El paro que (con)mueve

El paro internacional de mujeres parte de la lucha comprometida por la transformación de sociedades machistas y patriarcales. Discute el sistema de reproducción social, la distribución injusta de las tareas de cuidado, y pone foco en la despenalización del aborto. Es un paro que (con)mueve.

Este 8 de marzo miles de mujeres cis, lesbianas, travestis y trans saldrán a las calles en el marco del Segundo Paro Internacional de Mujeres. La fecha no solo nos motiva a una movilización o una manifestación en las calles de todo el país. La convocatoria incluye un paro total de actividades laborales por parte de las mujeres. Esto le otorga a esta jornada un contenido significativo que la hace parte de un cambio hacia la conquista de derechos exigiendo condiciones laborales dignas sin discriminación salarial, contra los recortes y el ajuste.

Hoy, las mujeres que formamos parte de ámbitos académicos, rompemos lemas impuestos. Aunque antes parecía una cuestión difícil, hoy también requiere una gran cuota de valentía. El feminismo, en esta nueva ola, ya sea en su forma de organización política, colectivo, partido o activismo, se ha instalado fuertemente y no sólo como una “temática más” sino también como un espacio de formación y construcción política sobre todo en los espacios educativos y académicos.

La fecha no solo nos motiva a una movilización o una manifestación en las calles de todo el país. La convocatoria incluye un paro total de actividades laborales por parte de las mujeres.

A las diferentes consignas que levantamos desde el primer paro y en cada movilización por mayor justicia – como la lucha por el  aborto legal, seguro y gratuito, el reclamo por despidos, el cupo laboral trans, contra la brecha salarial, la violencia machista, la cosificación mediática , paridad de género y licencias por maternidad – le incorporamos, como brazo universitario, el pedido de protocolos contra la violencia para todas las facultades, mayor presupuesto para educación, guarderías para estudiantes madre/padre y cátedras con perspectiva de género. Estas consideraciones hacen de la movilización un reclamo más amplio en cuestión de derechos laborales y condiciones dignas de trabajo.

La revolución feminista tiene, además, un tinte generacional. Aporta nuevas reflexiones. Y está, claro, atravesada por factores diversos. Entre ellos, se destaca el económico que imposibilita a una gran cantidad de mujeres a desempeñarse académica y profesionalmente. Los roles de género asumidos en esta sociedad provocan una gran brecha de desigualdad y se encuentran en sintonía con el funcionamiento del sistema de producción patriarcal que intenta convencer a la sociedad que la mujer está en su hábitat natural cuando ocupa tareas de cuidados y trabajo no remunerado. La cuestión de los liderazgos forma, asimismo, parte de una nueva construcción en el diseño institucional y social del cual hasta hace un tiempo atrás  las mujeres no habíamos formado parte. E implica, sobre todo, que las mujeres participemos en la vida política de manera más potente, visibilizando nuestro rol en la sociedad, accediendo a cargos públicos, incluídos los de elección popular. El simple hecho de que ese acceso sea tan evidentemente desigual ha evidenciado que los méritos no bastan, pues consta que hay mujeres con méritos para romper barreras y trabas. Siguen existiendo techos de cristal y espacios cerrados hacia el camino que queremos construir: el de la paridad en todos sus aspectos.

La educación es la gran herramienta con la que construimos nuestra identidad tanto sexual como de género. Las estudiantes, las maestras, y toda la comunidad educativa, precisa de nuestro derecho a una educación pública, laica y feminista. Luchamos por una educación superior comprometida con las personas y con los derechos humanos, que entienda la difusión del conocimiento como una herramienta para la mejora de la vida de las personas y cuestiona las estructuras jerárquicas tradicionales y binarias. Las mujeres universitarias ya no nos reunimos solamente en el hall de nuestras facultades, sino que ahora, más que nunca, nos organizamos y movilizamos, discutimos y avanzamos. Para bregar por espacios de participación que puedan teñirse de feminismo, para que nuestra voz se escuche en las asambleas y cursos, y sobre todo en los espacios de decisión como lo son los centros de estudiantes, consejos, coordinaciones y secretarías.

Las mujeres universitarias ya no nos reunimos solamente en el hall de nuestras facultades, sino que ahora, más que nunca, nos organizamos y movilizamos, discutimos y avanzamos.

Así avanzamos de cara a este 8M, la huelga feminista no descansa. En donde sea que estemos somos las protagonistas y seguiremos visibilizando la unidad. Hemos aprendido a acompañarnos acuñando la sororidad porque las injusticias interpelan nuestras vidas y proclamamos la necesidad de una propuesta de transformación. Nuestro feminismo, el que ejercemos desde las universidades, no es meramente académico. Apunta a acompañar a todas, desde el respeto, y apunta a cuestionar la propia estructura de la sociedad.

Carolina Elizabeth Morales

Carolina Elizabeth Morales

Estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad Nacional de Cuyo. Militante Socialista.

Sin Comentarios

No se permiten comentarios