El G-20 y la gobernanza internacional

El G-20 es un foro integrado por de 19 países y la Unión Europea, que además cuenta con invitados permanentes y especiales. Se trata probablemente de uno de los intentos más ambiciosos de gobernanza global, aunque todavía sus resultados han sido más bien módicos. 

El historiador inglés Paul Kennedy en su libro Auge y caída de las grandes potencias, sostiene la tesis de que los Estados luchan por aumentar su riqueza y poder, es decir, llegar a ser cada vez más ricos y fuertes. Esa disyuntiva los obliga a elegir entre más comercio y menos guerras; o más guerras y menos comercio.

De este modo, a lo largo de la historia la ausencia de un gobierno central a nivel mundial llevó a que los imperios, potencias, naciones, Estados y pueblos se comporten de forma conflictiva, cooperativa o aislacionista en función de sus intereses.

La inexistencia de una autoridad “centralizada” en la sociedad internacional no significa que el sistema carezca de un orden que lo rija. En consecuencia, en las relaciones internacionales existen una dispersión del poder y sus reglas son regidas por las capacidades e influencia de sus principales actores (Estados, Organizaciones Internacionales, Empresas Transnacionales, ONG, personalidades destacadas, etc.).

Entendiendo que la sociedad no es la suma de individuos, sino que constituye una identidad y existencia propia que le precede y perdura a sus miembros. En esta compleja sociedad, los distintos actores disponen de diversos atributos o capacidades donde deben asumir “roles” a fin de producir o modificar “reglas” e “instituciones” constituyendo así su estructura o relación de dominio.

En el ámbito de la economía internacional, el sistema capitalista mundial requiere de un rol hegemónico, es decir la capacidad para establecer y mantener las normas las normas de orden económico: proveer seguridad, la estabilidad financiera y el crecimiento económico. Desde el génesis del Estado Moderno, la economía capitalista acompañó su desarrollo, financiando sus guerras, sus empresas colonizadoras y, siguiendo a Lenin, el imperialismo fue la etapa superior del capitalismo en la medida en que el Estado Nación le garantizó a la economía capitalista su expansión.

A causa de la “nueva” división internacional de trabajo producto de la globalización, en la economía mundial actual no existe un Estado capaz de asumir ese rol hegemónico o imperial como lo fue Reino Unido durante el Siglo XIX o Estados Unidos en la segunda mitad deI Siglo XX. Por ello, hoy se requiere del consenso de otras potencias o Estados para sostener el régimen capitalista y evitar las crisis inherentes al sistema.

El G-20 procura armonizar intereses en pugna, disuadiendo que cada Estado logre maximizar sus beneficios en competencia abierta y hostil de otras economías nacionales.

En consecuencia, el G-20 procura armonizar intereses en pugna, disuadiendo que cada Estado logre maximizar sus beneficios en competencia abierta y hostil de otras economías nacionales. De lo contrario, el sistema entrará en crisis producto de una guerra proteccionista que podría conducir a una depresión aguda y a sistemáticas devaluaciones competitivas.

El G-20 es un foro integrado por de 19 países y la Unión Europea, que además cuenta con invitados permanentes y especiales. Este grupo se reúne de manera regular desde 1999, donde participan los jefes de Estado o Gobierno, autoridades de los bancos centrales de esos países, y los ministros de economía o finanzas. Entre sus miembros se encuentran países con economías desarrolladas como Estados Unidos, Alemania o Japón, y países emergentes como Argentina, la India y Sudáfrica.

Este grupo heterogéneo se reúne con el objeto de permitir un diálogo multilateral a fin de acordar principios, normas, reglas y procedimientos en la economía mundial. Este organismo surgió procurando lograr estabilidad financiera, en especial tras las sucesivas crisis en Brasil, México, Corea del Sur, Rusia en la década de los ‘90 y, posteriormente, Argentina en el 2001. En consecuencia a la crisis económica mundial del 2008, el G20 amplió su agenda hacia otros temas sustanciales como la explotación sustentable, las materias primas, el sector energético, el mercado laboral, los servicios sociales, entre otros.

Todas estas crisis económicas-financieras tuvieron su origen en la apertura irrestricta al capital financiero y acompañado por déficit fiscal, producto entre otras causas del déficit en sus  balanzas de pagos en economías de monedas apreciadas. Este cuadro condujo, en la mayoría de los casos, a una fuerte devaluación y a un empobrecimiento general de la población derivado.

El grupo de los 20, integrado por 19 países (10% del total) y la Unión Europea, concentra más de un tercio de la superficie del mundo, cuenta con dos tercios de la población mundial, representa el 85% del producto bruto global y el 75% del comercio internacional.

Entre algunos datos relevantes, la superficie y la ubicación son las clásicas fuentes de poder en el escenario internacional. En esta dimensión, la Federación de Rusia, a pesar de que el imperio soviético implosionó sobre sus propios cimientos, continúa siendo el Estado más extenso del planeta con más de 17 millones de km2. Además, Rusia cuenta con una ubicación estratégica central con presencia en dos continentes: Europa y Asia. De manera decreciente le siguen otros países con dimensiones continentales: Canadá, Estados Unidos, China, Brasil y Australia.

La ubicación de los países que integran el G20 procura respetar cierta representatividad regional, por lo que se pondera el factor geográfico antes que cualquier otro indicador. Así, por ejemplo, España no integra el G20 debido a la gran cantidad de países de Europa que se encuentran en el mismo, pero como miembro de la Unión Europea es representado por ella y es invitado.

El G20 también cuenta con los países con mayor población del mundo, la República Popular China y la India, cada uno de ellos supera los mil millones. De tras de estos gigantes asiáticos, le sigue Estados Unidos con más de 300 millones, Indonesia y Brasil arriba de los 200 millones de habitantes. Todos ellos representados en este foro.

Washington preserva su posición dominante en las estructuras del sistema económico mundial (FMI, Banco Mundial y la OMC), pero esta primacía no ha permanecido indemne.

Además de la cantidad de población importa la calidad de vida. El índice más aceptado a nivel mundial es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que tiene un valor entre 0-1, siendo más elevado mientras más próximo se encuentre al entero.

A su vez, este índice cuenta con distintos niveles: Muy Alto, Alto, Medio y Bajo. En marco de ese foro, doce de los 19 países se ubican en el nivel Muy Alto del Índice de Desarrollo Humano, nivel que va de desde el 1 al 0,8, asimismo cabe destacar que la mayoría de los países de la Unión Europea –representado a través de su Presidente del Consejo Europeo y del Presidente de la Comisión Europea- también se encuentran en ese nivel; cuatro se encuentran entre Nivel Alto, es decir entre 0,799 a 0,700, y dos en nivel medio: 0,699 a 0,550.

Entre indicadores de producción, los mercados de Estados Unidos, la Unión Europea y China son los tres principales superando los diez mil millones de dólares estadounidenses. Seguido por Japón, Alemania –dentro de la UE- y Reino Unido e Irlanda del Norte.

El origen del G20 tiene como precedente la Tríada (Estados Unidos, el ex Mercado Común Europeo y Japón), el G7 (Siete Países más Desarrollados), el G8 (Países más industrializados) y el G8+5.

La Tríada surgió en la década de los ‘70 tras la crisis energética desatada por el incremento del precio del petróleo, y aglutinaba a las economías que representaban el 75% del comercio internacional. Sin embargo, la participación mundial de Estados Unidos, el Mercado Común Europeo -luego  Unión Europea- y Japón comenzó a decaer en favor de los países emergentes, a raíz de una nueva división internacional del trabajo producto del desarrollo de nuevas tecnologías de las comunicación que facilitaron de manera inmediata las transacciones de las empresas.

En este sentido, de acuerdo a datos del Banco Mundial, la participación del PBI de la triada económica pasó de ser el 74% en 1995 al 54% en el 2010; asimismo se estima que en el 2050 representará el 28% de la producción Mundial. Por su parte, los países conocidos como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), todos ellos miembros de G20, incrementaron su participación en la producción mundial del 13% en 1995 al 28% en el 2010, tendencia que continuará en ascenso con una proyección del 32% en el 2050.

Este proceso se origina con la caída del bloque soviético, cuando dejó de existir el “segundo mundo”, conocido como el “socialismo real”, y junto con él también el llamado “tercer mundo”. Ello inició el proceso conocido como “globalización”. Es decir, ahora el mundo era nuevamente uno. Las actuales economías emergentes se beneficiaron con una expansión de comercio e inversión que buscó reformular la estructura económica internacional en vistas a maximizar sus beneficios.

A pesar de los esfuerzos de Estados Unidos de presentarse como la potencia hegemónica en la posguerra fría, el nuevo orden -o desorden- del concierto de las naciones no fue un mundo unipolar o hegemónico. El poder relativo de Norteamérica obligaba a consensuar con otras potencias, no pudiendo imponerse ya como lo hiciera en la posguerra de 1945 cuando concentraba por sí mismo el 50% de la producción mundial.

A pesar que el dólar continúa siendo la principal divisa del comercio, aun tras abandonar el patrón oro, han surgido otras alternativas a causa del fortalecimiento de otras divisas de cambio y valor, como el Euro y el Yen. A ello debe sumarse la erosión del poder norteamericano en el sistema financiero internacional a causa de la crisis del 2008. Washington preserva su posición dominante en las estructuras del sistema económico mundial (FMI, Banco Mundial y la OMC), pero esta primacía no ha permanecido indemne.

Esta dispersión de poder se mostró en la apertura de la comisión trilateral hacia el G7, el G8, el G13 y el actual G20. Esta ampliación se debió a la incapacidad de los dos primeros foros de representar los cambios en la vertiginosa economía, procurando un punto en común entre las grandes potencias y los países emergentes dirigidos fundamentalmente a establecer un régimen multilateral. Foro donde Estados Unidos debe acordar con otros actores el rumbo de la política económica global.

En este sentido, el desafío de un foro internacional como el G-20 debería estar orientado a promover la cooperación internacional dirigida hacia el desarrollo sostenido, pero con responsabilidades diferenciadas.

Y es que el poder evoca a la responsabilidad ética de trabajar en beneficio de aquellos sectores más empobrecidos y marginados por el sistema económico mundial, así como el respeto y cuidado del ecosistema y la biodiversidad. Ese tipo de liderazgo multilateral debería conducir a un cambio político y económico respecto a los grandes problemas de la humanidad: pobreza, desarrollo, sustentabilidad, etc.

El cambio sustancial dependerá de la (in)capacidad de los miembros del G20 de modificar el rumbo de la historia logrando establecer una gobernanza internacional de integración social y desarrollo sustentable.

De lo contrario, se tomarán decisiones mezquinas de ricos para ricos, con el riesgo de implementar políticas descoordinadas que resultarían perjudiciales al bienestar general, y desembocaría en una “guerra económica” para obtener ganancias a costas del vecino, empobreciendo a gran parte de la población por alimentar el fetiche del capital.

El clásico ejemplo del costo de oportunidad económico entre producir manteca o armas, también se presenta a los Estados en el sistema internacional. Como indica el historiador Paul Kennedy, en la historia mundial la competencia por ganancias entre las potencias emergentes  y las potencias en decadencia se resuelve por medio de la fuerza o a través de la negociación.

Debido a que el crecimiento se desarrolla de forma desigual, tanto entre sectores como entre regiones, la aparición de otros actores con poderes relativos que igualan o superan el poderío estadounidense producirá un cambio en el orden económico internacional.

El cambio sustancial dependerá de la (in)capacidad de los miembros del G20 de modificar el rumbo de la historia logrando establecer una gobernanza internacional de integración social y desarrollo sustentable o continuar navegando en aguas de tormenta con crisis permanentes, producto de la desigualdad, la contaminación ambiental, la especulación financiera, la explotación y precarización laboral.

Oscar Oñativia

Oscar Oñativia

Licenciado en Relaciones Internacionales. Especialista en Defensa, Seguridad y Economía Internacional.

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