Alerta, represas en estudio

La reciente visita del presidente brasileño Jair Bolsonaro a la Argentina podría traer consecuencias desastrosas sobre el futuro del río Uruguay y su gente: quieren reactivar el proyecto para construir las represas de Garabí y Panambí.

Además de encontrarse con su par Mauricio Macri y desarrollar una extensa agenda, un tema en particular disparó las alarmas en todo el arco conservacionista argentino y especialmente en las provincias de la Mesopotamia.

Según trascendió, las conversaciones diplomáticas incluyeron un capítulo especial: el de las represas hidroeléctricas Garabí y Panambí, frente a las provincias argentinas de Corrientes y Misiones y al estado brasileño de Río Grande Do Sul.

El equipo de Bolsonaro impulsa la realización de un nuevo estudio de factibilidad, sobre todo concentrado en Garabí, del lado argentino.

La idea de construir estas represas data de 1972 y está trabada desde 2015 por diversos fallos judiciales.

“Represar un río es como obstruir las venas de una persona, afecta todo el cuerpo y después viene la enfermedad”.

GARABÍ Y PANAMBÍ

Durante la década de 1970 se desarrolló en la Argentina y en el Brasil una serie de proyectos de aprovechamientos hidroeléctricos en todo el territorio de ambos países. Entre ellos se pensó en el aprovechamiento conjunto de la energía que podría producir el río Uruguay en el tramo compartido entre ellos.

En el año 1972 se firmó ente ambos países un acuerdo que contemplaba la realización de un estudio conjunto acerca del potencial hidroeléctrico del tramo del río compartido por ambas naciones y su tributario, el río Pepirí Guazú. Se encargó al consorcio binacional Hidroservice-Hidrened para llevar a cabo los estudios de prefactibilidad, y luego de factibilidad del Proyecto Hidroeléctrico Garabí, el cual fue presentado en 1977.

Pero los cuestionamientos al desarrollo de represas de grandes dimensiones, especialmente fuertes en la Argentina, llevaron a la población a oponerse a este tipo de obras.

Igualmente, un nuevo proyecto fue presentado en el año 2010 por la empresa EBISA, donde se volvía a contemplar la construcción de la represa original en Garabí, pero con una cota de llenado inferior, más una segunda represa ubicada en las cercanías de Puerto Panambí.

Desde entonces hasta el presente su construcción esta frenada por planteos judiciales presentados en ambos países.

Especialmente por la decisión de la Justicia brasileña, que determinó que los embalses inundarían 60 mil hectáreas el Parque Estatal Turvo, una reserva protegida por leyes brasileñas. Por lo que esta nueva embestida gubernamental propiciando su reactivación puso en alerta a las comunidades cercanas y a los grupos ambientalistas.

HACE 23 AÑOS LA GENTE DIJO NO

Un antecedente que no se pude dejar pasar por alto ocurrió el 14 de abril de 1996 cuando se realizó en Misiones el plebiscito que evitó la construcción de la represa de Corpus sobre el río Paraná.

Un domingo 14 de abril de 1996 la ciudadanía misionera asistió a las urnas por voluntad propia a expresar su decisión ante la posible construcción de la represa hidroeléctrica conocida como Corpus Christi, que se pretendía emplazar sobre el río Paraná, entre la Argentina y el Paraguay. Fue una cátedra de uso del derecho al sufragio donde cada vecino, por su cuenta, con el valor de sus principios y el compromiso con sus compoblanos, salió a decir “NO a la construcción de la hidroeléctrica de Corpus Christi cualquiera sea su lugar de emplazamiento”.

Para refrescar la memoria, el 88,63% le dijo NO a la construcción de la represa, esa es la cifra oficial ratificada por Ley Nº 3294, que da esa fuerza a la Resolución Nº 420/96 del Tribunal Electoral de la Provincia de Misiones, de fecha 24 de abril de 1996, Expediente Nº 654-bis 1-95 referido al plebiscito del 14 de abril de 1996, cumplido en la Provincia en virtud de la Ley Nº 3.220 y su modificatoria la Ley Nº 3.263.

El rechazo a Corpus se fundamentó en que si la represa se construía el lago llegaría hasta la isla San Martín, situada al pie de las cataratas del Iguazú. También se advirtió que correría peligro el 40 por ciento de la flora y la fauna de la selva misionera.

Las hidroeléctricas provocan una serie de daños al ambiente que pocas veces se contemplan en las etapas previas a su construcción.

LA CARA OCULTA DEL DESARROLLO HIDROELÉCTRICO

Emisiones de gases de efecto invernadero, alteración de microclimas y comunidades indígenas desplazadas. Esos son algunos de los efectos devastadores de las represas hidroeléctricas, pese a ser aun consideradas fuentes de energía renovable. Los estudios sostienen las advertencias de los ambientalistas: las transformaciones en la cuenca del rio Uruguay a partir del complejo Salto Grande son parte de la abundante evidencia empírica.

Sin embargo, los partidarios de la energía hidroeléctrica, que representa más de dos tercios de toda la energía renovable que se genera en el mundo, afirman que ésta es la mejor solución para aprovisionar de energía al planeta y luchar contra el cambio climático.

Además de garantizar una energía de bajo coste, es considerada como el sistema más eficiente, puesto que utiliza la corriente de los ríos, un recurso renovable, para generar electricidad, sin utilizar combustibles fósiles, como el carbón o el gas.

Pero sus opositores muestran que las hidroeléctricas provocan una serie de daños al medioambiente que pocas veces se contemplan en las etapas previas a su construcción. Cuando se construye una represa, grandes cantidades de material orgánico quedan sumergidas. Estas sufren posteriormente un proceso de descomposición que termina con la formación de gases como dióxido de carbono, óxido nitroso y metano.

Numerosos estudios afirman también que el desarrollo hidroenergético altera gravemente el ecosistema fluvial, destruye hábitats y modifica el caudal de los ríos. Sin olvidar el impacto social, con comunidades locales forzadas a desplazamientos o cambios de estilo de vida.

MISMO FANTASMA, DISTINTO RÍO

Como un fantasma sordo que vuelve a deambular por las tierras misioneras y correntinas, el proyecto pretende imponer una mega obra inviable para el ambiente y para la gente que habita en las costas del río de los pájaros pintados.

Y no solo eso, los ya emblemáticos Saltos del Moconá, en Misiones, ya nunca más se inundarán. Así lo afirma preocupado el intendente de la localidad correntina de Garruchos, el ingeniero Alejandro Minigozi.

Minigozi precisó que “lo que está en juego es la construcción de un complejo hidroeléctrico que comprende dos presas, una es Garabí, ubicada a la altura de Garruchos, y la otra es Panambí, aguas arriba de la localidad homónima”.

“La presa de Garabí -agregó- tendría una cota de coronación de 89 metros y la de Panambí de 129 metros. La base de los saltos del Moconá es de 132 metros. ¿Qué significaría? Teniendo construida la represa de Panambí, los saltos nunca más se inundarán, porque en esa zona la altura de las aguas va variar 50 centímetros y no más de eso”.

El área de inundación generaría además de un impacto en el ecosistema, la biodiversidad, la producción rural y hasta patrimonio histórico de ambas provincias.

En una época donde la obtención de energía limpia por medios alternativos se encuentra en constante y acelerado desarrollo, la construcción de estas megaobras inviables, tanto social como ambientalmente, deben analizarse con mucho cuidado y ser dejadas como una última opción.

“Represar un río es como obstruir las venas de una persona, afecta todo el cuerpo y después viene la enfermedad. Es lo mismo con el río”, Kimi Pernia Dominicó, comunidad Embera-Katio, Colombia.

 

En base a El Entre Ríos / Misiones Cuatro / Argentina Ambiental / International Rivers / Télam

Mario Rovina

Mario Rovina

Guardaparque egresado de la Universidad Nacional de Misiones. Fotografo de aves y especialista en ambiente. Integra la Cooperativa de Comunicadores El Miércoles.

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