Habla la izquierda democrática de Cuba

En enero de este año se formó en Cuba un Polo que agrupa a la izquierda democrática de la isla, esa cuya voz casi no se conoce. Aquí hablan Orlando Ocaña, Pedro Campos y Carlos Cabadilla, integrantes de tres de las fuerzas agrupadas. Dialogaron extensamente con “La Vanguardia” sobre la difícil militancia de quienes quieren democratizar a Cuba desde una perspectiva socialista, sobre los límites de las reformas en marcha y los desafíos hacia el futuro. 

¿Qué pasa con la izquierda democrática en Cuba? ¿Cómo caracterizan al régimen? ¿Cómo es la actividad que desarrollan? ¿Cómo se construye un discurso común en un país donde no hay internet en el hogar y una hora de conexión representa el diez por ciento del sueldo promedio? ¿Se consideran marxistas? ¿Han sufrido persecución? ¿Cómo se sortea el viejo argumento de “hacerle el juego al imperialismo”?

Diferentes grupos de la izquierda cubana opositora al régimen se agruparon en un Polo denominado Revolucionario Socialista y Democrático (PRSD). Seis fuerzas políticas y numerosas personas independientes comparten ese ámbito de diálogo (ver Programa del Polo). En esta entrevista cuentan las dificultades para desarrollar su actividad, desde la que intentan alumbrar un horizonte diferente en un marco de hostilidad y opresión al que no dudan en caracterizar como “autoritarismo disfrazado de socialista”.

Vienen construyendo un difícil camino de unidad, donde internet y el blog “Primero Cuba” cumplen un papel central, pese a las dificultades para conectarse. Muchos son opositores desde hace años, otros hace poco tiempo que abandonaron el PCC y anunciaron su paso “del apoyo crítico” a “la oposición emancipadora”. Todos creen necesario un frente amplio de la izquierda socialista democrática.

“El momento reclama una fuerte organización de izquierda continental, pero no dirigida por gobiernos” (Cabadilla).

Ocaña aclara que hay otros grupos que aún no se suman al Polo: “Proyectos de la intelectualidad cubana más rebelde, que no llegan a ser organizaciones a nivel del país, o los anarquistas cubanos, con quienes compartimos lucha y coincidimos en aspectos medulares. También tienen voz en nuestro blog, porque estamos por la unidad y contra todo sectarismo”.

Los tres consultados respondieron al mismo cuestionario, no sin matices: Carlos, por ejemplo, no comparte el rótulo de “izquierda democrática”, al que considera innecesario: “Desde mi punto de vista, no se puede hablar de socialismo si no se concibe con amplia democracia. Los nombres no dicen mucho: vean cuántos partidos tiene en su nombre la democracia y ¿qué son en realidad?”

El silencio de la ID de América Latina ante la realidad de Cuba –al que aludía el destacable trabajo de Claudia Hilb  (Silencio, Cuba: la izquierda democrática frente al régimen de la Revolución cubana, Edhasa, 2010)– no estuvo ausente en el diálogo. Así Cabadilla celebró recibir el cuestionario: “Ya había empezado a pensar que en América Latina la izquierda revolucionaria y socialista había desaparecido en la batalla contra dos enemigos muy poderosos: el imperialismo y el totalitarismo disfrazado de socialista”.

“¿Podrán ustedes comprender cuán difícil y angustioso ha sido para nosotros, que habíamos conocido el término Revolución gracias a ellos, los fundadores de La Revolución, pasar a disentir con ellos?” (Cabadilla).

¿Cómo surge esta izquierda opositora?

Pedro Campos Santos: La  IDC incluye a muchas personas que no se reúnen ni están afiliadas a ningún grupo. Hay grupos dispersos en todo el país, pero la represión, los problemas en las comunicaciones –que ahora van mejorando– y la falta de recursos nos han mantenido distantes. Y preferimos mantenernos así para dispersar el trabajo de la seguridad. Hemos evitado un enfrentamiento abierto con el régimen. Hubo una época en que hablamos de apoyo crítico. Hoy no usamos el término. Algunos prefieren mantener una cierta comunicación con el régimen y no estamos en contra. Cada uno hace lo que estime conveniente. No queremos una disciplina, una organización vertical ni nada por el estilo. Algunos nos relacionamos con anarquistas, otros no. Algunos nos relacionamos con la oposición tradicional y otros no.

Orlando Ocaña Díaz: El Partido Comunista Cubano se ha negado a dialogar con personas que, siendo revolucionarias, discrepan y tienen distintas visiones para enfrentar el proceso. La Revolución siempre cojeó de la pata izquierda por no dar el papel que le corresponde a las ciencias sociales. El patrón que seguía correspondía al socialismo soviético, y el Partido-Estado calificaba de traición cualquier visión que no coincidiera con su concepción; desde el triunfo revolucionario siempre existió tirantez entre la clase dirigente del país y el sector intelectual. Cualquier disidencia era calificada de acción del enemigo. En los últimos años una sección en el sitio Kaos en la Red llamada “Cuba: debate socialista”, permitió a la izquierda socialista cubana exponer sus puntos de vista de cómo construir el socialismo en Cuba. Las primeras organizaciones en surgir fueron Nuevo Proyecto Socialista (NPS), después el Socialismo Participativo y democrático” (SPD) y el “Grupo de los doce”, con programas no muy diferentes entre sí. Pero el Estado-Partido hizo desaparecer ese espacio, que fue ocupado por los trolls del gobierno. Lo que se publica hoy en día es la opinión del Partido-Estado cubano. Eso fue lo que conllevó a que abriéramos el espacio Primero Cuba.

Carlos Cabadilla: Una enorme mayoría de cubanos y cubanas apoyamos la Revolución y su Líder, porque creímos en ella y luego apoyamos el socialismo porque creímos en Fidel. Creíamos ser socialistas haciendo lo que él decía, no sabíamos ni el significado de la palabra; fue un proyecto social que nos benefició a una gran mayoría de familias cubanas que habían logrado librarse del abuso, de la ignorancia, de la pobreza, del hambre y de muchas calamidades humanas. Si en aquellos años Fidel se postulaba para Presidente de Cuba, hubiese roto récord mundial de votación: era como un mago, arrastraba multitudes y las enloquecía, llegó al corazón de este pueblo, caló tan hondo que hoy después de haber cometido tantos errores en el orden político-social, después de haberse convertido en cenizas le sacó las lágrimas a cada cubano. Quien niegue eso, miente. De ese maremágnum salimos nosotros, en esa Odisea nos graduamos de revolucionarios. Cuando comenzamos a conocer qué debía ser el socialismo, y a darnos cuenta de que nuestro proceso no iba por el camino correcto, chocamos con una realidad peor aún: nuestros supuestos campeones eran totalitarios, enamorados del poder y no reconocían absolutamente nada de sus problemas. Podrán ustedes comprender cuán difícil y angustioso ha sido para nosotros, que habíamos conocido el término revolución gracias a ellos, disentir con ellos; cuán difícil ha sido lograr la militancia de una nueva Izquierda en una sociedad agradecida, confundida y conformista, con una juventud despolitizada y deseducada por obra de los errores que ellos venían cometiendo; en una sociedad que cuando mira para América Latina ve violencia, corrupción, hambre, desamparo gubernamental, falta de atención médica, trata de personas y dentro de ellas niños, y piensa “estamos mal, pero hay gente más jodida que nosotros”. En realidad, los fundadores de la Revolución la mataron, creyeron que socialismo era igual a fidelismo, y eso nos trajo graves consecuencias, creó subdesarrollo económico, fractura de la sociedad, pérdida de valores humanos, surgimiento de la corrupción administrativa, horizonte socialista perdido y sensación de engaño total que ha sido matizada con el conformismo nacido de la comparación. Esto nos fue llevando a la conclusión de que lo que ellos habían hecho poco tenía que ver con lo que ellos prometieron para convocarnos, a que no estaban equivocados sino empecinados y comenzaban a traicionar bajo los efectos de la adicción al poder.

“Los errores de la dirigencia cubana atenúan nuestras diferencias tácticas en la izquierda, cada vez coincidimos más en los medios y métodos de lucha a emplear” (Ocaña).

¿Cómo es organizarse y tener reuniones y armar una propuesta política alternativa en Cuba? ¿Pueden utilizar internet? ¿Tienen acceso a los medios? ¿Sufren persecuciones o consecuencias por su militancia?

Ocaña: No hay acceso a los medios de comunicación cubanos. Internet es casi inexistente y depende de tus recursos. No hay acceso desde los hogares y es necesario acudir a un local oficial donde por un dólar y quince centavos (la media del salario en Cuba son 15 dólares al mes) tienes acceso a una hora de conexión, después de firmar un contrato que te advierte que puedes ser sancionado por el mal uso de ese servicio, y para el Estado es “mal uso” que lo cuestiones. Tenemos a un compañero que se le advirtió que si regresaba a Cuba sería llevado a prisión, lo que implica que sería tratado como si fuera miembro de una organización financiada por Washington y por ello se quedó en el exterior.

Cabadilla: En Cuba no existe espacio para la oposición al Estado-Partido-Gobierno y sus bufones. Más que eso: no existe espacio para el debate sano, porque no admiten críticas de ninguna índole. Quienes como nosotros se aventuran a la lucha política son intimidados, advertidos, reprimidos de diferentes formas hasta ser encarcelados y acusados de hacerles el juego al enemigo imperialista, aunque seamos revolucionarios y socialistas. Aplican métodos para desacreditarnos cuyo nivel de suciedad es más hondo que los empleados por los capitalistas. Todo lo que se haga debe ser clandestino y a propio riesgo. Si temen que la represión hacia alguno de nosotros les traiga problemas internacionales, entonces la hacen solapada, le declaran a usted o a su familia más allegada “no idóneos” en su trabajo, les bloquean los teléfonos celulares, les introducen virus informáticos en sus computadoras, les dan un “no” en cada paso que dé, en una sociedad donde los únicos dueños son ellos y no el pueblo como recitan a diario. Nuestras entrevistas son privadas con medios que no aseguran una buena difusión ni dentro, ni fuera del país. En emisoras de radio o televisoras cubanas, ni pensarlo.

¿Ustedes, en lo personal, han sufrido episodios de persecución o de represión?

Campos: Yo en lo personal tuve la seguridad arriba hasta que me fui. Me citaron a estaciones de policía, me amenazaron con cárcel y procesamiento judicial por “contrarrevolución”, me impidieron salir varias veces de la casa a reuniones, visitaban mi casa y me llegaron a amenazar delante de la que era mi esposa. El día que llegó Obama a Cuba, mi casa fue ocupada prácticamente por la seguridad y me impidieron salir, con dos oficiales “acompañándome para cerciorarse de que no saldría”, otras veces me amenazaron con cogerme preso si salía de la casa y cosas por el estilo. Estoy seguro de que tenían controlados mis teléfonos y que muchas veces me seguían, pero nunca me preocupó porque siempre entendí que mi actividad era pública y socialista.

“Tenemos consenso de que Cuba es un capitalismo monopolista de Estado. Unos piensan que reformable, otros como yo que hay que cambiarlo todo” (Campos).

¿Existe consenso entre la ID en la caracterización del Gobierno cubano, y de su modelo político y socioeconómico? ¿Hay matices, y en ese caso cuáles son?

Ocaña: En toda coalición hay matices, en nuestro caso no son estratégicas o de fondo, sino tácticas, básicamente cómo enfrentar situaciones de carácter inmediato. Por ejemplo, el Grupo de los Doce desde un inicio estaba convencido de la necesidad de no respaldar más al Partido en su labor ideológica y en sus planes económicos, mientras las otras organizaciones aun creían que debían hacer una oposición legal, intentar un diálogo y un debate adentro. Con el tiempo se vio que los miembros del Partido deben desmovilizarse de una organización que no responde a los intereses del socialismo y permite el desarrollo de medidas capitalistas para salir del atolladero y con la espada de Damocles sobre su cabeza, al no reconocer que sin democracia popular efectiva y la socialización de los medios de producción, lo único que lograremos es retornar al capitalismo. Los errores cometidos por la dirigencia del país atenúan las diferencias tácticas entre los miembros de la izquierda, quienes cada vez más coinciden en los medios y métodos de lucha a emplear.

Campos: Creemos que en general las ideas de la ID están mucho más extendidas de lo que nosotros nos imaginamos. Tenemos compañeros que trabajan en instituciones oficiales y ellos están obligados a una postura. Eso se respeta y además lo creemos conveniente. Como verás, no somos un grupo homogéneo, no tenemos ni queremos estructurarnos verticalmente. Quizás llegue el momento. Creo que en general hay consenso de que se trata de un capitalismo monopolista de Estado. Unos piensan que reformable, otros como yo que hay que cambiarlo todo.

Cabadilla: Unos éramos más radicales que otros a la hora de calificar en general lo que todos habíamos dado en llamar Estado-Partido-Gobierno Cubano, por lo que no logramos consenso en esto, casi todos coincidíamos en que el modelo económico, político y social se comportaba desastrosamente, porque sencillamente no estaba bien definido y respondía a una “política de alcalde”, practicada durante muchos años por el líder de la revolución, que poco o nada tenía que ver con conceptos socialistas, coincidíamos en la falta de democracia participativa y decisoria, coincidíamos en que no se quería empoderar al pueblo, coincidíamos en que el socialismo debía ser un proyecto donde debía prevalecer una nueva cultura civilizatoria y que los que gobernaban ni pensaban en eso, etcétera.

Ocaña: En las últimas dos décadas hubo un proceso de despolitización en la población. La lucha por la subsistencia erosiona sueños e intenciones de incidir en el futuro. En la miseria, solo se logran en la población ideas miserables. Ninguna de las medidas desarrolladas por el Estado generan ilusiones de salir del atolladero a corto plazo y el imperialismo se ceba en esta situación: la juventud ya no confía y emigra, aun hacia países como Haití, con lo más bajos índices de desarrollo en el continente. Sí hay consenso en el camino a seguir. Nuestra lucha ha sido una lucha de mono con manos atadas contra el león libre del socialismo estalinista.

¿Cómo describirían el proceso actual que vive Cuba?

Campos: Cuba vive un proceso de transición del capitalismo monopolista de estado a un aumento del capitalismo privado en general. Hay conciencia de que es necesario un cambio. En la profundidad hay diferencias y quizás en cómo alcanzarlo. Yo creo que el cambio vendrá de dentro, por agotamiento y que de hecho desde los 80 se empezó ese proceso acelerado por el llamado periodo especial y la caída de la URSS. Raúl dio algunos pasos modestos, pero muy lentamente en el área económica. Se abrió el cooperativismo pero muy ligado y controlado por el Estado. El nombramiento de Díaz Canel abre un compás que puede abrirse o cerrarse en dependencia de muchos factores. La economía está en crisis y demanda una apertura amplia.

Ocaña: Cuba está en una involución de la que aún podemos salir con medidas socialistas, pero no tiene a una dirigencia capacitada para hacerlo. Se han empeñado en las reformas para mantener el statu quo, cuando lo que se requiere, como expresó Fidel, es cambiar todo lo que tenga que ser cambiado menos las aspiraciones socialistas. El pueblo cubano, el que se mantiene a pie firme en el país, defiende sus ideales de soberanía, independencia y antiimperialismo y demás logros alcanzados con la Revolución, aunque deteriorados por la crisis económica, los mantiene esperanzado en alguna medida, como pueblo al fin, tiene conciencia revolucionaria pero no la influencia de nuestras ideas. El Estado ni debate, ni permite la existencia de nuestra izquierda, aunque se mide bien en su enfrentamiento a ella, porque hay que ser ciego para no ver que somos genuinamente socialistas. Eso ellos lo saben. Es idealismo pensar que la población esté al tanto de estas situaciones intelectuales, de estas batallas ideológicas que se dan en el campo cultural e ideológico. Por eso la labor de la vanguardia está en explicar y convencer, en educar, lo que se hace imposible dada las características actuales de nuestra sociedad, sometida a un bloqueo informativo por parte de la burocracia estatal y partidista.

Cabadilla: El proceso actual que vive Cuba es una “dictablanda”, como el propio Fidel Castro dijo un día, pero una dictablanda que por momentos se convierte en dictadura, y esto sucede cuando alguien se rebela con ímpetu, en esos casos son arrestados y golpeados muchas veces. El Estado-Partido-Gobierno Cubano tiene el monopolio de todos los medios, los más poderosos y los menos, a cualquiera que esté en su oposición lo caracterizan de enemigos, o de confundidos, o de ser parte de una operación de la CIA, o de tontos, o de no ser periodistas, de cualquier cosa. Todo se viene agravando en Cuba siguiendo el curso de una curva exponencial en caída, muy pocas cosas funcionan bien, ni las áreas consideradas logros de la Revolución como la salud, la educación, el deporte, etc., y de la economía ya no hablamos mucho porque no existe.

“Sin democracia popular efectiva y la socialización de los medios de producción, lo único que lograremos es retornar al capitalismo” (Ocaña).

¿Qué cambió en Cuba en estos años?

Ocaña: Desde la pantomima de los Lineamientos, llevados a debate con la población (que solo opinó pero no decidió plebiscitariamente), la burocracia obstaculiza las medidas socialistas, como el desarrollo de cooperativas en todas las esferas de la economía donde sea posible. La burocracia promovió y permitió el remedo de convertir las cooperativas en fachada de la propiedad privada y desde hace dos años no se aprueba el desarrollo de cooperativas reales en el país, mientras se da mano suelta a la pequeña y mediana propiedad privada. En este proceso queda evidente que el capital de la comunidad en el exterior, nunca interesado en la construcción del socialismo en Cuba, ha adquirido un poder económico real a la vez que provoca una diferenciación de clases que solo beneficia a los planes enemigos. Esta situación incentiva a la vez la corrupción en todos los sectores poblacionales, pero millonariamente en la esfera de la burocracia.

Cabadilla: Existe una gran confusión en cuanto a lo que quieren los cubanos, cómo ven este proceso, y en medio de ese desastre luchamos nosotros convocarlos a la lucha por una sociedad superior, a lo que debemos agregar y no por último es menos importante, que el modelo de referencia con que cada cubano joven se está midiendo hoy, lo aportan los Estados Unidos de Norteamérica, nación más desarrollada del mundo a solo 180 kilómetros del punto más al norte del país y que aplica una política preferencial para los cubanos que abandonan la isla y llegan a su territorio. A nadie le quepa dudas que salir de Cuba hoy y llegar al territorio de los EEUU, es para muchos de los que salen, como salir del Infierno y llegar al Paraíso; sin embargo, esto no funciona ni al 30% con el resto de las generaciones de cubanos que no son tan jóvenes, y para los viejos no funciona.

Ocaña: No hay avances de fondo. El Estado está empeñado o cree que resolviendo los problemas económicos ipso facto desaparecerán los demás problemas sociales. Mantiene la creencia de que métodos que fueron desarrollados en determinados momentos del pasado siguen siendo válidos en situaciones nuevas y diferentes. La ortodoxia se impone dentro del partido y hablar de democracia es ofender al brujo y a la curandera de la horda. Para nosotros no hay cambios, todo es cosmetología política y la falta de visión totalizadora obliga a concesiones ideológicas por parte de nuestra burocracia. El Estado vive el presente con tácticas anestesiadoras que oscurecen el futuro. Nadie dijo que el socialismo era coser y cantar, nunca lo fue, pero el sacrificio no puede ser eterno como consecuencia de los errores cometidos en el pasado. Tenemos que definitivamente hacer el socialismo o rendirnos y en ello le damos la razón a Rosa Luxemburgo: o socialismo o barbarie capitalista.

“Aplican métodos para desacreditarnos cuyo nivel de suciedad es más hondo que los empleados por los capitalistas” (Cabadilla).

La izquierda democrática de Cuba es casi desconocida para el mundo (incluso para quienes nos consideramos en ese espacio). ¿Qué les gustaría que los socialistas democráticos del resto del mundo, en este caso de la Argentina, supieran acerca de ustedes? Y en especial ¿qué quisieran decirles a los socialistas democráticos de América Latina?

Ocaña: El faro encendido por Cuba en la alborada de 1959 no deja de enviar su señal a los pueblos latinoamericanos y nosotros luchamos porque el torrero acabe de jubilarse para entregarlo a manos frescas con una nueva visión de futuro. Como seres humanos reconocemos los valores que ese viejo torrero nos inculcó a lo largo de los años, pero el socialismo no vive de melodramas, se conquista en la lucha diaria. Ya para nosotros, que casi vivimos en el clandestinaje mediático, ha sido una suerte y un estímulo conocerlos a ustedes, pero nosotros no nos consideramos solo la izquierda de Cuba, sino parte de la izquierda latinoamericana. Debemos evitar la atomización de la izquierda que conviene al capitalismo. A ellos le convienen que existan miles de grupos independientes como los feministas, los ecologistas, los grupos LGTB, los antirracistas, y cuanta organización surge y lucha por metas puntuales. Todos son de izquierda pero limitados en sus metas políticas. El momento reclama una fuerte organización de izquierda continental, no dirigida por gobiernos, sino por las masas populares. Los gobiernos que administren y los pueblos manden.

Cabadilla: A los socialistas democráticos del resto del mundo quisiera decirles que esto que está pasando con nosotros es fatal para los movimientos que luchan por un mundo mejor, hacerle caso a una de las partes disfrazada de Caperucita Roja como el Estado-Partido-Gobierno Cubano, y desconocer a los revolucionarios y socialistas y luchan dentro contra ellos no contribuye  a esclarecer la verdad; no se trata de creernos a nosotros porque decimos ser de la izquierda que somos, se trata de oír a las dos partes, de esclarecer, de consultar otras fuentes, de comprobar, de investigar, es lo único confiable desde el punto de vista científico. Trabajamos arduamente en captar militantes, en esclarecer la manipulada historia de nuestro país, reivindicar a José Martí, sin desfiguración a la derecha o al gusto de los totalitarios de “izquierda”, en destacar la figura de Karl Marx, Federico Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Gramsci, Julio Antonio Mella, Che Guevara, Simón Bolívar, desentrañar el pensamiento marxiano más acertado de los tiempos actuales, señalar los errores que han llevado a Cuba al abismo, proponer soluciones, y con todo esto reorientar y politizar a nuestros jóvenes para que en el futuro puedan llevar a cabo la revolución que nos conducirá por los caminos de una nueva y mejor sociedad.

Campos: Deben saber que existe una amplia izquierda democrática cubana, pero que está muy acallada y presionada. No queríamos que nos acusaran de servir al imperialismo por nuestras críticas. Creo que la mayoría se ha dado cuenta de que no podemos dejarnos atrapar en esa trampa. Estar en desacuerdo con ese sistema no implica ser cómplice del “imperialismo”, muñeco usado siempre tratar de infringir miedo. Algunos estamos convencidos de que este “socialismo fraude” es hermanastro del fascismo por su represión al pensamiento diferente, por la centralización y concentración del poder, el militarismo y otras similitudes. Lo rechazamos completamente.

Deben saber que hace tiempo nos quitamos la venda con las que pretendieron tapar nuestros ojos y sabemos el monstruo que enfrentamos. Muchos no tenemos ningún miedo a relacionarnos con los demócratas sean liberales o conservadores. Muchos nos hemos dado cuenta de que sin democracia no hay socialismo posible. No vemos el socialismo en el Estado sino en la socialización del poder político y la economía. No creemos que el socialismo se impone, sino que llega a través de un proceso natural de desarrollo de las fuerzas productivas y cambios paulatinos en las relaciones de producción de las asalariadas a las libres asociadas o privadas, que puede y debe favorecerse pero no precipitarse. Creo que los socialistas democráticos latinoamericanos debemos intercambiar más, que conozcan nuestra experiencia y les sirva para que no se repitan esas barbaridades en nombre del socialismo. Mi mensaje principal sería que no se dejen atrapar en la idea del Estado como promotor y centro del socialismo.

“No queríamos que nos acusaran de servir al imperialismo por nuestras críticas. Creo que la mayoría se ha dado cuenta de que no podemos dejarnos atrapar en esa trampa” (Campos).

¿Cómo ven a los “héroes” que el modelo cubano exportó, como Fidel o el Che? ¿Qué balance hacen de su papel histórico?

Campos: Unos más y otros menos estamos convencidos de que su papel fue negativo para el socialismo. Lo han hundido. Le han hecho más daño al movimiento revolucionario y democrático que el propio imperialismo. Yo no los considero entre los héroes a los que debamos guardar alguna consideración. Ellos en verdad no han tenido nada que ver con la izquierda. Su comportamiento político y económico por la centralización y la ausencia de democracia ha estado en la derecha y casi siempre a la derecha de la derecha.

Cabadilla: Los hombres y mujeres que han llegado a ser líderes no han sido perfectos, son de carne y hueso, y que los paradigmas que nos hemos modelado no existen entre los humanos de hoy, y no los estoy justificando, porque los hemos estado combatiendo en el campo de las ideas, pero algún fenómeno que se nos ha escapado ha venido sucediendo con nuestro pueblo cubano y ellos, a pesar de todo.

Ocaña: Fueron hombres de su época y lograron avances en las sociedades donde incidieron, pero quedó para la posteridad terminar el trabajo que ellos comenzaron. Esa es nuestra tarea: sacar experiencia de los errores que cometieron, sin minimizar, dejar de aplaudir u olvidar sus aciertos. La historia no está para especulaciones, sino para comprensiones, y aquí es válido aquel pensamiento de Fidel de que los revolucionarios deben situarse en la época en que otros revolucionarios lucharon: ellos hubieran sido como nosotros y nosotros hubiéramos sido como ellos. Decía Martí que el Sol con ser el astro rey tenía sus manchas. Los agradecidos notarán su luz, los desagradecidos, sus manchas.

¿Cuáles son los principales desafíos de la izquierda democrática en el proceso actual?

Ocaña: Silvio (Rodríguez) escribió una aparente sencilla canción que alerta en sus dos últimas estrofas:

“Para pronunciar el nosotros,

Para completar la unidad,

Habrá que contar con el otro

Las luces y la oscuridad.

 

Es grande el camino que falta

Y mucho lo por corregir.

La vara, cada vez más alta,

Invita a volar y a seguir.”

 

 

QUIÉNES SON

Orlando Ocaña Díaz es fundador del Grupo “Los Doce” y de Izquierda Socialista Democrática Cubana (ISDC). Periodista, escritor, autor de Jeremías o el Reencarnado, novela editada por la Editorial Trafford de Canadá (2005). Edita el blog “Primero Cuba”,  “de izquierda, plural, anti dogmática y anti sectaria, convencido de que la verdad no es propiedad de nadie y debe ser buscada entre todos”.

Carlos René Cabadilla Díaz es politólogo, especialista en historia de las ideas socialistas y temas militares. Forma parte de Nuevo Proyecto Socialista (NPS), otra fuerza integrante del Polo. Es autor de Los cuentos del imaginario y el tiempo vivido y edita su blog “Destelloscabadcuba”.

Pedro Campos Santos es historiador y politólogo, ex diplomático y fundador del colectivo Socialismo Participativo y Democrático (SPD), que también es parte del Polo. Reside desde hace poco en los Estados Unidos. Es autor de libros como La autogestión empresarial obrera y social: urgencia y garantía de la revolución socialista, pendientes de publicación. Escribe regularmente en HavanaTimes.

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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