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Víctor Manuel: voz roja, palabras justas

Víctor Manuel llega a Buenos Aires para brindar una serie de recitales en el marco de “El gusto es nuestro” junto a Ana Belén, Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos. En este perfil se repasa su carrera artística y musical, y se expresa su vinculación con la política progresista de los tiempos que le han tocado vivir.

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-Víctor Manuel

-¿Quién?

-El marido de Ana Belén

Muchas veces he tenido esta conversación. Víctor Manuel, el ya septuagenario cantante español, no es tan popular en nuestro país como su esposa, la también cantante y actriz María del Pilar Cuesta, más conocida como Ana Belén, con la que curiosamente no está legalmente casado. Tampoco alcanza ni por cerca el grado de reconocimiento que ha conquistado su íntimo amigo Joan Manuel Serrat, uno de los emblemas musicales latinoamericanos en tiempos de resistencia a los gobiernos autoritarios y esperanzas democráticas. Sí lo es con respecto a la cuarta espada de este grupo, el rockero granadino Miguel Ríos, cuyo éxito fue tanto mayor en México que en nuestro Cono Sur. Juntos conforman un cuarteto de amigos –cuyo quinto miembro es el siempre impredecible Joaquín Sabina, quien originariamente iba a ser de la partida– que en algún momento, hace ya 20 años, decidieron hacer una gira conjunta: la bautizaron “El gusto es nuestro”, preanunciando la enorme repercusión y beneplácito que esta incursión mancomunada generaría en el público. Dos décadas después decidieron homenajear aquella experiencia con dos recitales en España (uno en Madrid y otro en Barcelona), pero el éxito fue tal que la gira fue, una vez más, inevitable.

Juntos arrastran más de dos siglos arriba de los escenarios y continúan, a pesar de todo, en plena vigencia. Cada uno con su impronta, con su estilo, con su repertorio: “Venimos de lejos, de cuando una carrera se construía lentamente. Con repertorio muy contrastado y éxitos en décadas diferentes. Eso permite que varias generaciones hayan envejecido contigo y también que en el presente puedas interesarle a gente más joven” señala el cantautor asturiano a La Vanguardia.

Una hermandad forjada en base a una sensibilidad artística y política compartida. Víctor Manuel cultiva un bajo perfil, tanto fuera como dentro del escenario. Su estilo comedido contrasta con el desparpajo de Serrat, la luminosidad de Ana Belén y la potencia de Miguel Ríos. Ese rasgo, propio de cierta timidez, es acompañado por una modestia visible que le permite elogiar sin más a sus compañeros de ruta y de vida: “Miguel canta mejor cada día y es imbatible en el escenario. Joan tiene tantas buenas canciones…, es un maestro para todos nosotros. Y Ana, es única cantando y comunicando las canciones, sin un gesto de más ni de menos, nunca se pasa, siempre llega”. Víctor, podríamos agregar, puede conmover hasta las lágrimas con su decir profundo y, a su modo, lacerante.

EL AUTOR DETRÁS DEL CANTANTE

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Víctor Manuel disfrutó de las mieles del éxito tempranamente. En 1970, y con apenas 23 años, su single “Quiero abrazarte tanto” –incluido luego en su segundo disco, que llevaría el mismo título– se convirtió en un suceso musical y de ventas. Consagrado como un artista popular, siguió el periplo acostumbrado de otros jóvenes triunfadores de la época –desde Julio Iglesias hasta el propio Serrat–-: multiplicó sus presentaciones en los establecimientos de moda en toda España, fue erigido como galán en las tapas de las revistas del corazón, incursionó –breve e infructuosamente, salvo porque allí conoció a su compañera– como actor de cine, y comenzó a ganar popularidad en los públicos hispanoparlantes allende el océano Atlántico (sus primeras visitas a Argentina, por ejemplo, le sirvieron para hacerse de libros de poetas prohibidos por el franquismo como Rafael Alberti, Antonio Machado o Pablo Neruda, como él mismo ha confesado alguna vez). Ese apuesto, aunque parco, mierense podía convertirse así en uno más de los muchos cantantes de baladas románticas que esplendían entonces, algunos con mejor suerte que otros. Sin embargo, esto no fue así.

Desde joven, Víctor Manuel decidió ser autor de sus propias canciones, ser un cantautor. Pero no uno cualquiera, sino uno poco remiso a someterse al tono uniforme que el languideciente franquismo quería imponer a todas las expresiones culturales. Así, en el mismo disco que incluía “Quiero abrazarte tanto” –canción que por su tono explícito tampoco condecía con la rígida moral cristiana predicada desde el gobierno español–, Víctor Manuel había editado “El cobarde”, una canción de neto corte antimilitarista y favorable, de alguna manera, a la desobediencia civil. Estos tópicos controvertidos y explícitamente ideológicos signarían toda su carrera. El sentido profundamente político y social de sus creaciones sería una marca distintiva. “Trato que la vida se meta en las canciones desde siempre y, de vez en cuando, lo consigo. Los temas se renuevan, aunque hay algunos eternos” explica con claridad.

Víctor Manuel se destacó rápidamente como cantautor. Y como uno muy particular: el que le plantaba cara al franquismo y a la moral cristiana de la época.

En sus más de 500 canciones no ha rehuido a prácticamente a ningún tema de actualidad –ni de los que se renuevan, ni de los eternos–: ha cantado por la memoria histórica (“Cómo voy a olvidarme”, “Ustedes no me recuerdan”, “Sin memoria”); ha bregado por las luchas de género y los derechos de las mujeres (“El club de las mujeres muertas”, “Mujeres”, “Ella solo supo dejarse querer”); ha apoyado la visibilización y el respeto por la diversidad sexual (“Quién puso más”, “Como los monos de Gibraltar”, “Laura ya no vive aquí”, “Primavera es cuando llega abril”). Incluso uno de sus temas más clásicos, sino el que más, el popularísimo “Solo pienso en ti”, retrata una historia de amor –que tiempo después se supo verídica– entre dos jóvenes con síndrome de down. No obstante eso, él no cree que las canciones hayan servido necesariamente para imponer agenda o plantear discusiones, más modestamente aclara: “No sé si tanto como plantear discusiones, pero creo en su utilidad normalizadora: cuando la gente la escucha y de una forma natural la acepta”.

Entre su repertorio también destacan, y esto también es un rasgo muy suyo, las canciones con nombres propios. Además de la famosa canción que dedicara a su abuelo minero (“El abuelo Vitor”) o a su padre ferroviario (“El hijo del ferroviario”), el cantante mierense ha retratado a distintas personalidades políticas. Así inmortalizó a personajes no tan conocidos como el sindicalista minero Manuel Llaneza (“Carta de un minero a Manuel Llaneza”) o al dirigente asturiano Horacio Fernández Iguanzo (“El paisano”) o a líderes de su partido de juventud –el Partido Comunista Español– como Marcelino Camacho (“Marcelino”) o Dolores Ibárruri “La Pasionaria” (“Si veremos a Dolores”). Entre las figuras de mayor relevancia, Víctor Manuel compuso canciones a Salvador Allende (“Al Presidente de Chile, Salvador Allende”), Luiz Inácio “Lula” da Silva (“¿Quién teme a Lula?”) y, una siempre recordada por sus detractores, al general Francisco Franco (“Un gran hombre”) en su muy temprana juventud. Dejando al margen esta última, el asturiano señala: “Es gente a la que admiro. A Camacho le escribí cuando aún estaba en la cárcel, Ibárruri en el exilio, a Salvador Allende ya muerto, aunque todo el proceso chileno lo viví intensamente. Cuando escribí la canción de Lula, era Presidente y expresaba la perplejidad que me producía que políticos de ideologías muy distantes hablasen bien de él”.

Víctor Manuel, como muchos otros, no cree en la inspiración sin trabajo. Asimismo reconoce, sin pudores a aquellos que le han servido –y todavía le sirven– de referencia y ejemplo. “La inspiración sin trabajo da resultados cortos, hay que ponerse a trabajar y que ahí en medio aparezca la inspiración. En cualquier caso cuando acabas una canción tienes la sensación de haber hecho algo inigualable, hasta el día siguiente que la escuchas fríamente” explica con sencillez. Y agrega: “Siempre leo poesías cuando escribo canciones, a veces una palabra, te dispara un verso.  Músicos como [Atahualpa] Yupanqui, Violeta Parra, José Alfredo Jiménez, Lucio Dalla, Jacques Brel, Stevie Wonder, Neil Young, siempre son inspiradores”.

LA POLÍTICA, SIEMPRE LA POLÍTICA

La militancia política de Víctor Manuel es pública y notoria, y no se limita solamente a la sana costumbre, que comparte con muchos otros colegas, de apuntarse a cuanta causa colectiva o iniciativa solidaria considere justa. Así como no rehúye a manifestar sus opiniones a través de sus canciones, tampoco lo hace cuando es inquirido por la prensa. Así como no oculta sus simpatías y afinidades, tampoco se muestra diplomático para expresar su desagrado o enojo con ciertas situaciones de la realidad imperante. Su compromiso político es una marca indeleble. Desde su militancia en el comunismo hasta su actualidad quizá un poco escéptica, el asturiano siempre ha hecho visible su inscripción política, aun asumiendo los costos que ello implica: “Es una elección que desde fuera nadie te recomienda –explica–. Nadie te obliga, pero si piensas que algunas ideas merecen la pena, merece la pena ayudar. No es igual en el presente que antes. Cuando militabas en el Partido Comunista te jugabas algo más que tu carrera.”

Nunca rehuyó a dar sus opiniones políticas. Fue comunista. Apoyó a la socialdemocracia. Hoy, es crítico frente al panorama político español dominado por la derecha.

Su involucramiento político lo ha llevado a apoyar a diversos candidatos y fuerzas políticas, siempre en el flanco izquierdo del espectro político. Es recordado, incluso por muchos de sus más férreos adversarios, el spot de campaña que protagonizaron diversos artistas, entre los que se contaba por supuesto nuestro entrevistado, entonando los versos del poeta uruguayo Mario Benedetti “Defender la alegría”,  en favor del candidato socialista José Luis Rodríguez Zapatero. El desbande del gobierno del PSOE, fruto de una incontrolable y subestimada crisis económica, dejó a la izquierda socialdemócrata española y a sus simpatizantes en una situación de desconcierto y desahucio: “Vivimos momentos confusos donde la izquierda y la socialdemocracia, como siempre, son incapaces de ponerse de acuerdo y la derecha se frota las manos. Zapatero tuvo avances importantes en lo social, ley de igualdad de parejas, de memoria histórica; y un segundo mandato decepcionante”.

Esa situación de orfandad política resulta más acuciante en la actualidad. Víctor Manuel explica sin pelos en la lengua: “El panorama actual es peor. El PSOE dividido en lucha internas. Podemos decepcionante: solo son interesantes sus votantes. Sus dirigentes hacen política que pretende ser asamblearia y es más vieja que cagar en el campo. IU ya no aparece en el radar, fagocitada por Podemos”. Frente a esta situación de crisis de las izquierdas, muestra preocupación también por la situación europea –“Europa está postrada y no sabemos si será resucitable: desde luego no, si todo pasa por la economía”– y por el sostenido apoyo electoral que todavía consiguen las más rancias derechas, incluso en su país: “El franquismo como tal tiene seguidores residuales que, elección tras elección, en el mejor de los casos suma 50.000 votos. Pero el sociológico [tal y como acuñara Ramón Cotarelo] está en una derecha que no se ha atrevido en 40 años de democracia a condenarlo por temor a sus votantes”.

Como artista también Víctor Manuel ha mantenido un rol activo: fue dirigente de polémica la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y un luchador quijotesco contra la piratería y la política cultural gubernamental –o la falta de ella–. En tal sentido, se expresa con crudeza: “La música, dijo Peter Gabriel hace muchos años, ha perdido todo su valor, como todo lo que es gratuito, se desvaloriza. Quizá todo comenzó con el primer medio, revista o periódico que regaló el primer CD. Luego la piratería física e internet la remataron. Es un tema que no interesa a nadie, ni a políticos ni a operadoras de telefonía. La cultura a la clase política le interesa en tanto en cuanto pueda instrumentalizarla”.

s-l1600Esa preocupación, expresada de manera tan pesimista, también ha sido acompañada como contraparte por un sostenido esfuerzo por promover, acoger y visibilizar a jóvenes exponentes de la música de autor, como por ejemplo Pedro Guerra, Andrés Suárez o Jorge Drexler. Estos artistas son, a su modo, herederos de la generación de los Joan Manuel Serrat, los Luis Eduardo Aute, los Víctor Manuel. Las épocas han cambiado, las preocupaciones también, pero hay un legado que se transmite de una generación de cantautores a otra: “El legado más firme es el del temor. Ellos han visto que durante años nos daban con la mano abierta por contar cosas que el poder no quería que contásemos. Por otro lado ellos no cuentan con la complicidad que nosotros teníamos en los medios, cuando la programación musical era un territorio que pertenecía a locutores o productores. Cualquier músico ahora que escriba canciones políticamente “no correctas” es difícil que encuentre espacio para difundirlas”.

VIVIR PARA CANTARLO

s-l1600-1Si bien ha cumplido, y celebrado, 50 años arriba del escenario, Víctor Manuel no piensa en el retiro. Señala: “Nunca he tenido metas, desafíos… el único, estar a gusto con mi trabajo, poder hacer en cada momento lo que quiero hacer. La profesión ha fluido, a veces mejor y otras peor pero nunca me he quejado”. Si bien su ritmo de composición se ha reducido, quizá por las propias dinámicas de la industria, sigue inquieto y activo embarcándose en nuevos proyectos, artísticos y de los otros.

A pesar de los reveses sufridos, la desazón frente al panorama actual, y los muchos años trajinados, Víctor Manuel no renuncia a su férreo compromiso político. Su presencia es una fija en cada manifestación, comunicado, acto o conmemoración que refleje o interpele su sensibilidad política. Sigue considerándose ante todo un hombre de izquierdas, socialista, rojo. “Ser de izquierdas hoy es lo que ha sido siempre: defender la igualdad de oportunidades (desarrollo, estudios, vivienda, alimentación) y aspirar a una sociedad más justa, más igualitaria. Que la Justicia sea igual para todo el mundo” enumera y se inscribe.

Su presencia es una fija en cada manifestación, comunicado, acto o conmemoración que refleje o interpele su sensibilidad política. Sigue considerándose ante todo un hombre de izquierdas, socialista, rojo.

Su compromiso público, sus opiniones sin medias tintas, sus enfrentamientos públicos con dirigentes políticos y eclesiásticos, sus letras inconvenientes y corrosivas, le han ganado algunos enemigos y provocado desafecciones entre sus seguidores. Eso lo tiene bien en claro. Lo tuvo en claro desde sus comienzos: “Claro, eso siempre tiene costos, mucha gente deja de contar contigo, pero yo desde muy joven pensé que no era tan importante gustarle a todo el mundo como estar conforme contigo mismo”.

Víctor Manuel recuerda siempre una conversación con Julio Iglesias –con quien había compartido recitales en su juventud– en tiempos de persecución y exilio: “Hay que ver, con lo que tú has podido ser… Tenías canciones imbatibles, cuatro, cinco éxitos en tres años… Lo que tú has podido ser” lo interpelaba Iglesias cuestionando implícitamente sus decisiones políticas y artísticas.  A lo que el asturiano le respondió: “Pero vamos a ver, Julio, ¿por qué piensas que yo quería ser otra cosa que lo que soy?”. En esa frase sintetizaba una decisión de vida. La vida del cantante, del autor, del militante de causas justas.

Fernando Manuel Suárez

Fernando Manuel Suárez

Profesor en Historia (UNMdP). Coautor de "Socialismo y Democracia" (EUDEM, 2015). Es editor de La Vanguardia Digital.

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