Cuando el río se tiñe de verde

Los cambios climáticos sumados a la presencia de agrotóxicos y los efluentes que se arrojan a los ríos sin un control de higiene mínimo, contribuyen a la aparición de algas tóxicas, como viene ocurriendo en el Litoral e incluso en playas océanicas.

En las últimas semanas una situación particular se vivió cuando se tiñeron de verde las playas del río Uruguay y de las zonas oeste y centro de la costa del Río de la Plata, pero que también se ha extendido hasta las playas oceánicas de Rocha, en la República Oriental del Uruguay: la situación obligó a las autoridades del vecino país a cerrar algunas de las playas más emblemáticas de Montevideo y Punta del Este como prevención por riesgo sanitario.

La presencia de altas biomasas de cianobacterias –que se ven como grumos parecidos a yerba o espuma de color verde esmeralda en la orilla del agua– alertaron a todos y atrajeron nuevamente la mirada de autoridades e investigadores sobre las causas de este particular fenómeno.

Las cianobacterias ponen en riesgo a la fauna acuática y terrestre, y la salud del ser humano ya que pueden producir toxinas muy potentes.

El problema de las algas no sólo perjudica a la actividad turística: entraña riesgos al ambiente y fundamentalmente a la salud humana.

Aunque esta situación llame la atención, no es inusual. Al contrario, se está volviendo cada vez más común en nuestros ríos. Ya en 2014 y a principios de 2018 se advirtió un fenómeno similar en el río Uruguay, que afectó desde la ciudad de Concordia hasta los balnearios cercanos a la ciudad de Gualeguaychú en Entre Ríos.

Pero no se trata de un fenómeno exclusivo de los ríos del Litoral o de la Argentina. En distintas partes del mundo se lo ha detectado y se lo ve cada vez con más frecuencia.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2003, uno de los primeros episodios de proliferación de cianotoxinas ocurrió en 1931 en Estados Unidos, y enfermó a más de 5.000 personas. Unos 60 años después, cuando las cianobacterias colorearon de verdiazul más de 1.000 kilómetros del río Darling, en Australia, se declaró el estado de emergencia y se decidió invertir en programas de investigación.

¿QUÉ SON LAS CIANOBACTERIAS?

Son organismos microscópicos procariotas con células muy simples que realizan fotosíntesis y contribuyen muy positivamente a generar oxígeno, reciclar nutrientes y captar carbono y nitrógeno atmosférico al agua. Asimismo, son fuente de alimento para microorganismos herbívoros (zooplancton) y bacterias y, por lo tanto, aportan a sustentar las redes alimenticias de los ecosistemas acuáticos.

Tienen algunos pigmentos que le dan una coloración verde-esmeralda, y por eso también son conocidas como “algas verde-azules”. Crecen muy rápidamente pudiendo duplicarse en unas horas a tres días. Se las encuentra en diversos hábitats, particularmente formando parte del fitoplancton (micro-algas) en agua dulce y marina. En especial pueden vivir en lagos y embalses, pero también en ríos. Las cianobacterias son un componente natural de los ecosistemas acuáticos, y en baja abundancia es muy importante su presencia para el ecosistema.

Las cianobacterias, como las plantas, necesitan minerales (nutrientes) para crecer. El nitrógeno y el fósforo los utilizan en gran cantidad y los obtienen generalmente disueltos en el agua. En condiciones naturales, las bajas concentraciones de estos minerales controlan el crecimiento de las cianobacterias y de todo el fitoplancton.

Las aguas pueden verse enriquecidas artificialmente de nutrientes, particularmente nitrógeno y fósforo, como consecuencia de diversas actividades humanas. El aporte excesivo de nutrientes al agua en forma difusa proviene de la escorrentía de suelos ricos en fertilizantes producto de las prácticas agrícolas. Históricamente, la agricultura intensiva conlleva la tala del monte ripario lo que facilita el transporte de los fertilizantes y el producto de la erosión del suelo al agua. Los nutrientes también pueden provenir de aportes puntuales, por ejemplo, de los efluentes industriales y urbanos (saneamiento), tambos, feedlots y depósitos de basura.

Esta forma de contaminación del agua y sus efectos en el ecosistema se denomina eutrofización (enriquecimiento de nutrientes de forma artificial). El fenómeno afecta a cuerpos de agua en todo el mundo.

Una de las consecuencias del aumento de nitrógeno y fósforo en el agua es que las cianobacterias tendrán más nutrientes para crecer en forma desmedida o acelerada, sumado a otros factores como las temperaturas altas, la disponibilidad de luz y la baja renovación del agua. El crecimiento lleva a grandes cúmulos de biomasa (o floraciones), que pasan a observarse a simple vista. Por ejemplo, en uno solo de los “grumos verdes” que observamos en la playa podríamos encontrar cientos de miles de células microscópicas unidas por una gelatina formando una gran colonia. El agua se vuelve turbia y cambia de color tornándose verde esmeralda, lo que limita la penetración de la luz y promueve la escasez del oxígeno en las zonas profundas y la mortandad de la fauna acuática.

Los principales causantes son los vertidos cloacales e industriales y los residuos de fertilizantes y herbicidas de la actividad agropecuaria.

OPINIONES DE LOS QUE SABEN

En el caso del río Uruguay, para la licenciada Lizet De León (docente de la Sección de Limnología de la Universidad de la República del Uruguay), los factores que propician la presencia de algas son varios, entre los que citó al vertido de desechos cloacales e industriales, la desertificación y la actividad agropecuaria con el uso de fertilizantes y herbicidas; agravado por la ausencia de tratamiento de desechos cloacales e industriales por parte de los municipios, entre otros.

Lizet De León explicó que las algas y toxinas que segregan, existen en el planeta desde hace más de 3.500.000 años y han sobrevivido y se han adaptado a todo tipo de fenómenos ocurridos en el planeta durante ese extenso lapso.

El problema de las algas no sólo genera perjuicios a la actividad turística y recreativa (efecto económico), sino que también es nociva al medio ambiente y fundamentalmente produce efectos negativos en materia de salud.

Los técnicos de dicha Universidad señalaron además que el consumo, el contacto y hasta la inhalación del agua con grandes cantidades de floraciones algales nocivas, pueden causar síntomas como gastroenteritis, alergias, escoriaciones en la piel y fiebre. En cuanto a los efectos económicos se remarcan perjuicios al turismo por la cancelación en casos extremos del ingreso a las playas, la afectación de las actividades deportivas y recreativas y los aumentos de costos que podría ocasionar la potabilización del agua, entre otros.

SIN CONTROL

La Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) hace un seguimiento de la costa del río Uruguay, con un monitoreo que se extiende desde la represa de Salto Grande hasta Fray Bentos, fundamentalmente en la zona del lago de Salto Grande, donde en los últimos años se han percibido concentraciones algales de magnitud.

No obstante señalan que ni siquiera el mejoramiento de todas las plantas de tratamiento de líquidos cloacales e industriales de la región podría eliminar las algas, sino solamente reducirlas en un pequeño porcentaje. La razón es que el río Uruguay y posteriormente el Río de la Plata reciben efluentes tanto domiciliarios como industriales y agrícolas desde el curso superior, que carece de todo control: la CARU está integrada sólo por la Argentina y el Uruguay, que comparten apenas el tercio inferior del extenso río. Todo lo que ocurre más arriba está fuera de su jurisdicción, en territorio brasileño o compartido por Argentina y Brasil. Y ninguno de los dos países parece demasiado preocupado por generar una instancia que contemple al río Uruguay en toda su extensión.

Para poder seguir disfrutando de los ríos y sus playas, la información, investigación y adaptación parecen tan necesarias como también repensar los diseños y el impacto de los sistemas agrícolas y de saneamiento.

Si bien se trata de un problema complejo, existen opciones para abordarlo y muchas personas están trabajando para implementarlas. Pero la clave es trabajar a nivel causa: las floraciones de cianobacterias tienen que ver con un modelo industrial, de uso del suelo y de explotación de recursos naturales que, invisible pero incesante, atenta contra la salud de toda la vida en el planeta.

 

En base a El Argentino / El Observador / La Diaria / Facultad de Ciencias de la Universidad de la República

Mario Rovina

Mario Rovina

Guardaparque egresado de la Universidad Nacional de Misiones. Fotografo de aves y especialista en ambiente. Integra la Cooperativa de Comunicadores El Miércoles.

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