La sociedad mexicana reconstruye el país a pesar de su clase política

La tragedia desatada en México mostró una sociedad civil solidaria y comprometida, en contraste con unos políticos letárgicos y especuladores. Un detallado retrato de la sociedad mexicana a la luz de uno de sus peores momentos de las últimas décadas. 

TOPSHOT - Rescuers, firefighters, policemen, soldiers and volunteers search for survivors in a flattened building in Mexico City on September 20, 2017 a day after a strong quake hit central Mexico. A powerful 7.1 earthquake shook Mexico City on Tuesday, causing panic among the megalopolis' 20 million inhabitants on the 32nd anniversary of a devastating 1985 quake. / AFP / Yuri CORTEZ

Una semana atrás un terremoto de 7.1 grados en la escala Richter asoló el centro de México. Las principales ciudades de los estados centrales -el Estado capital, Estado de Morelos y Estado de Puebla- fueron los epicentros de un temblor que ya lleva un conteo oficial que supera las 325 víctimas fatales, alrededor de 3 mil edificios afectados en Ciudad de México y 10 mil escuelas con daños en todo el país. Decenas de miles de mexicanos y extranjeros debieron abandonar sus casas y departamentos para no volver en los próximos meses, sin siquiera poder recuperar sus pertenencias básicas. El 19 de septiembre, día del aniversario del terremoto de 1985, que es considerada la peor tragedia de la historia del país, un nuevo desastre natural volvió a marcar un hito. Sólo dos horas después de que un simulacro de alerta sísmica recordara los siempre presentes muertos y desaparecidos de 32 años atrás, la alarma volvió a sonar para alertar sobre uno de los sismos más fuertes de los últimos tiempos y, nuevamente, fue golpeada la Ciudad de México, capital donde viven más de 30 millones de personas. Y la sociedad civil mexicana, a través de su gente y sus instituciones, se hizo cargo de la tragedia y se puso al hombro la búsqueda de desaparecidos bajo los escombros y la reconstrucción de la ciudad. El gobierno y los políticos mexicanos, hasta entonces ocupados con una campaña electoral que ya se empieza a sentir, demostraron muy poca capacidad de reacción ante el desastre, y sólo acudieron en ayuda cuando la misma sociedad les recordó su verdadera responsabilidad.

MARTES DE CENIZA

image59c71879da2617-35311613Cuando ese martes a las 13:15 sonó la alerta sísmica en las colonias de la Ciudad de México, ya era tarde. Mientras las sirenas comenzaban a ulular, los suelos de la ciudad temblaban y oscilaban. Si bien el temblor duró 45 segundos, las oscilaciones continuaron por 3 minutos, y fuero suficientes para paralizar la capital mexicana y poner en alerta al país. Las líneas telefónicas cayeron al instante, la electricidad se fue en varias colonias centrales. Por primera vez en décadas, las zonas más afectada fueron las que nunca tenían daños por temblores. Los barrios Roma, Condesa, Nápoles y Del valle en el centro, y Xochimilco, Tlalpan entre las colonias más afectadas del Sur, compusieron un panorama propio de una zona de guerra: edificios derrumbados, nubes de gas producto de caños rotos, toda clase de vidrieras destruidas, autos estacionados que habían chocado por el movimiento, y, sobre todo, un tráfico caótico y desordenado después de los minutos de temblor. Sólo algunas horas después ya estaban habilitados cientos de refugios para evacuados y centros de acopio de alimentos y víveres, prácticamente todos organizados por instituciones de bien público de diferentes órdenes. La sociedad mexicana brilló por su generosidad, solidaridad y acompañamiento a los afectados. Los portales de noticias y la televisión informaban los detalles del sismo y mostraban al presidente Enrique Peña Nieto sobrevolando las zonas afectadas en helicóptero, pero más allá de eso, los políticos mexicanos directamente desaparecieron de escena hasta varios días después.

Los mexicanos no le piden mucho al Estado. Quien pasa algunas semanas en la Ciudad de México puede percibir que el pueblo mexicano intenta vivir una vida lo más lejos posible del Estado y sus representantes. Cumplen con sus obligaciones impositivas y no mucho más.

“¿Viste a algún diputado o senador decir algo sobre esto? Yo creo que ni están en el país”, relató a las pocas horas Juan Diego, un diseñador gráfico que conversó con La Vanguardia en un centro de acopio mientras él y su novia armaban paquetes de medicinas para enviar a diferentes lugares. En los centros que visitamos en los días siguientes a las tragedias nadie había tenido noticias sobre ningún político que se acercara con donaciones o ayuda, ni en calidad personal ni institucional. Y a pesar de nuestro asombro, a los mexicanos parecía no llamarles la atención. “Los únicos del gobierno que están acá son los militares, que están para cuidar que no haya disturbios, pero no colaboran con las tareas de salvataje”, explicó un grupo de jóvenes durante un descanso de la remoción de escombros. Ellos fueron voluntarios desde el primer día. “Cuando vimos que nuestras familias y amigos estaban bien decidimos venir a ayudar. Llegamos sin nada, ni palas, ni picos, ni equipos de protección, nos dieron todo de las donaciones de que hacía la gente para que podamos ayudar a remover escombros” narraron Fernando, Miguel, Joaquín y Diego, algunos de las decenas de jóvenes que tenían entre 17 y 23 años que dialogaron con La Vanguardia en una esquina de Viaducto, una de las avenidas más afectadas por la caída de edificios, en el límite entre las colonias Roma y Del Valle.

Y es precisamente con las Fuerzas Armadas de México que existen numerosos conflictos. Las agrupaciones de rescatistas como Los Topos -quienes se especializan en remover escombros para buscar personas que hayan quedado atrapadas- denunciaron en redes sociales y medios de comunicación como el periódico El Heraldo que los soldados buscan remover los escombros con maquinaria pesada aún cuando se sospecha que puede haber todavía personas vivas atrapadas entre ellos. También denunciaron que los militares no los dejaban trabajar en ciertos edificios y no brindaron explicación alguna. “Están metiendo maquinaria pesada para acelerar el proceso de escombros, (pero) no se coordinan con Los Topos en las tareas de rescate y su prioridad no es la búsqueda de personas”, explican la agrupación Los Topos México en un comunicado oficial, en referencia al accionar militar. Es que desde 1985, las diferentes agrupaciones de Topos son los rescatistas más capacitados del mundo para remoción de escombros y búsqueda de personas, y su palabra es considerada más autorizada para el pueblo mexicano que la del ejército o el gobierno mismo.

El caso del edificio ubicado en Álvaro Obregón 286, en Ciudad de México, es un caso paradigmático que desnuda la inoperancia del gobierno al atender la situación, desbordado por la eficiencia de las instituciones y herido por la falta de credibilidad de la gente. El lunes por la noche, un funcionario representante de la administración federal fue abucheado e insultado por familiares de una fallecida, que tardó dos días en ser identificada cuando ni siquiera habían avisado a los habitantes del edificio para que vayan a reconocer el cuerpo recuperado. Los vecinos afectados tuvieron que cortar la calle para que el gobierno informara sobre la identidad del cadáver hallado más de 48 horas antes.

NO SABEN SI VOLVER A SU CASA

0004715414A varios días del temblor, los habitantes de los miles de edificios afectados que quedaron en pie pero muestran daños en su estructura no tienen certeza sobre si podrán o no volver a casa, aunque más no sea a retirar sus pertenencias. Es que existe una enorme lentitud en las tareas de revisión de daños por parte del gobierno, e inclusive los habitantes de los departamentos denuncian que existen mediciones que no son concluyentes, y por lo tanto su situación es totalmente incierta. Así lo dice Víctor Hugo Ramos, un vecino de la Colonia Roma, al periódico El Heraldo: “somos 80 familias en el edificio que no tenemos adonde ir, algunos vamos a albergues, otros de familiares y amigos, pero ya no podemos volver a casa porque las verificaciones son contradictorias”.

Un vistazo a Twitter con el hashtag #PartidosDenNuestroDinero puede dejar claro a cualquier usuario de redes sociales el descontento de los mexicanos con el rol ineficiente de sus políticos.

Es por eso que muchos vecinos de la Ciudad de México ya se organizaron para realizar ellos mismos las verificaciones y reparaciones, sin esperar ninguna ayuda del Estado. También otros optan por contratar seguridad privada, como pasa en la esquina de Rebsámen y Pestalozzi de la colonia Del Valle, ya que temen que sus casas sean ocupadas durante su ausencia hasta que las mediciones se realicen finalmente.

#PARTIDOSDENNUESTRODINERO

2a_jojutla_univ2-168578La campaña presidencial se había iniciado un par de meses atrás. Muchos mexicanos en este contexto se quejaron de los enormes fondos destinados de parte del INE (Instituto Nacional Electoral) a los nueve partidos políticos para que hagan sus campañas, en un país donde el voto es optativo y el 60% de los mexicanos no concurre a las urnas. A menos de un día del sismo, una petición de Change.org reunió 1.4 millones de firmas para que los partidos políticos donen el dinero de las campañas a los afectados por el terremoto. Inclusive el reconocido actor Gael García Bernal en su cuenta de Twitter pidió por lo mismo, lo que generó un revuelo en las redes. Los voceros políticos más importantes se manifestaron tibiamente de acuerdo con la iniciativa, pero sólo el partido Encuentro Social fue el que propuso entregar el 100%, mientras que la mayoría de las fuerzas propusieron un 50% y el PRI, el partido gobernante, quiso destinar un 25% de su presupuesto. Pero a esta decisión se llegó luego de que los mismos políticos se negaran a entregar el dinero para los damnificados de los dos sismos anteriores en Chiapas y Oaxaca, que ocurrieron dos semanas antes, e inclusive el Senado y la Cámara de Diputados habían donado el 0,01% de su presupuesto para estas catástrofes, menos de 3 millones de pesos en total por los más de 500 legisladores. ¿La diferencia? El martes 19 de septiembre el terremoto llegó a la capital y fue un desastre histórico, de fuerte impacto mediático en todo el mundo. Todas las miradas están desde entonces sobre ellos, y ya no sólo las secciones políticas de los diarios.

Antonio Manuel López Obrador, el candidato del partido Morena que perdió 3 veces las elecciones presidenciales y se perfila como principal rival del oficialismo en las próximas, fue quien logró imponer una propuesta de crear un fideicomiso con el dinero que acepten los partidos donar, y no derivarlo a través de la tesorería del INE, como propuso el PRI. Sin embargo, a siete días del terremoto, todavía los legisladores no se pusieron de acuerdo en la forma en que esos fondos se canalizarán a los damnificados, precisamente cuando la sociedad civil ya está tratando de dar vuelta la página y dejar atrás el desastre que implicó el terremoto más grande en los últimos 30 años. Un vistazo a Twitter con el hashtag #PartidosDenNuestroDinero puede dejar claro a cualquier usuario de redes sociales el descontento de los mexicanos con el rol ineficiente de sus políticos, que todavía debaten si donar o no dinero cuando la propia Secretaría de Gobierno les pide a los mexicanos que sigan donando herramientas a los rescatistas. “¿Por qué no las compran ellos?”, remata un usuario de redes sociales, indignado con el rol de la clase política.

PLAN MX

dkw524luqaama65Desde el primer día después del terremoto, el gobierno mexicano puso en marcha un programa que llamó Plan MX para atender la emergencia. La administración de Enrique Peña Nieto programó una serie de directivas que fueron duramente criticadas por las instituciones y ciudadanos movilizados por las consecuencias del temblor. En su punto más polémico, atribuye a la Secretaría de Defensa y Marina “Implementar protocolos forenses, manejo masivo de cadáveres, preservación de restos humanos y, de ser el caso, servicios funerarios de urgencia”, inciso que habilitó a los militares del edificio de Álvaro Obregón 286 a no informar sobre el familiar fallecido durante 48 horas. Este protocolo, que implica una especie de “estado de excepción” funeraria, fue aplicado también en los casos de la desaparición de 43 personas en Ayotzinapa, lo que echa sospechas sobre las verdaderas intenciones del gobierno al reservarse el derecho de informar sobre los cuerpos hallados. Al mismo tiempo, el artículo K del plan indica que el ejército debe “Brindar asistencia general para la preservación de los bienes esenciales para la supervivencia y el restablecimiento temprano de la normalidad económica”, lo que explica por qué la maquinaria pesada de remoción de escombros se interponía con la labor de los rescatistas de instituciones especializadas y no gubernamentales. Este objetivo de priorizar la “normalización de la economía” fue muy criticado por los mexicanos consultados al respecto por La Vanguardia, ya que con resignación observan el desinterés del gobierno por el bienestar humanitario.

EL NEGOCIO INMOBILIARIO DE LA COIMA

A medida que pasaron los días después de la tragedia, los informes periodísticos comenzaron a  centrarse en la posibilidad de que muchos de los edificios caídos hayan sido construídos sin habilitaciones legales o con habilitaciones malhabidas. La Vanguardia dialogó con Hernán, un argentino que tiene un carro de choripanes en la zona de Condesa, donde habitan muchos extranjeros. “Yo vi caer un edificio frente mío durante el sismo”, nos explicó este porteño de 42 años que hace una década vive en Ciudad de México, “era un edificio que no tenía más de dos años”. Historias como ésta se repitieron el domingo pasado en las mesas familiares de México, mientras la televisión y los portales informaban sobre numerosas irregularidades en la construcción de edificios y señalaban la avaricia inmobiliaria como una verdadera culpable de la tragedia material del sismo de 19 de septiembre.

La sociedad mexicana brilló por su generosidad, solidaridad y acompañamiento a los afectados.

El caso del colegio Rebsámen fue una de las historias más indignantes. En esta escuela perdieron la vida por derrumbes 19 niños y adultos, y fue uno de los más difíciles para los rescatistas. Con el paso de los días se descubrió que desde 2009 a 2016 la directora y propietaria del colegio privado había construido un departamento para ella en el tercer piso del edificio, que inclusive contaba con un coqueto roof garden. Todas estas construcciones nuevas fueron las que se derrumbaron y causaron las muertes, quedando intactas aquellas que tenían más de 30 años de antigüedad. Lo mismo pasó con muchas construcciones de las colonias más afectadas, donde en los últimos años florecieron cuantiosos edificios nuevos, según comentan los vecinos de Roma y Del Valle, zonas donde los alquileres promedio rondan los 15 mil pesos por un departamento de dos ambientes.

Y el caso más resonante fue el del edificio de Insurgentes Norte 1260, que fue inaugurado y vendido pocos días antes del terremoto por una empresa que es propiedad de dos asesores del gobierno de la Ciudad de México. La Promotora Inmobiliaria Dekah, que hizo negocio con un edificio construido sin cumplir las normas básicas, es propiedad de Simón Neumann Landenzon, actual asesor del Centro de Transferencia Modal (CenTraM) y exsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda (SeDUVi), y Fausto Ernesto Galván Escobar, otro de los socios de la comercializadora, es el actual coordinador general de Gestión para el Crecimiento y Desarrollo de la Ciudad, dentro de la Secretaría de Desarrollo Económico. Es decir, ambos del riñón del alcalde Miguel Ángel Mancera y fuertemente vinculados a las carteras de desarrollo urbano, responsable del control de este tipo de construcciones. Estos casos se repiten en toda la Ciudad de México, y en estos días desnudan la inoperancia del gobierno con respecto a los problemas más básicos de la capital y del país, recordando muchos que ya Neumann y Mancera habían sido acusados en 2014 de “favorecer a los desarrolladores inmobiliarios” en su gobierno por organizaciones vecinales.

SIN GOBIERNO, SIN ESTADO

Los mexicanos no le piden mucho al Estado. Quien pasa algunas semanas en la Ciudad de México puede percibir que el pueblo mexicano intenta vivir una vida lo más lejos posible del Estado y sus representantes. Cumplen con sus obligaciones impositivas y no mucho más. En sus comentarios apenas si hay muy poco lugar para los asuntos políticos. Y cuando sucedió el sismo, son muy pocos los que reclamaron atención de sus representantes, y son muchos los que tomaron la catástrofe como propia y salieron a donar y ayudar en lo que pudiesen. Tal vez es por esto que la clase política se acostumbró al perfil bajo de sus acciones, a que lo que hacen no sea notado, y hayan permanecido cómodos en el teatro de operaciones de la política mediática. Es por esto que hoy México se carga al hombro su propio desastre, y no espera nada de los partidos más que la mínima decencia de ponerse de acuerdo en temas básicos y pensar más allá de los intereses que atan a sus bancas, sus puestos de gobierno o sus próximas campañas electorales.

Francisco Marzioni

Francisco Marzioni

Periodista político. Ha colaborado en Perfil y El Cronista, entre otros medios.

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