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La importancia de la cláusula gatillo

Las discusiones paritarias  del años 2018 comparten una cosa, todas las ofertas procuraron excluir la “cláusula gatillo” (con la excepción de Santa Fe). Esa cláusula es la que garantiza que el salario no pierda poder adquisitivo frente a la inflación, y su ausencia una verdadera catástrofe en términos económicos.

En las últimas semanas comenzó la discusión de algunas paritarias, y en todas ellas existió un denominador común: las ofertas no incluyen la célebre “cláusula gatillo”. De plasmarse así en los acuerdos salariales, esto tendría consecuencias negativas para los 20 millones de trabajadores y trabajadoras, pero también para la marcha de la economía y la distribución del ingreso.

Empecemos por el principio.

CÓMO FUNCIONA LA CLÁUSULA GATILLO

Idealmente, si a fin de año la inflación fue mayor al aumento salarial acordado, debería haber un nuevo aumento que compense la diferencia. Por ejemplo, si la paritaria es del 15%, pero a fin de año la inflación total fue del 20%, automáticamente debería haber un nuevo aumento del 5%. La característica de “automático” no es menor: no depende de una nueva negociación de las partes, dado que ya fue fijado con anterioridad.

De esta manera, se asegura que el poder adquisitivo del salario no caiga por efecto de la inflación. Esto es, que con el mismo sueldo se puedan comprar la misma cantidad de bienes y servicios que un año atrás (lo que sería la situación normal en un país sin alta inflación, claro). Eso se llama mantener el “salario real” constante.

En los tres últimos años el trabajador accedió a rebajar su salario en un 10% por puro patriotismo. Suena irreal, pero es lo que está sucediendo.

Ahora bien, ¿Qué implicancias tiene para los trabajadores que se elimine la cláusula gatillo de la discusión paritaria?

En esencia, es prácticamente asegurar desde el inicio que el salario va a perder contra la inflación, a menos que ésta baje abruptamente, cosa que nadie ya cree que vaya a ocurrir. Con “aumentos” por debajo de la inflación esperada para 2018 –que el propio Banco Central ubicó en 19,4% en su última redefinición de expectativas– y sin cláusula gatillo, lo que ocurrirá es que caerá el salario real, igual que ya ocurrió en 2016.

En este escenario, la propuesta del gobierno para las paritarias –públicas y privadas– de este año, del 15% sin cláusula gatillo, no es una propuesta de aumento sino de disminución del sueldo. Los salarios reales, en promedio, perdieron 7% de su poder adquisitivo en 2016, ganaron 2% en 2017, y con esta propuesta perderían 5% en 2018. Es decir, el resultado total en los primeros tres años de gobierno de Cambiemos sería -7+2-5 = -10. Diez por ciento de caída del salario real en tres años. En un país sin inflación, eso equivaldría a que por cada 1.000 pesos que ganara un trabajador en 2015, en 2018 ganara 900 (100 pesos menos). O sea, se sentó en una mesa de negociación y accedió a rebajar su salario en un 10% por puro patriotismo.

Suena irreal, pero es lo que está sucediendo. La inflación enmascara este proceso y permite que ocurra sin la resistencia que ocasionaría un recorte directo en los salarios nominales. Vale recordar, sino, que en 2001 López Murphy debió renunciar sólo cuatro días después de anunciar su plan de ajuste, que incluía un recorte del 13% de los salarios estatales.

Obviamente, no todos pierden en esta historia. Los créditos UVA, que actualizan por la inflación, son la cláusula gatillo que sí tienen los bancos para no perder. También tiene cláusula gatillo, por ejemplo, el bono por 70 mil millones de pesos que colocó recientemente el gobierno nacional. Las tarifas de los servicios públicos están aumentando mucho más que la inflación, pero el objetivo del gobierno es, una vez que lleguen al valor deseado (sin subsidios), que en adelante aumenten igual que la inflación.

¿Por qué, entonces, el gobierno insiste con esta propuesta salarial?

Lo que están haciendo es intentar utilizar los salarios como “ancla” antiinflacionaria. Es decir, al ser los salarios parte de los costos de las empresas, apuntan a que bajando esos costos, bajen los precios, y por tanto la inflación. Esta visión liberal, que desconoce la diversidad de estructuras de costos de los distintos sectores económicos, se choca también con la realidad: en 2016 el salario real cayó un 7% y sin embargo la inflación fue de un 40%.

No todos pierden en esta historia: sí hay cláusula gatillo para los bancos.

Vale recordar también que la elección de los salarios como ancla contra la inflación responde a la decisión del gobierno de liberar (y aumentar) los otros grandes “precios de referencia” que tiene la economía: dólar, tasa de interés y tarifas. Y también responde, en el caso de las paritarias de los empleados públicos, a la intención de ahorrarse ese dinero del presupuesto y bajar el déficit, igual que con la reforma previsional.

Con la honrosa excepción del gobierno de Santa Fe, que está ofreciendo cláusula gatillo a sus docentes, todas o casi todas las provincias están siguiendo a rajatabla la directiva del gobierno nacional.

ALGUNAS CONSECUENCIAS PARA TODA LA ECONOMÍA

Lo que los economistas pre-keynesianos del gobierno olvidan es que el salario, además de costo, es fuente de demanda. Y sabiendo que el Consumo es el 70% del PBI, queda claro que es difícil que la economía crezca cuando el 70% de la misma depende de esos salarios que están cayendo. Si bien el tema es complejo, no fue casualidad que la economía cayera en 2016, y se recuperara en 2017, al igual que el salario real.

Además, esta rebaja del salario real implica que la gran mayoría de los trabajadores empeoran su situación relativa, es decir, en relación a los otros perceptores de ingresos de la sociedad (que no ven caída en sus ingresos reales): perceptores de rentas, de beneficios del capital y trabajadores de altos ingresos. Para muestra basta un botón: según datos del INDEC, en el tercer trimestre de 2016 el 10% más rico de la población ganaba 22 veces más que el 10% más pobre, mientras que un año después (paritarias por encima de la inflación mediante) esa brecha se redujo a 20 veces.

Otra consecuencia de esta rebaja salarial es que se incrementa la pobreza. No sólo es posible trabajar y seguir siendo pobre: contra el relato meritocrático, los datos del propio Ministerio de Trabajo muestran que prácticamente la mitad de los trabajadores registrados (en blanco) del sector privado cobran salarios inferiores a la línea de pobreza para una familia tipo.

En economía, lo que alguien pierde no se evapora, sino que lo gana otro.

¿QUÉ ESPERAR DE TODO ESTO?

Vale la pena notar que la famosa cláusula gatillo empezó como una propuesta del gobierno, cosa que este año rápidamente descartaron. En cambio, plantean su reemplazo por una “cláusula de revisión”, que significa volver a sentarse a discutir, si a fin de año la inflación fuera mayor al aumento salarial. Como si fuera necesario firmar un pacto de antemano para sentarse a discutir. En criollo, lo que implica la cláusula de revisión es preguntar “¿Me vas a pagar lo que pierda?“ y que te respondan “Después vemos”.

Para peor, este es un año no electoral, con lo cual es esperable que las negociaciones sean duras. Vale recordar que el año pasado las paritarias con los docentes (entre otras) se resolvieron “mágicamente” al acercarse las elecciones, accediendo el gobierno a pagar un aumento que hasta entonces había considerado imposible. La reforma laboral no viene sólo en forma de leyes: también viene en forma de salarios más bajos y desempleo más alto.

Cabe resaltar, también, que luchar por la cláusula gatillo es tan sólo luchar para que el salario no pierda poder adquisitivo. Lejos estamos de que los planteos por mejorar el salario real y la distribución del ingreso tengan fuerza en esta situación.

Con la excusa de eliminar el “impuesto inflacionario”, se está efectuando un recorte del 10% por ciento sobre los salarios, que no es un impuesto sino una transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados. En economía, lo que alguien pierde no se evapora, sino que lo gana otro.

 

 

 

 

Francisco Barberis Bosch

Francisco Barberis Bosch

Economista. Docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Ex presidente de la Federación Universitaria de Mar del Plata (FUM). Integra el colectivo “Economistas Progresistas”

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