La modernidad en disputa

La modernidad esta detrás de la discusión política, omnipresente entre la urgencia y las contingencias. Una discusión sobre el futuro que, a pesar de todo, es preciso dar. 

El adjetivo “moderno” proviene del sustantivo “moda”, ya que la modernidad consiste en un estado de cambio permanente contrastante con la vida medieval, más repetitiva.

¿Cómo nos pensamos, y nos realizamos, los argentinos como seres modernos en la actualidad, tras dos siglos de esta experiencia? ¿Cómo se expresa eso políticamente?

El primer dato es que muy poca gente es moderna en todas las facetas de su vida. La gran mayoría tiene una visión que en algunas cosas puede ser de vanguardia y en otras conservadora, como es de esperarse ya que el constante cambio puede resultar vertiginoso. Y también depende del punto de vista. Esto puede apreciarse claramente en las posturas de las principales fuerzas políticas.

En cuanto a las coincidencias en una postura avanzada, se encuentran en el ámbito del género: salvo alguna muy rara excepción, todos apoyan el matrimonio igualitario, la paridad de género y la posibilidad trans. En cuanto al primero, hay que decir que la inclusión positiva de las relaciones entre hombres o mujeres en el acervo cultural no es un invento moderno, ya que fue un hecho durante la antigüedad clásica. Sin embargo, su proscripción general en la Historia y hasta un pasado bastante reciente habilita a considerar la postura actual como moderna.

La gran mayoría tiene una visión que en algunas cosas puede ser de vanguardia y en otras conservadora, como es de esperarse ya que el constante cambio puede resultar vertiginoso.

Por su parte, la paridad supone una mirada más original, ya que fue introducida por primera vez, de modo teórico, durante el siglo XIX, y recién en el XX comenzó a hacerse realidad masivamente. Queda por verse de qué modo la sociedad continúa este camino.

Pero ahí parece acabarse el acuerdo, y el tema del aborto ya divide aguas. El presidente habilitó el debate, pero los legisladores de Cambiemos demostraron que se encuentran más bien en el polo conservador de la discusión (y es uno de los factores que les hace perder votos entre la gente más joven, por ejemplo). El socialismo, la izquierda y en general el kirchnerismo están más avanzados en este tema, hace tiempo resuelto en los países más desarrollados.

En cuanto al tópico estupefacientes, si bien está cultivando cannabis medicinal en Jujuy, la alianza de gobierno tampoco tiene una mirada del todo actual, ya que su énfasis en la guerra contra las drogas no se corresponde con lo que está sucediendo en otros países. De hecho, Uruguay, Canadá y varios estados norteamericanos han legalizado la comercialización de cannabis con fines recreativos, y esa es la propuesta del principal candidato opositor. Por lo pronto, tal vez haya consenso para la despenalización del consumo en general, lo que permitiría al menos dar una coherencia básica a la actitud del Estado, en la medida en que se dedica hoy a capturar consumidores para luego archivar rápidamente la causa por inconstitucionalidad.

Igualmente, el actual presupuesto de Ciencia y Técnica no está inspirado en los países centrales, ni el servicio militar está en boga.

Sin embargo, en otros aspectos, es el kirchnerismo quien representa más claramente lo perimido. Por ejemplo, éste repartía fondos sociales en efectivo mientras que ahora cada beneficiario tiene su tarjeta, y es al menos más difícil que se pierda algo en el camino o se alimente el clientelismo. Los bolsos con divisas en billetes forman parte del mismo panorama (a diferencia, digamos, de las off shore de algunos miembros del gobierno actual, más sofisticadas). Por otra parte, el estilo del sindicalismo peronista, afín al de una oligarquía, puede también parecer anticuado y patriarcal. Tampoco parecían muy avanzados el manejo del Indec o los constantes cortes de ruta en ciertos lugares.

En cuanto al desarrollo de energías renovables, si bien el gobierno anterior dio el puntapié inicial el actual ha logrado algunas cosas más, aunque paradójicamente también continúa ampliando la capacidad térmica (en un contexto en que la demanda está estancada).

Por otro lado tenemos el tema de la apertura comercial, pontificada por unos como una mayor globalización (y por tanto modernización), y defenestrada por otros como una tendencia a la primarización de la economía.

El actual presupuesto de Ciencia y Técnica no está inspirado en los países centrales, ni el servicio militar está en boga.

Es en el mismo sentido que se utiliza el verbo modernizar para referirse a la liberalización del mercado de trabajo, ya que uno de los objetivos declarados es mejorar la competitividad internacional. El progresismo en general entiende, en cambio, que la regulación laboral es una creación eminentemente moderna, y que la desregulación no sería una tendencia del mundo actual.

También el gobierno usa el verbo modernizar para referirse a un Estado más reducido, o al menos no creciente, cuyas cuentas estén más equilibradas. Con esto dicen a veces estar de acuerdo los principales candidatos de la oposición.

Las PASO desmintieron la virtual paridad entre Juntos por el Cambio y Frente de Todos. Subsiste Lavagna como tercera alternativa y otros jugadores remiten a los “extremos” del arco político. Como fuere, todos votaremos en octubre con dos cosas en mente. Una es nuestra percepción sobre la situación económica, la otra es nuestra concepción de la modernidad. Gane quien gane, la discusión sobre qué es el futuro continuará.

 

Christian Gebauer

Christian Gebauer

Profesor de Filosofía y analista internacional.

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