¿Qué hace el macrismo con el deporte?

La perspectiva del gobierno de Cambiemos sobre el deporte es la de un negocio antes que la de una actividad cultural. Megaeventos, privatizaciones y políticas de desrregulación se entremezclan y dejan a las claras qué quiere hacer el gobierno con el deporte argentino.

Mauricio Macri se inició políticamente en el seno de la institución deportiva más popular del país, Boca Juniors. Durante dos etapas fungió como presidente del club de la ribera, y actualmente su operador todoterreno en el poder judicial, Daniel Angelici, es quien tiene las riendas auriazules. A pesar de esa extracción deportiva, desde su asunción como presidente, el deporte nacional suma pálidas y más pálidas.

En las últimas horas sacudió el avispero una medida que podría significar un tremendo retroceso en la política deportiva. Ernesto Rodríguez, periodista especializado en la materia, alertó que la nueva Reforma Tributaria propuesta desde el gobierno amenazaba la existencia del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, mejor conocido como el ENARD. A través del gravamen del 1% de las facturas a las telefónicas, el ENARD lograba recaudar fondos que eran dirigidos específicamente hacia el deporte amateur. “Desde su puesta en funciones el 12 de marzo de 2010, (recaudó) una cifra auditada de $1.947 millones. Si se suma el estimado para 2017 de no menos de $600 millones, el monto global que ha recibido el deporte nacional es de $2.500 millones”, señala Rodríguez en su nota.

No se hizo esperar la respuesta unánime de la comunidad deportiva. El tirador Federico Gil, el entrenador de básquet Julio Lamas, el tenista Gustavo Fernández y el vicepresidente de San Lorenzo, Marcelo Tinelli, entre muchos otros más, manifestaron su preocupación respecto a esta situación. Y no es para menos. A lo largo de su funcionamiento, el proyecto logró dar un salto de calidad al deporte nacional, específicamente al mundo amateur. En un país que ha sufrido históricamente por la falta de planificación en el plano deportivo, la ejecución de un sistema organizado de fondos para el deporte era (es) un gran paso adelante.

UNA SAGA DE RETROCESOS

Mejor, de todos modos, mirar el contexto. La política deportiva de Macri viene generando más de un dolor de cabeza. El debut estelar de los tarifazos golpeó fuertemente a los clubes sociales, células primordiales de la vida en los barrios. Lo espacios de ocio y esparcimiento que le cambiaron y cambian la vida a millones de chicos y chicas en el país sufren como pocos los aumentos indiscriminados de luz y gas.

El debut estelar de los tarifazos golpeó fuertemente a los clubes sociales, células primordiales de la vida en los barrios.

En octubre de este año, Macri decidió mudar la secretaría de Deportes, parte de la cartera de Educación, y pasarla a depender de la Secretaría General de la Presidencia, quitándole así a la actividad una posición crucial. Argentina nunca tuvo, a diferencia de otros países, un ministerio específico para la cartera, sin embargo, el rango de secretaría es un lugar muy positivo para el desarrollo del deporte en el país.

El secretario de Deportes, el exfutbolista Carlos Mac Alister, no está exento de polémica. Quizás una de las mayores sea la entrega masiva de subsidios, pautados para clubes de barrio, a clubes de golf y yatch, en detrimento de muchas otras instituciones con necesidades mucho más urgentes. También hubo dinero para el Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas de San Juan y la Asociación Santiagueña de Paintball (¡!).

LA AMENAZA FANTASMA

Una de las grandes avanzadas al mundo deportivo es a la vez una de las obsesiones más antiguas de Macri. Como ya contamos en otra columna, el macrismo viene pugnando por el ingreso masivo de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) al mundo del fútbol. Un modelo totalmente incompatible con el rol social de los clubes del país, que además, ha demostrado históricamente su fracaso en Argentina, con las gestiones privadas, por ejemplo, de Deportivo Español, Ferrocarril Oeste y Racing Club. En el caso de la Academia, Fernando Marín, otrora gerente de Blanquiceleste SA, es hoy un asesor clave de Macri en todo lo que tenga que ver con deporte. El hostigamiento a los clubes por parte del gobierno, el ahogo a los clubes más chicos, en posición más vulnerable frente a los clubes grandes, es un ataque abierto para implantar un modelo privatista. Nada más alejado de la rica historia que tienen estas centenarias instituciones en Argentina.

El macrismo viene pugnando por el ingreso masivo de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) al mundo del fútbol.

De la mano de las SAD, también está la decisión de contravenir las promesas de campaña y finalizar Fútbol Para Todos. Además de dejar a millones de argentinos sin fútbol, uno de los ganadores de la licitación de Fox y Turner fue Torneos, parte del omnipresente Grupo Clarín. En medio de la crisis desatada por las declaraciones de su ex CEO Alejandro Burzaco, en donde prominentes figuras del kirchnerismo y la AFA son señalados por recibir sobornos, es importante recalcar quiénes daban esa plata: el mismo Grupo hegemónico que lucra con el fútbol desde hace décadas. Fútbol Para Todos, si bien positivo en varios aspectos, contó con la producción de Torneos, Clarín.

Una pequeña digresión. Lejos de la comodidad de plantear la no-prioridad de la televisación pública y gratuita del fútbol, desde estas líneas defendemos la centralidad del fútbol en la vida de los argentinos, y, aún más importante, de los argentinos más humildes. La alegría popular debe ser prioridad de cualquier persona que se considere progresista.

MEGAEVENTOS PAR LOS AMIGOS

La adjudicación de los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2018 fue un gran hito para el deporte nacional. El esfuerzo mancomunado del gobierno nacional y el porteño en su momento fue clave para que nuestro país logrará semejante suceso. A partir de este evento, Argentina podría demostrar su capacidad organizativa para un batería de candidaturas que incluye el Mundial de Básquet junto a Uruguay (2023), el de Rugby (2027), los Juegos Olímpicos (2028) y la Copa Mundial de Fútbol en conjunto con Uruguay y Paraguay (2030). Esta seguidilla de eventos es mucho más ambiciosa que la de Brasil, país que se adjudicó la Copa Mundial de 2014 y los Juegos en Río de 2016. Sin embargo, la experiencia brasileña con debacle económico incluido, es un espejo para no repetir esos errores. El problema es, justamente, que parecemos estar yendo hacia el mismo lado.

La investigación de Ernesto Rodríguez en Olímpicos Argentinos sobre los Juegos de la Juventud arrojó algunas cuestiones sumamente preocupantes. Según el periodista, los costos finales del evento superan en un 766% los de la propuesta original. De $1.040 millones, el costo del evento pasó a ser de $9.000 millones, un verdadero despropósito que se cubre con dinero de las arcas públicas.

Los costos finales de los Juegos Olímpicos de la Juventud superan en un 766% a los de la propuesta original.

Pero el drama de los sobreprecios no es el único en este asunto. La Villa Olímpica, que en un principio iba a estar destinada a ser viviendas sociales terminado el evento, ahora tiene la mitad de sus departamentos en manos de entidades privadas para su usufructo, contraviniendo en primer lugar lo establecido, y en segundo lugar el espíritu olímpico. Por otra parte, Rodríguez también analizó la dudosa entrega de licitaciones, en muchos casos a sectores cercanos al gobierno nacional y con precios más caros que otras opciones igual de buenas.

BATALLA CULTURAL

El deporte no es algo accesorio. De ninguna manera una actividad que se remonta a los primeros años de la humanidad puede estar por afuera de los contextos sociales y políticos. Como el arte o la ciencia, el deporte es una herramienta de progreso social. Es la posibilidad de superar barreras externas e internas, es la gesta épica moderna que nos emociona.

Para superar el apartheid, Nelson Mandela se apoyó en el Mundial de Rugby. Didier Drogba lloró después de un partido de fútbol y logró una tregua en la Guerra Civil de Costa de Marfil. Muhammad Alí se negó ir a la Guerra de Vietnam y le dio voz a una generación de afroamericanos hartos de los maltratos en Estados Unidos. En nuestro país, Mary Terán de Weiss le quitó el tenis a las clases altas y se los entregó a las clases populares, mientras que, en medio del declive del alfonsinismo, Diego Maradona y la Selección del 86’ le dieron alegría a una sociedad golpeada, por nombras solo dos casos icónicos.

El deporte es cultura, y por lo tanto, está inmerso en ese campo de batalla tan en boga a partir de Antonio Gramsci. El gobierno nacional promueve un modelo deportivo excluyente, privado y fuera del alcance de las clases populares. Por el bien de la Argentina, no debemos permitirlo.

Federico Treguer

Federico Treguer

Periodista deportivo (ETER). Congresal nacional del PS por la ciudad de Buenos Aires.

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