César Cigliutti: “Si hay algo que mejora a cualquier civilización es la diversidad”

El presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) considera que los recientes casos de violencia homofóbica no son hechos aislados. Expresa preocupación por iniciativas oficialistas como el proyecto mal llamado “de Libertad Religiosa” y asegura que la principal conquista es haber logrado que la sociedad esté en contra de la discriminación sexual.

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César Cigliutti es el titular de la organización en actividad más antigua en la lucha por los derechos del colectivo LGBT, la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) fundada en 1984. Declarado “ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires” en el 2011, en este diálogo advierte sobre algunos aspectos que generan preocupación y alerta, y a la vez celebra los avances sociales sobre los cuales señala: “No queremos retroceder un centímetro de lo que llevamos conquistado hasta ahora”.

 

¿Cuál es tu mirada acerca de los hechos de violencia homofóbica ocurridos últimamente? ¿Son una tendencia que debe precupar o son hechos aislados?

No son hechos aislados. Desgraciadamente son hechos que están ocurriendo de manera sistemática. Lo hemos observado y denunciado. En los dos últimos años hubo un aumento impresionante con respecto a actos de violencia hacia nuestra comunidad. No es una sensación, no es una apreciación, es lo que está pasando en la realidad. Estos casos se ven en los diarios, en internet, en las noticias, se ve constantemente: golpearon a un chico gay, a una pareja de lesbianas, insultaron a alguien, bajaron a otra persona del tren, o no la dejaban estar en determinado lugar… En un caso pueden ser barras, patotas, en otros agentes de seguridad, o por ejemplo en un restaurant el encargado echa a una pareja de lesbianas, o en una plaza un grupo de chicos golpea a otro porque es gay… Son muchas los casos y situaciones que tenemos. Hay lugares donde es mucho más intenso –como La Plata o Mar del Plata– o por ejemplo lo que sucede con respecto a nuestras compañeras travestis y trans en provincias como Salta.

¿A qué atribuís esta frecuencia, qué marco de análisis le das a esta situación?

Puede haber muchos. Desde la CHA estamos reclamando políticas públicas con respecto a lo que es la no discriminación por la orientación sexual e identidad de género. Pero cuando ves en un montón de lugares, en la ciudad de Buenos Aires, en la provincia y demás, que incluso se están desmantelando ámbitos que existían, evidentemente eso recrudece y se expresa de una manera más violenta. Crea un clima desfavorable a la no discriminación. Estamos viendo que las fuerzas de seguridad han elevado su nivel de violencia de una manera notable. Una situación que estamos reclamando es la figura legal que penalice estos hechos, porque hoy si te echan del trabajo por orientación sexual, si te golpean o sufrís un hecho de violencia por orientación sexual no hay una figura o instrumento legal que tengamos actualmente para denunciar ese acto e inscribirlo en esa causa. Por ejemplo, hace unos meses a un chico lo golpearon e insultaron por ser gay, la policía tuvo que inventar que era intento de robo, no decía que era por discriminación por la orientación sexual del chico.

¿La existencia de la figura penal ayudaría a combatir esa violencia homofóbica?

Creemos que es necesaria, que falta en cuanto a la legislación. En verdad, esa lucha nunca se detiene, porque ahora, si bien la legislación te da más derechos, y también educa a toda la sociedad con respecto a la diversidad sexual, no ocurre que –como nos decían hace unos años–: “Ahora ya tienen el matrimonio igualitario, y ya está”. No, no es así. Porque seguimos trabajando por los mismos temas que cuando creamos la CHA hace 33 años, que es la no discriminación por orientación sexual y por la identidad de género, porque sigue ocurriendo, por más casados que estemos, por más ley de identidad que tengamos, por más modificación a través de la resolución del Ministerio de Salud, con respecto a la donación de sangre que estaba prohibida para las personas homosexuales; debemos seguir enfrentando a ese sentimiento de discriminación y homofobia.

Hiciste referencia a la ley de matrimonio igualitario. Se cumplieron siete años de su sanción. ¿Cuáles han sido los avances y los retrocesos en este período?

Mirá, la cantidad de parejas que se han casado son miles y miles en todo el país, más de 16 mil según los últimos datos. Y después de la aprobación del matrimonio igualitario, trabajamos con la ley de identidad de género, que es esencial para nuestra comunidad, sobre todo para las personas travestis, transgénero, transexuales e intersexuales. En la CHA hace más de 20 años que trabajamos con la ley antidiscriminatoria, y fijate que en casi todos los países primero empiezan con la ley antidiscriminatoria, luego ley de unión civil, matrimonio igualitario y ley de identidad de género. Acá en la Argentina, por las coyunturas políticas que hubo, nunca hubo un consenso con respecto a la modificación de la ley antidiscriminatoria, pero empezamos con la unión civil, matrimonio igualitario, y estamos planteando una nueva ley porque la actual no reconoce la orientación sexual y la identidad de género.

¿Qué visión tenés sobre la iniciativa impulsada desde el Gobierno Nacional, la llamada “ley de Libertad Religiosa”, que generaba la posibilidad de que, por ejemplo, funcionarios de un registro civil puedan ser considerados como “objetores de conciencia” y negarse a casar a una pareja del mismo sexo?

Por supuesto que estamos en estado de alerta y de emergencia ante esa propuesta de legislación, porque eso no es en absoluto una ley de libertad religiosa, es una ley de imposición religiosa. En sus artículos crea esa posibilidad de la “objeción de conciencia”, que es una cosa que convierte a la República Argentina no un país, no en una democracia, sino en el Vaticano, como si fuese una iglesia. El valor principal de un país es la democracia y la diversidad y sostener las leyes, requiere que no se pueda hacer una ley que relativice el resto de la legislación para ponerla a favor de una creencia religiosa. Nos parece un contrasentido por todos lados y una cosa peligrosísima, porque la confesión religiosa es algo íntimo de uno, de una convicción que puede llegar a tener de un grupo, de una religión como la vaticana, la protestante, o los luteranos. Pero imponérselo a personas que no profesan ninguna, o a quienes profesan alguna pero no están de acuerdo con eso, es parte del recrudecimiento de esta violencia que sentimos hacia nuestra comunidad. Si relativizan un derecho de hace siete años como lo es el matrimonio igualitario, por nivel de conciencia y de acuerdo a su actitud confesional, que puedan aplicar esa ley o no, es una locura. No podemos admitir algo así.

“Estamos preparando la próxima Marcha del Orgullo, el 18 de noviembre, y lo haremos con el festejo y también con el reclamo”.

El respeto a los derechos de las personas no puede estar sometido a las convicciones religiosas de un determinado funcionario.

¡Claro! ¿Te parece que a esta altura del partido tenemos que seguir diciendo separación de la Iglesia del Estado? Que una cosa es el Estado y otra la Iglesia, que vivimos en una democracia, que somos ciudadanos y ciudadanas, que existen muchas religiones, y que hay otras que no profesan ninguna religión! Ninguna persona puede estar sujeta a la decisión de un funcionario, que está para aplicar leyes y no para decir “a ésta la aplico o a ésta no la aplico, porque son homosexuales”. Sabemos que esa objeción de conciencia lo van aplicar –porque lo sabemos– más intensamente hacia nuestra comunidad, ¿qué otra objeción de conciencia van a imponer? Que me expliquen los que presentaron ese proyecto, ¿qué otra objeción de conciencia se les ocurre que puede tener un funcionario para aplicar una legislación? La mayoría será con respecto al matrimonio igualitario, a la identidad de género. Nos parece una cosa totalmente medieval. De inmediato empezamos a llamar a legisladores, a diputados, senadores, para hacerles saber que de ninguna manera vamos a permitir que se avance con ese proyecto.

Este año se cumplieron 20 años de la sanción de la cláusula antidiscriminatoria de la Constitución de la ciudad de Buenos Aires, uno de quienes lo promovieron fue Carlos Jáuregui, e incluso una estación de subte inaugurada este año lleva su nombre, a forma de reconocimiento social.

Sí. Eso tiene mucho que ver con los trabajos de las organizaciones. Carlos Jáuregui fue el primer presidente de la CHA hace 33 años, cuando no existía ninguna organización. Durante varios años la CHA fue la única, en la peor época, en 1984 con el regreso de la democracia, con Alfonsín, donde seguían las razzias policiales que directamente nos llevaban a las comisarias, nos ponían un edicto policial, y al tercero nos metían directamente presos, a la cárcel de Devoto. ¡Mirá el notable avance que hemos tenido! Pero tampoco queremos retroceder un centímetro de lo que llevamos conquistado hasta ahora. Queremos seguir avanzando. Con respecto a los 20 años de la sanción de la Constitución de Buenos Aires, cuando empezó a discutir la estatuyente, Carlos había muerto hacía poco, pero muchas organizaciones trabajamos para que se incluyera en la Constitución el artículo 11, la no discriminación por la orientación sexual, y nos llevó mucho trabajo. Me parece que es la única Constitución donde está inscripto ese derecho. Me acuerdo que los debates se hacían en la Biblioteca Nacional y tuvimos que perseguir hasta el baño a los constituyentes para que lo firmaran. Todo nos costó mucho: la personería jurídica de la CHA, cada avance nos costó, con mucho trabajo, estrategia y hay que decirlo, con mucha inteligencia, porque cuando recién se inició el debate por el matrimonio igualitario la mayoría pensaba que no iba a salir, tuvimos que trabajar mucho con todos los partidos políticos.

Es importante resaltar esa mirada sobre los grandes avances que hemos tenido en estos años de democracia, que coinciden prácticamente con la vida de la CHA, y al mismo momento estar atentos, alertas para no retroceder, como decías, ni un centímetro.

Sí, y justamente la militancia es mantener la esperanza y la fuerza todo el tiempo, y con ello ir conquistando las cosas. Hay dos cosas fundamentales y que son las mejores conquistas para nuestra comunidad: una es haber comenzado a sentir el orgullo por ser quienes somos, esa es la más esencial, trascendente y más inamovible, porque nos costó mucho sentir orgullo, poder decirlo, expresarlo en marchas con cien mil personas y que esas marchas ocurran en otros lugares del país; pero la otra gran conquista es haber logrado que la sociedad, la mayoría de la sociedad, pasara a estar en contra de la discriminación o la homofobia, que eso se transformara en algo “políticamente incorrecto”. Eso es una conquista muy importante. Pero tan importante como eso es estar atentos para que no se filtren por otros lados, a través de la religión, de monseñor Aguer, a través de un decreto, etc, etc. Ahora estamos preparando la próxima Marcha del Orgullo que es el 18 de noviembre, y lo haremos con las dos cosas: con el festejo y también con el reclamo.
Si llegamos hasta acá, avanzando, cómo no vamos a poder seguir haciéndolo ¿no?

Por supuesto que sí, para eso estamos, para mejorar. Y si hay algo que mejora cualquier civilización es el reconocimiento de la diversidad.

 

 

Esta entrevista se realizó en el programa “En la Víspera” (Radio Nacional Concepción del Uruguay). Entrevista de Américo Schvartzman y Valentín Bisogni.

Fotos:  Télam y ACNUDH

Redacción de La Vanguardia

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