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Segundo acuerdo con el FMI: ¿de la bicicleta a la calesita?

El nuevo acuerdo con el Fondo ha impuesto una serie de condiciones y forzado nuevas medidas del BCRA (junto con el recambio de sus autoridades). La profundización del ajuste fiscal exigido -el “déficit cero”- no soluciona el problema de fondo que es la falta de dólares de la economía y eso lleva a una pregunta crucial: ¿qué opciones le quedarán al gobierno cuando el ciclo de bicicleta financiera se agote?

El nuevo acuerdo con el FMI y las políticas emprendidas por el BCRA tienen el objetivo de contener la vorágine cambiaria en el corto plazo y apaciguar al Fondo ante todos nuestros incumplimientos del primer acuerdo, para mantener así su aval político. De hecho, en buena medida Caputo sale del BCRA por incumplir el acuerdo con el FMI, que le impedía intervenir fuertemente en el mercado de divisas para contener el precio del dólar. Sturzenegger tuvo que renunciar, paradójicamente, por cumplir ese punto, que implicó una disparada dela divisa norteamericana que terminó con su gestión al frente del BCRA. El gobierno acordó el “Fortalecimiento del Programa” firmado en junio de este año. Con esto, se mejora el “monto y el perfil de desembolsos” para despejar dudas sobre el programa financiero, es decir, se intenta ahuyentar totalmente el riesgo de default. Además, se adelantan parte de los fondos comprometidos para 2020 y 2021 a 2019 y 2018, teniendo hasta fines del año próximo un monto adicional disponible de 19.000 millones de dólares. Asimismo, el monto total del acuerdo con el FMI se eleva de 50.000 a 57.100 millones de dólares.

La política monetaria restrictiva tendrá efecto contractivo sobre la actividad económica: acentuará la recesión provocada por el ajuste fiscal.

A partir del 1° de octubre el BCRA implementará un nuevo esquema de política monetaria para controlar la inflación y que implica abandonar las metas de inflación (esquema que suponía subir la tasa de interés toda vez que la inflación superara la meta). Específicamente, el BCRA se compromete a no aumentar el nivel de la base monetaria hasta junio de 2019. Esta meta implica una importante contracción monetaria, ya que la base ha mostrado una expansión superior a 2% mensual en los últimos meses, mientras que ahora dejará de aumentar. Adicionalmente, indicadores preliminares anticipan que la inflación de septiembre será elevada, y en los meses siguientes todavía se verificará un traspaso a precios de la suba del tipo de cambio de agosto. Por lo tanto, la base monetaria se estará contrayendo fuertemente en términos reales en los próximos meses.

RECONOCER EL FRACASO

Esta política monetaria restrictiva tendrá también un importante efecto contractivo sobre la actividad económica, acentuando la recesión provocada por el ajuste fiscal. Asimismo, la decisión de no aumentar la base monetaria es contradictoria con la política previa, donde la base monetaria crecía, entre otras razones, por la emisión del BCRA destinada a pagar los abultados intereses de las LEBAC. EL BCRA eligió la base monetaria como instrumento para contener la inflación por considerar que es aquel instrumento sobre el que tiene mayor control directo y porque los objetivos económicos están centrados en la cuestión monetaria. Esto representa además reconocer el fracaso del esquema de metas de inflación, es decir los primeros dos años y medio de gestión económica.

La meta monetaria será implementada mediante operaciones diarias de Letras de Liquidez (LELIQ) con los bancos, mientras que el BCRA continuará con el cronograma de desarme de LEBAC. La tasa de las LELIQ será la variable de ajuste, lo cual implica que subirá todo lo que sea necesario para reducir el dinero en circulación. El BCRA asume el compromiso de mantenerla en un valor mínimo de 60% hasta que haya evidencia definitiva de la desaceleración inflacionaria. En pocas palabras, ahora la tasa de interés se moverá diariamente, no siendo fijada directamente por el BCRA. Este punto, junto con la restricción de la base monetaria, son compartidos con la política económica de la convertibilidad, con la diferencia de que en aquel sistema el tipo de cambio estaba fijado, y ahora flota con libertad dentro de las bandas definidas.

Así, si bien se cambia la herramienta, el enfoque es similar: se sigue intentando controlar la inflación sólo desde la política monetaria, ignorando otras de sus causas (algunas evidentes en la vida cotidiana) como la suba del dólar y las tarifas, la inercia, la puja distributiva y la concentración económica.

Aunque se cambia la herramienta, el enfoque es similar a la convertibilidad de Cavallo: se intenta controlar la inflación sólo desde la política monetaria, ignorando otras causas.

Con estas medidas el gobierno espera que ingresen dólares en el corto plazo para aprovechar las altas tasas de interés y, nuevamente, no existirá ningún tipo de encajes para éstos. Esto implica reeditar la bicicleta financiera de 2016, donde se combinaron tasas altas en pesos con dólar estable, que aseguraron ganancias extraordinarias en dólares para capitales especulativos que luego se retiraron en masa provocando las corridas cambiarias que experimentamos este año. Es importante comprender que el aumento de tasas no solo implica que haya menos dinero en circulación, sino también que se contraiga el crédito y, con él, la actividad económica.

La meta monetaria se complementa con la definición de zonas de intervención y no intervención cambiaria. La zona de no intervención se define inicialmente para un valor del dólar entre 34 y 44 pesos, se ajustará diariamente a una tasa de 3% mensual hasta fin de año y se recalibrará al comienzo del año próximo. El BCRA permitirá la libre flotación del dólar dentro de esta zona, considerando que es un rango adecuado de paridad cambiaria. Si el dólar llegara a los 44 pesos entonces el BCRA podrá vender “apenas” 150 millones de dólares por día para intentar contener el tipo de cambio, que es menos de lo que vendió en uno de cada tres días hábiles en el último mes y medio de corrida. Ese monto de ventas ha probado ser harto insuficiente para contener el precio del dólar: el esquema de vender reservas “a cuentagotas” sólo ha logrado que en la primera parte del año se pierdan más de 13.000 millones de dólares de reservas y todo esto sin lograr el objetivo buscado.

Por su parte, la banda de flotación definida implica una posibilidad de variación del precio del dólar de 30%, la cual es en extremo amplia para el precio del dólar, cuya volatilidad trae consigo inestabilidad social y política. Además, esta flotación tan amplia en realidad lo que esconde es la aceptación, nuevamente, de la exigencia del FMI de no intervenir en el precio del dólar. Política totalmente errada para un país de economía bimonetaria e historia de crisis cambiarias como la Argentina.

EL PROBLEMA DE FONDO

Asimismo, el gobierno ha vuelto a utilizar, sin demasiado éxito, la herramienta de vender dólar futuro para intentar contener el precio actual de la divisa. Esto se muestra contradictorio con la judicialización del tema que hizo Cambiemos a inicios de su mandato, más allá de la pérdida para el Estado que implicó aquella venta de dólar futuro a precios irrisorios al final del gobierno de CFK. Como resultado de este nuevo acuerdo y de las medidas tomadas, lo más probable es que las tasas de interés sean elevadas por varios meses y se profundice la recesión, al menos hasta los primeros meses del año próximo, en una visión por demás optimista. Esto implicará mayores niveles de desempleo, mayor pobreza y desigualdad de ingresos.

La profundización del ajuste fiscal, política recesiva en la que el gobierno insiste, no soluciona el problema de fondo que es la falta de dólares de la economía, excepto parcialmente por una vía indirecta y altamente costosa que es la caída de importaciones por efecto de la contracción económica.

Lo más probable es que las tasas de interés sean elevadas por varios meses y se profundice la recesión, lo que implica mayores niveles de desempleo, mayor pobreza y desigualdad de ingresos.

Estos anuncios cambian algunas herramientas, pero no el enfoque -desde nuestro punto de vista completamente equivocado-del gobierno sobre las causas de la inestabilidad económica, al tiempo que se repiten errores del pasado. Adicionalmente, cabe recordar que esto es una revisión de un acuerdo firmado con el FMI hace apenas cuatro meses y que, en teoría, iba a despejar todos los problemas que acuciaban a nuestra economía.

Asimismo, al reeditarse la dinámica de entrada de capitales especulativos para aprovechar las altas tasas en pesos, es posible que durante un tiempo el precio del dólar esté controlado, pero al costo de que eventualmente vuelvan a salir, como ya lo hicieron, generando nuevas devaluaciones y profundizando nuestra endémica inestabilidad económica. Pero luego de haber pedido fondos al FMI, prestamista de última instancia, y de haber renegociado ese primer acuerdo, ¿qué opciones le quedarán al gobierno cuando el ciclo de bicicleta financiera se agote?

EL CORTO PLAZO

La enorme inestabilidad que vivimos responde a la desconfianza de los actores económicos respecto a la capacidad del gobierno de hacer frente a los pagos de la deuda externa. Ahora se adelantaron fondos en 2018 y 2019. Pero ¿qué sucederá en 2020 y 2021? El gobierno supone que por alguna razón podrá volver a endeudarse en el mercado internacional, suposición infundada dada la tendencia a la suba de las tasas de interés de EEUU y a la no solución de los problemas de fondo de la economía argentina.

Luego de pedirle fondos al FMI, prestamista de última instancia, y de renegociar el primer acuerdo, ¿qué opciones le quedarán al gobierno cuando el ciclo de bicicleta financiera se agote?

La única forma genuina de solucionar el problema principal, la “restricción externa”, es por entrada de dólares para Inversiones (productivas y de infraestructura, no de especulación financiera) y por Exportaciones. El gobierno ha fracasado rotundamente en el primer ítem, y ni siquiera ha intentado mejorar el segundo. De hecho, acaba de gravar con retenciones a las exportaciones industriales y de servicios.

Las medidas del gobierno son sólo de corto plazo e hipotecan el mediano y largo. Sin un plan de desarrollo que, además de apuntar a generar dólares genuinos, resuelva el problema de la creciente fuga de capitales, no habrá endeudamiento ni FMI que alcance.

El chiste se reproduce por gentileza de sus autores: Daniel Paz y Rudy

 

 

 

 

 

 

 

Ana Catelén y Francisco Barberis Bosch

Ana Catelén y Francisco Barberis Bosch

Ana Catelén es Licenciada en Economía (UNMdP). Integrante de Economistas Progresistas. Ex presidenta de la Federación Universitaria Marplatense. Francisco Barberis Bosch es economista. Docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Ex presidente de la Federación Universitaria de Mar del Plata (FUM). Integra el colectivo Economistas Progresistas

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