Los verdugos cantan en Myanmar

Los musulmanes de Myanmar enfrentan una terrible persecución desde hace décadas. La catástrofe humanitaria, los refugiados, y la naturalización del exterminio. Mientras los verdugos cantan, los rohinyás mueren.

FILE - In this June 13, 2012 file photo, a Rohingya Muslim man who fled Myanmar to Bangladesh to escape religious violence, cries as he pleads from a boat after he and others were intercepted by Bangladeshi border authorities in Taknaf, Bangladesh. She is known as the voice of Myanmar's downtrodden but there is one oppressed group that Aung San Suu Kyi does not want to discuss. For weeks, Suu Kyi has dodged questions on the plight of a Muslim minority known as the Rohingya, prompting rare criticism of the woman whose struggle for democracy and human rights in Myanmar have earned her a Nobel Peace Prize, and adoration worldwide. (AP Photo/Anurup Titu, File)

En Myanmar -país desconocido sin la referencia previa a la sí conocida y colonial Birmania- los musulmanes locales, los rohinyás, enfrentan una efectiva persecución desde hace décadas.  Incluso la acepción rohinya es una suerte de adjetivo descalificativo en el lenguaje político: los dirigentes no la emplean y algunos de ellos hasta “aconsejan” a la comunidad internacional sobre su (no) uso. Si algo cierra la grieta birmana, desde su Junta Militar hasta la galardonada con el Premio Nóbel de la Paz, Aung San Suu Kyi (inmortalizada en una despareja película de Luc Besson) es que la sola mención de los rohinyás implica la condena de una mayoría budista que habita el estado: sus líderes se refieren a ellos como “bengalíes”, denostando al grupo étnico como inmigrantes ilegales sin vínculos reales con Myanmar; de este modo, no están incluidos entre las 135 minorías étnicas oficialmente reconocidas por el Estado.

HISTORIA DE LA PERSECUCIÓN

La narrativa de su origen difiere según qué grupo sea el emisor del relato de los rohinyás; es más que probable que los musulmanes de Myanmar llegaran a lo que por entonces era el reino independiente de Arakan (hoy el territorio de Rakáin), en el siglo VIII, como marinos y comerciantes provenientes de Oriente Medio. Más adelante, alrededor del siglo XVII, terminaron por unirse a los miles de musulmanes bengalíes capturados por los saqueadores locales arkanenses y los trabajadores importados por Gran Bretaña a fines del siglo XIX.

Si bien la relación budista-musulmana en el Sudeste asiático nunca fue un lecho de rosas, el principio de la  persecución actual puede rastrearse entre la política de “divide y reinarás” del colonialismo británico (que comenzó con una serie de guerras en 1824) y los pecados autóctonos  posteriores a la independencia del estado. La economía dictada por la corona inglesa fomentó la inmigración de trabajadores extranjeros  del sur de Asia (bengalíes, sikhs, chinos, tamiles y punjabis)  para aumentar el cultivo de arroz y disminuir los costos y, entre todas las etnias que aumentaron su presencia en el país, la población musulmana se triplicó entre fines del siglo XIX y principios del XX. Los británicos administraban Birmania como una provincia de India, por lo que la inmigración a este país  se consideraba un movimiento interno. En la actualidad, el  gobierno de Myammar  sostiene que la migración que tuvo lugar durante este período fue ilegal y es sobre esta concepción que justifican el rechazo de la ciudadanía a la mayoría de los rohinyás.

In Cox's Bazar, Bangladesh, tens of thousands of refugees flee over the border from Burma.

Si bien la relación budista-musulmana en el Sudeste asiático nunca fue un lecho de rosas, el principio de la persecución actual puede rastrearse entre la política de “divide y reinarás” del colonialismo británico.

En 1942 Japón invadió  Birmania y los nacionalistas de Myanmar aprovecharon la ocasión para unirse a la avanzada. Los ingleses, en cambio,  lograron el apoyo de los musulmanes del norte de Arakan bajo promesa de la creación de un “área nacional musulmana”, eufemismo para denominar un estado musulmán en parte del territorio de Birmania. Al terminar la Segunda Guerra, los rohinyás debieron congraciarse con algunos influyentes funcionarios del gobierno colonial pero nada parecido sucedió a una autodeterminación nacional.  La luna de miel duró tres años y cuando Myanmar alcanzó su  independencia en 1948 la mayoría bamar impuso su dominio por sobre el resto de las minorías: a los rohinyás se les negó la ciudadanía,  se los rotuló como extranjeros que se habían beneficiado con el régimen colonial y se los remplazó de sus puestos gubernamentales por bamares budistas  de la zona.

A principios de los 60,  militares “rojos” tomaron el poder  y la situación empeoró para todas las minorías ya que los uniformados veían a cualquier grupo como una amenaza a la identidad nacional. De esta manera,  más de 300 mil hindúes -que habitaron Birmania durante siglos pero habían llegado en masa con los ingleses-  y 100 mil chinos fueron expulsados y sus bienes confiscados. Para los rohinyás la situación no fue mejor: se cerraron las organizaciones sociales y políticas de su comunidad y se nacionalizaron los negocios privados. Tampoco estuvieron exentos de expulsiones, las cuales tuvieron dos picos: el primero, en 1977, donde 200 mil rohinyás huyeron a Bangladesh; el segundo, durante el periodo 1991 -1992 cuando 250 mil trataron de repetir la misma huida al país vecino pero quedaron varados al cruzar la frontera ya que, esta vez, Banglaseh se rehusó a aceptarlos. En los cuatro años posteriores la mayoría debió regresar a Myanmar. Asimismo, la marginalización se institucionalizó con la Ley de Ciudadanía (1982) que sepultó los pedidos de los rohinyás de ser reconocidos como ciudadanos plenos del estado que habitan. Esta ley exige que los antepasados de una persona pertenezcan a una raza de las 10 “oficiales” o algún grupo nacional presente en Myanmar antes del dominio británico en 1823, para convertirse en ciudadano.

LA CATÁSTROFE HUMANITARIA, HOY

0915rohingyawomanSólo desde agosto, más de medio millón de musulmanes rohinyás -del millón que habitaban el país- huyeron a Bangladesh producto de las atrocidades perpetradas contra ellos por el ejército birmano. Y al menos otra decena de miles ha sido asesinada. Como la negación a su identidad es tal, no se conoce el número preciso de las personas torturadas, violadas y ultrajadas por la violencia estatal y paraestatal. Los medios internacionales citan el estreno del actual ciclo de violencia dos meses atrás pero la trágica situación viene in crescendo desde noviembre de 2016 cuando una milicia rohinyá atacó un puesto militar y el ejército respondió con lo que Amnistía Internacional llamó un “castigo colectivo”.

Sólo desde agosto, más de medio millón de musulmanes rohinyás -del millón que habitaban el país- huyeron a Bangladesh producto de las atrocidades perpetradas contra ellos por el ejército birmano. Y al menos otra decena de miles ha sido asesinada.

Mientras tanto, las Naciones Unidas consideran a los rohinyás, quienes subsistían casi exclusivamente como pescadores y granjeros, como “uno de los grupos minoritarios más perseguidos del mundo” y hasta el mismísimo Secretario General del organismo, António Guterres, ha advertido que se trata de una  “limpieza étnica” (expulsión de un territorio de una población “indeseable” con el propósito de lograr una homogeneidad étnica). Para graficarlo, Guterres sugirió un número “cauteloso” de refugiados: un tercio de la población total rohinyá había abandonado Myanmar. Tal descripción provocó la ira de la otrora activista y actual canciller (en un gobierno compartido con los militares) Aung San Suu Kyi, que intentó defender a su país de las acusaciones pero terminó por mancillar aún más su legado cimentado por la lucha por la democracia en su país: al tratar de  desacreditar los números del Secretario General de la ONU, infirió que era imposible que tal cifra haya sido expulsada ya que al menos el 50 por ciento de los poblados musulmanes “seguían en pie”.

EL FUTURO ES LO PEOR

A Rohingya refugee girl wipes her eyes as she cries at Leda Unregistered Refugee Camp in Teknaf, Bangladesh, February 15, 2017. REUTERS/Mohammad Ponir Hossain TPX IMAGES OF THE DAY - RTSYTH2

Un minucioso estudio de la Universidad de Harvard producido durante 2013 describe la situación: “Hoy, los rohinyás enfrentan discriminación en áreas de educación, empleo, salud pública, vivienda, actividad religiosa, movimiento y vida familiar”. Entre las restricciones mencionadas figuran “el límite obligatorio de dos hijos por hogar, restricción a su la libertad de movimiento y la posibilidad de contraer matrimonio (siendo el único grupo en Myanmar que debe solicitar permiso con  el gobierno para  casarse)”.

Miles de rohinyás se encuentran todavía atrapados -hambrientos y enfermos-  en el norte de Rakáin, zona donde el gobierno de Myanmar  impide la llegada de ayuda humanitaria o de inspectores de agencias internacionales. “Hay pocos lugares en la Tierra donde se nos niega el acceso de esta manera, es ilegal”, dijo Jan Egeland,  Secretario General del Consejo Noruego para los Refugiados. “Tenemos personal en el norte, tenemos provisiones, podríamos ir mañana con nuestros camiones, pero somos detenidos”.

Miles de rohinyás se encuentran todavía atrapados -hambrientos y enfermos- en el norte de Rakáin, zona donde el gobierno de Myanmar impide la llegada de ayuda humanitaria o de inspectores de agencias internacionales.

En otro espeluznante testimonio, el periodista de The New York Times, Ben Solomon relató la resignada parsimonia con la cual los perseguidos aceptan su fatídico destino: “El pueblo rohinyá naturalizó este tipo de destrucción. Nunca ves a la gente llorar. He estado en muchos lugares donde el sufrimiento es masivo y la gente se rebela, los rohinyás son oprimidos y abusados casi sin resistencia.”. Por último, el joven y experimentado cronista multimedia explicó cómo es posible que exista esta catástrofe. “Algo realmente sorprendente para mí es ver cómo no sólo no reacciona el gobierno de Myanmar sino también el resto de la población del país; básicamente es una negación colectiva”.

 

Ezequiel Kopel

Ezequiel Kopel

Ezequiel Kopel es egresado de las carreras de periodismo y de cine en Buenos Aires, y de fotografía periodística y documental en Tel Aviv. Desde 2005 hasta 2008 se desempeñó como Productor Ejecutivo de Dori Media Group, donde ha desarrollado contenidos y nuevos formatos televisivos para el público de Medio Oriente.A partir de 2003 trabaja como corresponsal en diversos medios gráficos de Medio Oriente como: Prima Bet (Israel), Time Out (Tel Aviv, Israel), Agencia Flash 90 (Israel), +972 Magazine (Israel), Khaleej Times (United Arab Emirates), Tayush Arab-Jewish Partnership (Israel-Palestina), Egypt Independent (Cairo, Egipto), Daily Star (Líbano), Agencia Penta Press (Corea del Sur). En septiembre de 2016 publicó el libro "La disputa por el control de Medio Oriente. Desde la caída del Imperio Otomano hasta el surgimiento del Estado Islámico".

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