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Pulsiones emancipatorias de Scalabrini Ortiz

Raúl Scalabrini Ortiz fue una figura intelectual emblemática del nacionalismo económico en la Argentina. Su obra “Política Británica en el Río de La Plata” fue pionera en la denuncia del imperialismo británico y sus consecuencias.

Raúl Scalabrini Ortiz en su libro Política Británica en el Río de La Plata (1940), tomó como unidad de análisis una de las terminales más sensibles y de mayor capilaridad del Estado: la infraestructura de transporte, sobre todo, los ferrocarriles; asimismo, estudió, desde el punto de vista económico, la situación de los frigoríficos, los derechos de aduana, la política petrolífera, la manufactura y la prensa, ramas y actividades que observó, indirectamente vinculadas a la gestión financiera del Estado nacional, con especial interés en la inversión y el histórico endeudamiento externo. Si bien el libro exuda un nacionalismo por momentos apesadumbrado y pesimista, candoroso y un tanto prosaico, es una pieza importante, representativa de una época intelectualmente vigorosa, en la que escribieron Lugones, Rojas, Arlt, los hermanos Irazusta y Martínez Estrada, entre otros.

En esta nota quiero ofrecer una síntesis de los planteos centrales hallados en el ejemplar que nos convoca, un libro de tapas duras, a precio popular ($5),  lanzado por la Editorial Plus Ultra como parte de la colección La biblioteca Argentina, serie clásicos, de 2001. Adicionalmente, quisiera proponer tres lecturas posibles del mismo: a) una en clave hegemónica, centrada en la posición en el tiempo y el espacio del autor, en relación a una situación política, caracterizada por la transición del poder imperial; b) en clave estética, literaria, capaz de permitir una ruptura momentánea de las reglas de la racionalidad económica y por esa razón, comprenderla mejor y c) una tercera decodificación lectora, que busca determinar si Scalabrini Ortiz puede ser considerado un clásico. Antes, entonces, convendrá tomar contacto con una síntesis de esta obra del periodista mesopotámico.

LAS BASES DE POLÍTICA BRITÁNICA EN EL RÍO DE LA PLATA

Como se adelantó, en su robusto ensayo, el fundador de F.O.R.J.A, investiga la naturaleza del capital fijo y circulante en territorio nacional y descubre que, mayormente, tiene procedencia británica, además, sin ser un estudio de la lucha de clases, establece una relación entre endeudamiento y extranjerización, que es tributaria del marxismo, lo que le permite comprender y explicar la “dinámica social”, de un “pueblo exportador de materias alimenticias” que padece hambre.

Enrolado en lo que denomina movimiento de realismo nacionalista, el historiador correntino sitúa la génesis de esta situación estructural de dominio en 1825, momento de la creación, por voto de accionistas de mayoría inglesa en asamblea, del Banco de Buenos Aires -fusionado, un año después, en el Banco Nacional-, institución que se revela sistemáticamente deficitaria en materia de contralor estatal.

Si bien el libro exuda un nacionalismo por momentos apesadumbrado y pesimista, candoroso y un tanto prosaico, es una pieza importante, representativa de una época intelectualmente vigorosa.

Con una regularidad que lo pone al borde de ciertas formas sutiles de paranoia, Scalabrini verá la “acción de la mano de la diplomacia inglesa” en casi todos los asuntos del Estado, desde la segregación del Uruguay hasta el manejo de la prensa. La política “invisible” se hará patente ya en el “primer empréstito”, al que define como “estafa internacional”, donde se deja ver el “arma de dominación económica” por excelencia. De ese modo, se deja constancia de que los asambleístas-accionistas de la época no pudieron determinar las condiciones al momento de tratar la primera ley que autorizó al Estado a tomar el préstamo de la Baring y que éste consistió, en gran medida, en letras de cambio, léase: “órdenes de pago contra comerciantes ingleses locales”, antes que en oro efectivo.

Acuerdo histórico aquel préstamo en el que “el gobierno recibió papel de circulación interna y lo transformó en una deuda exterior en oro”, que implicó una “pérdida de la soberanía económica” cuyas repercusiones públicas fueron desactivadas por la creación de una Junta de Inspección y Economía y todo registro documental extraviado.

Este préstamo fue gestionado por el ministro de hacienda, Manuel José García, quien aparece en las memorias del gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, a raíz de que éste le solicitara contener el ingreso de mercancías inglesas, ya que estaban “ahogando la industria”, a lo que García responderá que “no estaban en circunstancias de tomar medidas contra el comercio extranjero, particularmente el inglés, porque hallándonos empelados en grandes deudas con aquella nación, nos exponíamos a un rompimiento que causaría grandes males” .

Estos acontecimientos fundantes de las relaciones financieras y comerciales internacionales le permiten hilvanar un hilo rojo que atraviesa los siglos y lo lleva a tomar posiciones extremas tales como la de considerar la fundación “ignominiosa” del Banco Central, como implicada en la tarea de “entregar el control de la moneda” y, consecuentemente, “el control de la política, es decir de la soberanía”.

Esta recurrente lógica monolítica es la que emplea para analizar la administración del Poder Ejecutivo y sus ministerios y la función legislativa del Senado de la Nación, siempre al servicio de Gran Bretaña. Incluso advierte también lo gravoso que es no poder disponer estratégicamente del considerable volumen de exportaciones de productos primarios, ya que éste servirá al poder imperial para operar en el mercado haciendo dumping. Sea como fuere, el eje axial de su manifiesto anti-imperialista es la política de transporte ferroviario, textualmente: “Los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una nación. La economía nacional, pública y privada, el equilibrio de las diversas regiones que la integran, la actividad comercial e industrial, la distribución de la riqueza y hasta la política doméstica e internacional están íntimamente vinculadas a los servicios públicos de comunicación y transporte”.

LAS TRES CLAVES DE LECTURA DE POLÍTICA BRITÁNICA EN EL RÍO DE LA PLATA

En el registro hegemónico, el texto de Scalabrini Ortiz, es un documento sobre la administración local británica del sistema-mundo. Argentina aparece en escena como una especie de enclave, en un contexto mundial dominado por quienes tienen el control de la fuerza del trabajo, de los recursos naturales y de los medios de pago y constituyen la clase dominante transnacional que opera a partir una lógica territorial, comercial y financiera estratégicamente organizada.

Patrón oro y constitucionalismo democrático, sistema de garantías que la Pax Británica ofrece a los sujetos propietarios en las democracias liberales, donde conforman una oligarquía igualitaria, en la que se comparten derechos, garantías y el botín del control político.

La época y el lugar en el que se produjo esta obra ofrece una muestra muy interesante de las contradicciones de implicadas en la transición hegemónica, por lo general, resueltas administrativamente, en mutua conveniencia, desde el Senado.

Lo que David Harvey llama spatial fix o solución espacial, por ejemplo, está presente en la disposición morfológica del tendido de las vías férreas, superpuestas en su trazo, a las rutas para camiones, ómnibus y autos. Tal disposición espacial, radio-céntrica y centralizada, es ineficaz desde el punto de vista de una relación equitativa para el desarrollo de las regiones extra-pampeanas. Este déficit en la infraestructura, suele interpretarse como falta de lucidez política en la planificación. El libro de Scalabrini Ortiz es indexatorio para una Geografía Económica que ha superado, definitivamente, los tradicionalismos y la edad de la inocencia y observa como la disputa territorial entre potencias mundiales se resuelve en una conveniencia de partes y en potenciar las ventajas ambientales comparativas, poniendo en un segundo plano un esquema de redes hidrográficas, caminos y vías complementarias, no contradictorias, al estilo norteamericano, por ejemplo.

El libro de Scalabrini Ortiz es indexatorio para una Geografía Económica que ha superado, definitivamente, los tradicionalismos y la edad de la inocencia y observa como la disputa territorial entre potencias mundiales se resuelve en una conveniencia de partes y en potenciar las ventajas ambientales comparativas.

Asimismo, también se puede ensayar una crítica al orden conservador argentino desde sus propias entrañas, por medio de una estética política centrada en la literatura. ¿O acaso el viejo paralítico de Respiración Artificial, la novela de Ricardo Piglia, que no sabe si dejar que Renzi lo llame Senador o ex Senador, pues en ese tiempo “el cargo era casi vitalicio”, no es un caso representativo? Ossorio quedó tullido por un balazo que un jockey le metió mientras daba un discurso, el 25 de mayo de 1931, y terminará sus días proponiendo armar a la peonada. El Senador, o ex Senador, redujo sus dominios a una habitación de su estancia y se pregunta “¿Qué es un Senador?”. Y responde: alguien que recibe e interpreta los mensajes del pueblo soberano, alguien que trata de descifrar el mensaje secreto de la historia, en una sola frase, que expresada, abrirá la verdad de este país.

La figura del ex Senador que construye Piglia, a partir de su monólogo alucinado, puede ser una alegoría de la decadencia del orden conservador. Además, para leer el contexto de producción de Política Británica y lo que vino después, en una línea teórica propuesta por Alejandra Laera en Ficciones del dinero (2017) habría que incorporar, desde lo más obvio, como Casa tomada de Cortázar hasta Fin de Fiesta de Beatriz Guido, novela en la que el protagonista es el dueño de un campo cuya extensión es mayor que el alcance de sus ojos sobre el horizonte de árboles.

Por último, preguntémonos ¿Es Scalabrini Ortiz un clásico? Según la definición de Norberto Bobbio un clásico es: a) un intérprete auténtico y único de su propio tiempo y su obra es indispensable para comprenderlo; b) es siempre actual y cada generación lo reinterpreta; c) construye teorías que nos permiten comprender la realidad, incluso una muy diferente de la que se derivó.

Su clasicidad puede discutirse, pero es evidente que se trata de un nacionalista esclarecido. Autor de un libro áspero, promotor de la neutralidad, que encuentra su motivación primordial en la movilización del pueblo. Combinación exótica y preciada: movilización y esclarecimiento. Sin embargo, creo, humildemente, que no es un clásico en el sentido de Bobbio, ya que si bien podría cumplir con el punto a) y en parte con el b), el déficit es, sobre todo, teórico. Esta clasificación de clasicidad, de todos modos, no es más que un juego para justificar la lectura de una referencia bibliográfica importantísima, para quien aspire a estudiar la cultura económica y la intelectualidad argentina del siglo XX.

Mauricio Yennerich

Mauricio Yennerich

Profesor de Geografía (UNL). Está trabajando en su tesis de Maestría en Ciencias Sociales (UNL) y cursa el Doctorado en Ciencias Sociales (UNLP).

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