La realidad existe

¿Es posible volver a la realidad después de haberla negado filosóficamente durante años y años? En tiempos de deconstrucción y noticias falsas, podemos volver a preguntarnos si la realidad existe, si es posible pensar más allá de nuestros propios pensamientos, si somos apenas otro objeto de este mundo. Y prepararnos para una respuesta terrible.

EL FIN DE LOS TIEMPOS

El 5 de junio de 1996 Alan Sokal, profesor de física en la Universidad de Nueva York, publicó dos artículos. El primero de ellos, “Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity”, salió en la revista Social Text y sostenía que la gravedad era una construcción social; el segundo, “A Physicist Experiments with Cultural Studies”, se publicó en Lingua Franca y sostenía que el primero era un deliberado “pastiche de jerga postmodernista, reseñas aduladoras, citas grandilocuentes fuera de contexto y un rotundo sinsentido” pero que aún así había sido publicado por una prestigiosa revista de humanidades porque sonaba bien y apoyaba los prejuicios ideológicos de los editores contra las ciencias empíricas.

Un año después Sokal capitalizó el escándalo que causó su chiste con el libro Imposturas intelectuales, particularmente ensañado con la filosofía francesa. Más allá de los egos heridos, el dardo inficionado de Sokal pegaba en el pecho de todo el pensamiento moderno: después de Kant la filosofía pasó de pensar las cosas a pensar cómo pensamos las cosas. De manera que no se podía concebir a un objeto sin sujeto, ni viceversa. Las cosas en sí, más allá de las representaciones humanas, para Kant eran un misterio; para la Fenomenología, no eran importantes; y para los herederos de Heidegger, de Gadamer a Derrida, no existían.

El dardo inficionado de Sokal pegaba en el pecho de todo el pensamiento moderno: después de Kant la filosofía pasó de pensar las cosas a pensar cómo pensamos las cosas.

Durante siglos el pensamiento occidental descansó sobre ese vacío que la crítica de Sokal no tenía con qué llenar: las ciencias están demasiado especializadas para dar una visión de conjunto; la filosofía de la ciencia es tan poskantiana como el resto de la filosofía; y el realismo filosófico previo a Kant sonaba ridículamente ingenuo después de 200 años de filosofía especulativa. Hoy hasta la Iglesia Católica adhiere a la Fenomenología.

EL RETORNO A LAS COSAS

En 1991 Jean Baudrillard dijo que “la guerra del Golfo no había tenido lugar” y se ganó el aplauso francés (e hispanoamericano). En 2001 Karlheinz Stockhausen dijo que el atentado a las Torres Gemelas era “la mayor obra de arte de todos los tiempos” y se ganó el ostracismo hasta de su familia para el resto de su vida. Las balas de la realidad picaban demasiado cerca y la paciencia con la deconstrucción se acababa. En 2002 dos libros de filosofía trataron de volver a las cosas pero sin resignar el camino andado por la filosofía moderna: Intensive Science and Virtual Philosophy de Manuel DeLanda y Tool-Being: Heidegger and the Metaphysics of Objects de Graham Harman.

En 1991 Jean Baudrillard dijo que “la guerra del Golfo no había tenido lugar” y se ganó el aplauso francés (e hispanoamericano). En 2001 Karlheinz Stockhausen dijo que el atentado a las Torres Gemelas era “la mayor obra de arte de todos los tiempos” y se ganó el ostracismo hasta de su familia para el resto de su vida. Las balas de la realidad picaban demasiado cerca y la paciencia con la deconstrucción se acababa.

Manuel DeLanda era un artista plástico mejicano que se radicó en Nueva York para estudiar cine pero se dedicó al video digital. Con la tecnología de los ‘80 debió aprender a programar y decidió hacer de eso su nueva profesión. Mientras tanto, leía a Deleuze: “Cuando llegué a Nueva York en 1975 nada más traía dos libros, Lógica del sentido, de Gilles Deleuze, y La estructura ausente, de Umberto Eco. A Deleuze no le entendía una chingada, pero yo sentía que tenía un secreto que debía descubrir. Por ejemplo, la palabra singularidad es un término matemático. Hasta 1985 realmente no le entendía”. Una vez que lo entendió se dedicó a traducirlo para científicos: “Al final entiendes que Deleuze está hablando de un nuevo materialismo. Lo que sucede en libros como el Antiedipo es que decidieron alucinar con el lenguaje. De hecho, es su peor libro ya que se concentran demasiado en el psicoanálisis que en los sesenta era un gran tema, pero ahora nadie habla de eso fuera de ciertos departamentos académicos. ¿Cuál era la idea de escribir así? Hasta la fecha no lo entiendo”. DeLanda defiende a Deleuze como un materialista que, con su “ontología plana”, considera a todo como mero objeto. “Felicité a Sokal cuando le hizo lo que le hizo a los de Social Text. Y estoy seguro de que al final aceptará que cometió un error al incluir a Deleuze en su libro”.

Graham Harman es un filósofo y periodista deportivo norteamericano que se dedicó a leer la obra completa de Heidegger durante 20 años hasta que encontró algo de provecho. El “fragmento del martillo” de Ser y tiempo (el martillar no aprehende temáticamente al martillo como una cosa sino que descubre su manejabilidad específica, etc…), no es para Harman una recaída pragmática ni una anécdota, es una teoría de los objetos: en un mundo saturado por una red de cosas, “el punto importante no es tanto que podamos manipular las herramientas, sino más bien, que forman una infraestructura cósmica total de fuerzas artificiales, naturales y quizás sobrenaturales, poderes que asedian todas nuestras acciones hasta un grado infinitesimal”.

EL CUARTETO REAL

“Realismo especulativo” fue el nombre de una conferencia celebrada en abril 2007 en el Goldsmith College de la Universidad de Londres, moderada por Alberto Toscano e integrada por Quentin Meillassoux, Iain Hamilton Grant, Ray Brassier y el ya mencionado Graham Harman. Además de su devoción por la obra de Lovecraft, estos danger four compartían su crítica a la filosofía poskantiana, y en especial al giro lingüistico que supone que la única forma de conocer la realidad consistía en analizar el lenguaje humano, sobre la convicción de que existe una realidad independiente del ser humano y de que la razón es capaz de conocerla a través de la especulación filosófica. Para los realistas especulativos podemos pensar lo no relativo al pensamiento, podemos alcanzar el absoluto.

EL ARCHIFÓSIL Y EL HÍPERCAOS

Quentín Meillassoux es hijo del antropólogo Claude Meillassoux y ahijado académico de Alain Badiou. En Después de la finitud (Caja negra, 2015) teje cartesianamente una crítica al “correlacionismo” poskantiano a partir del existencia del archifósil: restos de objetos ancestrales que no pudieron ser percibidos por ningún ser humano. Hace poco se descubrió que los dinosaurios tenían plumas. Durante siglos los imaginamos como lagartos titánicos, pero resulta que siempre fueron como pollos gigantes. Esa realidad existió durante siglos sin ser pensada por ninguno de nosotros, sujetos kantianos.

Hace poco se descubrió que los dinosaurios tenían plumas. Durante siglos los imaginamos como lagartos titánicos, pero resulta que siempre fueron como pollos gigantes. Esa realidad existió durante siglos sin ser pensada por ninguno de nosotros, sujetos kantianos.

¿Cómo acceder a esa realidad, entonces? Las cualidades primarias de los objetos pueden conocerse mediante las matemáticas: todo lo que puede formalizarse de un objeto en términos matemáticos es una propiedad del objeto en sí, aunque nadie lo sepa. Las cualidades secundarias pertenecen a un universo necesariamente contingente, en donde todos los principios (incluído el de la contingencia) son variables, no hay razón suficiente ni contradicción. Vivimos en el hípercaos, con miles de mundos posibles, y eso es real aunque no lo sepamos.

Publicado en 2006, Después de la finitud fue una bomba filosófica cuya radiación pronto alcanzó a otros filósofos.

EL MUNDO ES AJENO

Ray Brassier, filósofo británico que enseña en Beirut, hizo del realismo un nihilismo racionalista. En Nihil desencadenado (Materia Oscura, 2017) propone extremar el plan iluminista de desencantar al mundo a mediante el conocimiento científico y llevar ese desencantamiento a un nihilismo que nos permita extrañar al pensamiento de la materia, y así conocer a esa realidad que es exterior a nuestros valores y representaciones. La razón nos conducirá a la verdad: el mundo no es nuestro hogar ni guarda ningún sentido, sólo el antropomorfismo kantiano pudo sostener la mentira consoladora de una naturaleza a nuestra medida.

Brassier propone extremar el plan iluminista de desencantar al mundo a mediante el conocimiento científico y llevar ese desencantamiento a un nihilismo que nos permita extrañar al pensamiento de la materia, y así conocer a esa realidad que es exterior a nuestros valores y representaciones.

Con un rigor insoportable, Brassier va descuartizando filosofías ajenas para intentar construir la suya. El eliminativismo de Sellars y Churchland le permite presentar al mundo bajo un régimen del Ser sin el Pensar; la ontología sustractiva de Badiou y Laruelle le permite afirmar la Nada en lugar del Ser. Si el archifósil de Meillasoux planteaba una ancestralidad sin pensamiento, Brassier piensa en una posteridad sin vida: la extinción total como posibilidad especulativa para concebir una realidad sin un sólo ser humano alrededor que pueda pensarla, y al pensamiento como algo perecedero en un universo que se rige por los principios impersonales de la Física, no por el lenguaje ni las ideas de los homínidos.

Otro británico, Iain Hamilton Grant, parte de la misma tradición naturphilosophie de Brassier pero arriba a conclusiones muy diferentes. Busca una alternativa a Kant en la interpretación materialista de Schelling, Goethe y Platón, y llega a un vitalismo organicista para el cual no hay distinción entre materia inerte y materia viva: todo vive más o menos, toda materia es potencia indeterminada y la naturaleza es condición suficiente de subjetividad. Nada nos distingue de las cosas.

TODAS LAS COSAS

Ya vimos a Graham Harman maravillado ante un mundo lleno de objetos que nos asedian. Con fuentes filosóficas que van del matemático inglés Alfred North Whitehead al católico español Xavier Zubiri, pasando por Bruno Latour y Ortega y Gasset, Harman desarrolló una Ontología Orientada a los Objetos (OOO) que explique a ese mundo. Todo lo que es, es un objeto, y todos los objetos son iguales: cualquier objeto puede ser sujeto de cualquier otro, todos tienen conciencia, y esa conciencia también es un objeto. Esta ontología plana no considera jerarquías entre una esponja, la felicidad, la mirada de una foca o Santiago Kovadloff.

Graham Harman considera que todo lo que es, es un objeto, y todos los objetos son iguales: cualquier objeto puede ser sujeto de cualquier otro, todos tienen conciencia, y esa conciencia también es un objeto. Esta ontología plana no considera jerarquías entre una esponja, la felicidad, la mirada de una foca o Santiago Kovadloff.

Cada objeto es una realidad insondable que ningún otro objeto puede conocer plenamente. Los objetos se conocen entre sí solo por algunas de sus propiedades: el martillo se relaciona con el clavo sin ver su color, un padre ama su hijo sin conocer su sabor. Por esta incognoscibilidad, los objetos pueden articularse formando hiperobjetos, como una dentadura o una sociedad, pero siempre serán menos que cada una de sus partes.

El sujeto no es una categoría separada, no hay distinción entre la primera y la tercera persona: cada persona es el grado cero, irreductible a sus relaciones, que eventualmente puede asumir una modalidad relacional subjetivante. Esa relación, por si queda alguna duda, también es un objeto. 

“UNA ORGÍA DIGITAL DE ESTUPIDEZ”

2011 pudo haber sido el año del realismo filosófico. Ese año se editó la compilación The Speculative Turn, donde los realistas especulativos pudieron intercambiar con sus mayores, como Alain Badiou, Bruno Latour o Slavoj Žižek. Maurizio Ferraris, viejo discípulo de Vattimo, abjuró de su posmodernismo, publicó un Manifiesto del Nuevo Realismo y convocó a un congreso del mismo nombre. Las ideas realistas circulaban en revistas como Collapse, Speculations, Parrhesia, además de cientos de blogs: el realismo especulativo era la primera escuela filosófica de la web 2.0.

Hasta que Brassier se cansó: “El ‘movimiento del realismo especulativo’ solo existe en la imaginación de un grupo de blogueros que promueven una agenda por la cual no tengo ninguna simpatía. No creo que internet sea un medio apropiado para el debate filosófico serio, ni creo que sea aceptable intentar confeccionar un movimiento filosófico digital utilizando los blogs para explotar el entusiasmo desnortado de unos estudiantes impresionables de posgrado. Veo poco mérito filosófico en un movimiento cuyo logro más señalado hasta ahora es haber generado una orgía digital de estupidez”.

“El ‘movimiento del realismo especulativo’ solo existe en la imaginación de un grupo de blogueros. No creo que internet sea un medio apropiado para el debate filosófico serio, ni creo que sea aceptable intentar confeccionar un movimiento filosófico digital utilizando los blogs para explotar el entusiasmo desnortado de unos estudiantes impresionables de posgrado”, dice Brassier

El realismo especulativo parece haber muerto pero queda su progenie: Markus Gabriel, discípulo de Ferraris y exitoso divulgador mediante charlas TEDx y libros como ¿Por qué el mundo no existe?; o Reza Negarestani, el escritor iraní que lleva el racionalismo de Brassier hasta el transhumanismo. Dentro de la OOO de Harman se destacan el filósofo y psicoanalista texano Levi Bryant, el profesor de literatura y ecologista Timothy Morton y el diseñador de videojuegos Ian Bogost, además del novelista y niño prodigio francés Tristan Garcia, autor de Forme et objet.

POLÍTICA DEL NUEVO REALISMO

El realismo especulativo parece haber encontrado su hogar en la teoría estética: Harman y DeLanda dan clases en facultades de arquitectura, Meillassoux usa sus matemáticas para interpretar poemas de Mallarmé, muchos de los nuevos cultores del realismo son escritores, como Eugene Thacker o el autor de terror Thomas Ligotti, prologado por Brassier. Además los intentos de estética realista más sistemáticos de James Trafford y Suhail Malik.

En el mundo de la política, su legado es más confuso: el transhumanismo, la cosificación total de las relaciones y el nihilismo atraen tanto a la izquierda aceleracionista como a los neorreaccionarios. De cualquier forma, su ontología objetivista niega cualquier práctica transformadora. Al decir de Tomas Borovinsky: si “posmodernos” como Laclau y Rorty desarrollaron sendas teorías políticas renunciando a la idea de un mundo y un hombre “reales”, el realismo especulativo recupera una teoría del mundo y todo lo demás pero sin política. Más productiva, pero menos original, es la crítica de Ferraris: para él la renuncia filosófica y política al realismo dejó un vacío que llenó el “realitysmo”: la construcción mediática de la realidad, que termina con Berlusconi (o Trump, o Bolsonaro) en el gobierno.

En Argentina, el posmodernismo llegó con los talleres de Tomás Abraham en los ‘80 y adquirió visibilidad en los ‘90 con los libros de Beatriz Sarlo, Juan José Sebrelli y Esther Díaz. Sin embargo, no fue hasta el nuevo siglo que se difundió por la sociedad: los debates kirchneristas en torno al relato y la construcción de sentido, la renuncia duranbarbista a un principio de identidad y realidad políticas, y la “deconstrucción” como rito iniciático y aprendizaje político para los nuevos movimientos sociales, entre otros, parecen indicar que vivimos un momento de poskantismo intenso: un relativismo cultural militado con la fe ciega de un absoluto. Y una vez más, la web 2.0 facilitando la orgía digital de deconstrucción.

Los debates kirchneristas en torno al relato y la construcción de sentido, la renuncia duranbarbista a un principio de realidad política, y la “deconstrucción” como rito iniciático para los nuevos movimientos sociales, entre otros, parecen indicar que vivimos un momento de poskantismo intenso: un relativismo cultural militado con la fe ciega de un absoluto.

En ese sentido, el nuevo realismo, con todos sus límites, puede contribuir a despejar el camino. Una nueva tesis sobre Feuerbach que nos demande ya no comprender ni transformar la realidad, sino al menos reconocerla.

 

Alejandro Galliano

Alejandro Galliano

Licenciado en Historia y periodista. Es co-editor de Panamá Revista y colaborador de revista Crisis. Se desempeña como dibujante bajo el seudónimo de Bruno Bauer. En twitter es @bauerbrun.

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