Fui yo, Zavatarelli

Dante Zavatarelli fue un exponente central del periodismo deportivo. Para él -que pasó por la televisión pero fue, sobre todo, un hombre de radio- el fútbol se veía, pero sobre todo se contaba. Era un socialista que mezclaba en una sola frase, a Marx, Marcuse, Sartre y José Luis Chilavert. Un ejemplar de otro tiempo. Un hombre de moño y pasión por la pelota. Murió el lunes a la noche. Tenía 80 años.

Dante Zavatarelli fue víctima de una leyenda. Todavía se cuenta como una verdad un hecho que ocurrió durante una transmisión de La Oral Deportiva. José María Muñoz le preguntó enojado a Zavatarelli quién era ese hombre de sobretodo que en medio de la cancha demoraba el inicio del partido. La respuesta de Zavatarelli, que también estaba en el campo de juego, constituye uno de los mitos de la radiofonía argentina. “Soy yo, Muñoz”, contestó el cronista. La anécdota se cuenta con gracia, aunque el hombre de sobretodo fuera, en realidad, un productor de televisión y Zavatarelli nunca hubiera dicho su línea más conocida.

Una genealogía del episodio debería empezar en la cancha durante esa transmisión, con la voz de Muñoz, y seguir en El Gráfico, la gran constructora de mitos del deporte argentino. Zavatarelli contaba que el “soy yo, Muñoz” derivó de una página de humor de la revista. Era una joda y quedó. Pero la trayectoria de Zavatarelli, que murió el lunes por la noche a los 80 años, contuvo más que ese breve diálogo radial.

Zavatarelli fue una figura de época, la voz radial de un fútbol cuya televisación crecía pero todavía era una anomalía. Entró a Radio Antártica a los 16 años empujado por su padre, Aldo, que lo presentó al relator Alfredo Curcu. Zavatarelli era cronista de cancha. Ese camino lo llevó primero a Radio Mitre y después a Radio Rivadavia, con La Oral Deportiva, el programa en que también había trabajado su padre y al que el periodismo deportivo le debe su día, el 7 de noviembre.

Zavatarelli fue una figura de época, la voz radial de un fútbol cuya televisación crecía pero todavía era una anomalía.

Dentro de esa mitología radial, alimentada por el boca a boca y la nostalgia, quedó la voz de Muñoz llamando a su colaborador con un “Atento Zavatarelli” y quedó la voz de Zavatarelli arrancando las transmisiones con un “Augurios de una tarde feliz”. No importa cuántas veces se dijo cada cosa, porque lo que importa para la historia radiofónica es la construcción de una oralidad, un fraserío que atraviesa el tiempo. Zavatarelli se instaló como periodista en una época fértil del medio. Sólo por La Oral Deportiva pasaban las voces de Enzo Ardigó, Osvaldo Caffarelli y Julio César Calvo. El fútbol se veía, pero sobre todo se contaba.

De vestuarista y cronista de campo de juego, Zavatarelli llegó a ser comentarista. Analítico para describir el juego y pulcro para usar las palabras, elegante pero vehemente, algo que mantuvo cuando ya había dejado los medios y se dedicaba a la docencia, aunque siempre se diera el tiempo para ir a la cancha, a ubicarse en la zona de prensa, como lo hacía cada vez que jugaba Racing, el equipo del que era hincha. Zavatarelli fue el creador del CEPA, el Círculo de Periodistas Acreditados en la Asociación del Fútbol Argentino, como recordó por estas horas Juan Roberto Presta, y también de su campeonato de fútbol, un torneo de prensa que todavía riega con viejas anécdotas las redacciones.

Todavía se puede escuchar en Zavatarelli la voz de los sesentas y setentas, pero también de los ochentas cuando su figura de moño y cejas gruesas irrumpió en la televisión a colores con Todos los goles, un programa que resumía la fecha por Canal 9 y que tuvo en su staff a Fernando Niembro, Marcelo Araujo, Julio Ricardo y Adrián Paenza. Había imágenes propias, ¡todos los goles!, jugadas y polémicas, y algún invitado, otro periodista o la figura de la fecha, que se llevaba la caricatura de Ordóñez.

Todos los goles fue el padre de los programas dominicales de fútbol de la TV moderna. Era más completo que Fútbol de Primera, pero Fútbol de Primera tenía los derechos de televisación. Canal 9 ya no podía llevar cámaras a la cancha. Todos los goles fue la primera víctima del contrato entre la AFA y Torneos y Competencias, que una vez solo en la carrera televisiva tuvo los recursos para mejor la calidad de las imágenes. Y tuvo a Enrique Macaya Márquez, al que Zavatarelli elegía como el mejor comentarista de fútbol.

Macaya lo había remplazado como compañero de Muñoz, cuando Zavatarelli dejó ese lugar en la radio ya enemistado con el relator. Diego Bonadeo, que no se ahorraba la acidez con nadie, bromeaba con que los más de doscientos moños de Zavatarelli se hacían con retazos de las cortinas de la casa de Muñoz. Dante Panzeri también arremetía contra los hombres de La Oral Deportiva. Atendía a Muñoz cada vez que podía, sobre todo por sus brutalidades. Y a su despido en Canal 11 se lo vincula con un episodio relacionado a Zavatarelli, a quien el periodista Walter Clos (José María Suárez) había denunciado por un supuesto negocio previo al Mundial 78. Zavatarelli lo fue a buscar a Clos para arreglar el asunto a las trompadas. Cuando Panzeri se enteró, lo contó en su columna del canal. Amigos de Panzeri cuentan que esa intervención le costó el despido del 11.

Pero Zavatarelli reivindicaría algunos aspectos de Panzeri. Aunque elogiaba la capacidad de relato de Muñoz, terminaría por coincidir con su tocayo en su desmanejo del lenguaje. Zavatarelli decía, además, que a Muñoz le gustaba el poder, que esa forma de arrastrarse con dictaduras militares o gobiernos democráticos no era una manera de sacar ventajas sino de simple sumisión. “Al final, veía a un portero y le hacía la venia”, le dijo una vez a la revista Un Caño.

También sus libros parecen dialogar con la obra de Panzeri. El primero se llamó Deporte y poder. El segundo, ¿In córpore sano?, que publicó en 2009, es casi un ensayo sociológico del deporte, en el que muestra cómo la necesidad por conseguir rentabilidad reemplazó al placer, la creatividad y la espontaneidad; y convirtió al deportista en un sujeto alienado, una mercancía a la que se le extrae plusvalía. El libro hilvana ideas con citas que van de Herbert Marcuse, Karl Marx, Jean Paul Sartre a Pierre de Coubertin, José María Cagigal, Johan Huizinga y José Luis Chilavert.

Zavatarelli, que estudió abogacía, sociología y medicina sin haber terminado ninguna de esas carreras, tenía una formación socialista. Parafraseaba a José Ingenieros cuando le preguntaban por qué usaba moños: “Porque seguir una moda es la costumbre de los que carecen de ideas propias”, decía. “Soy un hombre de izquierda –le contó en 2010 a la revista Alerta Militante-. He militado en el Partido Socialista de pibe, después dejé la militancia activa partidista, no así la militancia ideológica. Soy de izquierda con conceptos muy firmes y dispuesto a conversar con cualquier otro el por qué soy de izquierda. De un equipo de fútbol se nace pero la ideología la elegí yo, la formé yo y no tendría ningún problema el día de mañana en cambiar si me demuestran que estoy equivocado”.

Tenía una formación socialista. Parafraseaba a José Ingenieros cuando le preguntaban por qué usaba moños. “Porque seguir una moda es la costumbre de los que carecen de ideas propias”, decía. “Soy un hombre de izquierda –le contó en 2010 a la revista Alerta Militante-. He militado en el Partido Socialista de pibe.”

Un artículo de La Vanguardia de enero de 1961 rescata acaso una perla, un acto que encabezó Alfredo Palacios, entonces candidato a senador para las elecciones del 5 de febrero de ese año. En la Argentina, eran tiempos de proscripción para el peronismo. En América Latina eran tiempos de la revolución cubana. Palacios entraría al Senado, aunque su mandato se iba a interrumpir al año siguiente por el golpe militar. La nota del órgano del Partido Socialista se titula “Contra la reacción, triunfa el socialismo”. Los que intervinieron en el acto, cuenta, criticaron el gobierno de Arturo Frondizi y las políticas sujetas al Fondo Monetario Internacional. Dante Zavatarelli, todavía un cronista de campo de juego, fue uno de los oradores. Tenía 23 años.

Alejandro Wall

Alejandro Wall

Alejandro Wall es periodista. Se especializa en deportes. Trabaja en Tiempo Argentino que pertenece a la cooperativa de trabajadores "Por Más Tiempo". Escribió tres libros: "¡Academia, carajo!", "El último Maradona" y "Corbatta: El wing".

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