¿Es posible una historia desapasionada de la Guerra Civil Española?

El GEFREMA es una organización que promueve el estudio de la Guerra Civil Española a través de su blog, encuentros académicos y publicaciones. Su presidente, Antonio Morcillo, defiende un acercamiento desideologizado y objetivo para indagar esos procesos.  

La Guerra Civil Española parece algo lejana para el público argentino y para todo el mundo en general. Sin embargo, la discusión, conocimiento, y posturas frente a ella todavía siguen operando como un imán polarizante de opiniones. Los argentinos saben de la importante influencia que el conflicto tuvo sobre las posiciones políticas partidarias locales, gubernamentales, y de la innumerable cantidad de emigrantes presentes durante el conflicto en nuestro país.  Y no solamente eso: la emigración del exilio español fue muy significativa, tanto de personas involucradas con el comunismo (tema más estudiado) como con los anarquistas, socialistas y otras posiciones políticas. El eco de la Guerra Civil Española todavía retumba con fuerza.

El Grupo de Estudios del Frente de Madrid, más conocido como GEFREMA, realizó la última  semana de noviembre unas Jornadas científicas donde se presentaron varias discusiones acerca de la Guerra Civil Española y sus múltiples aristas. Además se organizaron dos circuitos, con visitas guiadas, por Madrid, donde se mostraron los lugares de combate, se explicaron las acciones y se discutieron los avances de conocimiento sobre diversos temas.  La asociación también edita una revista que intenta salir dos veces al año, en la cual se debaten los temas más polémicos de este proceso histórico en particular: la muerte de Durruti, las Checas de Madrid, el papel del edificio de la Telefónica durante la guerra, la batalla de la ciudad Universitaria, entre tantos otros.

“España tiene una Ley de Memoria Histórica y compartimos parte de su espíritu, pero no necesariamente compartimos la trayectoria que esta ley ha llevado. La memoria histórica se ha desarrollado en España como fenómeno reivindicativo en contra del franquismo y a favor de los que perdieron la guerra”.

Por eso, las Jornadas como las que organiza la agrupación del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) son de vital importancia. Dado que intentan avanzar en un conocimiento objetivo y promoviendo un ámbito tolerante para las diferentes posiciones enfrentadas, estas jornadas son prácticamente un oasis en el maremágnum de libros, artículos, y reseñas que versan sobre el conflicto.

La Guerra Civil Española dejó muchas lecciones para las fuerzas progresistas de las cuales todavía hay que aprender. Más allá que los problemas urgentes sean los de hoy hacia nuestro futuro, uno podría decir de inmediato que este pasado, que tanta presencia tiene en nuestro imaginario, merece una discusión seria, compleja y plural. Antonio Morcillo, presidente de este grupo de estudios, da cuenta de este desafío en conversación con La Vanguardia.

¿Qué es GEFREMA? ¿Cuál es el espíritu de estas Jornadas?

GEFREMA es el acrónimo de Grupo de Estudios del Frente de Madrid. Es una asociación sin animo de lucro que fundamos un núcleo duro de 31 personas precisamente en noviembre de 2002, hace quince años. En realidad nos juntamos un pequeño núcleo de seis o siete en noviembre de 2002 y en enero de 2003 tuvimos la primera junta constituyente que reunió a esas 31 personas. Nuestro fines fueron y siguen siendo realizar un estudio técnico, científico, no político, lo más desapasionado posible, “histórico” por decirlo en una palabra, del fenómeno de la Guerra Civil circunscrito a la Comunidad de Madrid. Nosotros tenemos un conocimiento amplio de la Guerra Civil en todo el país, pero las asociaciones tiene que registrarse como asociaciones de ámbito comunitario.

La singladura ha sido larga y compleja. Se basó sobre los principios del estudio y la conservación de los restos que la Guerra Civil había dejado, y reivindicar la protección de los mismos. Reivindicar la protección de los restos es un fenómeno que la experiencia nos ha demostrado es muy compleja, y hace quince años aún más. Por lo que nuestra función ha sido últimamente mucho más dedicada a la investigación histórica, aunque siempre se terminaba insistiendo en la reivindicación del patrimonio de la guerra.

“Nuestros objetivos no son el estudio de la historia de la izquierda ni de la derecha, sino el estudio de la historia en sí. Y ese estudio debe ser desapasionado, pues para las reivindicaciones hay otro cauces”.

En comparación con Argentina, en la que hubo durante la gestión del gobierno anterior un rescate de la memoria del golpe y la represión del golpe de 1976, a mí siempre me ha llamado la atención la ausencia de un rescate de la Guerra Civil Española, de un trabajo de memoria histórica como el que hace el GEFREMA. Aunque veo que en este último tiempo hay más escucha y atención respecto del trabajo que ustedes vienen haciendo:  ¿Es correcto esto? ¿Hay más receptividad? ¿Hay ciertos avances?

Sí, sin lugar a dudas sí. En primer lugar, en aquel momento de 2002 y 2003 pensamos que habían pasado ya demasiados años como para que esto se pudiera estudiar de una manera ya “técnica” y “científica”. Craso error, eso no es posible. Porque por las huellas que dejó la Guerra Civil es posible que tengan que pasar en este sentido generaciones completas para desapasionar el tema. El término Memoria Histórica es reciente. España tiene una Ley de Memoria Histórica y compartimos parte de su espíritu, pero no necesariamente compartimos la trayectoria que esta ley ha llevado. Si entendemos como memoria histórica la memoria de algo que ocurrió y que se desea estudiar históricamente, bien, pero la memoria histórica se ha desarrollado en España como fenómeno reivindicativo en contra del franquismo y a favor de los que perdieron la guerra. Tiene elementos muy loables, pero en cierta manera tiende a atacar una parte de la historia, y con eso ya está negando nuestros objetivos. Porque nuestros objetivos no son el estudio de la historia de la izquierda ni de la derecha, sino el estudio de la historia en sí. Y ese estudio debe ser desapasionado, pues para las reivindicaciones hay otro cauces. Por eso el término memoria histórica en España es actualmente complejo. Lo resumiría diciendo que es una ley en sus orígenes loable, luego se empiezan a hacer una serie de reivindicaciones y artículos, que desvirtúan bastante su principio. Por lo menos el principio de la investigación histórica. Actualmente existe una especie de caza de brujas contra los restos del franquismo, que por cierto, para nosotros, son tanta historia como la otra. En este sentido te recuerdo una frase del Conde de Romanones, político español de principios del siglo XX que “nadaba” en todos los gobiernos, daba igual el sentido político de uno u otro gobierno. Cuando entraban a gobernar los de sentido contrario al suyo, él decía: “Vosotros haced las leyes, que yo haré los reglamentos”. Entonces claro, a mi modo de ver, una ley que tiene principios puros se va degenerando con sus reglamentos posteriores y a veces se convierte en un fenómeno reivindicativo contra cuestiones que también son historia.

Siguiendo los debates que se dan en GEFREMA, me sorprende el marco en el cual se dan las discusiones de los temas objetivos de la historia. No hay otros lugares como GEFREMA, tan bien consolidados, de respeto por las diferencias políticas, y énfasis en la información objetiva respecto de la historia. ¿A que lo atribuís este espíritu?

 Las herramientas tecnológicas actuales son elementos auxiliares de GEFREMA. Institucionalmente no entra GEFREMA en las discusiones, pero sería un poco poner puertas al mar. Es un medio que hoy en día se utiliza, y como tu bien dices, es un medio de debate, en el que GEFREMA no entra. Pero de aquí surge un espíritu que los administradores del blog  hacen ver constantemente, es el espíritu de GEFREMA. La moderación, la información, el evitar apasionamientos irracionales. No siendo una cuestión propia de GEFREMA directamente, porque evitamos esas cuestiones, pues la investigación tiene que ser ajena a las opiniones y a la politización. Lógicamente ese talante es difícil de encontrar en este país y probablemente en otros.

Te reafirmo que, por lo menos en Argentina, no hay un lugar de discusión de la historia reciente equivalente al GEFREMA. He visto que la Comunidad de Madrid ha reconocido en el Puente de los Franceses y creo que en la Casa de Campo unas cosas que ustedes tiene identificados y ahora eso se va respetar: ¿Eso es así?

Vamos a ver, la situación ha cambiado bastante desde aquellos años iniciales de GEFREMA donde nadie hacía caso a la conservación y preservación de elementos de la Guerra Civil. Ante una presión social evidentemente las administraciones han cambiado algo al menos en la forma, tal vez no en el fondo. Pues sí, actualmente hay iniciativas en torno al Puente de los Franceses. El Ayuntamiento de Madrid (no la Comunidad) ha tomado la iniciativa de conservar unos restos aún existentes y divulgarlos con la colocación de unos paneles donde nosotros intervenimos directamente. En la Casa de Campo se hizo hace unos años una catalogación muy somera de restos en la cual nosotros intervinimos en primer lugar. Hoy día, hay mucho arribista, mucho investigador con poca formación, que adquiere cierta repercusión mediática y engancha a las administraciones. Las administraciones por desgracia van por detrás del impulso popular, y después le tienen que dar una respuesta. La respuesta en muchas ocasiones es carente de entusiasmo formal, y a veces es poco científica. Desde luego no le podemos pedir a la Administración que sienta estas cosas como las sentimos nosotros. Nosotros la sentimos como una parte nuestra vida. No obstante, estamos en buen camino, ya que la Administración responde, aunque sea de manera incompleta. De hecho en 2013, que es una fecha relativamente cercana, ya la Comunidad de Madrid promulgó una ley de Patrimonio haciendo una protección genérica de estos restos, que antes cualquiera podría llevárselos por delante. Actualmente esa ley se considera bastante imperfecta, se quiere modificar, pero se está en el camino.

“Para las pasiones ya está el fútbol. La historia tiene que carecer de pasiones”.

En Argentina es usual la colocación de placas donde fueron secuestrados y después desaparecidos distintos militantes. Yo acá en Madrid no las he visto. Por ejemplo, hoy fui al Puente de los Franceses y no he visto ninguna indicación,  ningún cartel.

La va a ver, se están elaborando los carteles. Lo que pasa es que nosotros escapamos del lenguaje conmemorativo, del lenguaje glorificador de uno contra otro, nuestro estilo no es colocar una placa ni una historia, sino colocar paneles informativos, asépticos. Hay otras agrupaciones que pretenden levantar monumentos reivindicativos y exaltatorios de una ideología, lo cual no me parece mal. No se trata, por ejemplo, de destruir los monumentos que levantó el franquismo, que para mí no son ya un símbolo, sino que son historia, y poner otros en su lugar. Yo creo que en este país no sobran monumentos, faltan monumentos.

¿Estas hablando del Valle de los Caídos, no? 

Sí, u otros. Cualquier monumento del pasado, aunque tenga un carácter ideológico. El carácter ideológico lo puede tener también la poesía, y la poesía es la belleza del lenguaje y también puede tener una carga ideológica. Yo creo que el problema de todo este asunto reside en la cabeza de la gente, no en los símbolos que hay. Para mí los monumentos que existen son historia, sean de un signo o de otro. Creo que evidentemente hay muchos que faltan. A lo mejor son de una ideología izquierdista, porque esa ideología estuvo reprimida durante muchos años. Recuerdo que un socio nuestro, que hoy vive en Japón, veía este problema.  Cuando quitaron la estatua de Franco que estaba cerca de la de Largo Caballero veía este problema que sufrimos los españoles. Él, como extranjero, lo veía tranquilamente desde fuera y decía:  “Seguramente a la noche Franco y Largo Caballero, en sus estatuas hablarían tranquilamente unos con otros” (risas). Yo creo que el pasado no se puede borrar. Y si quitamos determinadas cuestiones, debemos tener en cuenta a las generaciones siguientes y no privarlas de algo que hubo y que hicimos desaparecer. Acaso con el criterio de moda debiéramos quitar las pirámides de Egipto porque fueron realizadas bajo sistema de esclavitud. Creo que hay que poner la historia en su sitio. Lo que hay que cambiar mediante la información, mediante la educación, es la mentalidad de la gente. Siempre digo en mis conferencias que para las pasiones, aquí, y en Argentina seguro también, para las pasiones ya está el fútbol (risas). La historia tiene que carecer de pasiones.

Estas Jornadas son las sextas, tuvieron más repercusiones que otras, ¿Cuál es tu evaluación? ¿Qué balance hace al cierre de estas jornadas?

El balance que hago es que seguimos en la línea de los últimos años y el interés por nuestras Jornadas ha ido creciendo en aumento. La cifra de asistentes es similar a la de otros años, aunque el hecho de que la cifra sea un poco mayor o un poco menor no es muy significativo. El  interés que existe por este tipo de jornadas es enorme, el prestigio que tenemos es grandísimo, y la difusión de las mismas a través de redes sociales es asimismo enorme, es una cuestión que está totalmente consolidada, es un clásico de la Guerra Civil aquí en Madrid. GEFREMA es un clásico justamente por el talante que tiene. Cuando fundé GEFREMA (yo fui el socio número uno), se hizo con unos criterios que me parecieron lógicos, que se aportasen diversas ideologías, que fuéramos capaces de dialogar, de ser tolerantes, de convivir, esto que yo concebía como una cuestión lógica. Lo que en ese momento era cuestión lógica, hoy es una cuestión exótica, no hay ninguna asociación que lo haga en este formato. Lo que debería ser normalidad hoy es un exotismo. Y estas Jornadas se han convertido en un referente, y el éxito de todos los años es grandísimo. El interés no es ya tanto por el tema de la Guerra Civil, sino por el tratamiento civilizado que se le da. Es un interés creciente y muy grande.

“No se trata, por ejemplo, de destruir los monumentos que levantó el franquismo. Yo creo que en este país no sobran monumentos, faltan monumentos”.

Obviamente, para todo español o descendiente de español, la Guerra Civil es de un interés importante. En la Argentina, por ejemplo, hay una gran cantidad de hijos, nietos y exiliados, participantes de la Guerra Civil, anarquistas, comunistas, de todas las tendencias, incluso grandes personajes: desde Vicente Rojo hasta Alcalá Zamora. En base a eso me pregunto: ¿Cuál es específicamente tu interés personal por este tema?¿Tu padre combatió en la guerra?

Sí, efectivamente. Yo ya me considero en una edad avanzada, tengo sesenta y cuatro años. Mi padre me hizo ver el interés por la Guerra Civil. Mi padre participó en la Guerra Civil en lugares bien calientes de la guerra. Por ejemplo era soldado en el Cuartel de la Montaña cuando la sublevación del 20 de julio. No pasó peligro, allí se salvaron casi todos, los soldados no participaron en la rebelión. Él fue de ideología izquierdista siempre, y la mantuvo hasta su muerte en 2012. Participó en muchas importantes batallas de la Guerra Civil hasta que su material se desgastó.  Mi padre fue hombre que combatió en Brunete, Belchite, Operación Zaragoza, Teruel… Después no estuvo en más lugares destacados porque sus piezas ya no daban para más. Luego estuvo ya en posición en frentes consolidados. Terminó la guerra, como es natural, represaliado, en un campo de concentración. Después volvió  a la vida civil, tuvo sus hijos, yo soy el más pequeño de sus cuatro hijos. Mi padre tuvo la actitud de un cincuenta por ciento de gente. Después de la guerra, un cincuenta por ciento de gente, sobre todo de izquierdas, no quiso hablar del tema por miedo. Mi padre era del otro cincuenta por ciento, de los que sí hablaron y siempre me contaba cosas. Mi madre, que aún vive, fue lo contrario.  Mi madre tenía ese otro carácter, que no se entere nadie de lo que le vivió, de lo que ella sabía. Mi padre me lo contaba todo, y por eso quizá sea que yo tengo este interés. Después de varios años en GEFREMA mi padre resultó ser un ícono y fue muy querido por muchos socios. Asistía a actos, contaba sus vivencias. Una de las cosas que yo tengo que agradecer a mis amigos de GEFREMA, porque tenemos unos profundos vínculos afectivos, es que nunca voy a poder agradecerles suficientemente el cariño que ellos mostraron a la figura de mi padre hasta que falleció en el 2012.  Posiblemente yo tengo este interés por haber sido hijo de un padre que vivió aquellos episodios y fue comunicativo, posiblemente por eso desarrollé ese interés. Esa es un poco mi historia de cómo entré en este asunto. Hoy en día, sobre la Guerra Civil quizás soy uno de los mayores especialistas, ahora bien, si yo hoy tuviera que implicarme con la profundidad que lo he hecho en este tema de la Guerra Civil, no lo haría. Estudiaría otra cosa. La sociedad española me decepciona un poco en este sentido. Tal vez investigaría sobre otros temas,  sobre la Guerra de Marruecos o la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día no habría hecho GEFREMA, lo digo a nivel personal. Hay en esta sociedad un rechazo a la racionalidad, a la concordia. No me gusta la participación institucional, ni la de mucha gente. Esto que se ve en estas jornadas es una élite, muy grande, de gente civilizada a la cual yo me entrego, pero cuando tropiezo con la gran sociedad, con la gran opinión, con los medios de comunicación y con las administraciones me decepciono un poco. Ahora, viendo lo que he visto desde 2002, no habría empezado el proyecto de GEFREMA, pero siempre he sido un combatiente responsable y, sin duda,  seré el último que deje la trinchera.

Yo creo que es algo importante, deja un faro en una sociedad que no quiere discutir, o que quiere dejar asentadas ciertas cosas y no otras y listo.

Sin duda soy consciente de la labor que hago y la importancia de GEFREMA y el impulso que yo le doy, pero si tuviera que empezar ahora esta Cruzada, no la haría, haría otra…

 

Diego Cano

Diego Cano

Consultor en medios digitales RTP Advisory y director del CEIH (Centro de Estudios e Investigación Histórica)

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