Vamos a elecciones pero todavía nos preguntamos ¿quién ganó las PASO?

Se largó la campaña de cara a las elecciones de octubre. Sin embargo, todavía no queda claro quién ganó las PASO. Este estudio muestra que los resultados de agosto son más complejos de lo que parece.

elecciones-argentinaEl 13 de agosto se realizaron las primarias (PASO: Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) correspondientes a las elecciones legislativas de medio término. Se trata de unas “preelecciones” de selección de los candidatos que competirán en los verdaderos comicios del 22 de octubre, mediante los cuales se renovarán la mitad de los diputados y un tercio de los senadores nacionales, además de cargos legislativos locales en la mayoría de las provincias. Ambos, PASO e intermedias, son procesos electorales relativamente peculiares del sistema argentino. Y requieren analizarse desde esa peculiaridad.

Por un lado, están las PASO, un sistema que fue introducido en una reforma reciente (2010) y que contó, entonces, con un amplio apoyo en el Congreso. El régimen resultante, diseñado en el contexto de un debate sobre la falta de democracia interna (y la fragmentación) de los partidos políticos, persigue el propósito de fortalecerlos. Los partidos son instituciones reconocidas por la Constitución. El sistema se va desplegando paulatinamente elección tras elección, aunque sufre un embate de parte de algunos políticos y periodistas que proponen suprimirlo, con el argumento de que las PASO son inútiles, costosas, reiterativas. No es cierto, ya que en una cantidad creciente de provincias y frentes electorales el sistema se utiliza bien. El 13 de agosto compitieron más de 400 listas electorales en esta instancia (en promedio, más de 17 listas por provincia; en Santa Fe, por ejemplo, hubo 57) y el 22 de octubre habrán quedado algo más de 100 (en promedio, menos de 5 listas por provincia). Las PASO son una ronda de eliminación de la competencia interna de los partidos, y de las listas que no alcanzan el 1,5% de los votos válidos.

Pero los detractores de las PASO tienen razón en un punto. En los distritos grandes, las PASO chocan con la estrategia de los dirigentes principales, que no quieren dividir a su electorado. Y le niegan el ring a los competidores “menores”. Es un fenómeno minoritario, circunscrito sobre todo a la provincia y la ciudad de Buenos Aires, pero de gran impacto público. Porteños y bonaerenses vieron cómo los principales dirigentes de Cambiemos y del peronismo (incluida la ex presidenta Cristina Kirchner) hicieron todo lo posible para evitar tener competencias internas, y fueron con listas únicas. Y entonces se preguntan: ¿para qué vamos a votar dos veces?

Porteños y bonaerenses vieron cómo los principales dirigentes de Cambiemos y del peronismo (incluida la ex presidenta Cristina Kirchner) hicieron todo lo posible para evitar tener competencias internas, y fueron con listas únicas.

Si miramos lo que sucede en todo el país descubrimos que eso no es tan así. Hubo 42 frentes peronistas compitiendo en los 24 distritos, y en 13 de ellos hubo competencias internas en el marco de las PASO. Con un total de 99 listas (casi el 25% del total de listas a nivel nacional). Además, hubo 24 frentes vinculados a la Alianza Cambiemos (la fuerza del presidente Macri) en los 24 distritos (sin dudas, el oficialismo está más unido que el peronismo) y en 11 de ellos hubo internas, con un total de 38 listas. Pero mientras los distritos grandes no se sumen a esta práctica, muchos argentinos subestimarán el mecanismo.

fotopasoTodo esto nos lleva al segundo fenómeno, que son las elecciones de medio término. La razón por la que los principales políticos no quieren someterse a las PASO se vincula a la lógica de las elecciones intermedias. Se trata, lisa y llanamente, de una instancia para demostrar poder electoral. Termómetros del gobierno y la popularidad. Así vienen funcionando en los últimos 20 años.

Nuestros mandatos presidenciales son de cuatro años, y cada dos se votan legisladores. Dado el carácter parcial de la renovación legislativa, lo frecuente es que la elección no implique cambios sustanciales en la composición de los bloques del Congreso. Como ocurrirá en este año: aunque Cambiemos gane, seguirá estando en minoría en las dos cámaras. Pero el sistema presidencialista argentino las adaptó para sus propios intereses. Al oficialismo presidencial, las elecciones de medio término le sirven para demostrar que todavía tiene apoyo popular. En la Argentina, un país culturalmente populista que entiende el poder en términos de votos y no de bancas, se habla de que un Mauricio Macri ganador tendrá “respaldo” para impulsar reformas laborales, impositivas y previsionales, más allá de cuántas bancas logre sumar. Los votos van directo a las leyes: permiten negociar y legitimar.

A la oposición con aspiraciones ejecutivas futuras, la elección también le sirve con fines similares. Los principales candidatos concurren a las urnas en 2017 para instalarse en 2019. Los candidatos no están pensando en las bancas a las que aspiran. Lo mismo aplica para otros dirigentes provinciales con objetivos locales o nacionales más o menos ocultos.

LA PARADOJA DE LOS RESULTADOS (Y LAS MARCAS POLÍTICAS)

Pero a la hora de hacer esa lectura política, nacionalizada, del poder emanado de los votos, aparece un problema importante. Esas elecciones nacionales que utilizamos para “evaluar” al Presidente son, en realidad, 24 elecciones de distrito. Se eligen representantes de los pueblos de las provincias en una institución nacional (el Congreso de la Nación). Y las alianzas que se forman para competir en ellas son frentes de jurisdicción provinciales.

Es por eso que los resultados que informan las autoridades electorales de la Argentina no dicen quien ganó las elecciones a nivel nacional. Porque no hubo tal elección nacional. Lo que muestran son los resultados de las 24 elecciones para diputados nacionales, y las 8 elecciones de senadores nacionales. Sumar los votos es una tarea del análisis político, ya que todos los frentes de distrito que compiten no están formalmente unidos a nivel nacional, ni son exactamente iguales entre sí.

A la hora de hacer el “quién es quién” en el mapa de las 400 listas, el oficialismo tiene una clara ventaja. Es el más homogéneo de todos. Está delimitado por la adhesión al Presidente Macri, y por una marca política que es Cambiemos, el nombre de la coalición nacional que hoy gobierna el país. Cambiemos funciona como una palabra identificatoria en distintos frentes de distrito. Y por eso fue protegida con uñas y dientes en la justicia. En algunas provincias, como Santa Fe, una fuerza local declaró su adhesión al Presidente e intentó inscribir antes que los cuatro partidos que formalmente integran la coalición oficialista (el partido PRO del presidente Macri, la Unión Cívica Radical (UCR), la coalición Cívica y el Partido FE) un frente llamado Cambiemos. Pero fue impugnado. El Cambiemos paralelo terminó llamándose “Vamos Juntos”, que es la denominación del oficialismo en la Ciudad de Buenos Aires. Donde no pudo llamarse Cambiemos porque fue impugnado por la UCR local –que no está aliada con el PRO porteño.

A la hora de hacer el “quién es quién” en el mapa de las 400 listas, el oficialismo tiene una clara ventaja.

No en todas las provincias Cambiemos se denomina exactamente igual. Por ejemplo, en Corrientes se llama ENCUENTRO POR CORRIENTES ECO-CAMBIEMOS. Incluye a los mismos cuatro partidos antes mencionados, que forman parte de la denominada “Mesa Nacional de Cambiemos” más otros que no la integran (Partido Socialista, Acción por la República) y varios partidos locales. En total, hay 16 partidos en ese frente electoral. En su clasificación, hay otro problema: se llama ECO-CAMBIEMOS. En la Ciudad de Buenos Aires, ECO y CAMBIEMOS están enfrentados.

Pero más allá de estas inconsistencias menores, lo que hacemos los politólogos es sumar a todos los frentes que llevan la palabra Cambiemos en su nombre de lista, agregamos a ellos los votos obtenidos por “Vamos Juntos” en la Ciudad de Buenos Aires, y ello nos arroja un total de votos del oficialismo que responde al presidente Macri a nivel nacional. En el escrutinio provisorio del comicio del 13 de agosto, esto arroja un total de 37,0% de los votos válidos.

Pero la suma de los votos del peronismo es más difícil. Todos son opositores al presidente Macri -algunos más que otros-, pero no tienen una jefatura única. Hay un partido nacional que los aglutina, el Partido Justicialista, pero también hay peronistas que integraron frentes sin él -incluida la más renombrada de todos, Cristina Kirchner. No hay una o dos marcas políticas que los identifican, como sucede con los de Cambiemos, sino tres: “Justicialista”, “Unidad Ciudadana” (denominación del nuevo frente que impulsa Cristina Kirchner) y “Frente para la Victoria” –anterior denominación del frente electoral del peronismo en la etapa kirchnerista-, que subsiste en algunas provincias. En varias provincias, el Partido Justicialista (PJ) o el “ciudadanismo” integran frentes con denominaciones locales, complicando aún más la aritmética. Y hay una complejidad adicional: una gran cantidad de análisis políticos sostienen que peronismo o justicialismo y kirchnerismo son espacios diferentes, y que no deben sumarse. Entonces, se plantea un segundo problema: ¿cómo organizar todos esos votos a nivel nacional? Esto no es menor, porque dependiendo de cómo se haga la cuenta, el ganador de la elección fue Cambiemos…o el peronismo.

La suma de los votos del peronismo es más difícil. Todos son opositores al presidente Macri –algunos más que otros-, pero no tienen una jefatura única.

TRES LECTURAS DE LOS RESULTADOS

 

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Basándonos siempre en los datos del escrutinio provisorio, presentaremos tres lecturas de las elecciones a nivel nacional. La primera es una lectura nominal, basándonos en la agregación de los frentes provinciales según su denominación. En esta primera lectura, ganó claramente Cambiemos, ya que se suman 23 frentes provinciales que incluyen esa identificación, y alcanza el 33% de los votos. En segundo lugar quedaría la kirchnerista Unidad Ciudadana, presente en 7 distritos, con 13,7% de los votos (la gran mayoría de los cuales proviene de la provincia de Buenos Aires) y en tercero el Frente Justicialista, así denominado en 9 de los 24 distritos, con 9,6%. Le siguen la alianza 1PAÍS, presente en 10 distritos, que es liderada por los diputados Sergio Massa y Margarita Stolbizer. Massa, dirigente de origen peronista que abandonó el kirchnerismo y fundó un partido nuevo, también tiene su mayor predicamento en la provincia de Buenos Aires, distrito que concentra casi el 40% de los votos nacionales. Los siguen, en la tabla 1, otros partidos y fuerzas de distrito, la mayor parte de los cuales están integradas por el PJ. Esta lectura nominal de los resultados es la que más se ajusta a la juricidad del acto eleccionario pero nos muestra un panorama más fragmentario que el real: políticamente, Cambiemos y Vamos Juntos son lo mismo, y algo similar podemos decir de los diferentes peronismos.

La segunda lectura posible se produce agrupando los votos de las listas según “espacios” políticos e identitarios, pero asumiendo la hipótesis de un peronismo fragmentado. En esta lectura, Cambiemos y Vamos Juntos llegan al 37%, los diferentes frentes que incluyen al Partido Justicialista el 22,5%, y el espacio kirchnerista sin incluir al PJ (Unidad Ciudadana y otras listas afines alcanzan el 16,4%. En la Tabla 2, incluimos una fila para los partidos “provinciales”, que son aquellos que solo existen en un distrito, que tienen una agenda política regionalista, y que no están integrados ni por los 4 partidos de la mesa nacional de Cambiemos, ni por el PJ o los partidos kirchneristas no peronistas. Estos son Encuentro Vecinal de Córdoba, Primero La Gente de Córdoba, Somos Corrientes, Chubut para Todos (liderado por el gobernador Mario Das Neves), Movimiento Popular Neuquino, Juntos Somos Río Negro (liderado por el gobernador Weretilneck), Salta Somos Todos (liderado por el diputado Alfredo Olmedo), Unite por la Libertad (Santa Fe), Ciudad Futura (Santa Fe) y Fuerza Republicana de Tucumán. En tres provincias, patagónicas todas ellas, los partidos provinciales están gobernando. Pero en ninguna de ellas ganaron la elección primaria: la nacionalización política los perjudicó.

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Esta Lectura 2 es problemática. Si vamos a considerar como “kirchnerismo” a las listas alineadas con Cristina Kirchner pero que no concurren con el Partido Justicialista a las elecciones, como el caso de la Unidad Ciudadana bonaerense, terminamos ubicando a Alicia Kirchner (hermana de Néstor Kirchner y gobernadora de Santa Cruz) y a Agustín Rossi (dirigente kirchnerista santafesino) en una fila aparte a la de la ex presidenta. Hay un problema de categorización: en la mayoría de los frentes que integró el Partido Justicialista hubo kirchneristas adentro.

En el caso de Santa Fe, la lista kirchnerista integrada por el mencionado Rossi ganó la primaria del Frente Justicialista. Lo mismo puede decirse del caso de la Unidad Porteña, integrada por el PJ y partidos kirchneristas no peronistas. Hubo cuatro provincias (incluida Santa Cruz, terruño K) en las que el frente justicialista local sigue llamándose Frente para la Victoria, como en los 12 años de gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, y mantienen una continuidad. En muchas otras provincias, donde el kirchnerismo no lidera el peronismo provincial (Mendoza, Entre Ríos, Chaco, Jujuy, San Juan, inclusive Salta) hubo listas kirchneristas compitiendo en las PASO del frente liderado por el PJ. Los dos únicos casos de separación total entre justicialismo y kirchnerismo fueron las provincias de Córdoba y Tierra del Fuego. Sin ir más lejos, en el caso emblemático de la provincia de Buenos Aires, en el que hubo una lista dominante kirchnerista no justicialista, Unidad Ciudadana –liderada por la propia Cristina Kirchner-, el propio presidente del PJ bonaerense –Fernando Espinoza- y la mayoría de los intendentes de ese partido la apoyaron. En suma: nadie duda que en el universo panperonista hay kirchneristas duros, kirchneristas moderados, cristinistas, peronistas no kirchneristas, peronistas furiosos con el kirchnerismo, provincialistas, y hasta algún que otro menemista. Se habla mucho de esa división en algunos análisis políticos, que se basan en los bloques legislativos, las declaraciones del senador rionegrino Miguel Ángel Pichetto e información “reservada” sobre cosas que se dicen en reuniones de gobernadores. Pero este mapa no surge con claridad del análisis de la oferta electoral.

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Por lo tanto, no habiendo una división clara entre peronismo y kirchnerismo a la hora de analizar las listas para las PASO, una tercera opción es agregar todas estas 42 listas peronistas en una sola etiqueta. Y allí, el peronismo surge como ganador de las elecciones PASO del 13 de agosto, con 38,9% de los votos nacionales contra 37,0% del espacio Cambiemos. Sin incluir a los votos de 1PAÍS, donde conviven muchos peronistas pero que ya constituyen un partido diferenciado.

¿Quién ganó, por lo tanto, las elecciones del 13 de agosto, que son influyentes en lo que ocurrirá en las de octubre? Todo depende del cristal con que se mire, como dice el viejo refrán. En todo caso, lo terminaremos de saber en diciembre. Que es cuando los nuevos legisladores asumirán sus mandatos. Allí veremos cómo se agrupará y cómo se comportará el universo panperonista en el Congreso. Si todos ellos fueran al mismo bloque, entonces la Lectura 3 es correcta. En cambio, si se agrupan según las divisiones que muestran las Tablas 1 y 2, corresponden las interpretaciones de un peronismo dividido. Tal vez, la realidad transcurra por algún carril intermedio. Y así será, entonces, la lectura final de las confusas elecciones primarias e intermedias de la Argentina de 2017.

Julio Burdman

Julio Burdman

Doctor en Ciencia Política, docente, investigador, director de la consultora Observatorio Electoral y uno de los analistas políticos más agudos de la actualidad.

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