Las entrañas del anuncio

La candidatura de Alberto Fernández intenta redefinir los contornos del kirchnerismo para las próximas elecciones. Su elección por parte de Cristina Fernández ha generado repercusiones dentro de la propia tropa y, más aún, en los posibles adversarios. 

El anuncio quirúrgico de Cristina Fernández continúa sacudiendo dramáticamente el mapa político argentino. La incorporación en la primera línea de batalla electoral de Alberto Fernández como candidato presidencial y su acompañamiento en la fórmula movieron las estructuras tanto del oficialismo como de la oposición.

El mar de aparente tranquilidad tibetana en que el presidente Mauricio Macri desarrolla su alicaído gobierno se vio atronado por una decisión de orden político que los analistas, incluso los más anti-kirchneristas, no dudaron de calificar como inteligente y –en especial– sorpresivo. Con todo lo que conlleva el efecto sorpresa en el juego de las estrategias políticas.

El mensaje parece ser contundente y deja, a priori, muchas aristas tanto puertas afuera como adentro. La conformación de la dupla y en la presencia estelar de Alberto Fernández como primo cartello no se trata solo de un mero formalismo.

En un primer momento, los comentarios apuntaron a analizar cómo la Casa Rosada asimilaba el golpe táctico. Con el correr de las horas muchos advirtieron que había un rico material periodístico en el interior de Unidad Ciudadana y, en particular, en el kirchnerismo más cerrado y fundamentalista. Se pudo advertir entonces que aquellos militantes más leales asumieron la noticia con entereza vertical, señal del peronismo de origen, y buscaron disipar cualquier sombra de fuego amigo que pudiera enturbiar una jugada propia de un ajedrecista.

El mensaje parece ser contundente y deja, a priori, muchas aristas tanto puertas afuera como adentro. La conformación de la dupla y en la presencia estelar de Alberto Fernández como primo cartello no se trata solo de un mero formalismo. Todo indica que los tiempos de la confrontación airada, que marcó el pulso de los últimos tiempos de gestión de Cristina, quedaron como recuerdo de otro tiempo histórico. Se requiere otro repertorio para las dificultades que atraviesa hoy la Nación y la búsqueda del éxito en las urnas próximas.

Hace años, Alberto se constituyó –para muchos– en un enemigo doloroso, tras su partida entre murmullos y discrepancias del mundo kirchnerista. Eso sí, aunque hubieron rencores mutuos, nunca dejaron de reconocer la pertenencia, secreta o pública, con la que comulgaban cuando la separación parecía lejana. Otra de las tantas marcas registradas del peronismo.

Además, a diferencia del anterior candidato a presidente, Daniel Scioli, denostado durante años por la ex presidenta que lo terminó eligiendo, quien hoy coquetea con el peronismo federal del gobernador cordobés Juan Schiaretti y de muy respetuosa oposición con la Casa Rosada, Alberto Fernández inspira otro respeto. Casi nadie –por más resentimientos que se hayan acumulado– dejó de reconocer las dotes de armador, dialoguista, artesano político y cuadro intelectual del ex jefe de los ministros.

Como si fuera poco, tras la derrota de 2015, hubo quienes recordaron algunos consejos desoídos que fueron desechados tras las sospechas que se instalaron buscando asociar a Alberto Fernández con el Grupo Clarín. El flamante candidato, después de sus aventuras con otros muchachos de la política, volvió hace más de un año a los sitios que frecuenta Cristina. Y no dejó de tejer, quizás sin presagiar que su jefa, envuelta en causas judiciales, iba a hacerlo candidato presidencial en una movida que deja patéticos a políticos armados a base de marketing y redes, como Mauricio Macri y Sergio Massa.

También es cierto que los simpatizantes que creían que Perón y el Che podían ir de la mano, tendrán que adecuar una vez más su discurso y métodos. Alberto no parece ser un simple acompañante. Es dueño de una enorme experiencia, un  nivel de contactos que pocos tienen en la Argentina y esto incluye el ámbito internacional. Desde Washington a Moscú. Y, sobre todo, se trata de un hombre de raíces liberales y con rasgos que podrían, no sin cierto estiramiento conceptual, considerarse socialdemócratas.

La jugada, por otro lado, deberá ser leída como un sutil reconocimiento de que con Cristina sola no alcanza. Al fin y al cabo, durante las últimas elecciones legislativas de 2017 como candidata a senadora nacional no pudo superar el caudal de votos del poco dúctil Esteban Bullrich.

Pese a que seguramente se mantendrá la esencia y el rol social propio de los populismos, muchos de los discursos contra el establishment que tanto pregonan airadamente –sobre todo las juventudes– no estarán en primera fila o directamente en cuestión. “Anunciamos la fórmula el sábado: bajó el riesgo país, bajó el dólar y subieron los bonos. No somos nosotros el problema, el problema de los mercados es Macri”, apuntó Alberto a los pocos días en el programa de Eduardo van der Kooy en TN, como para marcar la cancha de entrada. O, lo mismo, cuando pidió discutir el aborto “sin necesidad de avanzar tan rápidamente en la legalización”.

La jugada, por otro lado, deberá ser leída como un sutil reconocimiento de que con Cristina sola no alcanza. Al fin y al cabo, durante las últimas elecciones legislativas de 2017 como candidata a senadora nacional no pudo superar el caudal de votos del poco dúctil Esteban Bullrich, que prácticamente hizo su campaña entre memes por sus pifies mediáticos y simbólicamente con una máscara de la gobernadora Vidal por encima de su rostro. Y eso que la muy breve primavera macrista ya había terminado.

El rol de primerísimo plano que toma Alberto Fernández, uno de los pocos que no afronta denuncias mediáticas o causas por corrupción ante la Justicia, pese a que las huestes de Carrió ya empezaron a movilizar sus carpetazos, harán que salga a la luz algunas cosas innegables de su currículum. Por ejemplo, su paso por el Banco Provincia durante la década de los ’90, su rol en la campaña presidencial de Eduardo Duhalde en 1999 o su filiación cavallista. La militancia de paladar negro tampoco debería olvidar el mote de “el hombre de Clarín” que le atribuyeron, ni sus aventuras recientes con el Frente Renovador de Sergio Massa. A este último, incluso, ya le están pidiendo su reincorporación a las filas K en nombre de la unidad. No olvidemos, como dijo el escritor Jorge Asís, que “la política es un club swinger”.

Tras la jugada política, un periodista con poca memoria le señaló al nuevo candidato de Unidad Ciudadana, a modo chicana, que si llega a presidente tendrá que tratar con Donald Trump. La respuesta fue tan inmediata como contundente: “Ya traté con Bush”, en una directa alusión a los tensos momentos de la histórica Cumbre de las Américas en Mar del Plata, recordada por el “No al ALCA” que encabezaron Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez.

La militancia de paladar negro tampoco debería olvidar el mote de “el hombre de Clarín” que le atribuyeron, ni sus aventuras recientes con el Frente Renovador de Sergio Massa. A este último, incluso, ya le están pidiendo su reincorporación a las filas K en nombre de la unidad. No olvidemos, como dijo el escritor Jorge Asís, que “la política es un club swinger”.

Mientras que Cambiemos chapotea en el pantano, los datos de la economía quieren ser dibujados con ínfimas pociones de optimismo oficial que solo provocan sonrisas macabras entre los ciudadanos de a pie en su recorrido por góndolas buscando un precio mejor, segundas marcas o reemplazar alimentos. Son los mismos que cargan el peso del ajuste y las sombras de un futuro incierto, envueltos en una deuda sideral que, como manual de cualquier gobierno liberal de clase alta empresaria, Macri comprometió endulzado en las mieles de éxitos electorales, aferrados a la grieta y en sus compromisos con los agentes de la especulación internacional.

A esto hay que agregarle que los coletazos de la novedad no solo golpearon al macrismo más duro, sino que también lo hicieron con mucha fiereza sobre el peronismo alternativo, a los caudillos provinciales y a algún ex ministro de economía de la primera época kirchnerista con intenciones presidenciales y condiciones que ningún potencial aliado estuvo dispuesto a concederle.

El camino está abierto. Esto no significa ni fácil ni tranquilo. Dicen que la jugada maestra hace percibir a una ex presidenta en el manejo de la realidad y en pleno conocimiento de aquello que le favorece y de aquello otro que le es negativo. De esa ecuación de suma y resta nació Alberto Fernández candidato a presidente de Argentina, lo que quizás ayudó al reverdecer de lo que algunos denominan “nestorismo”. El tablero fue revuelto, ahora resta ver cómo se acomodan las piezas.

 

 

 

 

Alfredo Casado y Manuel Casado

Alfredo Casado y Manuel Casado

Alfredo Casado es periodista y corresponsal, con una carrera de más de 40 años, fue jefe de noticias de diversos medios nacionales. Manuel Casado es periodista de análisis, investigaciones y crónicas.

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