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Julián Zícari: “Ojalá se hubiera aprendido más de lo que implicó el 2001”

En “Camino hacia el colapso” (Continente, 2018), Julián Zícari desmenuza todos los factores que configuraron la crisis del 2001. Sobre aquellos días y su carga simbólica sobre la actualidad conversamos con el autor,

Julián Zícari en una rara avis, tiene una formación multidisciplinaria realmente atípica (ha obtenido títulos de grado en Economía, Historia y Psicología, además de su Doctorado en Ciencias Sociales) y tomó la decisión de analizar uno de los temas más cargados de sentido de la historia reciente argentina: la crisis de 2001.

El fruto de su investigación doctoral quedó plasmado en un voluminoso libro titulado Camino al colapso. Cómo llegamos los argentinos al 2001 (Continente, 2018), una obra densa y detallista que intenta desentrañar un proceso histórico cuya sombra todavía se proyecta sobre la situación actual a modo de fantasma que amenaza con reencarnar. Quizá no se trata de una obra de síntesis, dada la minuciosidad con la que trata la cuestión, pero se trata de un trabajo fundamental para desentrañar un hito histórico de cuya carga simbólica y generacional no nos hemos desembarazado.

Sobre este libro en particular, sobre la crisis del 2001 y sus múltiples causas en general, y sobre otras cuestiones La Vanguardia ha conversado con Julián Zícari, a 17 años del momento de su eclosión.

“El dogmatismo ideológico de pensar que la sociedad bajo el lente del neoliberalismo, con la pobreza de análisis que implica, solo pueden generar un programa de gobierno desastroso”.

¿Cuál fue el objetivo original de la investigación que dio origen al libro? ¿En qué marco la realizaste?

En principio mi atracción sobre el 2001 nació desde lo personal. Ya que cuando estaba viviendo aquellos años estaba empezando mis estudios universitarios, sintiéndome muy estimulado intelectualmente por varios autores, teorías y planteos con respecto a la sociedad que iba descubriendo mientras estudiaba y eso me hacía pensar inmediatamente en la realidad de mi país. Quería utilizar alguna de todas esas teorías para tratar de entender lo que estaba pasando. Sin embargo, lo vertiginoso y caótico del proceso del 2001 hacía que ninguna teoría o marco analítico fuera suficiente. Ya para mí era imposible racionalizar aquél fatídico año. Por eso, desde el 2001 hasta hoy, gran parte de la pasión de mi vida ha sido esforzarme por entender qué pasó allí, darle algún tipo de lógica. Además, lo que me pasaba era que mientras más leía y estudiaba sobre el 2001 menos me cerraban las explicaciones que iba encontrando. Por eso me lancé a hacer mi propia propuesta e investigación.

¿Qué recaudos tuviste que tomar para analizar un tema tan cargado de significados como el 2001? ¿La elección del tema estuvo ligada a una vivencia personal?

Bueno, un poco en función de que ningún marco teórico o interpretativo me parecía suficiente, mis recaudos estuvieron orientados a no dejar de lado ninguno de los ejes centrales por los cuales transitó esa crisis. Por ejemplo, si uno leía un planteo económico en general las discusiones giraban en torno al déficit fiscal, a las políticas de endeudamiento o al contexto externo. En cambio, si uno leía abordajes sociológicos, los planteos se centraban más en la conflictividad social, los piqueteros, el sindicalismo o la activación política de las clases medias. Si uno leía trabajos más politológicos, al contrario, enfatizaban cuestiones ligadas a los liderazgos políticos, las dinámicas partidarias, los posicionamientos de los actores o temas de desbalance institucional. Leyendo tantos planteos y núcleos problemáticos lo que a mí me parecía es que todos de alguna manera tenían algo de razón en sus miradas, pero también déficits. Por ello devenía central hacer un planteo integrador, que permitiera incluir los distintos ejes mencionados, pero para tratar de ir complementando unos con otros, subsanar sus descuidos y permitir un abordaje global esencialmente a partir de la reconstrucción histórica del proceso.

Hay una idea muy marcada, quizá con un cierto sesgo generacional, que señala al 2001 como un quiebre absoluto, como una frontera, en la historia reciente argentina ¿cuáles considerás que fueron las rupturas definitivas, que ratifican esta percepción, y cuáles las continuidades?

No sé si el quiebre fue absoluto. Lo que sí, a partir del 2001 creo que se terminó de derrumbar el miedo de salir a la calle para movilizarse. Repito, no fue un quiebre absoluto porque la movilización existió aún durante la dictadura y también durante todos los gobiernos democráticos. Pero a partir del 2001 creo que todos los sectores sociales perdieron el miedo y ganaron el pleno derecho de movilizarse para reclamar, lo cual me parece un triunfo democrático maravilloso. En la Argentina, a diferencia de otras sociedades, se moviliza todo tipo de grupo social, ocupa los espacios públicos y busca visibilizar sus reclamos. En muy pocos países del mundo ocurre algo así. Con eso, la idea de recuperar a la política como proyecto de transformación es una de las mejores herencias de lo que implicó el 2001.

“La idea de recuperar a la política como proyecto de transformación es una de las mejores herencias de lo que implicó el 2001”.

El 2001 es visto como un punto de llegada de un proceso de más largo aliento ¿qué es lo que efectivamente entra en crisis allí? ¿es sólo la convertibilidad o, en general, un modelo socio-económico fallido cuyo origen podría hallarse en la dictadura militar o en la transición democrática?

Es difícil la respuesta porque creo que en el 2001 confluyen muchas temporalidades. Es verdad que el proceso neoliberal iniciado por la dictadura en 1976 sufre una explosión, también es el año de defunción de la convertibilidad y de una idea de sociedad. Con todo, la idea de volver a instaurar una sociedad neoliberal no fue enterrada allí. No sólo porque Macri triunfo políticamente en 2015 y en 2017 en las elecciones, sino que incluso en las elecciones presidenciales de 2003 candidatos claramente derechistas, conservadores y con proyectos neoliberales muy ligados a las políticas que detonaron en 2001 como Menem y López Murphy sumaron el 40% entre ambos. Lo que da cuenta que ese proyecto no murió sino que tan solo quedó debilitado y con la suficiente capacidad para poder regenerarse con el paso de los años.

Si tuvieras que ponderar, aunque sea un ejercicio ciertamente arbitrario, en términos causales y de jerarquización ¿qué fue más determinante en el 2001: la crisis económica, la crisis política o la crisis social?

Veo difícil una respuesta. Por empezar, porque no creo que exista una estricta delimitación entre esos campos. De última, lo económico y lo social son parte de la política. Además, esos campos se interrelacionan y afectan constantemente: sin la crisis económica es difícil pensar que hubiera existido semejante crisis social y sin el estallido social la crisis política hubiera sido diferente. Pero a su vez, la crisis social y la política agudizaron la crisis económica. Por último, cada coyuntura construyó nuevos dilemas y actores redefiniendo a cada tramo el proceso: por momentos el centro de la crisis fue política, por ejemplo con la renuncia de Chacho Álvarez, por otros fue social, con las movilizaciones populares o la protesta piquetera y sindical, todo el 2001 estuvo atravesado por la crisis económica de la convertibilidad, hegemonizando tramos claves como cuando se instauró el corralito. Con el denominado “voto bronca” se hizo patente que existía una fuerte crisis institucional y de representación. Prefiero entonces pensar el 2001 como un campo de problemas interrelacionados, en movimiento, casi como si fueran vistos a través de un calidoscopio, que todo el tiempo cambian, permitiendo redefinir la percepción sobre el periodo, más que trazar jerarquizaciones que rigidizan un proceso que fue abierto y potencialmente muy libre.

En tú libro vos mencionás, quizá a contracorriente de ciertas interpretaciones, que el gobierno de De la Rúa heredó la mejor situación económica de todos los gobierno democráticos post-83 ¿en qué fundamentás esta afirmación? ¿qué decisiones del gobierno, entonces, precipitaron la crisis?

Creo que si bien De la Rúa no recibió una situación ideal, fue ciertamente mucho mejor que la recibida por Alfonsín o por Menem, que creo que al asumir tuvieron las peores herencias posibles. Pero si uno considera la situación que recibió luego Duhalde al llegar a la presidencia o incluso Kirchner, De la Rúa tiene muy poco de qué quejarse: los presidentes previos como los posteriores recibieron auténticos infiernos económicos, sociales y políticos y sin embargo no tuvieron un gobierno tan desastroso. Me parece que las decisiones que fueron conformando la crisis tienen que ver, un poco de manera similar a Macri, con el mal diagnóstico de la situación, los objetivos y las herramientas utilizadas. El dogmatismo ideológico de pensar que la sociedad bajo el lente del neoliberalismo, con la pobreza de análisis que implica, solo pueden generar un programa de gobierno desastroso.

“Sin la crisis económica es difícil pensar que hubiera existido semejante crisis social y sin el estallido social la crisis política hubiera sido diferente. Pero a su vez, la crisis social y la política agudizaron la crisis económica”.

Hay una idea fuerte, refrendada por algunos autores, de que la crisis era de alguna manera inevitable y que, como ocurrió en 2002, desmontar el modelo era imposible sin un saldo de víctimas sociales importante. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿De la Rúa y, posteriormente, Duhalde no tuvieron otra alternativa?

La verdad, yo no creo en determinismos ni tampoco que las situaciones no permiten alternativas. Ningún proceso histórico nace ya escrito. En este sentido, no creo que apenas asumió De la Rúa la crisis estuviera sentenciada. Fueron muchísimos los errores cometidos, las decisiones realizadas por otros actores o la conformación de ciertas coyunturas ajenas al país, como las condiciones internacionales de ese contexto. En todo caso, tratando de entender lo complejo y delicado del asunto, lo que más bien debe sorprender es que no hayan existido más víctimas. Por ejemplo, cuando Duhalde asumió, el panorama no podría haber sido peor. Creo que fue un milagro que durante su presidencia no hayan muerto más personas o que los conflictos se hayan solucionado de manera tan simple, rápida y –hasta cierto punto- de forma tan exitosa. Al contrario de De la Rúa, aun con todas las herramientas y oportunidades que tuvo, es difícil encontrar motivos para pensar cómo pudo conducir el proceso de manera tan errada. El gobierno de la Alianza no pudo haber sido peor.

El 2001 se ha vuelto una referencia omnipresente en los discursos políticos de las últimas décadas, tanto entre oficialistas como en opositores, ¿a qué atribuís esta potencia simbólica y de generación de representaciones políticas?

Creo que puede deberse a lo traumático y horrible de lo vivido. Otros países con circunstancias menos dramáticas derivaron en guerras civiles, fragmentación territorial, genocidios, hiperinflaciones, dictaduras u otras tragedias similares. Sin embargo en Argentina, como señalé antes, nada de eso ocurrió. Con todo, pienso de manera opuesta a la pregunta: creo que no se apela al 2001 lo suficiente, que no se ha entendido y problematizado lo suficiente. Y no me refiero sólo al campo académico, sino sobre todo al de la memoria histórica y política. Sino no se entendería el triunfo de Macri y su gestión, que han tenido más similitudes que diferencias al proceso que derivó en el 2001. Si la sociedad hubiera sido más consciente de por qué llegamos al 2001 es difícil pensar que el macrismo pudiera existir.

“Creo que no se apela al 2001 lo suficiente, que no se ha entendido y problematizado lo suficiente. Y no me refiero sólo al campo académico, sino sobre todo al de la memoria histórica y política”.

El diputado Fernando Iglesias ha acuñado, en clara referencia al 2001, la figura irónica del “club del helicóptero” para referir a los sectores opositores: ¿cuál creés que es el fundamento de esta analogía? ¿no te parece que, de esa manera, el propio oficialismo alimenta una comparación desfavorable?

Me parece que la idea del “club del helicóptero” tiende a solventar la teoría de que De la Rúa cayó por una suerte de oscura conspiración política, realizada esencialmente por el peronismo. Idea, dicho sea de paso, que creo que tiene cierta eficacia en la política argentina, ya que es un mito con una larga historia: se suele representar al peronismo, como una suerte de leyenda negra, como un partido enfermo de poder, el cual cuando es derrotado en las elecciones no sabe hacer otra cosa que trabajar para derribar a quien lo venció y retornar al poder. Esta operación no sólo es total y absolutamente falsa en términos históricos y empíricos, sino que tiende no sólo a desresponsabilizar a De la Rúa por su gestión, sino a simplificar las lógicas políticas. Ni De la Rúa ni Macri son inocentes de las situaciones que laboriosamente han construido: si se pusiera más el foco en evaluar sus gobiernos en función de las políticas de ajuste, endeudamiento, miseria y hambre que aplican tal vez sería más fácil de entender su debilidad política. De allí que con las políticas de exclusión y ajuste que aplican todo el tiempo se vean asediados por los fantasmas de la desestabilización, aunque tratan de culpar a otros de aquello mismo que causan sus gobiernos.

Como contraparte, existe una recurrencia en forzar comparaciones, muchas veces anacrónicas, entre la situación económica actual y el 2001: ¿a qué creés que se debe tal comparación? ¿considerás que existen elementos coincidentes? ¿y, en sentido contrario, cuáles serían las diferencias más radicales?

Creo las similitudes son realmente muchas. De hecho prácticamente desde que asumió Macri me he dedicado a señalarlas, ya sea a través de notas periodísticas como de artículos académicos. Aunque por supuesto, ningún proceso es idéntico a otro. Por ello, también existen diferencias. No creo, por dar un ejemplo, que esto desemboque exactamente en otro corralito, aunque sí en otro default. Además, me parece que una tragedia social está a la vista y la herencia que va a dejar el macrismo va a ser mucho peor a la dejada por la Alianza. Por todo ello, vuelvo a decir lo mismo: ojalá se hubiera aprendido más de lo que implicó el 2001.

QUIÉN ES

Julián Zícari (1982) es Doctor en Ciencias Sociales, Magíster y Especialista en Historia Económica. Licenciado en las carreras de Economía, Historia y Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se encuentra finalizando su licenciatura en Filosofía también en la UBA, donde además es profesor.

Se especializa en el estudio de los conflictos sociopolíticos argentinos de la historia reciente, los problemas de la historia económica argentina y la filosofía política. Publica sobre estos temas en revistas nacionales e internacionales. Ha sido columnista e invitado en diferentes medios de comunicación como C5N, BAE Negocios, El Cohete a la Luna, Página 12, entre otros. Es autor de Camino al colapso. Cómo llegamos los argentinos al 2001 (Continente, 2018).

Fernando Manuel Suárez

Fernando Manuel Suárez

Profesor en Historia (UNMdP) y Magíster en Ciencias Sociales (UNLP). Coautor de "Socialismo y Democracia" (EUDEM, 2015). Es editor de La Vanguardia Digital.

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