La memoria de Uki Goñi

La posible detención domiciliaria para Alfredo Astiz despertó la indignación social. La Vanguardia conversó con Uki Goñi, el periodista del Buenos Aires Herald que más sabe sobre la infiltración de Astiz en la organización Madres de Plaza de Mayo. Este 24 de marzo, la memoria sigue viva.

Uki Goñi tenía solo 23 años cuando trabajaba en el Buenos Aires Herald. El diario que, sin quererlo, se convirtió en la caja de resonancia de los reclamos de los familiares de desaparecidos. Era el único que publicaba respecto a la existencia de las denominadas “Locas de la Plaza”, posteriormente conocidas mundialmente como las “Madres de Plaza de M

 

ayo”.

 

Goñi fue quien entrevistó por ese entonces a “Los doce de la Iglesia Santa Cruz”, personas que intentaba publicar una solicitada en el diario La Nación pidiendo por el paradero de sus familiares.  Este incipiente movimiento organizado por Azucena Villaflor fue desbaratado por la infiltración del marino Alfredo Astiz. El llamado “Angel Rubio” se presentó ante las Madres de Plaza de Mayo como Gustavo Niño, hermano de desaparecido, y comenzó a participar de las reuniones de los familiares. Proporcionó los datos que guiaron a la patota de la ESMA hasta la Santa Cruz.

Esta experiencia de vida, llevó a Goñi a escribir El infiltrado (Editorial Ariel) que, dado sus minuciosos detalles y seria investigación, fue citado como evidencia para sentenciar a Astiz en las Causa Esma II y Esma III. Por estos días, la noticia de una posible detención domiciliaria del marino despierta indignación dentro de los organismos de Derechos Humanos. La Vanguardia dialogó con el periodista al respecto.

 

¿Qué significa por estos días la posibilidad de que Alfredo Astiz obtenga la prisión domiciliaria?

La posibilidad de que el marino Astiz obtenga el beneficio de la prisión domiciliaria se enmarca en este relativismo que se impone en Argentina en este momento. Podríamos decir que es la cara políticamente correcta del negacionismo. Relativizar un crimen aberrante como los de lesa humanidad es una forma de licuar la responsabilidad.

Es como cuando se intenta justificar lo que ocurre diciendo que también hubo crímenes de la guerrilla. Son maneras de licuar los grandes avances en temas de derechos humanos, de los cuales Argentina siempre se pudo jactar de estar a la vanguardia, incluso a nivel mundial.

Pero eso ahora puede estar cambiando y lo vemos, por ejemplo en las declaraciones del diputado nacional del Pro, Nicolás Massot, que pide que se haga una reconciliación como en Sudáfrica ocurrió con el apartheid. Lo que ignora el legislador es que allí fue la única vía. Pero en Argentina hubo juicios, estas personas están condenadas y no hay manera de reconciliarse porque no aportaron ningún dato. La reconciliación no puede ser impuesta por un gobierno o por la política al pueblo. Lo mínimo que tendrían que hacer es contar donde están los desaparecidos.

Comprendo que en un caso muy particular de una persona enferma y mayor con tubo de oxigeno se le de la prisión domiciliaria pero nos estan vendiendo la liberación de 96 represores, repito tiene olor a amnistía encubierta.

¿Hay un aval del gobierno con respecto a los beneficios que pueden llegar a tener los genocidas?

El gobierno instala un clima de época con diferentes actitudes. Recordemos que por ejemplo, quisieron eliminar el feriado del 24 de marzo. Esta idea de porque están enfermos o por la edad es un claro intento de amnistía encubierta, es una manera de desgastar la conciencia civica que es muy fuerte en el país.

El gobierno instala un clima de época con diferentes actitudes. Recordemos que por ejemplo, quisieron eliminar el feriado del 24 de marzo.

Si lo relativizás es una manera de licuar el crimen. Hoy en día se quiere crear una verdad líquida respecto a la dictadura.

¿Cómo fue trabajar en el Herald en ese entonces?

Por ese entonces yo era un joven de 23 años que trabajaba en el diario, que sin quererlo se convirtió en la caja de resonancia de los reclamos de los familiares de los desaparecidos. Nosotros le decíamos “porqué vienen a este diario de habla inglesa”. Ellas nos decían “porque no nos reciben en ningún otro lado”. Recuerdo en ese momento que me parecían ancianas, pero tenían entre 40 y 50 años, hoy me doy cuenta de eso, por ejemplo.

Yo conocí a las victimas de Astiz, a las madres que fueron secuestradas, a las muchachas jóvenes. Estuve allí donde Alfredo Astiz se infiltró y se hizo amar por esas mujeres.

En muchas oportunidades, ellas me invitaron a las reuniones que realizaban, yo no me atreví a ir, sabía que corría riesgo de vida. No fui porque me daba miedo morir, tal vez fue una deuda mía con el periodismo. Tal vez hoy integraría esas listas y sería un desaparecido más.

Usted siempre que habla de las desapariciones de las Madres así como también de las demás mujeres de la Santa Cruz, habla de femicidios complejos….

Correcto. Esto fue un femicidio muy complejo, porque Astiz se infiltra, elige a 8 mujeres que son secuestradas y arrojadas, 3 son muchachas jóvenes, las madres y las monjas francesas.

Hoy, a través del cristal del movimiento de “Ni una menos” es claro que las existencias de estas mujeres tan valientes, desarmadas que se atrevían a oponerse a militareres que eran entrevistadas, estas amas de casas y estudiantes, eran algo inconcebibles para Astiz y los militares, era necesario desactivarlas, nunca lo consiguieron.

Yo las conocí a todas, a  Esther Careaga, a las jóvenes las recuerdo perfectamente porque venían al Herald todas juntas.

Imagino el contexto, tener 23 años y la responsabilidad de contar estas historias…

El clima era de terror absoluto, a las afueras de mi casa siempre había dos personas en un Falcon verde. Tenía intervenido el teléfono de mi casa, y en el diario recibíamos constantemente amenazas.

Las madres de los desaparecidos o los familiares cuando venían, lo hacían temblando, con mala apariencia, sin dormir, sin comer. Recuerdo a una de ellas que tenia un hijo desaparecido, la seguían a todos lados. Pidió que le sacáramos una foto para que en caso de que desaparezca o se “la chupen” haya testimonio de que había existido.

Las madres de los desaparecidos o los familiares cuando venían, lo hacían temblando, con mala apariencia, sin dormir, sin comer.

El clima era de terror total, un grupo de madres con miedo absoluto seguían viniendo y se sentaban conmigo, me tomaban la mano y, después, muchas no tenían donde ir.

Era consciente de lo que pasaba, era joven y quería hacer otras cosas pero a la vez me daba cuenta de que estaba siendo testigo de la historia, que tenía que estar ahí para contar los que sucedía.

¿Qué significaría para la sociedad que Astiz sea liberado y goce de estos beneficios?

Significaría que se ha rebajado a la justicia, es una manera de relativizar los crimenes de Astiz. Sabemos que lo ocurrió en Argentina es de una gravedad absoluta.

Hay un sector de personas que detestan a los derechos humanos, los piensan y perciben como los derechos de los criminales.

En  Argentina todavía no hay una conciencia del negacionismo, que se expresa en la relativización de  los crímenes. Es por esto que la memoria y contar las historias se convierte en algo importante.

Lula Gonzalez

Lula Gonzalez

Es periodista. Nació en Salta y vive en Buenos Aires. Cursó estudios de periodismo en ETER, escuela de comunicación.

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