Marchando bajo la lluvia

Bajo la lluvia, con truenos y un viento gélido de sudestada, miles de personas se manifestaron para pedir en contra de los recortes a la educación. Los truenos no cesaban y eran parte del paisaje. Las bombas de estruendo y los bombos también tronaban, desafiando al clima adverso y el silencio oficial.

Desde la mañana se presentía un jueves negro: el Banco Central debió elevar de 45% a 60% las tasas de interés en un intento desesperado por detener la depreciación del peso, que de todos modos se devaluó, siguiendo la tendencia de los días previos, un 9,6% frente al dólar. En el peor momento de la jornada, el peso llegó a perder el 16% de su valor. La incertidumbre  y los temores frente a una crisis –y que evoca experiencias pasadas no tan lejanas- fueron un tema central y constituyeron el escenario previo de una marcha que desde la mañana ya se preveía multitudinaria.

Desde las 17 horas, el Congreso de la Nación fue el lugar de concentración de miles de personas que exigían mayor presupuesto para la educación pública y salarios dignos para los docentes. La sensación de incertidumbre frente a la economía y las consignas en contra del macrismo fueron las constantes durante toda la tarde, inquietud y fastidio frente al gobierno.

El clima del jueves no acompañó para nada. El viento y la lluvia fueron incesantes, pero eso no detuvo a ningún manifestante.

Una chica con un megáfono agita “¡¡Qué viva la Universidad pública!!”, un grupo de profesores en el medio de la lluvia acompañan la arenga y responden: “¡¡Viva!!”, otros aplauden y un grupo revisan el celular para ver el cierre del dólar. Algunos comparten los paraguas para empezar a caminar.

Los vendedores de pañuelos aprovechan, venden el ya célebre pañuelo verde a favor del aborto legal, el naranja a favor de la separación de la Iglesia y del Estado, y suman uno azul (“no celeste, ese es el de las dos vidas”, aclara Raúl, el vendedor de ese producto tan en boga en estos días) a favor de la educación pública y gratuita.

“Es importante visibilizar un problema que viene de larga data: la precariedad del trabajo y sueldo docente que, si bien aminoró durante el kirchnerismo con financiamiento a nuevas universidades y más fondos para investigación, con el macrismo viene a la baja. Además de un claro intento de transferir recursos del sector público al privado como hicieron en Ciudad de Buenos Aires con la escuela primaria: precarizar lo público para empujar a la gente a recurrir al sector privado. Es decir, se combina la falta de presupuesto y el ataque a lo público. La importancia para nosotros es aunar las fuerzas de diferentes gremios, de docentes con diferentes ideologías, que hoy reconocen la falta de voluntad del macrismo de preservar lo público. Incluso lo reconocen los rectores, porque la falta de presupuesto afecta el funcionamiento total de la universidad, no sólo salario” dice Dhan Zunino Singh, docente-investigador del CONICET y la Universidad Nacional de Quilmes.

Después de horas de lluvia, y con una leve tregua que ofreció hostil clima, la manifestación siguió hacia Plaza de Mayo. Alberto Kornblihtt, biólogo molecular y doctor en Ciencias Químicas, saluda casi como un rockstar a estudiantes que le piden selfies, su intervención en las audiencias en el Senado de la Nación por el aborto legal seguro y gratuito fue viral en redes sociales. La gente lo saluda e incluso tienen carteles con su imagen –convertida ya en un meme– “¿Está bien recortar la educación pública? No, no está bien, está mal”. “Somos muchos los que vinimos a defender la educación, la universidad pública estatal gratuita, la ciencia y la tecnología, frente a un gobierno que la está atacando” dice mientras avanza por la avenida que vivió tantas manifestaciones a lo largo de los años.

En el mismo sentido, Joaquín Gardella expresa: “Marcho convocado por la Facultad de la que egresé (Departamento de Artes Musicales, Universidad Nacional de las Artes) en defensa la Universidad pública y de toda la educación pública. Porque fui y soy educado en el ámbito público desde los 3 años, trabajo, soy docente. Sufro a este gobierno y por lo que nos hace a los docentes y la realidad en creciente deterioro de mis alumnos de la escuela pública. Hoy, día en el que parece que todo se va al tacho, marcho en contra total de este gobierno”. Por su parte, Jimena Gibertoni,  abogada y egresada de la Universidad de Buenos Aires, explica: “La educación pública te da herramientas para desarticular los privilegios instalados en una sociedad. Es uno de los pilares de un modelo inclusivo y social. Hoy es un privilegio, esperemos que algún día sea un derecho real y tangible para toda la sociedad”.

“La educación pública es un derecho” “No hay país sin universidad” llevan carteles dos chicas mientras saltan y arengan a sus compañeras, empapadas por una lluvia que no dejó en paz a los manifestantes.

Una chica con un megáfono agita “¡¡Qué viva la Universidad pública!!”, un grupo de profesores en el medio de la lluvia acompañan la arenga y responde: “¡¡Viva!!”.

“Marcho hoy porque mi padre pudo estudiar gracias a la universidad pública, gratuita y de calidad. También lo pudimos hacer mi hermano y yo. La educación es un derecho y en la Argentina de “m’hijo el Dotor” nos quieren sacar nuestro único anhelo de progreso. Hoy ya no es solo una lucha por el mejoramiento económico, sino por lo que conlleva poder desarrollar un pensamiento crítico que nos ayude a crecer como sociedad”, dice María Espíndola, politóloga egresada de la UBA.

El clima del jueves no acompañó para nada. El viento y la lluvia fueron incesantes, pero eso no detuvo a ningún manifestante. Los universitarios, acompañados por trabajadores, estudiantes, sindicatos y partidos políticos, volvieron a la calle. Como no hacían desde los oscuros años neoliberales, para combatir los recortes que también arreciaban años atrás.

Casi dos décadas después, los universitarios volvieron a copar las calles, recordando que la educación pública no es un privilegio sino que es- y, sobre todo, debe ser- un derecho.

Lula Gonzalez

Lula Gonzalez

Es periodista. Nació en Salta y vive en Buenos Aires. Cursó estudios de periodismo en ETER, escuela de comunicación.

Sin Comentarios

No se permiten comentarios