El Rey está en bolas

La conferencia de prensa mostró a Macri en su peor versión, caprichoso, desguarnecido, imprudente. El rey desnudo, la Argentina a la deriva. 

Dejando de lado la política económica del gobierno nacional y la dura derrota, me encontré expectante mirando al televisor para oír la conferencia de prensa que iba a brindar nuestra máxima autoridad. Mientras la observaba con atención, Mauricio Macri elaboraba respuestas inconducentes ante las preguntas de periodistas presentes y mi mente, en paralelo, gatillaba un viejo cuento que me gustaba de chico y que formaba parte de una colección que estaba en el aula en el que cursaba mis primeros años de primaria.

Mientras la observaba con atención, Mauricio Macri elaboraba respuestas inconducentes ante las preguntas de periodistas presentes y mi mente, en paralelo, gatillaba un viejo cuento.

La historia era más o menos así: Un grupo de sastres hicieron correr la bola de que había una tela tan pero tan fina y suave (y exclusiva) que solo podía ser vista por la gente que no era estúpida o incapaz de ocupar el cargo que detentaban. El rey escuchó esto y quiso estas ropas. Pronto, mandó a confeccionarse un traje a medida enviando además a gente de su máxima confianza para que espiaran el proceso. Los sastres trabajaban y ellos no veían la tela pero antes de reconocerse estúpidos o incapaces -con las consecuencias que acarrearía sobre su persona- los espías de máxima confianza le mintieron al rey y elogiaban la tela y la pericia de los confeccionadores. Llegó el momento del desfile anual, los sastres vistieron al rey (y le cobraron una barbaridad) con las ropas invisibles -que el tampoco podía ver pero que menos aún iba a reconocerse incapaz o estúpido-. Y salió, salió al desfile en bolas. El pueblo que asistió elogiaba el vestido que no podían ver hasta que un pibe dentro de la muchedumbre gritó insistente que el rey, en verdad, estaba desnudo. El rey escuchó al niño y a la gente que gritaban lo mismo, se vio a sí mismo y se dio cuenta que había sido estafado, que no existía tal clase de ropaje, que los sastres eran en realidad dos hábiles hampones pero sin embargo, alzó su cabeza y simuló estar vestido con ropas invisibles que no pueden ser vistas por los estúpidos o los incapaces en ejercer su cargo.

Gabriel Rojo Antognini

Gabriel Rojo Antognini

30 años, músico, pronto a ser abogado y aficionado a la fotografía. Guevarista del PS.

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