El adiós a Roberto Chediak

El reconocido médico y militante socialista mendocino falleció este martes a los 82 años, tras una vida consagrada a la política y los derechos humanos. Pediatra y humanista, su compromiso vital lo mostró activo en diferentes ámbitos, siempre con las banderas de la igualdad, los derechos humanos y la salud pública.

Ayer murió Roberto Chediak. Médico, socialista, defensor de los derechos humanos, de la paz y la justicia social. No sé cuando fue la última vez que charlamos. Hace poco. Seguía con su idea de poner en valor en los espacios públicos a los grandes humanistas de la historia y compartir sus ideas, proponer alternativas. Hay personas que te marcan, sin quererlo.

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Un domingo a la noche, a principios de los ’70, conocí a Roberto Chediak. Me atendió en una clínica, posiblemente por alguna tos del invierno. Lo volví a ver en 1997: esta vez yo era periodista y él un concejal socialista de la Municipalidad de Godoy Cruz, con una trayectoria en la medicina social, la defensa de la paz, la democracia y los derechos humanos. Me dijo: “Yo quiero estar con los pobres pero quiero que no haya más pobreza. Esa es la diferencia: no hay que glorificar a la pobreza, hay que eliminarla. Hoy, a los que dicen que se murieron las utopías, les contesto que terminar con la pobreza es técnica, económica y humanamente posible. Esa es mi utopía.”.

Porque, además de muchas cosas, Roberto Chediak fue un médico pediatra que trabajó en el este y oeste de Godoy Cruz, en Mendoza, pero que se involucró no sólo en la medicina sino también a las cuestiones sociales. Fue consultor de la Organización Panamericana de la salud en los ‘80 y se especializó en salud pública en Colombia. Contaba en aquella entrevista en el diario Los Andes, en noviembre de 1997 que “era médico de barrio hasta que me fue a buscar la Triple A en noviembre de 1975”. Llegó entonces el exilio, en Colombia primero y Costa Rica después. Convencido de los postulados de la revolución sandinista que en 1979 terminó con el régimen de la familia Somoza en Nicaragua, se inscribió en una brigada de salud para colaborar en ese país. “Fue una experiencia impactante, Cuando llegué a la frontera de Nicaragua, encontré colgado un cajón de lustrador donde decía: ‘La revolución se ha hecho para que nunca más un chico tenga que lustrar botas’. Era un período de mística revolucionaria”.

Encontró en la política el instrumento para trabajar y participar en la construcción de una sociedad más equitativa e igualitaria.

De regreso en la Argentina, estuvo fuertemente relacionado con referentes barriales como el recordado Padre Contreras: juntos asumieron la promoción de los derechos sociales en las zonas más vulneradas. Encontró en la política el instrumento para trabajar y participar en la construcción de una sociedad más equitativa e igualitaria, es así que fue concejal y subcoordinador del Área de Salud en Godoy Cruz.

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Continúa la entrevista, casi 20 años atrás, al entonces concejal socialista:

-¿Le sirvió su experiencia como médico de villas en Mendoza?

– Muchísimo. Estaba acostumbrado a trabajar sin medios. Yo soy pediatra, pero siempre he ejercido como médico de familia. Los años me enseñaron a rescatar la relación con la persona, más allá de los adelantos técnicos: si no entendés a la gente no la podés curar.

– ¿Cómo era su trabajo antes del exilio?

– Los sábados iba gratis al barrio Flores, donde también trabajaba el cura Macuca Llorens. Allí se hacía de todo: tenías que ocuparte del agua, la basura y la fiebre de un chico. Entender la relación de la salud con la calidad del trabajo, la alimentación, la pobreza y el desempleo, era fundamental para encontrar soluciones. Esa experiencia me hizo comprender los aspectos sociales de la medicina.

– ¿Hacían militancia social?

– Estábamos inmersos en un proceso de luchas sociales. Nuestro trabajo estaba vinculado con el auge de los movimientos sociales, que tenían clara dimensión política. Por ejemplo, el trabajo de Llorens no podés reducirlo a la formación de cooperativas, sino que le estaba dando una nueva dimensión a la participación social. Con el tiempo, la gente logró entender que la salud se conseguía con algo más que una visita a un consultorio.

-¿Por ejemplo?

– En una época, muchos niños padecían enfermedades de la piel. Vivían rodeados por animales en un lugar muy sucio. Les propuse alejar los caballos, pero se negaron porque ese era su medio de vida. Llegamos a un pacto: durante un mes sacaron los caballos, pero si los chicos no se curaban, los devolvían. Dio resultado y al poco tiempo se acabaron las enfermedades.

– ¿Hoy sigue ejerciendo de la misma manera?

– Estoy un poco alejado, pero hasta hace poco estuve trabajando en el centro de salud del barrio de La Gloria. Allí me puse en contacto con el cura Jorge Contreras y formamos una coordinadora junto a las señoras del barrio, las monjas y la unión vecinal. Siempre me he sentido identificado con el trabajo social, pero no coincido con los que quieren estar con los pobres buscando una manipulación política que beneficie al gobierno.

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Hay personas que te marcan, sin quererlo. Se lo dije y me esquivaba. Nunca nos pusimos de acuerdo sobre ese primer encuentro entre el niño y el pediatra. Me hablaba del cuidar la salud. Entonces lo jodía, le decía que me había dado mucha vitamina y me había dejado así de gordo.

Creía que la política debe ser el instrumento de la razón para una humanidad feliz y una sociedad más justa.

Estas conversaciones fueron hasta hace poco. Trabajamos juntos. Él era miembro del Consejo Consultivo de Derechos Humanos de la Municipalidad de Godoy Cruz y yo director de Prevención, Participación y Derechos Humanos. A los 82 años se venía desde la finca en Coquimbito, golpeaba la puerta y tiraba más y más proyectos.

La salud es un bien escaso, pero Roberto se divertía hablando de su pacto con el Diablo. Vida eterna, placeres eternos. Y más tiempo para escribir: porque, decía, hay que contar ideas, porque otro mundo es posible, porque no podemos callar, porque el progresismo debe ser el instrumento de la razón para una humanidad feliz, una sociedad más justa. Fue autor de los libros Memoria y Futuro y Recuerdos y Caminos, y decenas de columnas de opinión, publicaciones científicas nacionales e internacionales, relacionadas con la salud pública. Fue distinguido con la distinción Sanmartiniana (2005) que otorga la Legislatura  de Mendoza, entre muchos otros reconocimientos.

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QUIÉN ERA ROBERTO CHEDIAK

Médico pediatra, estudió en la Universidad Nacional de Cuyo. Trabajó como médico en el Hospital Emilio Civit (1965-1975). Fue médico Ad Honorem en el Barrio Flores de Mendoza (1970-1973). Exiliado entre 1976 y 1984 en Colombia y Costa Rica. En ese periodo integró la Comisión de Solidaridad con el Pueblo Argentino contra la Dictadura Militar en Colombia y Costa Rica. Master en Salud Pública en la Universidad Nacional de Colombia (1979), investigador en Salud Laboral y Medio Ambiente en el Consejo Superior Universitario Centroamericano de Costa Rica (1979-1984), consultor de la Organización Panamericana dela Salud en varias oportunidades (1980-1984). Integró la Brigada de Salud en Nicaragua (1979-1981). Fue médico en el Centro de Salud del Barrio La Gloria (Godoy Cruz, Mendoza, 1985-1995). Subcoordinador de Salud en el Área de Godoy Cruz. Concejal en esa misma ciudad por el Partido Socialista en el Frepaso (1995-1999). Miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, de la Comisión por la Memoria de la Legislatura Provincial y militante de Movimientos Pacifistas. Autor de innumerables publicaciones en periódicos locales y de los libros “Memoria y Futuro” y “Recuerdos y Caminos”. Fue miembro fundador del Movimiento Integral de Salud en Mendoza y del Foro de Opinión Ciudadana. Integró la Comisión de Seguimiento de Políticas Penitenciarias junto a Jorge Contreras y Luis Triviño. Trabajó en Educación Popular en Salud durante varios años. También en Salud Pública y Medicina Social a nivel de investigación Provincial e Internacional. Realizó publicaciones científicas en ambitos nacionales e internacionales en temas relacionados con la salud pública. Realizó disertaciones sobre salud, temáticas sociales y políticas en diversos ámbitos provinciales, nacionales e internacionales. Recibió numerosas distinciones: Distinción Sanmartiniana de la Legislatura Provincial, de la Cámara Empresarial de la Ciudad de Mendoza (2005), distinción de “Los Vecinos” (2000). Fue candidato a distintos cargos electivos por el Partido Socialista.

 

 

 

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Martín Appiolaza

Martín Appiolaza

Licenciado en Comunicación Social y Magíster en Política y Planificación Social (UNCUYO). Director de Prevención, Participación Comunitaria y Derechos Humanos de la Muncipalidad de Godoy Cruz (Mendoza). Profesor universitario. Militante Socialista.

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