Portugal: la socialdemocracia que nos gusta

Portugal se ha transformado en el paraíso de la socialdemocracia europea. Con el apoyo de distintos partidos de izquierda, el gobierno de Antonio Costa ha logrado una alternativa a los programas de austeridad. Pero en Europa los milagros no existen; y el tiempo dirá si puede consolidarse como un modelo.

Existe un país de la Unión Europea que desafía los mantras de las políticas de austeridad. Que en el sur, el barrio pobre de Europa, se pasea haciendo ostentación de sus cifras de desempleo y crecimiento. Portugal es la envidia de la familia de izquierda europea: el partido socialdemócrata se alió con la izquierda intransigente y no sólo gana elecciones sino que también cumple sus promesas.

Dos años después de su asunción, el primer ministro socialista António Costa ha devuelto a Portugal las tasas de crecimiento previas a la crisis; logró reducir el desempleo a la mitad y ajustó el déficit a los parámetros de la Unión Europea. Revirtió las privatizaciones que había ordenado el gobierno anterior y aumentó el salario mínimo y las jubilaciones. Silbando bajo y sin las heridas que muchos le auguraban, Portugal salió airoso de la austeridad.

El primer ministro socialista António Costa ha devuelto a Portugal las tasas de crecimiento previas a la crisis; logró reducir el desempleo a la mitad y ajustó el déficit a los parámetros de la Unión Europea.

Y no es eso lo que más asombra. Lo hizo con una atípica coalición parlamentaria: el Partido Socialista, la filial socialdemócrata en Portugal; el Bloco de Esquerda, un partido similar a los de la nueva izquierda europea; y el tradicional Partido Comunista. Incitados por un programa anti-austeridad y ante el temor de otro gobierno conservador, el PS consiguió el apoyo de los dos restantes partidos para formar gobierno luego de las elecciones de 2015. Pocos creían que iba a funcionar. Y es que Costa tenía una tarea difícil: cumplir con las medidas diagramadas con sus socios, sin encender las alarmas fiscales de Bruselas. Lo logró.

No es casualidad que a principio de este año Mario Centeno, el ministro de finanzas -cuyo apodo “el Cristiano Ronaldo de la economía” supera cualquier tipo de cliché- haya asumido como presidente del Eurogrupo, el órgano que congrega a los ministros de economía de los países del euro. Tal reconocimiento era impensado tiempo atrás para cualquiera de los países del sur de Europa, los adolescentes irresponsables que no suelen tener acceso a la mesa de los grandes.

Portugal está de moda. De forma cada vez más recurrente es citado como uno de los casos exitosos donde la izquierda puede gobernar y plantear una alternativa a los programas de austeridad. El año pasado, Pablo Iglesias, el líder de la formación de izquierda española Podemos, tuvo que tomar la palabra en la moción de censura a Mariano Rajoy, que su propio partido propuso y no prosperó, para explicar su programa de gobierno. No sorprende que haya propuesto un “gobierno a la portuguesa”.

Con todavía una abultada deuda pública, un potencial bajo en los sectores claves de la recuperación -la construcción y el turismo- y un problemático sistema financiero, ¿es Portugal un milagro económico o un síntoma de que la vara europea está baja? ¿Impresiona más por su gobierno de izquierda o por sus números?

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO

Portugal no salió de la crisis del 2008 con un programa de izquierda. A cambio de un jugoso rescate por 78 billones de euros, la famosa troika -el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea- le impuso al país un paquete de austeridad solo comparable con el de Grecia. En el gobierno del conservador Pedro Passos Coelho, el desempleo llegó a superar el 17%, los salarios y pensiones se recortaron, y se ordenó que las principales empresas de transporte sean privatizadas. Desde el 2011 al 2014, las tasas de crecimiento de Portugal fueron negativas.

No se puede evaluar al gobierno de Costa sin tener en cuenta el programa de ajuste que realizó su antecesor. Se trata entonces de un aprovechamiento del cambio de ciclo en la economía europea y global. Lo que no deja de ser algo a considerar: mientras muchos países europeos deciden continuar con matices de austeridad, Portugal tomó medidas para aumentar la demanda interna, aprovechar el aumento de las exportaciones y redireccionar el gasto público para reducir el déficit. Con respecto a esto último, muchos economistas advierten sobre los bajos niveles de inversión pública y el papel casi invisible de la inversión privada.

Mientras muchos países europeos deciden continuar con matices de austeridad, Portugal tomó medidas para aumentar la demanda interna.

La deuda pública representa un 130% del PBI portugués y es, sin dudas, el mayor problema a solucionar. El gobierno de Costa no la ha reducido y hoy se beneficia de la política expansiva del Banco Central Europeo (BCE). En tanto Portugal mantenga su disciplina fiscal, el BCE seguirá comprando su deuda a condiciones razonables. Pero ante cualquier cambio en la política monetaria europea, Portugal puede quedar expuesta.

Son varias las advertencias de la Comisión Europea que han llegado a Lisboa para alertar sobre su sistema financiero. Pese a las reiteradas inyecciones de dinero que han recibido, los bancos portugueses no han logrado normalizarse después de la crisis y eso ha complicado el acceso al crédito. Tal situación impide una recuperación completa de la economía, ya que pone serias trabas a la inversión privada.

Otros problemas afloran cuando se observa de cerca el fenómeno portugués. Si bien el desempleo ha bajado al 8,6%, la tasa más baja desde 2008 y cerca del promedio europeo, la calidad del empleo es cada vez peor. La gran mayoría de los nuevos puestos de trabajo son de carácter precario y tienen un salario medio de 650 euros. La productividad sigue siendo una de las más bajas de Europa y las industrias claves en la recuperación económica -el turismo y la construcción- ofrecen un techo bajo en cuanto al potencial económico, mientras que son altamente dependientes de la situación exterior. El fuerte repunte en turismo, además, ha encarecido el nivel de vida en las principales ciudades del país y ampliado la brecha económica con el interior.

“Portugal es un ejemplo milagroso de óptimo aprovechamiento de circunstancias externas. Su economía no es sustentable: el próximo shock externo -o interno, como una gran crisis bancaria- la hará descarrilar, pero lo mismo ocurrirá con otros países europeos que aparentan fortaleza” explica a La Vanguardia Andrés Malamud, investigador de la Universidad de Lisboa.

QUIÉN TE QUITA LO BAILADO

No todos los indicadores salen publicados en reportes financieros. Uno de los mayores logros de la gestión de Costa ha sido devolver el optimismo a los portugueses, que permanecía por el suelo después de una de las peores crisis económicas de su historia. Muchos portugueses jóvenes, que habían emigrado en los primeros años de la crisis, regresaron al país, que ahora es capaz de ofrecer un panorama más esperanzador. Y que un gobierno de izquierda vuelva a sembrar optimismo en Europa no es un detalle menor.

El gobierno de Costa, y sobre todo el Partido Socialista, cuenta con el apoyo de gran parte de los portugueses. Esto quedó demostrado en las últimas elecciones municipales, celebradas en octubre, donde el partido de Costa arrasó. Mientras los partidos socialdemócratas cosechan magros resultados a lo largo de Europa, la experiencia portuguesa puede ser tanto la excepción como un faro.

El gobierno de Costa, y sobre todo el Partido Socialista, cuenta con el apoyo de gran parte de los portugueses.

Para tomar a la coalición como modelo, antes hay que dar cuenta de sus peculiaridades. “Lo que tenemos es un gobierno de un solo partido. La ‘geringonça’ -como se conoce al experimento y que en portugués significa “de construcción poco sólida”- no ha sido pensado como un modelo de gobernación para todo tipo de coyunturas políticas. Fue posible por la convicción de que era necesaria una alternativa a la austeridad. Pero es un tipo de coalición políticamente más débil, y el compromiso de los demás partidos con el PS abarca solamente las materias contenidas en los acuerdos -casi todas de política social- por lo que fuera de esas materias tienen libertad de voto” señala Rita Lages, investigadora de la Universidad de Chile que se encuentra realizando una estancia en Portugal.

Aún advirtiendo su carácter excepcional, Lages considera que la coalición puede ser un potencial referente en el debate sobre el futuro de la izquierda y la socialdemocracia en Europa.

“La originalidad portuguesa, más que la recuperación económica -que también se dio en España e Irlanda pero no en Grecia-, es la estabilidad partidaria” resalta Malamud.

Una izquierda en el gobierno, que complace tanto a Bruselas como a la mayoría de los ciudadanos para los que gobierna. La socialdemocracia realmente existente baila vira y habla portugués. ¿Podrá el resto de la socialdemocracia europea correr a Portugal de la excepción?

Juan Elman

Juan Elman

Periodista especializado en política internacional. Estudiante de Ciencia Política.

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