Por un periodismo sin careta: entrevista a Andrew Fishman, editor de The Intercept Brasil

En el marco de la convención Media Party, que se realiza todos los años en Buenos Aires para discutir, producir y presentar innovaciones en el periodismo, La Vanguardia dialogó con Andrew Fishman, managing editor (gerente editorial) de la sucursal brasileña de “The Intercept”. Fishman propone repensar el rol del periodista en tiempos de exceso de información y exposición. Por un periodismo más preocupado en explicar las noticias que en el qué dirán desde la audiencia.

La Media Party es como la Creamfields del periodismo, con la ventaja de que es en el Konex y gratis. La asistencia de periodistas, editores y programadores de los medios más prestigiosos del mundo la convierte en la más destacada de América Latina. De todos los editores extranjeros invitados, Andrew Fishman es, por lejos, el más joven. Promedia los treinta.

Fishman se especializa en seguridad, tecnología y Derechos Humanos. Trabajó con los documentos clasificados de la CIA, filtrados por Edward Snowden, que desembocaron en la fundación de The Intercept en el 2014. La misión del medio, según reza su página web, es hacer un periodismo sin miedo y de choque. Investigar, desarmar narrativas y hacerlo accesible a la audiencia.

En Estados Unidos -y especialmente en el ecosistema progresista, The Intercept es uno de los medios que más ha crecido en los últimos años, con un repertorio de artículos que se volvieron virales. Fruto de ese éxito fue la decisión de expandirse. Fishman propuso hacerlo en Brasil, donde una enorme audiencia potencial y un sistema de medios hiper centralizado ofrecían un desafío único para hacer un periodismo disruptivo. The Intercept Brasil se lanzó en el 2016 y Fishman se radicó en Río de Janeiro para dirigirlo.

“Todos quieren cambiar al periodismo, pero nadie quiere cambiar el modo en el que hacen periodismo”.

¿Está en crisis el periodismo?

El periodismo está totalmente en crisis. Hay muchas razones, pero la principal es una que se podría tratar en terapia: todos quieren cambiar al periodismo, pero nadie quiere cambiar el modo en el que hacen periodismo. Se cree que existen normas y que siempre fueron de una manera. La idea de que nuestro trabajo es contar las cosas de un modo imparcial y neutral es en realidad un concepto bastante nuevo. Empezó con los noticieros de televisión en Estados Unidos, porque vos tenías tres canales grandes que querían llegar a una audiencia masiva. El modelo era no ofender a nadie, no criticar: simplemente contar los hechos. Hoy, en tiempos de redes sociales, donde todos estamos expuestos, la gente, sobre todo los jóvenes, entiende eso. Entiende que cuando un periodista aparece fingiendo ser otra persona, cambiando su voz, no es real. No se le cree.

¿Entonces el primer problema sería que el periodismo intenta ser imparcial cuando es imposible serlo?

Absolutamente. Tenemos que sincerarnos, admitir que somos seres humanos y tenemos opiniones que pueden ofender a algunos. Existe una concepción de que el periodismo tiene que ser imparcial, y para mí eso no es una virtud. Tenemos que deshacernos de esa mentalidad.

Muchos creen que ser imparcial es una virtud porque les permite a los periodistas investigar a todos por igual.

Uno tiene que ser capaz de investigar a todos, pero solo porque escribiste una nota, digamos, hablando mal de Macri y otra hablando mal de los Kirchner no significa que lo estás haciendo bien. Yo creo que el periodista, en un sentido más amplio, debería guiarse por sus ideales: luchar por una sociedad justa, no dejar a la gente robar, mentir o explotar a los que tengan menores capacidades o recursos. Si no puedes defender esas cosas, entonces estás haciendo relaciones públicas.

¿Cómo podemos recuperar la confianza?

Tenemos que ser honestos acerca de nuestro origen. Si vos decís que sos un periodista que únicamente cuenta los hechos cuando en realidad estás expresando tu punto de vista a través de la historia que seleccionaste y la gente que entrevistaste, entonces estás engañando a tu audiencia. Así como la gente dejó de creer en la política, tampoco cree en el periodismo porque lo considera como parte del mismo establishment. Nosotros en The Intercept tomamos riesgos, atacamos. Muchas veces nos critican por atacar a partidos con el que compartimos ideales, como si estuviéramos atacando a nuestro bando. Y ahí está el problema: nosotros no tenemos un bando, tenemos principios.

Es difícil criticar a un lado cuando te acusan de hacerlo para favorecer al otro. 

Lo más importante para hacer un buen periodismo es aceptar que la gente te va a odiar. Y que eso es parte de nuestro trabajo. Si estamos haciendo una investigación sobre alguien que cometió un hecho de corrupción queremos que esa persona nos odie. Queremos que sus seguidores nos odien. No es nuestra meta, pero tenemos que aceptarlo. Estamos atacando sus intereses financieros o su reputación porque nosotros creemos que eso que estamos escribiendo es verdad. No nos debería importar si nos amenazan con demandas judiciales o en redes sociales. Hicimos nuestra nota.

¿Se puede seguir hablando de “verdad” en el periodismo?

 A mí no me gusta la forma en la que se utiliza el concepto de verdad en el discurso público o en el periodismo. Muchos hablan de la verdad como meta final. Es muy fácil decir que representás a la verdad, pero ésta siempre es subjetiva. Aunque vos puedas escribir algo que sea verdadero, sin contexto es una distorsión. Lo que podemos hacer -y lo que me gustaría hacer más- es enfocarnos menos en la primicia y en “esto pasó” y más en volver atrás y explicar lo fundamental de por qué la narrativa de lo que estamos viendo no es del todo cierta. Se puede ver en varios temas. La asunción en todos los países de que la seguridad social está en bancarrota y que el recorte es inevitable. No es cierto en la mayoría de los casos. Hay muchas cosas que se pueden hacer. En Estados Unidos se habla todo el tiempo de esto. Y hay una solución muy simple: podés aumentar 1% los impuestos, que no es nada. En Brasil están diciendo lo mismo, pero nadie dice que el 25% de los beneficios van al 2% de la población, que son privilegiados y poderosos.

“Lo más importante para hacer un buen periodismo es aceptar que la gente te va a odiar. Y que eso es parte de nuestro trabajo”.

La distorsión aparece con más fuerza en tiempos de redes sociales, donde los lectores se agrupan en burbujas. ¿Cómo puede el periodismo convivir con esto?

Una cosa que nosotros hacemos en nuestro trabajo es criticar a los medios: le enseñamos a la gente a leer las noticias. Una figura común en el periodismo es el columnista experimentado, que sabe todo y es visto como “la voz de la verdad”, cuando muchas veces dice cosas sin sentido o que no son ciertas. Entonces nosotros intentamos desmontar lo que está mal, pero también por qué lo dijeron y quién se beneficia de lo que ellos dijeron. De esta forma los lectores lo van a identificar más fácilmente cuando se encuentren con un caso similar en el futuro.

¿Cuáles pueden ser algunas de las claves para atraer lectores jóvenes?

Nosotros escribimos pensando en un chico de dieciséis años que está estudiando para ir a la universidad y es el primero de su familia en intentarlo. Su papá no es un profesor, que le podría dar indicaciones sobre dónde buscar información. Pensamos en gente que no tiene esa red de conexiones que les diga dónde está la información buena: necesitamos hacerla accesible y explicarla. Cuando llegué a Brasil y empecé a leer los diarios, podía entender a la perfección el idioma pero no entendía el contenido de las noticias. Estaban escritas en una jerga complicada, difícil de entender, que parecían dirigidas a especialistas o gente que ya tenía conocimiento sobre el tema. Eso es terrible si estamos intentando llegar a una audiencia joven; y esta es una de las razones por las que ellos no nos leen. Nosotros tenemos que procesar la información, entenderla y escribirla de forma coloquial, simple. Otra solución es pensar en nuevos formatos, como el video: hay un exceso de información y no todos tienen tiempo para leerla, entonces se pueden hacer videos explicativos, breves.

Para terminar, ¿cuál debería ser la función del periodismo hoy?

Forzar al poder a rendir cuentas, dándole voz a la sociedad y en especial a los mas vulnerables. Usar el conocimiento, recursos, la fuerza y las ideas para pelear por una sociedad mas justa, equitativa y menos atada a unos pocos millonarios que controlan todo. Si crees en una sociedad democrática, los poderosos deben tener alguien que les impida salirse con la suya. Si quieres llamarle a eso activismo, ese es tu problema; si quieres llamarle a eso ser parcial, ese es tu problema. Para mí el propósito del periodismo es mejorar la sociedad. No solamente contarle a la gente lo que pasa.

 

Fotos de Hangyu Lee

Juan Elman

Juan Elman

Periodista especializado en política internacional. Estudiante de Ciencia Política.

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