Celil Kaya en la Turquía que censura y oprime

Luego de perder la mayoría en las elecciones de junio de 2015, el presidente Erdoğan ordenó la ruptura del proceso de paz con la insurgencia kurda del PKK, lo que fue respondido con atentados que costaron la vida a militares y civiles. Aquí conversamos con Celil Kaya, uno de los académicos víctimas de la persecución, para conocer, de primera mano, los padecimientos de la “muerte civil” en la que viven.

Recep Tayyip Erdoğan, el presidente turco, se encuentra en el centro de varios cuestionamientos globales por el creciente autoritarismo que sufre el país que gobierna.

Censura, despidos masivos en el sector público, y detenciones arbitrarias de periodistas, activistas y dirigentes opositores han marcado su mandato desde que, tras un fallido intento de Golpe de Estado, el 15 de julio de 2016, se decretara el Estado de Emergencia, otorgando al presidente facultades excepcionales.

Sin embargo, el giro hacia un Estado autoritario no arrancó en aquel momento, dado que, ya desde antes, el accionar del gobierno generaba preocupación en el mundo.

Luego de perder la mayoría en las elecciones de junio de 2015, el presidente Erdoğan ordenó la ruptura del proceso de paz con la insurgencia kurda del PKK, lo que fue respondido con atentados que costaron la vida a militares y civiles. La respuesta del Estado fue brutal, ocupando militarmente ciudades de mayoría kurda en el sudeste del país, donde el accionar militar ha recibido serias acusaciones indican la comisión crímenes de lesa humanidad sobre la población civil.

Luego de perder la mayoría en las elecciones de junio de 2015, el presidente Erdoğan ordenó la ruptura del proceso de paz con la insurgencia kurda del PKK.

A finales de aquel año, un grupo de académicos de Turquía firmó una declaración en favor de una solución negociada para el conflicto entre el estado turco y el PKK.

En ese entonces, el presidente los calificó de terroristas y se tomaron medidas contra sus signatarios, que fueron despedidos y hasta acusados de delitos de complicidad, apenas por haber prestado su firma.

Esta semana, comenzaron los juicios contra los organizadores de la solicitada. Personalidades como Judith Butler, Dani Rodrik o Noam Chomsky expresaron su solidaridad con los acusados.

Conversamos con Celil Kaya, uno de los académicos víctimas de la persecución, para conocer, de primera mano, los padecimientos de la “muerte civil” en la que viven.

Celil, ¿Qué solías hacer y cuál es tu situación actual?

Trabajé como asistente de investigación en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Ankara, hasta el 1 de septiembre de 2016, cuando fui despedido, e impedido de ejercer ninguna función pública por un decreto de emergencia. Ahora, estoy tratando de escribir mi tesis de doctorado.

¿Cuáles fueron las acciones tomadas en su contra, formal o informalmente, después de la declaración por la Paz?

Después de la “declaración por la paz”, los signatarios quedamos expuestos a incontables ataques verbales e investigaciones administrativas y penales.

En ataque comenzó en el propio presidente, Recep Tayyip Erdoğan, cuando dijo que todos los signatarios eran “traidores, terroristas, gente oscura”  (la palabra turca para intelectual es “aydın” -luminoso o iluminado- ). Tras la ofensiva del presidente, los fiscales tomaron acción y abrieron diversas investigaciones. Poco después de la declaración, la Universidad de Ankara abrió una investigación disciplinaria en contra de los académicos que firmaron la declaración. La investigación sigue en curso.

Durante las investigaciones mis colegas signatarios y yo hemos enfrentado  amenazas de la Policía, en las redes sociales y en los medios de comunicación.

Asimismo, la dirección de la Universidad nos envió un mensaje informal, diciendo que, si retirábamos nuestra firma, seríamos perdonados y se cerraría la investigación sin aplicar penas, pero si no seríamos despedidos. Aquello culminó con el decreto por el que perdí no sólo mi trabajo como universitario, sino que me fue prohibido acceder al empleo en cualquier área del servicio público. Esto significa que, en lo sucesivo no vamos a poder trabajar en ninguna universidad, pública o privada, ninguna institución estatal, etcétera, en Turquía

Después del intento de golpe de Estado, los dedos apuntaban al movimiento de Fethullah Gülen, un clérigo islámico vinculado históricamente a la centroderecha y el nacionalismo turco, y durante un breve momento, el discurso principal fue de unidad nacional. El grupo de ustedes había sido blanco del autoritarismo, antes del intento de golpe, pero ante una agresión contra el gobierno de otro sector ¿existía alguna esperanza entre ustedes de que su situación volviera a la normalidad, o la hostilización continuó de la misma manera después de aquel 15 de julio?

El intento de Golpe de Estado, que tuvo lugar en el 15 de julio, le dio la oportunidad al Gobierno de “limpiar” de disidentes la totalidad de la planta. Fuimos despedidos rápidamente tras aquel intento. Tayyip Erdoğan y el gobierno del AKP saben bien que los signatarios de la Declaración por la Paz son opositores al movimiento de [el clérigo exiliado al que Turquía acusa de haber planeado el intento de golpe, Fettulah] Gülen. Cuando los gulenistas eran fuertes en las universidades persiguieron también a los académicos demócratas y libertarios como nosotros. Pero después del 15 de julio, el gobierno declaró el Estado de Emergencia y empezó a vincular, falsamente, a los activistas por la paz a los golpistas y sus seguidores. Por lo tanto, la hostilización se incrementó cada vez más después del intento de Golpe.

¿Qué motivación te dieron para tu despido?

El decreto de despido afirmó que tenemos vínculos con grupos terroristas. Pero no hay pruebas de ninguna clase, y ni siquiera un grupo particular mencionado en el decreto

¿Cómo has sobrevivido después de la salida? ¿Es posible trabajar como académico en el sector privado o como profesional después de haber sido incluido en un decreto de estado de emergencia?

Como mencioné anteriormente, no estamos en condiciones de trabajar en universidades, públicas ni privadas, ni en ninguna institución pública después de nuestro despido. Un columnista oficialista, Cem Küçük, dijo que vamos a ser condenados a “Muerte Civil” en uno de sus artículos.

Esto significa que hemos perdido casi todos nuestros derechos: derecho de empleo, la seguridad social, etc.

“El decreto de despido afirmó que tenemos vínculos con grupos terroristas. Pero no hay pruebas de ninguna clase, y ni siquiera un grupo particular mencionado en el decreto”.

¿Aumentó el ritmo de compañeros profesores o investigadores que se mudan al extranjero por falta de libertad académica? ¿Pensaste en mudarte?

Muchos académicos se han trasladado al extranjero en el año pasado, debido al clima de   opresión. Pero por desgracia, en el citado decreto, el Gobierno impone una prohibición de abandonar el país para los académicos despedidos. He ganado una beca de un año en la Universidad de París Dauphine en mayo pasado, pero no me permiten salir de Turquía.

¿Cómo considerás que las purgas afectarán el debate científico e intelectual en Turquía? ¿Esperas que haya más, intentando ocupar puestos con elementos leales al gobierno, o creés que su objetivo era apenas silenciar la disidencia?

Creo que el Gobierno tiene dos objetivos principales, tal como señala tu pregunta. El fallido intento de Golpe de Estado les dio una gran oportunidad para “limpiar” las universidades.

Han llevado a cabo las operaciones de purga, paso a paso, para reducir al mínimo las reacciones. Como consideración personal, yo no espero más purgas, porque ya han despedido a más de 120.000 empleados públicos (incluidos casi 5.000 académicos, de los cuáles 330 fueron signatarios de la declaración).

El Gobierno ya ha comenzado a llenar las vacantes con leales. No hay duda de que esto afectará para mal la vida intelectual de las universidades turcas. Porque, después de la purga, casi el único criterio para tomar un trabajo en las universidades ha sido la lealtad al Gobierno y la figura de Recep Tayyip Erdoğan; la calificación científica tiene importancia secundaria. Por lo tanto, el gobierno parece tener éxito en el logro de su segundo objetivo, silenciar la disidencia.

Ellos quieren matar a dos pájaros con una piedra y, al menos por ahora, alcanzaron sus objetivos.

¿Ves algún elemento para pensar que la situación turca podría mejorar a corto o mediano plazo?

Por desgracia no creo que el situación vaya a cambiar en corto plazo, debido a que el objetivo de presidente Erdoğan es mantener el Estado de Emergencia hasta el 2019, cuando tengan lugar las próximas elecciones presidenciales. Él piensa que puede ganar con un discurso ultranacionalista y de derecha populista.

En este contexto, la persecución a los académicos, especialmente los “Académicos por la Paz”, es una buena herramienta para encender y consolidar a sus bases.

 

 

Martín Schapiro

Martín Schapiro

Abogado, maestrando en derecho administrativo (UBA) y analista internacional.

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