El apocalipsis de las ranas

Una enfermedad mortal arrasa poblaciones de ranas por todo el mundo y contribuye al declive de muchas especies y la completa extinción de otras.

Un reciente estudio revela que hay un hongo que infecta a las ranas hasta pararles el corazón. Coloniza su piel y el animal responde creando más queratina, la proteína básica de la epidermis, pero lo que consigue es alimentar al hongo, obligando a la rana a crear más. La carrera acaba en una hiperqueratosis, con el anfibio lleno de costras.

El problema es que ranas, sapos, tritones o salamandras usan la piel para respirar, como si fuera un pulmón, y acaban ahogándose. Al final de esta alocada carrera, la mayoría muere de un fallo cardíaco.

La enfermedad mortal, la quitridiomicosis, está presente en más de 60 países, y es causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis y se ha convertido, según un nuevo estudio, en el patógeno que más daño ha hecho a la biodiversidad en la historia.

«Nuestros resultados muestran el declive de 501 especies a causa del hongo quítrido y es una estimación conservadora, siendo muy probable que muchas otras también se estén viendo afectadas», dice el ecólogo de la Universidad Nacional Australiana y coordinador del estudio, Ben Scheele. «Otros patógenos de la vida salvaje también han provocado declives, pero ninguno en la escala del quítrido de los anfibios», añade.

La enfermedad mortal está presente en más de 60 países y según un nuevo estudio es el patógeno que más daño ha hecho a la biodiversidad en la historia.

El trabajo, en el que han participado más de 40 científicos entre los que están los mayores expertos mundiales en anfibios y sus enfermedades, arroja unas cifras enormes: de las quinientas especies afectadas, la cuarta parte ha perdido el 90% o más de sus poblaciones. Otras 90 especies directamente han desaparecido. La letalidad del hongo es tal que algunas, como el sapo dorado (bosque de Monteverde, Costa Rica) se extinguió tres años después de las primeras infecciones.

UN ASESINO SILENCIOSO

Batrachochytrium dendrobatidis, conocido como el hongo asesino de anfibios, es un hongo quítrido que se transmite con mucha facilidad de animal a animal y se propaga rápidamente por la naturaleza.

Causa la enfermedad quitridiomicosis que se localiza en la piel de los animales, afectando su capacidad para regular los niveles de agua y electrolitos y provocando insuficiencia cardíaca.

Los análisis revelan la existencia de cuatro linajes genéticos del hongo: tres de ellos están distribuidos por todo el mundo y el cuarto solo se halla en las ranas nativas de la península de Corea.

El linaje coreano contiene mucha más diversidad genética que el resto y sería el más parecido al ancestro que originó todos los linajes actuales del hongo: los tres distribuidos por el mundo provienen del linaje ancestral.

”Se trata de unos resultados inesperados con los que con seguridad podemos decir que estos hongos vienen de Asia”, señala a Efe Jaime Bosch, del Museo Nacional de Ciencias Naturales MNCN-CSIC) y coautor del estudio, quien no obstante indica que si bien se sabe que el origen es Corea es difícil aún afinar con mayor precisión.

LAS PRINCIPALES CAUSAS

Según subraya el investigador, la globalización y el comercio de especies silvestres son las principales causas de esta pandemia mundial, y permiten que continúe la propagación de la enfermedad.

«Los humanos están moviendo plantas y animales alrededor del mundo a un ritmo cada vez más rápido, introduciendo patógenos en nuevas áreas», advierte, apuntando que es necesario mejorar la regulación de la bioseguridad y el comercio de vida silvestre para prevenir más extinciones en el mundo.

El trabajo del equipo determinó que muchas especies aún corrían un alto riesgo de extinción en los próximos 10 a 20 años debido a la quitridiomicosis, por las continuas disminuciones, según el experto.

«Saber qué especies están en riesgo puede ayudar a dirigir la investigación futura para desarrollar acciones de conservación para prevenir las extinciones», subraya Scheele, apuntando que los programas de conservación en Australia habían prevenido la extinción de las especies de ranas y habían desarrollado nuevas técnicas de reintroducción para salvar algunas especies de anfibios.

Las principales causas de esta pandemia mundial son la globalización y el comercio de especies silvestres.

LAS RANAS SE DEFIENDEN

Pero quizás hay una esperanza para las ranas que se enfrentan a este devastador apocalipsis. Un nuevo estudio publicado a finales de marzo en la revista Science encontró que las poblaciones de varias especies de ranas en Panamá parecen estar adquiriendo una resistencia al patógeno. El estudio fue llevado a cabo por científicos en instituciones de investigación en los EE. UU. y Panamá.

“En este estudio, hicimos el apasionante descubrimiento de que un puñado de especies de anfibios —algunas de las cuales se creía que habían sido totalmente aniquiladas— están persistiendo y puede que incluso se recuperen después de brotes de la enfermedad mortal”, dijo en un comunicado la autora principal del estudio, Jamie Voyles, ecologista de enfermedades de la Universidad de Nevada, Reno. “Queríamos entender cómo estaba sucediendo. ¿Era un cambio en el patógeno, las ranas o ambos?”.

Voyles, Byrne y sus colegas miraron las muestras del patógeno y la rana huésped recogidas en Panamá, antes, durante y después de la infección del Bp. Encontraron que, aunque el hongo todavía es tan mortal como lo era antes del brote, ahora las ranas parecen más propensas a sobrevivir después de la infección.

“La evidencia sugiere que el patógeno no ha cambiado. Es posible que los huéspedes hayan desarrollado mejores defensas durante un periodo de tiempo relativamente corto”, dijo. “Encontramos que casi una década después del brote, el hongo patógeno todavía es igual de mortal, pero las ranas en Panamá están sobreviviendo y podrían tener mejores defensas contra el hongo. Esto sugiere que algunas de las ranas de Panamá podrían estar contraatacando”.

Los autores del estudio de Panamá dicen que sus hallazgos ofrecen una esperanza para la supervivencia de los anfibios de todo el mundo, pero advierten de que incluso si muchas especies mantienen esta resistencia, detectar los especímenes que sobreviven a la infección y ayudarles a persistir y proliferar requerirá extensivos esfuerzos de seguimiento.

 

 

En base a El País / Mongabay / La Vanguardia

Foto de portada de Joel Sartore / National Geographic

Mario Rovina

Mario Rovina

Guardaparque egresado de la Universidad Nacional de Misiones. Fotografo de aves y especialista en ambiente. Integra la Cooperativa de Comunicadores El Miércoles.

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