¿Y si hablamos de la AFA?

Argentina afronta una situación límite en busca de su clasificación a la Copa del Mundo de Rusia: tiene que ganar en Quito para, al menos, asegurarse el repechaje. El riesgo de quedarse sin Mundial encuentra en la AFA a su génesis.

deportes-afaLa eliminación alemana en la primera ronda de la Eurocopa 2000, con apenas un punto y un gol en tres partidos, disparó un cisma en su fisonomía e incluso en su genética: la Federación decidió reestructurar su fútbol a partir del fracaso. Seis meses después, impulsó la fundación de la Liga Alemana de Fútbol que agrupa a los 36 equipos profesionales de sus dos máximas categorías y obligó a cada uno de los clubes a crear centros de alto rendimiento para la formación de jóvenes jugadores.

El estatuto de su modelo de gestión se escribió el primer día: dispuso un estricto e implacable control financiero, estableció la equidad en el reparto de los ingresos por los derechos de televisación, aseguró que los hinchas permanezcan como propietarios de sus clubes e ideó estrategias para convertir a su liga en un producto universal.

Fue una revolución que catorce años y más de 1000 millones de euros después amenaza con construir una dinastía a nivel internacional. Tras numerosas decepciones, el proceso desembocó en el título que su selección conquistó el 13 de julio de 2014 en el Maracaná. Aquella tarde su víctima fue la Argentina de los nombres propios. Si Alemania representa el paradigma de una dirigencia que potencia su materia prima, la consecuencia de una estructura consciente y paciente, Argentina es su antítesis: sus propios líderes la corroen.

Hay una certeza ineludible: que Argentina coquetee con el ridículo es culpa de la AFA. Lo lógico no era alcanzar una final mundialista y dos finales continentales, lo lógico es quedarse afuera de Rusia.

Alemania aseguró su clasificación al Mundial de Rusia horas antes del empate entre Argentina y Perú en La Bombonera. El elenco teutón, que hace una década mantiene a Joachim Löw como entrenador, ganó los diez partidos de la eliminatoria europea y se consolida como el máximo candidato para levantar la Copa del Mundo en el Estadio Olímpico Luzhnikí.

Pero Alemania no es solamente su exitoso presente: también es el futuro. Die Mannschaft se consagró en la última Copa Confederaciones con un equipo de ocho jóvenes por debajo de los 23 años mientras un combinado sub 21 festejaba en el Europeo de Polonia. Los germanos incluso fueron medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Como agregado, las mujeres se llevaron el oro.

Argentina es la contracara: todo depende de una camada de jugadores liderada por el mejor del mundo que durante los últimos tres años enmascaró los desmanejos dirigenciales de la Asociación del Fútbol Argentino. Como si fuera un guión perverso, desde 2006 que Alemania le recuerda a la Argentina que hace todo mal, una vez cada cuatro años.

Sin planificación ni identidad, la selección que coyunturalmente dirige Jorge Sampaoli afrontará en Quito un desafío mayúsculo con el objetivo de esquivar el capítulo más oscuro de su historia. Urgido, inmerso en un ecosistema histérico y desesperado, el equipo albiceleste tiene la obligación de vencer a Ecuador para encauzar su camino mientras espía de reojo el resto de los resultados.

Amén de las decisiones cuestionables del entrenador y de rendimientos individuales por debajo de lo esperado, hay una certeza ineludible: que Argentina coquetee con el ridículo es culpa de la AFA. Lo lógico no era alcanzar una final mundialista y dos finales continentales, lo lógico es quedarse afuera de Rusia.

 

EL LEGADO DE GRONDONA

julio-grondonaJulio Humberto Grondona presidió la AFA durante 36 años, entre 1978 y 2014. Don Julio, como lo apodaban por los pasillos del edificio emplazado en la calle Viamonte, concentró poder y generó dependencia a nivel local. Su figura se impuso también en la FIFA como vicepresidente desde 1988 hasta la fecha de su deceso. Su muerte desató una guerra interna en la AFA que tuvo consecuencias internacionales: el fútbol argentino no tiene representación en el consejo ejecutivo de la FIFA integrado, entre otros, por Brasil, Uruguay, Paraguay, Colombia y Ecuador.

La constante visión a corto plazo le pasa factura a una Argentina que en Ecuador intentará arreglar en noventa minutos los descalabros de años de desidia.

Grondona dejó una AFA rica -a la postre se descubrió que no es tan rica- pero clubes pobres, endeudados y sin futuro. El contraste con Alemania desnuda la importancia de fomentar no solo la formación de jóvenes sino también de asegurar el rol social de cada club. Necesitados, encuentran pequeñas gemas porque el talento criollo es inagotable pero son incapaces de sostenerlos y apuntalar su formación. Los chicos se van rápido, algunos incluso antes de debutar en primera.

La crisis formativa resultó evidente en cada participación de los combinados nacionales a nivel internacional: el sub 17 y principalmente el sub 20 han perdido el protagonismo de antaño. La AFA destruyó el proyecto que ideó José Néstor Pekerman, un ciclo que dejó cinco títulos del mundo en la categoría sub 20 y una abundante camada de jóvenes que llegaron a la selección mayor.

 

UNA AFA SIN RUMBO

1507468868153Los últimos tres años construyeron una herejía que se repite por los pasillos de la AFA: que el fútbol argentino extraña a Grondona. Tras su muerte, 27 días después de la final de Brasil 2014, la sucesión por el sillón de Viamonte resultó tan caótica como patética. Tres hombres presidieron la entidad madre durante los últimos 36 meses: Luis Segura, Armando Pérez y Claudio Tapia.

Segura se encontró con una bomba de tiempo tras el fallecimiento de Grondona. Navegó en la tormenta, manejó el barco como pudo y en busca de legitimidad organizó unas elecciones vergonzantes: votaron 75 asambleístas y el sufragio concluyó en un empate a 38 votos por lado.

El papelón generó la intromisión de la FIFA y dos años después intervino a la AFA. Pérez, de ejemplar campaña en Belgrano de Córdoba, asumió como Presidente de la Comisión Normalizadora de la Asociación del Fútbol Argentino. Como interventor, Pérez reconoció las complicaciones y rescató las virtudes de su etapa: “Sentamos algunas bases. El ordenamiento institucional de la AFA se avanzó muchísimo. Las cuentas las tienen todos los clubes claras, no se emitió ningún cheque más, pusimos en funcionamiento a las selecciones, pusimos en funcionamiento la parte arbitral. Pero fuimos una etapa de transición no ayudada como correspondía. En principio se pensaba que teníamos a la FIFA, Conmebol y al gobierno para ayudar, pero no fue así”. En el recuerdo quedó aquella entrevista radial en la que no recordó el nombre del técnico que finalmente eligió.

Sin identidad, Argentina apostó durante más de una década a remiendos, arrestos individuales y la producción accidental de sus jugadores.

Normalizada la AFA, si es que pudo haberse normalizado, Claudio Tapia fue electo casi por unanimidad (40 votos a favor, 3 abstenciones) como Presidente. Días después despidió al entrenador y, a meses del cierre de las Eliminatorias, fue en busca de Sampaoli.

La inestabilidad dirigencial es todo un síntoma, el orígen de un descalabro que podría concluir con una Argentina sin Mundial.

 

SIETE TÉCNICOS EN DIEZ AÑOS

martino-sampaoli-bauza-seleccion-051017-partidaDesde que Marcelo Bielsa presentó su renuncia en 2004, la selección mayor ha tenido ocho entrenadores de estilos y jerarquías disímiles: José Néstor Pekerman, Alfio Basile, Diego Armando Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli.

Si la Federación Alemana de Fútbol sentó las bases del éxito de su selección, la Asociación del Fútbol Argentino se encargó de dinamitarlas. Sin identidad, Argentina apostó durante más de una década a remiendos, arrestos individuales y la producción accidental de sus jugadores.

Los últimos tres años son un ejemplo pronunciado: un Martino desgastado marchó hastiado de luchar contra molinos de viento, Bauza asumió tras la negativa de cinco técnicos y, sin respaldo dirigencial ni futbolístico, fue despedido por Tapia que pagó la cláusula de rescisión que vinculaba a Sampaoli con el Sevilla para que en cuatro jornadas eliminatorias solucione el destino de la Argentina.

Entrenadores sin tiempo para explicar, instalar, trabajar y afianzar su propuesta, jugadores que un día defienden con cinco en el fondo y otro día con tres. No es que ninguno tenga responsabilidad pero, en un contexto tan desfavorable, lo normal es el fracaso.  

Los hinchas, fomentados por el periodismo, construyeron un contexto histérico que afecta a quienes hoy forman el plantel nacional.

La suerte argentina depende casi siempre de un nombre propio: Lionel Messi. La clasificación rumbo a Rusia es apenas una muestra: Argentina conquistó 18 de 27 unidades con la Pulga en su equipo y solo sumó 7 de 24 sin él.

 

LA URGENCIA CONSTANTE

1507321967666argentinamessi24 años y seis finales pasaron desde el último título de la selección mayor a nivel internacional. Los hinchas, fomentados por el periodismo, construyeron un contexto histérico que afecta a quienes hoy forman el plantel nacional. Es natural la reacción de los fanáticos pero los dirigentes han sido los responsables de dejarse influir: siempre es un problema que los dirigentes tomen decisiones basadas en la opinión de los hinchas.

Así se sucedieron las oportunidades, una tras otra desde 2014. Los Juegos Olímpicos de Río, la Copa América Centenario. La necesidad impaciente de ganar ya, en cualquier torneo, sin una planificación que responda a una estrategia razonable, postergó un recambio que ahora Sampaoli ejecutó en un ámbito imposible: Argentina concluyó su delicado desafío frente a Perú con Messi y otros tres delanteros que apenas suman cinco partidos con la selección.

La constante visión a corto plazo le pasa factura a una Argentina que en Ecuador intentará arreglar en noventa minutos los descalabros de años de desidia. Un Mundial sin la Albiceleste de Lionel Messi sería una anomalía, un escenario triste para un país que durante un mes cada cuatro años cierra todas sus grietas y se encolumna detrás de un sueño: ser campeón del mundo.

Matías Baldo

Matías Baldo

Periodista y Twittero empedernido (@matiasbaldo). Colaborador en La Nación. Autor de Dorados y Eternos (Aguilar, 2016). Desde hace unos meses escribe y publica en su propia web, matiasbaldo.com.

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