Luis García Gil: «Los cantautores fijan una poesía trascendente, una mirada lúcida, un compromiso constante»

Luis García Gil ha dedicado una vida a analizar a los cantautores, sus obras y sus compromisos. En su último libro, dedicado a Ana Belén y Víctor Manuel, se vuelve a sumergir en ese estrecho vínculo entre la música, su tiempo y la sociedad. 

Cuando uno aborda los libros de Luis García Gil sobre cantautores por primera vez se encuentra con algunas gratas sorpresas. Sus trabajos combinan, de una manera ciertamente atípica, los rigores del periodismo de investigación con una sensibilidad particular para analizar, con precisión y detalle, las obras de estos cantantes, prestando atención tanto a la letra como a la música. La minuciosidad con que indaga en las composiciones, en particular en su veta lírica, muestran como García Gil explota su doble alma de periodista y poeta, en una feliz convivencia de vocaciones en la que ninguna opaca a la otra. Allí, rastrea filiaciones con la poesía de antaño; indaga recurrencias temáticas y estilísticas; detecta innovaciones en el sonido y la composición; reconoce influencias, homenajes y plagios.

En su último trabajo, Ana Belén y Víctor Manuel, los latidos de un país (EFE EME, 2018), el autor asume el desafío de analizar dos obras en simultáneo, la de una pareja artística que, contrario al imaginario popular, pocas veces ha funcionado como dúo, aunque con gran éxito por cierto. En este libro, como en otros anteriores, García Gil recorre las trayectorias artísticas de estas dos figuras en sentido cronológico, con sus discos como centro y eje de su análisis. Una de las virtudes de esta biografía, así como otras del autor y de la colección que edita EFE EME, es que nunca pierde el tono ni el foco, la evolución del artista y su obra es el exclusivo protagonista, lo biográfico, cuando aparece, siempre evita el amarillismo o el cotilleo, lamentablemente muy frecuente en este tipo de abordajes. La vida de los artistas, cuando aparece, está asociada a su obra y al modo en que, con sus canciones, se han consustanciado con su tiempo y sus circunstancias.

Con motivo de este último lanzamiento, le propusimos a Luis García Gil dialogar y analizar su objeto primordial: los cantautores. Desde el principio, el autor brega por romper los estereotipos y los encasillamientos, pensar la música de autor como un fenómeno heterogéneo, pleno de matices y diversidades. El mundo de los cantautores, cuyos límites se presentan difusos, se compone de un conjunto indeterminado de artistas que durante décadas han logrado dar música y palabra a varias generaciones. Los exitosos, los olvidados; los nuevos, los viejos; los hombres, las mujeres; los puristas, los innovadores; todos unidos por una idéntica vocación de decir con canciones. Canciones que han marcado épocas, que han alzado la voz en tiempos de la paz de los cementerios, que han puesto música a los sentires y pesares de cada uno de nosotros.

«Suelo abogar por ampliar la mirada, por considerar cantautor a todo aquel autor de canciones que trata de aunar letra y música con una suma de lírica y de ética».

Más allá de la obvia definición de que es aquél que escribe e interpreta sus propias canciones, la palabra «cantautor» está cargada de otros sentidos que ha definido a un grupo específico de artistas en desmedro de otros. Desde tu perspectiva, ¿qué es lo que define a un cantautor?

La definición de cantautor siempre es compleja. Suelo vincularlo, o me gusta vincular, al cantautor a la canción de autor, con lo que Umberto Eco llamaba «canción distinta». En España el concepto ha sufrido demasiados malentendidos que tienen que ver con la canción militante, coyuntural, antifranquista. Parece que la connotación «cantautor» tiene que ver con un tipo con guitarra, preferentemente sedente, vaso de agua y canciones panfletarias. Y cantautores fueron Brassens y Brel, dos estéticas maravillosas pero distintas. Suelo abogar por ampliar la mirada, por considerar cantautor a todo aquel autor de canciones que trata de aunar letra y música con una suma de lírica y de ética. En ese universo caben propuestas muy diferentes incluso aquellas que limitan con el pop o con el rock. Pongo el ejemplo de Aute, al que dediqué un trabajo exhaustivo. Aute ha cuidado la parcela melódica, es poeta, otorga densidad expresiva a lo que toca. Capaz de grabar «Al alba» y «Anda suelto Satanás» con una formación de músicos en los 80 nada cantautoril. Ahí estaba Luis Mendo, los ecos de Suburbano. No hay que tener una mirada limitada. Serrat es otro ejemplo superlativo. Esos arreglistas osados de los setenta (Miralles, Burrull etc.) He estudiado a varios cantautores. Algunos huyen de la etiqueta cantautor. Todos son diferentes. Tiene puntos comunes pero estilos diversos. El encasillamiento genera prejuicios en un público escasamente sensible a la palabra cantautor y al sambenito que arrastra.

Si bien es preciso evitar en encasillamiento y el retrato pintoresquista del cantante de protesta, lo cierto es que la cuestión política ha sido un aspecto central para muchos de ellos, incluidos algunos de los más renombrados (Víctor Manuel, Serrat), tanto en su música como en sus intervenciones públicas (lo que el periodista de derechas Federico Jiménez Losantos llama con sorna “los abajofirmantes”). Desde tu perspectiva, ¿qué lugar tiene o ha tenido la política para los cantautores españoles? ¿cómo ha afectado en cada caso a sus carreras y a su popularidad?

Cada caso es particular evidentemente. Los casos que me citas han padecido dificultades por el compromiso que han ido desarrollando en paralelo a su obra en un contexto terrible como era el franquismo. Serrat publica su disco a Antonio Machado el año 69 en el que España sufre un estado de excepción. Es curioso que algunos le nieguen a Serrat esa lucha por las libertades y quieran ver en su actitud unos intereses determinados. Esto viene de los puristas que no aceptaron su bilingüismo. Pero la ignorancia es atrevida. El caso de Víctor con su militancia en el Partido Comunista tampoco debiera invitar a dudas o malentendidos.

De todos modos una cosa es el compromiso, la defensa de unos valores democráticos, de unas ideas y otra el partidismo o el servilismo a una ideología concreta. El creador debiera comprometerse con el mundo que habita pero ser honesto y crítico con el poder, sea este de izquierda o de derecha. Tener la flor pero también el cuchillo entre los dientes. Pero la honestidad –insisto- exige cierta independencia.

La historia de la música de autor, como muchas otras, parece estar signada por la heterogeneidad en muchos niveles. Por lo general, tenemos más conocimiento de aquellos más consagrados y populares. ¿Qué distingue la trayectoria de estos más “exitosos” de otros que no han tenido igual reconocimiento? ¿Cuáles crees que podrían o debieran haber tenido mayor trascendencia y no la tuvieron por diferentes motivos (muerte prematura, una carrera errática, circuitos alternativos, etc.)?

La historia de la música popular es una historia de causas y azares. Hay artistas enormes que han tenido el éxito que merecen. Otros que han transitado circuitos minoritarios pero han desarrollado una obra intensa y coherente. En el caso de los cantautores surgidos en España durante el franquismo tuvieron que padecer cierto ostracismo con el advenimiento de la democracia. Dejaron de ser útiles. Hubo excepciones (Aute, Serrat, Víctor Manuel), pero la coyuntura política les afecta. Dejan de ser modernos. También el concepto cantautor se amplía. Hilario Camacho o Joaquín Sabina escriben sus canciones y se asoman a la ventana del rock. Dylan ya nos enseñó que se puede aunar guitarra eléctrica y trascendencia. Cecilia fue otro ejemplo. Murió joven, pero fue cantautora con influencia anglosajona pero también serratiana. Esa suma dio frutos espléndidos. Me gusta citar el nombre de Javier Ruibal porque es un cantautor de inmensas minorías que conecta musicalmente con otros mundos como los del flamenco. A él también dediqué un libro que no fue valorado suficientemente y que, incluso, ignoró César Martínez Herrada en el documental que dedicó a Ruibal.

«El creador debiera comprometerse con el mundo que habita pero ser honesto y crítico con el poder, sea este de izquierda o de derecha. Tener la flor pero también el cuchillo entre los dientes».

En una entrevista reciente, por motivo de uno de tus últimos libros, destacabas la figura de Ana Belén como estandarte de cierto feminismo, en contraste con ello el mundo cantautoril se muestra predominantemente masculino. En ese sentido: ¿por qué motivo considerás que ocurre eso? ¿ha habido menos mujeres, han sido soslayadas u olvidadas por algún motivo? Y, en base a ello, ¿qué cantautoras te interesaría destacar o recomendar?

Cantautoras ha habido y seguirá habiendo. No tan pocas como pensamos.  La mirada de la mujer ha sido y es tremendamente importante. He citado antes a Cecilia. Pero me gusta reivindicar a Mari Trini con su influencia francesa y su enorme sensiblidad. Y a María del Mar Bonet con una obra muy rica musicalmente. Escriban o no sus canciones, se han asomado a la canción de autor y la han enriquecido. Desde los años setenta. En nuestros días tenemos a cantautoras como Rozalén y otras muchas que tratan de abrirse paso. Hablo del espectro español. Obviamente en Latinoamérica podríamos citar muchos nombres tratando de que el concepto cantautor sea más amplio del que normalmente manejamos. Otro ejemplo reciente es el de Silvia Pérez Cruz.

En el portal “Canción con todos”, auspiciado por la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), se distingue tres generaciones de cantautores. Si tuvieras que definir a trazos gruesos: ¿qué caracteriza a cada una de ellas? ¿cuáles considerás que son sus principales referentes?  

Hay una primera generación fundamental que está enriquecida por el espíritu de una época febril en lo social y en lo musical. Paco Ibáñez y Raimon sientan ciertas bases. La Nova Cancó es importante. El ejemplo francés también (Brel, Brassens, Ferré. Ferrat). El caso Serrat merecería un capítulo aparte porque auna como nadie calidad con difusión. Aparece Aute que es uno de los grandes y cuya obra es única por esa capacidad torrencial de combinar distintas facetas (poesía, pintura, canción etc.).

Toda división en generaciones tiende a simplificación. Para mí tiene una gran significación la entrada en escena en los noventa de una generación muy activa que revaloriza la canción de autor. Ahí aparecen Pedro Guerra e Ismael Serrano, dignos herederos de los grandes cantautores, incluidos Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, porque claro no me puedo detener en Latinoamérica, en la Nueva Trova Cubana, en todo lo que eso representa como herencia. Imagínate si empezamos a remontarnos a mitos como Violeta Parra o Víctor Jara. No acabaríamos.

Luego se habla de una tercera generación. Los Rozalén, Marwan, Andrés Suárez y compañía. No sé qué decirte. No quiero entrar en detalles, pero aún no veo grandes propuestas ahí. Me parece interesante que ese espíritu de la canción de autor no se pierda, que se mantenga vivo, latente. Pero esta es una labor también pedagógica. En España no se estudia la canción en los colegios. Algunos cantautores deberían figurar en los planes de estudio. Ligados a la poesía, trasmitidos como fuentes de conocimiento y de amor a la palabra. Pero no hay suficiente sensibilidad para que ello ocurra.

Tus libros prestan gran atención al aspecto lírico y poético de las canciones de los cantautores. En función de eso, ¿Cuál ha sido la relación con la poesía? ¿Y con los poetas? ¿Qué influencias podrías señalar en este aspecto?

Bueno desde mi adolescencia escribo poesía. Mi padre fue poeta. Digamos que la poesía está en mi entorno antes que la canción. Es lógico establecer vínculos entre la poesía y los cantautores. Porque estos buscan un lenguaje poético y cantan a los poetas. El caso de Serrat es paradigmático. Tan suyas son sus canciones como los poemas que graba de Machado. Se apropia de ellos. Ayudan a explicarle. Aute es poeta además de otras muchas cosas. Sabina, del que hemos hablado poco, también tiene a la poesía en un lugar preferente. Los cantautores realizan lecturas conscientes o inconscientes de los poetas que han leído. Es fácil detectar influencias. E incluso poetas influidos por la canción.

Uno de los rasgos que destacás en cantautores como Serrat, Víctor Manuel o Aute es su versatilidad e innovación en términos musicales, que los distingue de cantautores más puristas (Paco Ibáñez, por ejemplo) ¿Cómo se dio esta búsqueda? ¿Qué importancia ha tenido la relación con músicos de otras procedencias, como rockeros (Miguel Ríos, Rosendo), músicos de flamenco (Enrique Morente, Paco de Lucía), entre otros?

Un cantautor debe ser inquieto por naturaleza. Importa la letra pero también la música. Las más grandes figuras de la música popular han bebido de muchas fuentes, incluso de aquellas que están en las antípodas de su estilo musical. Serrat es copla, tango, chanson, bolero, flamenco pero también Dylan, Beatles, Zitarrosa etc. Es muy interesante que Miguel Ríos grabe «Cantares» o que Aute haga algo como «Anda suelto Satanás». Ese punto de experimentación, de riesgo, forma parte de la etapa más apasionante de los cantautores. Cuando llega la rutina y no hay nada que explorar llega el aletargamiento y el conservadurismo musical. Y esto no es bueno. Por mucho que le admiremos, Paco Ibáñez ha evolucionado muy poco en su estilo. Y esto no es bueno, al menos a mí no me lo parece. En cambio Aute, Víctor Manuel o el mismo Patxi Andión han grabado discos recientemente de una calidad enorme. Y que siguen atentos al sonido del mundo, a lo cotidiano. Siguen siendo creadores vivos.

El libro que dedicaste a Ana Belén y Víctor Manuel lleva por subtítulo «Los latidos de un país», dando a entender que los cantautores son, a su modo, cronistas y protagonistas de su época. ¿Por qué considerás que han logrado ocupar ese lugar, incluso por encima de artistas comercialmente más populares?

Bueno, primero porque son artistas de una sensibilidad y precocidad admirables. Todo creador debe estar en consonancia con el latido de su tiempo, ser como quería Machado palabra en el tiempo o melodía en el tiempo. La canción más insustancial poco nos dice de la vida cotidiana, de los sentimientos de un país. En cambio los cantautores sí fijan una poesía trascendente, una mirada lúcida, un compromiso constante. Siempre que digo cantautores digo buenos cantautores. También los hay malos.

«Algunos cantautores deberían figurar en los planes de estudio. Ligados a la poesía, trasmitidos como fuentes de conocimiento y de amor a la palabra».

Los cantautores han establecido vínculos estrechos con este territorio extenso y heterogéneo. ¿Qué importancia han tenido los vínculos entre los cantautores ibéricos con músicos latinoamericanos? ¿Y con sus poetas y escritores? 

Ese vínculo ha sido también fundamental. Serrat llega a América en el 69. Y nace una relación muy profunda con el continente. Conoce, por ejemplo, a Zitarrosa o a Viglietti en Montevideo. Y tiene muy presentes a Yupanqui, Violeta, Jara. Toda la herencia musical y poética latinoamericana le influye. Incluido el boom y lecturas como Pedro Páramo de Rulfo o Cien años de soledad de García Márquez. Lo mismo puede decirse de Ana Belén y Víctor Manuel. También de Sabina, por supuesto. Poetas como Neruda o Vallejo son influencias poderosísimas. También lo serán Silvio Rodríguez o Pablo Milanés desde Cuba. El impacto de Cuba, de su utopía política y social también influye. Ahí está Aute que termina girando con Silvio.

Por último, para cerrar, además de sus vínculos, los cantautores ibéricos, algunos más que otros, han gozado de una enorme popularidad en América Latina y se han convertido en referencias culturales insoslayables (Serrat y Sabina son los casos más notorios). ¿Por qué considerás que se ha producido este fenómeno, aún cuando sus canciones y tópicos parecen, salvo casos puntuales, de la idiosincrasia nacional? 

Serrat llega en un momento muy convulso e importante. Su manager Lasso de la Vega orquesta muy bien esa necesaria promoción inicial. En cierta manera Serrat es la antítesis de Raphael. Y el público recibe su poesía como algo nuevo y trascendente. Da igual que Manuel, protagonista de una de sus canciones, naciera en España o que Antonio Machado fuera sevillano. Las canciones de Serrat tocan las emociones. Y además Serrat se implica en la realidad de cada país. Conecta ejemplarmente con América Latina. Y será un símbolo de libertad, de lucha, de canción. Sabina, mucho más tarde, será otro fenómeno. En ambos casos la música latinoamericana también se cuela en sus repertorios. Serrat cita a Gardel. Sabina a José Alfredo Jiménez. Sienten el bolero pero también se aproximan a los grandes mitos de la canción popular.  Todo les hace no ser vistos como extranjeros sino como parte de los sentimientos de los países donde tocan, cantan, viven y sienten. En cada uno de ellos perduran amistades. Hasta tal punto que Serrat cuando se exilia elige América Latina como refugio. Y gira por México y surgen historias entrañables. Tanto Sabina como Serrat se han sentido como en casa allí. También Ana Belén y Víctor Manuel en países como México o Chile. En otros no tanto. Y Aute, en menor medida, también ha conocido la calidez de esos países. En nuestros días un caso evidente es el de Ismael Serrano, que hereda el espíritu de Serrat en muchas cosas. También los tópicos de la canción de autor. Todo sea dicho.

QUIÉN ES

Luis García Gil es un poeta y periodista español. Es colaborador en varios medios de comunicación de prensa escrita, radio y televisión local. Además de su obra literaria, ha desarrollado una extensa obra acerca de la música de autor y sus principales referentes, como Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Javier Ruibal, Víctor Manuel, Atahualpa Yupanqui, Jacques Brel, entre otros.  Asimismo ha escrito sobre cine y literatura.

Entre sus publicaciones podemos destacar: Serrat, canción a canción (2004), Yupanqui, coplas de un payador perseguido (2007), Jacques Brel, una canción desesperada (2009), Aute, lienzo de canciones (2016), Ana Belén y Víctor Manuel, los latidos de un país (2018).

Fernando Manuel Suárez

Fernando Manuel Suárez

Profesor en Historia (UNMdP) y Magíster en Ciencias Sociales (UNLP). Coautor de "Socialismo y Democracia" (EUDEM, 2015). Es editor de La Vanguardia Digital.

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