Europa: entre el nacionalismo y las promesas incumplidas

No es un secreto para nadie: la Unión Europea está en crisis. Los partidos clásicos pierden peso mientras se vive un auge del nacionalismo. La coyuntura no ha dejado de ser explosiva. ¿Qué puede pasar en el viejo continente?

euro-crisisLa Unión Europea es uno de los proyectos de integración regional que se caracteriza por su vasta trayectoria institucional y lo sustancial de sus diversas políticas comunitarias. Pero como todo proyecto -y como cualquier proceso social- resulta dinámico y marcado por auges y retrocesos constantes.

En este sentido, la actualidad la cruza e interpela una vez más. Distintas fuerzas políticas irrumpen en los territorios nacionales de sus miembros, así como en el plano comunitario. Éstas representan distintas motivaciones e ideas sobre la integración del viejo continente y especialmente sobre el cauce que ha emprendido en los últimos tiempos. Abundan las críticas de todo el espectro político a la burocracia de Bruselas, las medidas de austeridad, el rol de Alemania o la política migratoria.

¿Qué interés refleja esto en la coyuntura actual? Precisamente que el auge de estos temas de crisis en la agenda europea, sean económicos, de seguridad, migratorios o de las distintas dimensiones en las que estos temas se cruzan, ha hecho que los partidos políticos eurofóbicos o antieuropeos ganasen terreno en los escenarios nacionales así como también en Estrasburgo. El UKIP (United Kingdom Independence Party), el Frente Nacional de Francia, la Liga Norte en Italia, el Partido de la Libertad en Austria y Holanda, el Partido Demócrata en Suecia, Amanecer Dorado en Grecia, Ley y Justicia de Polonia, el ultranacionalista Partido Popular Danés, el partido húngaro Jobbik, Verdaderos Finlandeses o Alternativa para Alemania (AfD) son, entre otros, algunos de los casos más emblemáticos de lo que lo que la Ciencia Política europea denomina “populismo”. Se trata de partidos políticos que guardan entre todas sus características y sus matices, un patrón común basado en el descontento y el rechazo más amplio y general del proyecto europeo en todas sus dimensiones.

Abundan las críticas de todo el espectro político a la burocracia de Bruselas, las medidas de austeridad, el rol de Alemania o la política migratoria.

Paralelamente –o incluso de forma complementaria-, este contexto se ha combinado con una pérdida de peso gravitatorio de los partidos tradicionales y el surgimiento de fuerzas emergentes que han alterado la configuración del sistema de partidos, tales como Podemos, Syriza o En Marche. Es decir, aquellos que se enmarcan en la manifestación de la integración de “la otra Europa”, pero que no dudan en su postura de permanecer en la eurozona a pesar de las medidas de austeridad.

Estos acontecimientos han puesto en consideración los análisis sobre el destino político del proceso de integración europeo ante el ascenso de fuerzas políticas que plantean limites, reformas y en algunos casos la misma desarticulación de la experiencia nacida en la segunda posguerra. Aunque, sin duda, tanto los emergentes como el denominado populismo representan categorías sumamente heterogéneas.

EL JUEGO ELECTORAL

En 2016, la UE se había visto golpeada por el que fue sin dudas el hecho político más trascendente en el plano europeo, el Brexit. No obstante, Europa tenía en el presente año varias citas en el plano electoral que resultaban clave para el proyecto integrador. Por ello, varios de los partidos mencionados se habían reunido en enero de este año en Coblenza, Alemania, en donde se reunieron en el Congreso del grupo del PE llamado “Europa de las Naciones y las Libertades”. Allí, la dirigente francesa, Marine Le Pen, expresó que “estamos viviendo el fin de un mundo y el nacimiento de otro. ¡Es el regreso de los estados-nación!”. Claro mensaje apuntando a las sienes de Bruselas, no solo como institución sino como rechazo a la forma-idea de la supranacionalidad, es decir, la forma dominante de pensar la integración regional en Europa desde hace 60 años.

La primera de las citas tuvo lugar en Holanda, que a pesar de su cara más abierta y liberal, no es la excepción a este crecimiento de los partidos con componente xenófobo con el ultraderechista Partido de la Libertad (PVV). Su líder, Geert Wilders, había manifestado que su país tiene «el megaproblema marroquí» y basó algunas de sus posturas de campaña electoral en la reducción del islam y el «cierre de mezquitas y escuelas islámicas». Las elecciones de marzo, a pesar de liderar en las encuestas, no lo vieron ganador, aunque le permitieron aumentar de 15 a 20 bancas en el parlamento.

may-vs-corbyn-uk-party-leaders-clash-getting-eu-brexit-dealPor su parte, en Reino Unido, Theresa May, quien había llegado al número 10 de Downing Street luego de la renuncia de David Cameron tras el plebiscito por el Brexit, logró formar gobierno gracias al apoyo del Democratic Unionist Party (DUP) de Irlanda del Norte. Consolidando de esta forma, el avance de las negociaciones por el proceso de salida del Reino Unido del bloque europeo comenzadas en junio de este año en Bruselas. En éstas, uno de los temas principales radicó en la situación de los ciudadanos europeos residentes en las islas británicas, así como la posición de Gibraltar y el tira y afloje de Londres con Escocia por un nuevo referéndum de independencia para 2018. Aunque la elección también reflejó un considerable avance de Jeremy Corbin, un líder que se impuso en la interna del laborismo por sus críticas a la desigualdad y los efectos adversos de la globalización.

Por su parte, las elecciones francesas agitaron el fantasma del Frexit. El discurso del Frente Nacional centrado en las críticas a la política migratoria y la burocracia de Bruselas se condensó en el lema “au nom du peuple”, auto postulándose como el gobierno del pueblo frente a la oligarquía gobernante. El ascenso de Le Pen en la política gala es indudable. Obtuvo el tercer lugar en las elecciones presidenciales de 2012 y en mayo de este año -desplazamiento mediante del partido republicano y el socialista- se adentró al ballotage que finalmente perdió frente a Macron. El primer mandatario electo, en su encuentro con su par alemán, expresó la necesidad de reformar los tratados de la UE, aunque su aire de progresismo político contrasta con una marcada identidad neoliberal en lo económico.

Precisamente a la nación teutona nos lleva la última cita electoral prevista para septiembre de este año -sin contar Italia, aun en suspenso-, en la cual la actual canciller alemana se presentará una vez más, intentando conseguir nada más y nada menos que su cuarto mandato frente a la competencia del ex presidente del parlamento Europeo y candidato socialdemócrata, Martin Schulz.

En este caso, una de las fuerzas que viene ganando terreno local es Alternativa para Alemania (AfD). Este partido de extrema derecha nacionalista accedió el año pasado al Parlamento de Berlín y al del Estado de Mecklemburg-Pomerania Occidental donde fue la segunda fuerza más votada.

Foto Roberto Monaldo / LaPresse 27-02-2014 Roma Politica Palazzo Chigi - Il Presidente del Consiglio Matteo Renzi incontra il Presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz Nella foto Martin Schulz, Matteo Renzi Photo Roberto Monaldo / LaPresse 27-02-2014 Rome (Italy) Chigi Palace - The Prime Minister Matteo Renzi meets whit the President of the European Parliament Martin Schulz In the photo Martin Schulz, Matteo Renzi

Por su parte, Italia aún está definiendo la realización de las elecciones generales. El ex primer ministro, Mateo Renzi, que volverá a ser candidato del Partido Demócrata, al ser reelecto en la Secretaría del partido se refirió a que se necesitaba en el proyecto integrador un «cambio de verdad, no podemos más con una UE que no cumple con los deseos más bellos de quien aspira al ideal europeo». Mientras a la cita electoral se apuntarán también el Movimiento 5 Estrellas y los partidos de derecha Forza Italia y la Lega Nord. Este último, de fuerte carácter racista, está claramente alineado con Le Pen y los demás partidos eurofóbicos. En el caso del partido presidido por Beppe Grillo, -que cuenta con las alcaldías de Roma y Turín- ha expresado públicamente su intención de realizar un plebiscito sobre la permanencia de Italia en el Euro, asfixiada por las políticas económicas del Banco Central Europeo y con una seria crisis bancaria.

A pesar de que muchas de estas fuerzas de extrema derecha no son en el presente fuerzas nacionales dominantes -a excepción de Ley y Justicia que es gobierno en Polonia-, ocupan el lugar de terceras o cuartas fuerzas o complementan mediante apoyo parlamentario o en las estructuras de gobierno a sectores de derecha más moderada en claro apoyo de sus programas de gobierno.

El UKIP no tiene bancas en Westminster pero si en el Parlamento Europeo -donde llamativamente comparte bancada o grupo con el M5S por su oposición al BCE-, Amanecer Dorado es tercera fuerza, el Partido de la Libertad en Austria llegó al ballotage presidencial, Verdaderos Finlandeses tiene cargos en el gabinete, Alternativa para Alemania (AfD) no tiene aún presencia en la Bundestag pero si en la mayoría de los parlamentos regionales. La Lega Nord en alianza con Forza Italia, obtuvo muy buenos resultados en las elecciones municipales italianas del presente año.

LA NACIÓN FRENTE A LA AUSENCIA DE LA «OTRA EUROPA»

geert-wilder_marine-le-pen-credit-noneEuropa es el reflejo de una sociedad dividida. La Europa de la identidad colectiva excluyente se expresa en estos partidos políticos xenófobos de extrema derecha que gestionan la supuesta crisis migratoria con una destreza y efectividad que resulta más que peligrosa para el proyecto unificador. Muchas de las ideas esgrimidas por sus dirigentes, se han visto reforzadas a partir de los diversos atentados que ha sufrido Europa: en París -noviembre de 2015-, Bruselas -marzo de 2016-, Niza -julio de 2016-, Berlín -fines de 2016-, nuevamente París – abril de 2017- y Londres –julio de 2017-. La alarma vuelve a sonar con los atentados en Barcelona, Alemania y Finlandia.

La Europa de la identidad colectiva excluyente se expresa en estos partidos políticos xenófobos de extrema derecha que gestionan la supuesta crisis migratoria con una destreza y efectividad que resulta más que peligrosa para el proyecto unificador.

Algunos de estos casos, especialmente lo sucedido en Alemania en 2016, han puesto como blanco predilecto de los discursos que relacionan la inmigración con el terrorismo a la Canciller alemana, Angela Merkel, y su supuesta política de puertas abiertas a los refugiados. En ese entonces, desde AfD, expresaron que «El terror en Berlín no es un caso aislado y está directamente relacionado con la política de asilo de Merkel». Por su parte, Le Pen había afirmado su “compromiso a la hora de devolver a Francia el total control de su soberanía, de sus fronteras nacionales, y poner fin a las consecuencias del acuerdo Schengen”.

La única respuesta institucional seria y solidaria a las oleadas migratorias ha llegado de la mano de las ciudades, con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a la cabeza y su programa Ciutat refugi. En contraposición, las políticas comunitarias han erigido un espacio de seguridad marítimo fuertemente militarizado, que de todas formas no ha logrado frenar el flujo migratorio hacia los receptores directos como Grecia e Italia. Estos han planteado en numerosas ocasiones fuertes críticas a la falta de solidaridad de sus socios europeos, especialmente los del grupo de Visegrado que se negaron al sistema de cuotas de asilo de apenas 160 mil refugiados.

En este contexto, el proyecto integrador, impulsado históricamente por el eje franco-alemán, parece avanzar en un proceso de cierta revalorización de los intereses nacionales enmarcados en la mentalité de la ciudadela, es decir una identidad colectiva excluyente y xenófoba retomada por la extrema derecha nacionalista. Como expresó Bauman en su último libro (Extraños llamando a la puerta), ya no es Europa sino la nación la que vuelve a aparecer como garantía frente a los males que acechan al ser europeo, sean el terrorismo o la crisis económica. Mientras, la “otra Europa” de los federalistas se demora aún en aparecer, lo único certero es la incertidumbre.

Tomas Bontempo

Tomas Bontempo

Magíster en Integración Latinoamericana por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).

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