Peregrinando al Fondo

Ante una crisis económica ya indisimulable, el gobierno de Macri tuvo una de sus semanas más difíciles. Los rumores y trascendidos poco han contribuido a sembrar tranquilidad. El gobierno requiere, una vez más, que el FMI le ofrezca dólares y, sobre todo, apoyo para evitar, aunque sea por un rato, el naufragio. 

Fue un lunes cargado de expectativas luego de un fin de semana muy agitado para el gobierno. Las palabras del Presidente y las de su Ministro de economía se hicieron desear más de lo previsto, generando un mayor nivel de ansiedad -que ya era mucha- entre los ciudadanos que las esperaban. Las versiones dan cuenta de un intenso nivel de actividad en el cual se analizaron innumerables opciones de medidas para salir a enfrentar a los mercados a partir del día lunes 3 de septiembre.

Esta prueba de fuego parcial ha sido la primera batalla de muchas que quedan por delante. Comenzó con las palabras del Presidente, quien, en una exposición deslucida, continuó con la línea argumental de atribuir el mayor peso de la crisis a factores ajenos a su responsabilidad.

En un estado notorio de preocupación (sobreactuado por cierto), realizó un descargo muy moderado de autocrítica, insistiendo con consignas gastadas de optimismo marketinero y apelaciones emocionales que convencen e interpelan cada vez a menos.

La realidad nos muestra nuevamente a un Ministro de nuestro país implorando por el perdón del organismo financiero internacional.

La definición más concreta ha sido la ratificación respecto del rumbo general de sus políticas, sólo aceptando la necesidad de imprimirle un ritmo mayor a las mismas. En síntesis: más de lo mismo, pero más profundo y más rápido.

Minutos más tarde, llegó el turno de Nicolás Dujovne. El Ministro de la refundada cartera de Economía confirmó las medidas que ya se rumoreaban desde un par de días atrás. Concretamente, el objetivo central de las mismas es el de alcanzar el “déficit cero” para 2019, mediante un programa de ajuste en el gasto y un crecimiento importante de la recaudación.

Los recortes serán en obra pública, subsidios y gastos operativos. Por el lado de los ingresos se definió un nuevo esquema de retenciones: la soja y derivados pasan al 18%  y se agregan retenciones de 4 pesos por dólar para las exportaciones primarias y de 3 pesos por dólar para las exportaciones industriales y de servicios. Asimismo, se posterga por un año de la suba del mínimo no imponible de las contribuciones a la Seguridad Social.

Pero falta otra batalla. La más dura y definitoria es la que enfrenta Dujovne junto a su equipo frente a los funcionarios del Fondo Monetario. Momento complicado para explicar y tratar de que entiendan cómo fue posible que lo acordado hace tan poco tiempo ya no se puede cumplir. Más difícil aún será explicar la mentira del presidente anunciando un nuevo acuerdo con el Fondo que no existía (y que llevó al Ministro a presentar una renuncia que no fue aceptada).

La realidad nos muestra nuevamente a un Ministro de nuestro país implorando por el perdón del organismo financiero internacional. A cambio del apoyo crediticio solicitado se somete la política económica de nuestra Nación a los arbitrios de las decisiones del Fondo, mal llamadas “recomendaciones”.

Específicamente, lo que el gobierno busca es que le adelanten fondos previstos para 2019 y un permiso explicito a usar reservas para contener el dólar.

El acuerdo final demorará unos días, pero hay conclusiones que ya se pueden sacar: los problemas que enfrenta la economía argentina no serán solucionados con el endeble programa que ofrece Dujovne al Fondo.

Evidentemente el manejo de una crisis de estas características requiere de acciones coordinadas y de aplicación inmediata, pero deben ser mucho más que un simple recorte del gasto público y un incremento de retenciones.

Para conseguir un cambio en las expectativas es imperioso lograr un amplio acuerdo político, social y económico que incluya a la oposición política, y también a los principales actores sociales y económicos del país.

Se necesita un plan de corto plazo que contemple los siguientes ejes:

  1. Estabilizar el tipo de cambio con un esquema de flotación administrada que mantenga la competitividad del tipo de cambio y frene la corrida cambiaria.
  2. Eliminar totalmente el endeudamiento de corto plazo el LEBACS desactivando el esquema de tasas elevadas que subyace en este mecanismo.
  3. Frenar el creciente endeudamiento externo en moneda extranjera.
  4. Reducción del déficit fiscal con mayores ingresos y austeridad en lugar de ajuste.
  5. Estimular la reactivación de la economía.
  6. Implementar medidas concretas y efectivas para controlar la inflación.

Está más que claro que  al cabo de casi tres años de gestión el gobierno ha perdido gran parte de su credibilidad por la ausencia de un plan consistente, y es precisamente la falta de confianza lo primero que debería resolver para intentar paliar la crisis. Para conseguir un cambio en las expectativas es imperioso lograr un amplio acuerdo político, social y económico que incluya a la oposición política, y también a los principales actores sociales y económicos del país.

La validación de nuevas políticas a partir de la construcción de consensos es el punto de partida para poder dejar atrás las urgencias que plantea la compleja coyuntura.

El desafío para el futuro será el de decidirnos a transitar el camino de la soberanía, desatando las ataduras y  los condicionamientos que, lamentablemente, dejará el gobierno de Cambiemos como herencia para el futuro.

El camino de la soberanía requiere de audacia y esfuerzo para implementar un Plan de Desarrollo sustentable que nos permita cambiar la realidad. En cambio, el camino del sometimiento nos ofrece lo de siempre: humillación, atraso y pobreza. Depende de nosotros.

Alexis Dritsos

Alexis Dritsos

Economista graduado de la Universidad de San José, California.

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