Filosofía en la escuela: aprender pensando

¿Por qué no podría la filosofía coexistir con otros aprendizajes en los diferentes niveles educativos? El autor de esta crónica viene poniendo en práctica en la escuela primaria algunas estrategias que considera útiles en el proyecto de una educación integral en conjunción con la ciencia, el arte o el deporte.

Algunos lectores pensarán que la filosofía es, en la escuela primaria, una asignatura imposible. Dudarán de mis debates filosóficos en un aula de cuarto grado. En nuestros intercambios o debates planteamos interrogantes que todos los humanos intentamos responder alguna vez: el origen del universo, la existencia de los dioses, lo infinito, la verdad, la apariencia. Otros sabrán de la existencia de propuestas filosóficas infantiles. En años anteriores, conocí la propuesta de Filosofía para Niños. En el presente ciclo lectivo decidí, de alguna manera, implementar una propuesta menos ambiciosa, pero con un propósito similar: el apasionante ejercicio del pensamiento crítico. En uno de nuestros primeros encuentros filosóficos, simplemente borré el pizarrón y escribí la siguiente frase:

La única oración en este pizarrón es falsa.

 

En otras palabras, propuse discutir una versión de la conocida paradoja del mentiroso. Ante la pregunta, algunos adjudicaron falsedad automáticamente. Podríamos reproducir la escena del aula de la siguiente manera:

—¿Es verdadera?

—¡No! ¡Es falsa!

—Entonces es verdadera, porque dice la verdad…

—¡Entonces es verdadera y falsa!

—¿Cómo podría ser verdadera y falsa, si una frase es verdadera cuando no es falsa?

¿Por qué no podría la filosofía coexistir con otros aprendizajes en los diferentes niveles educativos? Según algunas visiones, la filosofía es un saber inútil.

Durante el desarrollo de la discusión intentaba, por mi parte, hacerlos razonar de manera socrática. Me sorprendía la conformidad con la contradicción evidente. Otros, en cambio, no aceptaban la incoherencia detectada. Les hablé del matemático, lógico y filósofo Bertrand Russell. Les expliqué la paradoja de la roca, con la cual Russell intentó demostrar la inexistencia de Dios. Explicitamos, simultáneamente, el derecho a la libertad de creencias con independencia del valor de verdad de las mismas. Intentaron objeciones al planteo del filósofo inglés. Les expliqué los argumentos de René Descartes, con los cuales el matemático y filósofo francés intentó demostrar la existencia de Dios. Como docente, disfruto al observar los gestos de asombro, inquietud, resolución provisoria. Al finalizar la discusión, en las carpetas registramos la actividad, actividad que titulamos La hora del debate filosófico. Además, mencionamos similitudes y diferencias entre ciencia y filosofía.

 

En las carpetas registramos lo conversado.

 

LITERATURA Y FILOSOFÍA

En otra oportunidad, disfrutamos de temas filosóficos durante la lectura de textos literarios, tales como El sueño de Chuang Tzu o La vida es sueño. Incluso, con explicaciones adicionales, disfrutaron de los poemas de Borges Arte poética y Ajedrez. Hablamos de los sueños, las apariencias, la vigilia. Nuevamente, recordamos a René Descartes. Consideramos lo problemático de confiar completamente en nuestros sentidos. A continuación, transcribo las palabras de mi alumno Juan: “Pienso que los sueños a veces nos pueden confundir, porque no sabemos si estamos soñando o durmiendo, como le pasó a Chuang Tzu, que estaba soñando que era una mariposa y cuando despertó no sabía si era una mariposa o si era él mismo”.

EL PENSAMIENTO LÓGICO

En otras oportunidades, propuse el ejercicio del pensamiento lógico. Incluso, resultó motivador resolver situaciones problemáticas publicadas por usuarios de Facebook, como la imagen de las tres proposiciones y las tres cajas, unas de las cuales contiene un auto. Mi alumno Matías dedujo la ubicación del auto. Expuso, además, el argumento correspondiente.

¿Dónde está el coche?

En las redes sociales podemos encontrar situaciones problemáticas motivadoras.

Un auténtico aprendizaje de la matemática necesita de la lógica. Cuando iniciamos el estudio de los números racionales, mencioné la posibilidad de expresar dichos números como cocientes de dos enteros. Juan, anteriormente mencionado, razonó de la siguiente manera para probar la inclusión del conjunto de los enteros en el conjunto de los racionales: “Si tenés un número natural lo podés multiplicar por dos. Eso te da el doble, que es un número natural. Entonces lo dividís de vuelta por dos y te da el mismo número”.

A los fines prácticos, dada la definición del racional como cociente de dos enteros, podemos observar, en el razonamiento de Juan, una demostración matemática en palabras de un chico de nueve años.

Algunos lectores pensarán que la filosofía es, en la escuela primaria, una asignatura imposible. En nuestros intercambios o debates planteamos interrogantes que todos los humanos intentamos responder alguna vez.

Hablé de las experiencias anteriores con el filósofo santiagueño Nicolás Pérez. Las  palabras de mi amigo resumen los hechos: “Eso está muy bueno, porque los sacás de su comodidad intelectual”.

¿Por qué no podría la filosofía coexistir con otros aprendizajes en los diferentes niveles educativos? Según algunas visiones, la filosofía es un saber inútil, un saber carente de practicidad. Considero que será de utilidad en el proyecto de una educación integral en conjunción con la ciencia, el arte o la actividad deportiva. Como maestro, deseo promover el pensamiento crítico. Me satisface ver en mis alumnos la inquietud, la duda, la racionalidad, la búsqueda de respuestas.

Carlos Pose

Carlos Pose

ES DOCENTE EGRESADO DEL ISFD Nº 108, UBICADO EN EL PARTIDO DE MORÓN, PROVINCIA DE BUENOS AIRES. CURSÓ ESTUDIOS DE FILOSOFÍA. ACTUALMENTE ESTUDIA CIENCIAS MATEMÁTICAS EN LA UBA.

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