Un pionero de la izquierda argentina en el Congreso del Primero de Mayo

En el Congreso de París de 1889 que estableció como día internacional de lucha el Primero de Mayo, estuvo presente Alejo Peyret, anunciado “como delegado de la República Argentina”, aunque él mismo relativizó esa representación. En estas líneas se recuerda esa historia, y se añaden algunas pinceladas sobre esa figura pionera, precursora en rubros tan disimiles como la educación popular, la igualdad de género, la separación de la Iglesia del Estado y la distribución democrática de las tierras.

El pensamiento igualitario en la Argentina registra una incidencia importante, pero escasamente estudiada, de parte de los numerosos emigrados políticos europeos. En el período que se abre entre las primeras lecturas “socialistas románticas” a cargo de la Generación del ‘37 (Echeverría, Alberdi, Gutiérrez) hasta la emergencia de las organizaciones gremiales que confluyen en el Partido Socialista en 1896, jugó un rol relevante una generación de inmigrantes que contribuyeron a promover las ideas democrático-radicales de la época. Uno de ellos fue el francés Alejo Peyret, quien llegó al Río de la Plata luego de la derrota de la revolución de 1848 y tuvo destacada actividad como maestro, publicista y colonizador.

En un valioso trabajo, Omar Acha muestra que el Partido Socialista de la Argentina no produjo una corriente historíográfica propia de peso, que procurara una interpretación de los procesos sociales desde las perspectivas epistemológicas del marxismo[i]. En general, el esquema de análisis de los historiadores socialistas revela una estructura simplista, donde el relato presenta (tras el fin del periodo “oscuro” de la colonia) el florecimiento de una dirigencia ilustrada  y liberal, que apoyada en la burguesía urbana de la ciudad de Buenos Aires, lucha denodadamente contra las fuerzas conservadoras, caudillistas y religiosas, protofeudales, sostenidas por los poderosos terratenientes de las provincias. Unos pocos logran introducir matices reconociendo un lugar propio a las masas rurales y sus intuiciones democráticas –y hasta el propio Juan B. Justo parece, en un momento, insinuar una mirada historiográfica diferente, pero se aparta rápidamente de ella.  La dirección dominante –más política que historiográfica– asume como propia la dicotomía sarmientina “civilización versus barbarie”, que será utilizada en clave explicativa en cada episodio crítico. Moreno, Rivadavia, Mitre, Sarmiento, pasan a ser las referencias normativas de esta mirada histórica, de decisivo anclaje en la dificultad del PS para comprender los movimientos reales de las clases subalternas de la Argentina durante prácticamente todo el siglo XX.

El caso de Alejo Peyret muestra una vertiente alternativa que no pudo entroncar con el discurso dominante dentro del PS. Una singularidad en la vida de Peyret que ha llamado la atención a numerosos autores, y que ha opacado su carácter de impugnador de la dicotomía mencionada es su presencia en el Congreso Obrero Internacional que consagró el Primero de Mayo como día de lucha. En las líneas que siguen nos centraremos en ese aspecto de su personalidad, sin dejar de señalar algunos otros costados notables de su interesante figura.

PEYRET Y EL CONGRESO DE LA INTERNACIONAL

El Congreso Socialista Internacional se reunió en París entre el 14 y el 21 de julio de 1889; en él se constituyó la Segunda Internacional y se estableció el Primero de Mayo como día internacional de lucha por la liberación de la clase obrera. En Buenos Aires ya funcionaba el club Vorwarts –uno de los grupos proletarios que pocos años después contribuirá al nacimiento del PS–, que le pidió a Wilhelm Liebknecht, fundador del Partido Socialdemócrata alemán, que lo representara en dicho Congreso. Sin embargo, es mucho menos conocido que hubo un argentino presente en esas jornadas históricas. Se trata de Alejo Peyret –nacido en Francia y llamado Alexis pero radicado en la Argentina desde hacía casi cuatro décadas– quien asistió el día 20 de julio al congreso realizado en el bulevar Rochechouart, según dejó registrado en su diario personal.

Peyret es un personaje muy interesante de la historia argentina, que por desgracia no es muy recordado, aunque su nombre adorna unas pocas calles, plazas y escuelas en la costa oriental de Entre Ríos. Exiliado en el Plata en 1852, tras el fracaso de la revolución de 1848 en París, fue un estrecho colaborador del General Urquiza. Pionero de la colonización agrícola, militó en el federalismo y en la masonería y profesó un socialismo romántico y, a la vez, cientificista. Fue el primero en traducir y difundir a Proudhon en nuestras tierras, fundó bibliotecas y fue el creador del primer Registro Civil de la Argentina (en la ciudad de Colón). Su labor docente se plasmó en obras notables, como historiador de las religiones y enemigo de toda superstición, y también como periodista. Fue un decidido defensor de la libertad no solo como concepto sino como práctica social de igualación (en aquellos años en que aún “liberal” no era un insulto sino una definición vinculada con la defensa de los derechos del ser humano) y fue redactor de un proyecto de Constitución para la República Francesa. Pero en su país de adopción, la Argentina, actuó en la vida pública con energía, derrochando un optimismo por entonces típico del humanismo revolucionario.

Pionero de la colonización agrícola, Peyret militó en el federalismo y en la masonería y profesó un socialismo romántico y, a la vez, cientificista. Fue el primero en traducir y difundir a Proudhon en nuestras tierras.

Para completar el raro itinerario de su pensamiento, fue un defensor de la autonomía entrerriana ante la intervención sarmientina para sofocar la rebelión de Ricardo López Jordán –último caudillo federal– dejando un testimonio notable en sus “Cartas de un extranjero sobre la Intervención a la provincia de Entre Ríos” (Buenos Aires, Imprenta Belgrano), pequeño libro publicado en 1873 en las que denunció ese trágico episodio. El reclamo de Peyret –que, según la investigadora Adriana Petra, estaba inspirado en su atenta lectura de “El principio federativo” (1863) de Pierre Joseph Proudhon, padre del anarquismo–, le costó “su puesto como director de la colonia agrícola San José, el destierro de la provincia de Entre Ríos y solicitudes de la prensa porteña para que fuera apresado por insultar al país y hacer circular escritos en contra de la constitución nacional”[ii].

EL VIAJE A FRANCIA: 40 AÑOS NO ES NADA  

En 1889 y con motivo del Centenario de la Revolución Francesa, París exhibía en una gran vidriera todos los logros materiales de la humanidad en la Exposición Universal. Paralelamente, también en París, los socialistas del mundo se reunían para darle cuerpo a una organización que los nucleara más allá de las fronteras los países. Peyret era entonces inspector de Colonias: su especialidad, tras la experiencia ejemplar que había desarrollado en Entre Ríos, al organizar la Colonia San José, donde creyó echar las bases para una democracia agraria moderna e igualitaria que tuviera como objetivo “la democratización de la propiedad aristocrática, la propiedad puesta al alcance de todos los trabajadores, de todos los hombres de buena voluntad, de corazón puro y de generosas intenciones”[iii]. En ese carácter retornó a su lejana patria, para visitar la Exposición como delegado argentino enviado por el entonces Presidente, el General Julio A. Roca. Y de paso, aprovechó para volver a beber de sus viejas fuentes revolucionarias participando del Congreso Obrero.

Retornó a su lejana patria para visitar la Exposición como delegado argentino enviado por el entonces Presidente, el General Julio A. Roca. Y de paso, aprovechó para volver a beber de sus viejas fuentes revolucionarias participando del Congreso Obrero.

La ya mencionada Adriana Petra marca la perplejidad con la que suelen abordarse las posiciones anticentralistas de Peyret y las hace estribar en la influencia de Proudhon, que “no ha sido desarrollada por los trabajos dedicados a la vida y obra de Peyret, a pesar que esta tarea arrojaría luz sobre el equívoco conceptual con el cual han sido consideradas sus propuestas federalistas, particularmente por la historiografía “revisionista” que ha observado sus posturas anticentralistas bajo el prisma del nacionalismo antiliberal. En cambio, esa inspiración proudhoniana en Peyret, en especial en su énfasis en la asociación de pequeños productores agrícolas y artesanos –tan cara al imaginario del utopismo socialista, y que lo muestran como un pionero del cooperativismo en la Argentina– suelen ser destacadas en referencia a su labor como director de la colonia agrícola San José, a la que Peyret dedicó casi 20 años de su vida, empeñado en construir esa “pequeña república”. Fueron sus éxitos en ese terreno los que lo llevaron a ser considerado como un funcionario de prestigio en los gobiernos de la Generación del ‘80, y que ya en el terreno de la reivindicación histórica, movieron a Horacio Tarcus a considerarlo como “un utopista práctico”[iv].

EL PRIMERO DE MAYO

El 1° de Mayo de 1886 unos 200.000 trabajadores norteamericanos iniciaron una huelga para exigir las ocho horas de trabajo. En esos tiempos se trabajaba hasta 12 y 14 horas diarias. El movimiento fue combatido en forma concreta: la policía disparó sobre los manifestantes con varios muertos como saldo. Durante días la policía disparó a mansalva, dejando más muertos y heridos. La indignación popular se multiplicó: miles de trabajadores volvieron a exigir las ocho horas. En un confuso episodio murió un policía, y rápidamente se culpó a ocho dirigentes obreros. Hubo allanamientos y miles fueron a parar a cárceles. El juicio fue una farsa con el fin de condenar al anarquismo y al movimiento obrero. Y, ante la protesta mundial, el 11 de noviembre fueron ahorcados en Chicago, August Spies, Adolph Fischer, George Engel y Albert R. Parsons. El crimen indignó a los trabajadores de todo el mundo, generando un despertar de la conciencia sobre la sumisión en que se encontraban.

Apenas tres años habían pasado de esos luctuosos sucesos cuando se reunió en París el Congreso Internacional de Trabajadores, con la idea de refundar la organización que años atrás había impulsado Carlos Marx. Así lo hicieron, con Federico Engels como uno de sus inspiradores, y nació la que luego sería conocida como la “Segunda Internacional”. Además de dejar conformada la nueva organización, se adoptó el Primero de Mayo como jornada de lucha internacional, en homenaje a los mártires de Chicago. Desde entonces, cada año se conmemora esta jornada de lucha, por el bienestar de los trabajadores, en todo el mundo: en cada lugar, “habrá manifestaciones de acuerdo a las condiciones impuestas en cada país”, había decidido ese Congreso. Pocos meses más tarde, en 1890, se celebró en la Argentina por primera vez el Primero de Mayo.

Y allí estaba Peyret. Juan A. Solari dice que Peyret había llevado a París, además de la representación del Gobierno Argentino, “otra representación, sin duda grata a su espíritu y convicciones: la de los trabajadores argentinos ante el Congreso Socialista Internacional reunido en París ese año 1889 y una de cuyas resoluciones fue proclamar el 1º de Mayo como Día del Trabajo (…) en reclamo de la jornada de 8 horas”[v]. En realidad, Solari exagera, seguramente llevado por el entusiasmo.

Hay abundantes descripciones de la presencia de Peyret en el Congreso Socialista Obrero Internacional que se reunió en París en julio de 1899, que se proponía refundar la organización impulsada poco antes por Carlos Marx y donde nació la “Segunda Internacional”. El entusiasmo lleva a los historiadores a decir que Peyret “representa a los trabajadores argentinos ante el Congreso” (Ulises Camino); que “asistió representando a un grupo socialista de la Argentina” (Nicolás Iñigo Carrera); e incluso a definirlo como “cofundador de la Segunda Internacional en 1889” (la exageración es de Emilio Corbière).

Hay abundantes descripciones de la presencia de Peyret en el Congreso Socialista Obrero Internacional que se reunió en París en julio de 1899, que se proponía refundar la organización impulsada poco antes por Carlos Marx.

Peyret es más modesto en el recuerdo de su propio paso por el Congreso: en una carta enviada a su amigo Clemente Basavilbaso (entonces gobernador de Entre Ríos) el 28 de julio de 1889, le cuenta que asistió al congreso socialista, cuyas sesiones duran todo el día. Pero no hace referencia a representación alguna. Lo suyo es más bien una visita. Es más detallista en el relato registrado en su diario personal: el 20 de julio, que cayó sábado según cuenta, fue al congreso con Daumus, salón de Folies Parisiennes, en el Boulevard Rochechouart. “Se anuncia mi llegada como delegado de la República Argentina, aplausos, pero en ese  momento yo estaba saliendo de la sala”, registró Peyret.

“Ni de estas fuentes documentales y, hasta la fecha, de ninguna otra, surge que Peyret haya llevado a ese congreso la representación de alguna organización socialista de la Argentina. Su presencia obedecería a una manifestación de su inquieto interés personal”, dice la biógrafa Quinodoz[vi]. Esta conclusión se fortalece porque no hay datos de que a su regreso se vinculara con las organizaciones en formación, ni a los actos del primer Día del Trabajo en Buenos Aires, en 1890; como tampoco se suma al Partido Socialista, creado en 1896. De todas formas, no estaba allí por casualidad. Su espíritu igualitario afloró en todas y cada una de sus actuaciones públicas.

[i]
Omar Acha, Historia crítica de la historiografía argentina. Vol. 1: Las izquierdas en el siglo XX. Prometeo, 2009.

[ii]           Adriana Petra, “Las pequeñas repúblicas. Alexis Peyret o como leer a Proudhon desde el fin del mundo”, IDES/UNLP/CONICET, ensayo histórico inédito, p.9.

[iii]         Discursos, Buenos Aires, Lajouane, 1907. Citado en  “Peyret, arquetipo y precursor del cambio gradual en la Argentina”, Cuarto Encuentro de Escritores Entrerrianos, UNER – SADE, EDUNER. Concepción del Uruguay. 2007

[iv]         Horacio Tarcus, “Alejo Peyret, un utopista práctico”, Todo es Historia n° 421, Buenos Aires, agosto de 2002, p. 72.

[v]          Solari, Juan A. “Pensamiento y acción de Alejo Peyret”. Ed. Bases, Bs As 1972

[vi]         Quinodoz, María Marta, “Biografía de Alejo Peyret”, Centro de Genealogía de Entre Ríos

 

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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