Lo que se juega en Santa Fe

Las elecciones de Santa Fe definen la continuidad de la única y exitosa experiencia de gestión de la izquierda democrática al frente de una provincia argentina. Su resultado también influirá en la coyuntura electoral, pero sobre todo, en la expectativa de que la Argentina cuente en un futuro cercano con una fuerza política que conjugue de manera creíble los dos valores centrales que ninguna otra opción parece poder (ni querer) expresar: la igualdad y la decencia.

Cuando faltan horas para las elecciones en la única provincia gobernada por una fuerza progresista en la Argentina, el escenario parece reiterarse respecto de las dos contiendas electorales anteriores: dos fuerzas antagónicas en muchos sentidos se disputan el gobierno provincial en comicios que prometen ser muy ajustados. Aunque en aquellas dos ocasiones el candidato del Frente Progresista debió enfrentarse con un desafiante del PRO, ahora es el peronismo santafesino el challenger, con un candidato –Omar Perotti– que solo en lo nominal puede diferenciarse de la nueva derecha que gobierna el país, por su discurso y trayectoria.

Antonio Bonfatti encabeza el frente que propone la continuidad de las gestiones de Binner, de Lifschitz y la suya propia, pero sin conformarse con lo conseguido hasta ahora, que no es poco. Bonfatti plantea con claridad que lo que está en juego son dos modelos diferentes, que poco tienen que ver con la falsa grieta instalada a nivel nacional. Uno de esos modelos refleja las conquistas de los gobiernos progresistas: una salud pública que es puesta como modelo y reconocida a nivel mundial; el 82% móvil para los jubilados, el aumento de salarios para los docentes y el mejoramiento sustancial de la escuela pública, el desarrollo de instancias para los trabajadores como los Comités de Salud y Seguridad en el Trabajo y el Sistema Único de Salud. El otro modelo, el de Perotti, es una versión remozada del peronismo santafesino, tan proclive a achicar el Estado y privatizar empresas públicas como a protagonizar los mayores desfalcos de los erarios públicos.

Las fake news y las encuestas truchas o amañadas han sido puestas a circular como nunca por los diferentes sectores interesados en terminar de una vez con la experiencia de una provincia gobernada por la izquierda democrática, único y exitoso caso en la Argentina siempre condenada a debatirse entre opciones que pueden adoptar discursos “progres” o “republicanos”, pero cuyo accionar resulta mucho más difícil de diferenciar cuando están en el gobierno, como lo prueba la candidatura misma de Perotti: el candidato del PJ fue totalmente funcional al macrismo como legislador nacional, tal como se lo recordaba antes de las PASO María Eugenia Bielsa, quien ahora hace campaña a su favor.

El candidato del PJ en Santa Fe fue totalmente funcional al macrismo como legislador nacional, tal como se lo recordaba antes de las PASO María Eugenia Bielsa, quien ahora hace campaña a su favor.

FUERA DE LA GRIETA

Es clara la necesidad tanto de Cambiemos como de PJ en sus diferentes variantes de quitarse de encima a ese progresismo exitoso, crítico e independiente tanto frente al kirchnerismo en su momento como al gobierno actual de Mauricio Macri. Los socialistas no sirven ni a un lado ni a otro de la grieta, no cierran en la ecuación. Por eso se explica la insistencia de la difamación infamante a través de esa vocera apocalíptica de la política criolla que es Elisa Carrió, capaz de inventar conspiraciones para luego aliarse a esos conspiradores que denunció: el “miente, miente, que algo quedará” como principal espada para atacar a las gestiones del histórico partido del puño y la rosa es una canallada que no se podrá borrar. La voluntad política del gobierno santafesino de enfrentar al narcotráfico no puede ser puesta en duda si se atiende a los hechos, como por ejemplo la desactivación y condena a la banda Los Monos, que fue obra de la acción provincial, ante la desidia federal que se oculta con acciones propagandísticas desde el Gobierno Nacional.

El tiempo les va dando la razón en las estrategias delineadas. Han mejorado el sistema policial, judicial y, sobre todo, han tomado el reclamo de seguridad de la ciudadanía. Como dicen gráficamente los especialistas en marketing, nadie quiere conocer los dolores del parto, sino que le muestren el bebé. Pero lo cierto es que en este aspecto no hay espectacularidad posible, sino solo el lento y convencido trabajo cotidiano de enfrentar el narco-crimen con transparencia, en un país y en un contexto en el que el Estado nacional lo único que ha hecho fue dejarle vía libre durante décadas en rutas, fronteras, espacio aéreo, y lo que es peor, en el mismísimo financiamiento de las campañas electorales de quienes lo han conducido.

BOTÓN DE MUESTRA

En Santa Fe gobierna la única experiencia de izquierda democrática exitosa en toda la Argentina, en la que en treinta años de democracia, ese vasto y difuso arco político denominado “progresismo” se ha visto atravesado por severas dificultades para llegar a la gestión así como para consolidar una construcción partidaria o frentista; pero además, con debilidades estructurales en su implantación geográfica en el resto de la Argentina, que evidencian realidades escuálidas en la mayor parte de los distritos.

Santa Fe es el único botón de muestra de la capacidad de gestión del progresismo en todo el país, con logros notables: por mencionar solo algunos, los que se vinculan con la salud, la menor tasa de mortalidad infantil de la república; el récord de trasplantes y donación de órganos; el menor tiempo de espera en el país para un trasplante; fertilización asistida gratuita y pública; producción pública de medicamentos para abastecer no sólo a la provincia, sino a más de 7.000 centros de salud de todo el país. A eso se le podría sumar la inédita experiencia de la participación ciudadana decidiendo líneas de acción que se transforman en políticas públicas; la creación de empresas y entes del Estado con control social; construyendo hospitales de avanzada cuando el Estado nacional los deja sin fondos; concretando un protocolo de aborto no punible como derecho garantizado; avanzando como nadie en el reconocimiento de la diversidad sexual; titularizando de a miles a trabajadores antes precarios; con los docentes mejor pagos de la Argentina; otorgando títulos de propiedad de sus tierras históricas a las comunidades aborígenes; comenzando a promover la agroecología en el corazón de la cuenca sojera; un Estado provincial que impulsa las energías renovables, eólica y fotovoltaica (y que ya permite que las personas produzcan en sus casas energía solar, cuyo excedente se vuelca a la red pública), mientras el Estado Nacional sigue apostando al pasado hidrocarburífero y extractivista, redoblando la apuesta en Vaca Muerta; y tantos otros aspectos en los que el adjetivo “reformista” se queda corto para encasillarlos.

Es evidente que Santa Fe, tan tibia y moderada para sectores que, en verdad, deberían estar respaldando críticamente esa experiencia (primero, conociéndola), es un verdadero mal ejemplo para los sectores dominantes del poder político en la Argentina.

Por supuesto que siempre habrá errores a corregir y rectificaciones para realizar, y que ninguna provincia es una isla que puede desentenderse del contexto en el que se encuentra, ni de las tendencias generales de la economía y de otros aspectos estructurales del capitalismo contemporáneo. Pero ese botón de muestra ha sido dura e injustamente bombardeado desde ambos lados de la “grieta” nacional, que aprovechan cualquier resquicio para atacarlo, sin pausa y sin contemplaciones, apelando a cualquier tipo de difamaciones muchas veces infundadas. Todo sirve para horadar a un gobierno provincial ejemplar y transformador.

Santa Fe es el único botón de muestra de la capacidad de gestión del progresismo en todo el país, con logros notables.

PISO DE DERECHOS

Ante el escenario electoral de paridad, parece importante tener presente –como se ha podido comprobar con la experiencia del macrismo en el Gobierno– que las conquistas de los gobiernos progresistas del centro-izquierda son un piso de derechos sobre el que luego se deberían construir otros nuevos, pero esto no siempre ocurre. Ese piso de derechos debe ser la exigencia mínima hacia cualquier candidato. Por eso es preciso considerarlo seriamente, y no como vulgar chicana electoral, cuando está enfrente quien puso la firma para privatizar el Banco de Santa Fe –lo que le costó miles de millones de dólares al pueblo santafesino–, y por si alguien cree que podría haber cambiado, como senador nacional respaldó hasta hace meses las más retrógradas medidas del macrismo.

Ocurre que lo que está en juego en Santa Fe el 14 de junio no es solamente la calidad de vida y el futuro de las generaciones de esa provincia. Lo que está en juego es también el curso inmediato de la izquierda democrática de la Argentina: la derrota de esta experiencia progresista impactaría en la posibilidad de desarrollo nacional de una fuerza que el país, cada vez más, necesita para ser capaz de salir alguna vez de las falsas disyuntivas en las que permanentemente es encorsetado.

Es cierto, por otro lado, que tanto el Partido Socialista como el conjunto del espacio progresista de la Argentina, viven un momento difícil: a la dispersión de las organizaciones y la pérdida de su peso relativo en la sociedad argentina, se le suma que algunas de sus figuras de relevancia nacional aparecen desdibujadas, al punto que muchas personas –incluso las que simpatizan con el espacio de centroizquierda– no saben si sus referentes integran el oficialismo macrista o la oposición, por izquierda o por derecha. Así, hay quienes resuelven sus estrategias de manera individual, agravando la fragmentación y la confusión que resulta, en parte, de que distritos o dirigentes del sector se suman a alianzas electorales locales que pueden mutar sus etiquetas, pero son lideradas por los mismos partidos y dirigentes que a nivel nacional lideran, en un caso a Cambiemos y en otros al Partido Justicialista.

LO QUE SE JUEGA

En un sentido más restringido al proceso electoral nacional, es evidente que si este domingo el Frente Progresista gana en Santa Fe y Antonio Bonfatti es electo nuevamente gobernador, el progresismo podrá recobrar el protagonismo en la conformación del frente Consenso Federal 2030 a nivel nacional y la candidatura de Roberto Lavagna, con la que tuvo tanto que ver. El Partido Socialista le debe aportar un tono progresista que el espacio no debe perder al calor de los nuevos acuerdos, debe preservar esa impronta distintita. Por otro lado, al flamante frente tampoco le sirve perder el apoyo de un partido que gobierna una provincia tan importante, y que (con altibajos y peculiaridades) le garantiza cierta presencia en muchos otros lugares del país. En caso de derrota, serán millones (no solo las personas identificadas con el PS) quienes lamentarán el enorme retroceso que significaría esa derrota para la provincia que más ha avanzado en libertad, igualdad y solidaridad en este país en los últimos años. En Santa Fe se juega mucho más que una elección provincial más.

Es decir: la grieta, en Santa Fe, pasa por un lugar muy diferente al que se instaló a nivel nacional. Es que aunque el discurso del macrismo fuera exactamente el contrario (y ahora lo sea también el del candidato del PJ), se reaviva el choque, casi de manual, entre dos ejes discursivos, entre dos relatos: la igualdad y la justicia social, que afirma encarnar el peronismo; y la decencia republicana, que dice expresar el oficialismo macrista. De manual, porque parece reavivar el debate sobre la perspectiva de los derechos humanos durante la “Guerra Fría”: de un lado, los derechos civiles y políticos, la formalidad de los procedimientos democráticos, las “libertades fundamentales”, la democracia procedimental. Del otro lado, los derechos económicos, sociales y culturales; las cuestiones “de fondo” y no de forma, la democracia sustantiva.

La izquierda democrática, el socialismo reformista, se definen por creer que no debe existir divorcio entre igualdad y decencia, entre justicia y libertad. Y Santa Fe demuestra que eso es posible.

La izquierda democrática, el socialismo reformista, se definen precisamente por creer que no existe (o que no debe existir) ese divorcio entre ambos valores, entre igualdad y decencia, entre justicia y libertad. Y el progresismo de Santa Fe demuestra en la gestión que eso es posible: que no es una utopía conjugar, unir, coordinar, lo sustantivo y lo formal, la justicia social y la calidad democrática, en suma: la igualdad la y decencia, sin contradicción entre esos términos.

La continuidad de la construcción de una fuerza decente e igualitaria, que tome con fuerza pero además con credibilidad ambos ejes discursivos de la década que termina (la democracia procedimental del relato de la derecha, y la democracia sustantiva del relato del kirchnerismo) se verá afectada fuertemente por el resultado de este domingo 16 de junio, cualquiera sea. Quienes queremos en nuestra tierra una izquierda democrática que la cambie por completo, y sabemos que eso se hace paso a paso, sabemos también que eso, nada menos, es lo que está en juego en Santa Fe.

 

Redacción de La Vanguardia

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