que para una panadería, pero la premura por anunciar un alivio que llega tarde no termina de calibrar un efecto que justifique su costo fiscal.

La baja del IVA a productos esenciales no es una medida que garantice efectos sobre los precios.

De la misma manera, los anuncios de alivio fiscal en las “contribuciones personales” de trabajadores que no pagan ganancias, monotributistas y aumento por un mes a beneficiarios de AUH son pequeños ($1000 o $2000 por uno o dos meses, según el caso) y no se comparan con el efecto que la corrección del MNI tiene sobre el 10% de trabajadores de mayores ingresos. Fuera del alivio por ahora han quedado jubilados y PyMEs que enfrentan tasas de interés del 75% para afrontar sus compromisos financieros.

Dadas las restricciones fiscales del programa de gobierno, se entiende que los ARS 40.000 millones que implican las medidas anunciadas son fruto del esfuerzo la contabilidad creativa que hay que destacar. No obstante, es muy difícil que estos parches muevan la aguja de la macro. A su vez, son la resignación de la última bandera que le quedaba a la administración Cambiemos; la disciplina dogmática sobre déficit fiscal. La renuncia de Dujovne como Ministro de Hacienda debe ser leída en este sentido.

LO QUE SIGUE

En el día de ayer, el nuevo Ministro de Hacienda, Hernán Lacunza y el Presidente del BCRA, Guido Sandleris, hicieron declaraciones públicas sobre lo acontecido en la semana y dónde estamos parados. No hubo anuncios, sino análisis desde voces oficiales. Y si bien dejaron sabor a poco dado que se esperaban algunas medidas más para atender a sectores sensibles de la sociedad, dejaron algunas definiciones que serán claves.

Lo más saliente fueron las definiciones de Sandleris, quien debe comandar la política monetaria en este contexto. El Presidente del BCRA se detuvo en cuatro puntos: ratificó la continuidad de la política monetaria de control de agregados; indicó que se intervendrá si es necesario con el poder de fuego que cuenta BCRA (reservas) pero aclarando que este uso de reservas será responsable, descartando que se usen reservas para “contener valores de activos fuera de sus fundamentals económicos”; destacó que hay solvencia en el sistema financiero (las reservas más que cubren a los depósitos, son el doble) y dio por hecho que la inflación se acelerará en función de la corrección cambiaria.

La misma política monetaria que mantuvo durante meses la apreciación artificial de la moneda con fines electorales, convalidando tasas altísimas y acumulando problemas hacia el futuro es la única respuesta posible a dos meses de octubre. Con el ingrediente de mayor firmeza en al intervención; así como la semana pasada el BCRA jugó con USD 500 MM para contener el tipo de cambio, al tiempo del cierre de esta nota y post declaraciones de Sandleris, eran USD 84 MM los operados el martes para cuidar la estabilidad cambiaria. Dos líneas de cuatro y la pelota al nueve. No hay espacio, recursos ni guita para sofisticaciones.

El gobierno mantiene la misma política monetaria que sostuvo durante meses la apreciación artificial de la moneda con fines electorales.

A su vez, si bien lo que hoy necesitan los mercados son señales políticas que transmitan certidumbre, el contexto internacional no ayuda y esto también tiene un impacto, de segundo orden, en el escenario actual. La presión sobre emergentes que ejercen las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China pasaron a un segundo plano, pero no por eso han desaparecido de los factores que pueden incidir en nuestro tablero.

El año electoral cerrará con una inflación por arriba del 50%, una economía más pequeña y múltiples desafíos por delante. El cuidado de las reservas, el sentarse con el FMI a cambiar términos y condiciones y el evaluar reperfilar vencimientos de deuda futura son elementos que se aprecian fundamentales en este contexto. Más allá de quien gane el 27 de octubre, lo que ya todos dan por descontado es que la política es la que debe operar en estos desafíos. La política bien entendida, por encima de las grietas y al servicio de las mejores soluciones para una situación delicada.

Leandro Mora Alfonsín

Leandro Mora Alfonsín

Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es docente en la UBA, la UCES y la UNGS. En Twitter es @lmoraalfonsin

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