¿Cuánto sale un dólar calmo?

Ante la novedad de la fórmula Fernández-Fernández se abren dos posibilidades en el mercado cambiario. La primera es que la confirmación de Cristina en una fórmula asuste a los mercados, dolarizando carteras a la espera de lo que pase. La segunda es que los mercados confíen en la moderación de la opción kirchnerista. 

El pateo de tablero por parte de Cristina Fernández de Kirchner y el lanzamiento de la fórmula que la incluye con Alberto Fernández como pre-candidato a presidente es una prueba de fuego para el panicoso mercado financiero argentino, ante la corporización del, tan mentado y exagerado por el oficialismo y sus alrededores, “riesgo Cristina”. Es decir, la zozobra que puede primar en los mercados ante la confirmación de una opción política que le dispute la arena electoral a Cambiemos con chances reales y concretas. La amenaza de una “vuelta al populismo malo” que ponga en jaque la inexistencia de controles de capitales, que tenga una visión menos optimista (ingenua, dogmática, indolente) sobre lo que nos ofrece “el mundo” y que vaya a contramano del proceso político que consolida “populismos buenos” en la región.

El pateo de tablero por parte de Cristina Fernández de Kirchner y el lanzamiento de la fórmula que la incluye con Alberto Fernández como pre-candidato a presidente es una prueba de fuego para el panicoso mercado financiero argentino.

Y decimos prueba de fuego, porque una lección aprendida del 2018 es que al mercado en nuestro país lo sensibiliza el corto plazo; no hay palmadas de hombro estratégicas en la concreción de ganancias, cobertura de inversiones y aversión al riesgo. No hay política, ni proyecto. No hay propuesta ni programa. Solo operaciones. Y ante la novedad de la fórmula Fernández-Fernández se abren dos posibilidades en el mercado cambiario, las cuales son contradictorias (no estamos para tirar postas, sino para analizar). Por un lado, que la confirmación de Cristina en una fórmula asuste a esa entelequia abstracta que son los mercados y estos intensifiquen posiciones conservadoras, dolarizando carteras a la espera de lo que pase. Este escenario es más probable en la medida que la dupla Fernández suba en las encuestas y capte votos del angosto boulevard del medio. Otra alternativa, gira en torno a que los mercados, o bien confíen en la moderación de la opción kirchnerista o lean que la estrategia debilita de cara a las elecciones a la oposición y eso le dé a Macri cierto oxígeno con respecto a la evolución del tipo de cambio.

En una primera vista, el lunes post anuncio encontró un dólar que avanzó en las primeras horas de la rueda 40 centavos pero luego morigeró su depreciación, al igual que la cotización de los bonos argentinos. Un respiro fue esta reacción de la que no sabía que esperarse en la previa; cierto es que si el mercado lo apreciase como un grave escollo, hubiese reaccionado de inmediato. No obstante, la situación económica y cambiaria va mucho más allá de la observación de una jornada y la respuesta a un episodio electoral.

Lo cierto es que la continuidad del oficialismo y la estabilidad del dólar son variables mutuamente dependientes pero no en un solo sentido, el de la cuestión electoral influyendo en el mercado cambiario, sino que su relación es biyectiva: un dólar calmo es también a su vez lo que no le mina chances a Cambiemos de renovar mandato, como bien señala Andrés Malamud. En este sentido, con un apoyo extraordinario de Estados Unidos, el propio FMI quemó sus libros y autorizó que los fondos del histórico programa de USD 57.000 MM (y del que Macri utilizará en este mandato cerca del 90%) se utilicen para frenar eventuales corridas cambiarias. Un blindaje a cuentagotas y sin spot sobre lo lindo que es dar buenas noticias. Lo que no se dice tan a viva voz es que esta autorización implica que se utilicen reservas para la doma del dólar en caso de que fuese necesario; reservas con base de deuda en lugar de exportaciones, reservas cuya disminución puede presionar el riesgo país al alza. Reservas que pasaron de USD 77.481 MM el 9 de abril a USD 71.903 MM cuando el dólar rozaba los $47 el 25 de abril y que no dejaron de descender desde ese momento hasta los USD 67.306 MM registrados para el 15 de mayo (última fecha de registro disponible al momento de escribir esta columna).

Y de ahí la pregunta: ¿cuánto nos sale tener un dólar calmo? Mientras fondos de deuda se canalicen en la contención de las inversiones que no llegan, al tiempo que la economía real se deteriora, el armado escenográfico sostenido con clips de nuestra economía va a ser una herencia pesada. Y eso es lo que compromete al dólar, mucho más que el mapa electoral.

De hecho, es entre incompleto e inocente endilgar el desafío cambiario a una eventualidad estrictamente electoral. El problema de fondo es la política económica, hija de errores de diagnósticos, excesos de confianza, malas pericias y hoy terciarizada en el FMI. La política de estabilización lanzada en octubre para salir de la crisis cambiaria que marcó 2018 ha mostrado ser un parche contenedor, pero no una estrategia que permita reconducir el rumbo. Por un lado, el esquema de agregados monetarios que estipula 0% de expansión de la base monetaria para este año y es arbitrado por la tasa de interés de referencia, solo ha resultado en la convalidación de tasas cada vez más altas ante la incertidumbre externa, ahogando las posibilidades de financiamiento PyME y comprometiendo las cadenas de pagos en numerosos sectores. La pata cambiaria del plan, con la mencionada modificación reciente aprobada por el FMI, tuvo éxito en las últimas semanas en las que el contexto internacional se endureció con un nuevo episodio de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, pero nos pone ante el riesgo de consumir reservas con origen en deuda para que sean drenadas en el mercado financiero. Estos parches pueden aliviar la situación transitoria pero no abordan el hueso de los problemas.

Mientras fondos de deuda se canalicen en la contención de las inversiones que no llegan, al tiempo que la economía real se deteriora, el armado escenográfico sostenido con clips de nuestra economía va a ser una herencia pesada.

Y por supuesto, no corrigen las fragilidades a las que está expuesta nuestra economía. Y es por eso que la publicación de un libro, la confirmación de una fórmula electoral o cualquier avatar en otra economía emergente (en agosto pasado fue Turquía) pueden hacer temblar nuestra tranquilidad. Pero estos episodios no son “causas”, sino disparadores. Confundirlos con el origen de los problemas es morderse la cola.

En el medio de esta novela cambiaria, el cuadro se ve agravado por una economía real que no arranca y que pierde competitividad estructural mes a mes. La capacidad ociosa en la industria alcanza al 40%, con sectores en niveles críticos y otros que acumulan más de un año de caídas y sub-utilizaciones de planta. ¿Por qué es tan baja la actividad en fábricas? Porque el consumo no levanta (como causa principal), al tiempo que los costos ascendentes presionan la ecuación de producción. Y si el consumo no mejora es porque la inflación (hija en parte de la zozobra cambiaria) sigue horadando los ingresos corrientes de las familias, cerrando un círculo vicioso. Por el lado de los costos, el aumento de insumos importados, energéticos y financieros asociados a un alto nivel de tasa minan la rentabilidad de las empresas, lo que pone en jaque las decisiones de producción e inversión. Particularmente, el alto nivel de tasa que arbitra el parche monetario post crisis es el que mayores presiones pone en el financiamiento de las empresas para su capital de trabajo (pago de proveedores, salarios, etc). Una vez consumidos los stocks, para seguir vendiendo las empresas deben trasladar (desafiando la teoría económica) los altos costos financieros a los precios o achicarse (suspensiones, despidos).

Que la estabilización sea una sucesión de parches que con más fe religiosa que acción política esperan el piso de la crisis, prometiéndolo cada mes y festejándolo en cada indicador mensual desestacionalizado que tartamudea rebote y se arrepiente es la derrota más estrepitosa de la gestión Cambiemos. La falla en lo que era “más fácil de hacer”, el Ogro Fabbiani del River 2009, el Daniel Osvaldo del Boca 2015: el humo cool de quienes venían a hacer goles y se terminan entrenando con la reserva, pidiendo la hora y sin bajarse de su soberbia.

Entonces, ¿cuánto nos está saliendo un dólar calmo? Para responderlo podemos recorrer fábricas en silencio y barrios en estado de efervescencia. Porque el costo siempre es asumido por las espaldas menos anchas, pero más numerosas.

Leandro Mora Alfonsín

Leandro Mora Alfonsín

Leandro Mora Alfonsín es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es docente en la UBA, la UCES y la UNGS. En Twitter es @lmoraalfonsin

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