Claves para entender la elección en Suecia (y contarlo en una sobremesa)

La socialdemocracia en declive, la extrema derecha en ascenso: Suecia deja de parecer excepcional, Suecia se acerca a Europa. Los problemas migratorios hacen tambalear a la centroizquierda y preanuncian un giro a la derecha. 

Había una vez un país del que nadie quería saber nada. ¿Para qué íbamos a preguntar, si todo le salía bien? Suecia fue, desde la posguerra, una especie de utopía andante. Un país que crecía con un desempleo bajo, mientras proyectaba la imagen de una sociedad multicultural y tolerante para el resto de Europa. Su Estado de Bienestar virtuoso, regido por la búsqueda de la igualdad real antes que la de oportunidades, hacían de Suecia un modelo para cualquier partido socialdemócrata en el mundo. Esa utopía terminó.

Las elecciones del domingo pasado, donde la socialdemocracia obtuvo el peor resultado de su historia y la extrema derecha se consolida como tercera fuerza, son simplemente una foto, una radiografía, de lo que el país viene sintiendo hace un tiempo. Después del clímax de la crisis de refugiados, la identidad pesa más que la clase. Las cosas pueden estar mejor o peor, pero la inseguridad, sobre todo en sectores medios y obreros, es real. Los índices que miden la desigualdad económica pueden pasarlo por alto, pero el descontento de los sectores rurales con las políticas que se deciden en las ciudades pone en jaque a todo el sistema político. Hola, Suecia, bienvenida a Europa.

¿QUÉ PASÓ?

Los suecos fueron a las urnas para renovar al parlamento y por consiguiente al gobierno. Los socialdemócratas fueron la primera fuerza, con el 28,4% de los votos; el partido Moderado, el más grande de la centroderecha, salió segundo con el 19,8%; los Demócratas Suecos, el partido de extrema derecha, obtuvo el tercer lugar con el 17, 6%. El resto de los partidos sacó menos del 10%. Con estos resultados, la conformación de un gobierno dependerá de los próximos meses de negociaciones y alguno de los partidos tradicionales deberá ceder: ni la izquierda ni la derecha tiene los números para imponerse.

Al igual que la mayoría de los estados europeos, Suecia tiene un sistema de gobierno parlamentario. Los votos se traducen en escaños y, para formar gobierno, los partidos deben conseguir la mayoría parlamentaria (175 escaños) o arriesgarse a gobernar en minoría. El sistema de partidos sueco, como sucede en el resto de los ex paraísos escandinavos, cuenta con un par de partidos grandes y otros pequeños, que incitan a la conformación de coaliciones para gobernar. Hoy, el partido socialdemócrata gobierna en coalición con los Verdes y es apoyado por el partido de Izquierda, de origen comunista. El bloque de la derecha está compuesto por los Moderados, los Liberales, el Partido del Centro y los Demócratas Cristianos. La izquierda suma 144 escaños, apenas uno más que el bloque de derecha. Ninguno quiere saber nada con la extrema derecha.

No se cuestiona al Estado de Bienestar construido por la socialdemocracia, y aceptado por la derecha, sino quiénes deben disfrutarlo. Por eso uno de los lemas de la extrema derecha es “Una Suecia para los suecos”.

Esta semana arrancan las rondas de consultas y se espera que duren por lo menos algunos meses. La socialdemocracia buscará moderarse y conseguir apoyo en el bloque de derecha, aunque eso podría descuidar la alianza con el resto de sus socios de izquierda. La opción más viable parece ser un gobierno en minoría del bloque de derecha, con la complicidad tácita de la extrema derecha.

¿CÓMO LLEGAMOS A ESTO?

La elección fue protagonizada por el tema preferido de los ultras: la inmigración. Al tratarse de la primera después de la crisis de refugiados del 2015, la extrema derecha desplegó todo su arsenal para que no se hablara de otra cosa. Suecia fue el país que más refugiados per cápita recibió en ese año y, si bien el número hoy ha bajado considerablemente, las secuelas quedaron. Ya no se habla de recepción sino de integración, donde se denuncia el fracaso de las políticas para integrar migrantes, de ésta y de olas anteriores, demostradas por la “guetificación” que tiene lugar en las afueras de las principales ciudades. Para la extrema derecha, esto se debe a la incompatibilidad de los inmigrantes, ya sean africanos o de Medio Oriente, con la cultura sueca.

No se cuestiona al Estado de Bienestar construido por la socialdemocracia, y aceptado por la derecha, sino quiénes deben disfrutarlo. Por eso uno de los lemas de la extrema derecha es “Una Suecia para los suecos”, similar a lo que promueven sus partidos hermanos en Dinamarca, Noruega o Finlandia, países ricos que fueron menos golpeados por la crisis del 2008.

El otro elemento que entró a jugar fue la sensación de inseguridad, en alza después de una ola de noticias sobre violaciones y enfrentamientos armados en las principales ciudades que antes no circulaban. Los enfrentamientos armados han aumentado, aunque la tasa de homicidios sigue siendo baja; y Suecia tiene un problema de violencia de género. Pero el cerco mediático que existía antes, en parte para evitar la proliferación de discursos de odio, hoy ya no existe más. En el último tiempo se publicaron decenas de investigaciones sobre violaciones y otros hechos de violencia cometidos por extranjeros. Sumémosle la campaña de desinformación impulsada por los referentes de la extrema derecha. Touché.

El voto a la extrema derecha se concentra en el interior del país, mientras que los socialdemócratas se consolidan en las ciudades (ganaron en las tres más importantes). Por primera vez, la cobertura electoral se desplazó geográficamente hacia las zonas rurales. Al igual que lo sucedido en Alemania con AfD, la extrema derecha le roba casi la misma cantidad de votos a la centroizquierda que a la centroderecha. Con una agenda electoral favorable a su discurso, los Demócratas Suecos lograron canalizar el descontento con el sistema político y consiguieron penetrar en los sectores obreros -sacaron una buena cantidad de votos entre los sindicatos que antes hegemonizaba la socialdemocracia.

Paul Levin, profesor de la Universidad de Estocolmo, lo resumió en un tweet: “La ironía es que a la socialdemocracia sueca le está yendo muy bien en la mayoría de los aspectos: subsidios generosos; educación y salud decentes para todos; prácticamente cero desempleo real, alto crecimiento y una economía innovadora con startups y empresas de tecnología. Simplemente pierden en la política de identidad”.

¿ESTO SIGNIFICA QUE LA EXTREMA DERECHA VA A CONQUISTAR EL MUNDO?

No. De hecho, si bien consiguieron el mejor resultado desde sus orígenes, la noche tuvo un sabor agridulce para los Demócratas Suecos. Algunas encuestas los situaban en el segundo lugar, pasando los 20 puntos. Como ya sucedió en las elecciones de Francia y Holanda, la extrema derecha rindió por debajo de las expectativas. Así que si alguien te dice que Suecia ha sido tomada por la extrema derecha, es mejor que te toques el bolsillo.

De todas formas, la elección marca un hito en el país y alcanza para romper el mito de la anomalía sueca. La extrema derecha ahora forma parte del sistema político. No hay vuelta atrás.

Es posible que en los próximos años el cordón sanitario que funciona desde hace un tiempo en la política sueca se empiece a romper. Este funciona a dos niveles: tanto el conjunto de partidos, en general, como el bloque de derecha, en particular, se niegan a cooperar con la extrema derecha en gestiones nacionales y regionales. El mismo funcionaba hace algunos años en los países vecinos, pero se terminó rompiendo. Todo indica que, a la corta o a la larga, la extrema derecha va a formar parte de algún gobierno, nacional o subnacional. Algunos referentes de los Moderados, el partido más grande del bloque de la derecha, ya pugnan por un acercamiento tal.

La elección marca un hito en el país y alcanza para romper el mito de la anomalía sueca. La extrema derecha ahora forma parte del sistema político. No hay vuelta atrás.

Malas noticias: la llegada de la extrema derecha al gobierno, como líder o socio formal o informal, no les hace perder apoyo considerable. Así lo demuestran las experiencias de Noruega, Finlandia, Austria e Italia, entre otras, donde esos partidos no han desaparecido pese a la “contaminación” de la gestión.

¿Más malas noticias? El sistema político sueco ya ido virando hacia la derecha, aceptando -con matices o no- algunas de las políticas de la extrema derecha, sobre todo en materia migratoria o de seguridad. La socialdemocracia ha endurecido su política migratoria en los últimos años de gobierno y el discurso de la centroderecha se radicalizó considerablemente. Incorporar propuestas de la extrema derecha a la agenda de la política tradicional tampoco les ha hecho perder peso en el resto de Europa.

Los propios Demócratas Suecos se han preparado para insertarse en el sistema político. Bajo el liderazgo de Jimmie Åkesson, el partido ha emprendido una campaña de limpieza de imagen, expulsando los elementos neonazis que se encontraban desde los orígenes del partido en los 80 y aplicando una política de “tolerancia cero” con el racismo, aunque todavía quedan algunos resabios.

Suecia espera por meses de inestabilidad política, con una socialdemocracia que debe repensarse, una extrema derecha que llegó para quedarse y un debate público enrarecido, corrido hacia los extremos y teñido de xenofobia.

La política sueca ya cambió.

Europa le da la bienvenida.

 

Juan Elman

Juan Elman

Periodista especializado en política internacional. Estudiante de Ciencia Política.

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